La semana arranca sin Dow Jones con: desinflación, huelgas y ladrillo frío
La semana arranca con un mosaico de señales económicas que van desde la desinflación en Israel hasta un nuevo pulso sindical en Argentina.
En los mercados de deuda, el rendimiento del Bund alemán a diez años cae por debajo del 2,75%, mientras el trigo ruso vuelve a encarecerse en plena temporada de exportación.
América Latina combina un crecimiento que se enfría en Colombia con la amenaza de un nuevo paro general contra las reformas de Javier Milei.
Y en el frente inmobiliario, los arranques de vivienda en Canadá se desploman un 15%, reforzando la idea de un ciclo global de construcción más frío.
El diagnóstico que se debate: menos inflación, más tensiones sociales y un horizonte de crecimiento desigual que obligará a los bancos centrales y a los gobiernos a afinar al máximo sus decisiones en las próximas semanas.
Israel baja la inflación a mínimos de 2021
Israel inaugura la semana con una noticia que cualquier banco central querría firmar: la inflación anual se moderó en enero hasta el 1,8%, su nivel más bajo desde junio de 2021, frente al 2,6% registrado en diciembre. El dato se sitúa en pleno corazón del objetivo del Bank of Israel, fijado en una horquilla del 1%-3%, y encadena ya seis meses dentro de ese rango de estabilidad.
El movimiento no es cosmético. Los precios caen con claridad en partidas como ropa y calzado (-7,7%) y mobiliario y equipamiento del hogar (-4%), lo que refleja un ajuste profundo en bienes discrecionales. Además, se desacelera el avance en transporte y comunicaciones, educación, ocio y mantenimiento de vivienda. La consecuencia es clara: el banco central gana margen para pensar en una fase de tipos menos restrictivos sin poner en riesgo su credibilidad.
Sin embargo, el cuadro no es de deflación generalizada. Vivienda, frutas y verduras y sanidad mantienen subidas por encima del 2%, recordando que la presión sobre el coste de la vida no ha desaparecido. En términos mensuales, los precios cayeron un 0,3%, un respiro que los hogares notan ya en la cesta de la compra, pero que el Tesoro vigila con cautela ante el riesgo de enfriar en exceso la actividad si el consumo se resiente.
Proyectos sin paz social en la Argentina de Milei
En el extremo opuesto del mapa, Argentina vuelve a colocar la conflictividad laboral en el centro del tablero. La poderosa General Confederation of Labor (CGT) ha anunciado una huelga general de 24 horas, la cuarta desde que Javier Milei llegó al poder en diciembre de 2023, en protesta por su proyecto de reforma laboral.
El paro se activará en cuanto la Cámara Baja inicie el debate de una ley que limita el derecho de huelga, recorta indemnizaciones, endurece las bajas por enfermedad y permite jornadas de hasta 12 horas, frente al estándar de ocho. El Gobierno defiende que el paquete busca atraer inversión y reducir una informalidad que afecta a dos de cada cinco trabajadores, apoyándose en el éxito inicial de su programa de choque frente a una inflación que llegó a rozar el 300% interanual.
Los sindicatos, en cambio, describen un escenario muy distinto: «el ajuste ha logrado frenar la inflación, pero a costa de salarios reales desplomados y despidos en cascada», repiten sus portavoces. Más allá de la retórica, el riesgo económico es evidente. Una huelga sin movilización en la calle, pero con fuerte seguimiento en sectores clave —transporte, comercio, construcción o metalurgia— puede agravar la recesión técnica que ya descuentan varios analistas para 2026 si el consumo interno sigue hundido.
Colombia: crecimiento modesto y señales de agotamiento
La fotografía de Colombia es menos dramática, pero también preocupante. El PIB creció un 2,3% interanual en el cuarto trimestre de 2025, por debajo del 3,6% del trimestre previo y del 3% que esperaba el mercado. El frenazo llega después de un rebote apoyado en el final de las subidas de tipos y en la normalización de los precios de las materias primas.
El detalle sectorial revela una economía a dos velocidades. Comercio mayorista y minorista avanzan un 3,4%, administración pública y defensa lo hacen un 4,8% y los servicios recreativos se disparan un 11,5%, reflejando una demanda de ocio todavía sólida en las grandes ciudades. En paralelo, sectores intensivos en inversión como la construcción (-2,6%) o la minería y canteras (-2,9%) se contraen con fuerza, lastrados por la incertidumbre regulatoria y el menor apetito inversor extranjero.
En términos trimestrales ajustados, el crecimiento se limita a un 0,1%, frente al 1,2% anterior. El contraste con otros países de la región resulta demoledor: mientras algunos vecinos aceleran gracias al recorte de tipos, Colombia entra en una fase de expansión débil, con un crecimiento anual del 2,6% en 2025 que apenas compensa el bache de los años anteriores. El margen de política económica se estrecha: un estímulo fiscal agresivo chocaría con la necesidad de sostener la credibilidad de la deuda soberana.
Varsovia abre el año con déficit y presión europea
En Europa del Este, Polonia vuelve al terreno del déficit desde el primer mes del año. El saldo presupuestario de enero se situó en 3.700 millones de zlotys —unos 1.040 millones de dólares— en números rojos, según los datos preliminares del Ministerio de Finanzas.
La cifra, aunque moderada en términos relativos —en torno a un 0,1%-0,2% del PIB anualizado—, llega en un momento delicado. Varsovia encara el reto de financiar una agenda de gasto que incluye mayor inversión en defensa, apoyo energético a hogares y empresas y el intento de recuperar parte de los fondos europeos bloqueados en la legislatura anterior. El resultado es una tensión creciente entre la necesidad de consolidación fiscal y la presión política para no retirar el apoyo en un momento de desaceleración en la zona euro.
Este hecho revela hasta qué punto los presupuestos de los países del Este están atrapados entre dos fuegos: necesidades estructurales de gasto y normas fiscales europeas que vuelven a ser exigentes. Si el déficit se amplía en los próximos meses, la prima de riesgo polaca podría repuntar, encareciendo la financiación de un país que, además, depende de la estabilidad de Alemania como principal socio comercial.
El Bund se desploma y desafía la narrativa del BCE
El movimiento más llamativo en los mercados de capitales llega desde Alemania. El rendimiento del Bund a diez años cayó por debajo del 2,75%, mínimo desde principios de diciembre, tras registrar su mayor descenso semanal desde abril. El descenso responde a una combinación de factores: búsqueda de refugio ante los riesgos geopolíticos, datos más débiles en Estados Unidos y la expectativa de que la Reserva Federal retome pronto el ciclo de bajadas de tipos.
En la eurozona, los inversores ajustan sus posiciones a un mensaje aparentemente tranquilo por parte del Banco Central Europeo. Christine Lagarde insiste en que la inflación está en un “buen lugar”, mientras los mercados apenas otorgan un 30% de probabilidad a un recorte de tipos antes de diciembre. A ello se suma la posible salida adelantada del gobernador del Banco de Francia, una de las voces más dovish del Consejo, lo que añade una dosis extra de incertidumbre a la futura correlación de fuerzas dentro del BCE.
La consecuencia es clara: la caída del Bund tensiona aún más la parte larga de las curvas de deuda soberana y corporativa, abaratando la financiación de los Estados pero también alimentando el debate sobre si el mercado va “por delante” del BCE. Para los inversores, el mensaje es doble: menor prima de riesgo a corto plazo, pero más volatilidad si los datos de inflación sorprendieran al alza en primavera.
El trigo ruso y el nuevo mapa de seguridad alimentaria
El frente de materias primas lo domina Rusia, que vuelve a poner el foco en el trigo. El precio de su trigo de exportación con un 12,5% de proteína para entrega FOB en la segunda mitad de marzo subió hasta los 233 dólares por tonelada, unos 2 dólares más que la semana anterior. Otras estimaciones sitúan el rango entre 231 y 235 dólares, consolidando una tendencia alcista moderada.
Detrás de este movimiento no hay tanto demanda como logística. Las tormentas en el mar Negro y las difíciles condiciones de hielo en el mar de Azov siguen limitando los embarques desde los puertos del sur del país. Aun así, las consultoras especializadas elevan las previsiones de exportaciones de trigo de febrero hasta los 3,3-3,4 millones de toneladas, y han revisado al alza la cosecha de 2026 hasta 91 millones de toneladas, con un potencial exportador de 47,5 millones en la campaña 2026/27.
El contraste con la anterior crisis de precios alimentarios es evidente. Hoy el problema no es la oferta global, que sigue siendo amplia, sino su salida ordenada al mercado. Cualquier interrupción adicional —ya sea por logística, sanciones o conflictos— podría tensar de nuevo la factura del pan en países importadores de África y Oriente Próximo. El efecto dominó que viene, si las tensiones se agravan, podría reactivar episodios de inflación alimentaria en economías frágiles justo cuando empezaban a ganar aire.
Ladrillo frío en Canadá: aviso para los tipos altos
El último aviso llega desde el sector inmobiliario de Canadá. Los inicios de vivienda se hundieron un 15% en enero respecto a diciembre, hasta una tasa anualizada de 238.049 unidades, muy por debajo de las 263.300 esperadas y de las 280.668 revisadas del mes previo. Es la cifra más baja en cinco meses.
El golpe se concentra en las áreas urbanas de más de 10.000 habitantes, donde los arranques caen un 18,7% hasta algo más de 218.000 unidades, mientras que en el ámbito rural apenas se contabilizan unas 20.487. El diagnóstico es inequívoco: el encarecimiento de la financiación, los costes de construcción y la prudencia de los promotores se combinan en un parón que llega en pleno debate sobre la falta de vivienda asequible en grandes ciudades como Toronto o Vancouver.
Este comportamiento no es una anécdota local. El ladrillo canadiense ha sido históricamente un termómetro adelantado de las condiciones financieras en el mundo anglosajón. Si el frenazo se prolonga varios trimestres, será difícil que otros mercados sobrecalentados —desde la vivienda de alquiler en Europa hasta ciertos submercados de Estados Unidos— salgan indemnes. Para los bancos centrales, supone otro argumento a favor de acelerar, o al menos anticipar, una normalización de tipos que alivie el peso de las hipotecas sobre las economías domésticas.
Un mundo menos inflacionista, pero más desigual
La combinación de estos datos dibuja un arranque de semana con un denominador común: desinflación sin bonanza. Desde la estabilidad de precios en Israel hasta el desplome del sector residencial en Canadá, pasando por la caída del Bund y el enfriamiento del PIB colombiano, el mundo parece alejarse del escenario de inflación desbocada, pero no converge hacia un ciclo de crecimiento sólido y homogéneo.
Los riesgos se desplazan. Menos presión inflacionista abre la puerta a tipos de interés algo más bajos en la segunda mitad de 2026, pero al mismo tiempo aumenta la visibilidad de otros problemas: conflictividad social como la que se vive en Argentina, debilidad inversora en sectores clave como la construcción o la minería, y vulnerabilidades alimentarias asociadas a factores geopolíticos o climáticos.
Para los inversores, el mapa que deja este arranque de semana es selectivo: deuda soberana de países core de la eurozona apoyada por tipos a la baja; divisas emergentes expuestas a su propia política interna; materias primas agrícolas condicionadas por la logística más que por la oferta; y un sector inmobiliario que, lejos de ser un refugio, puede convertirse en una fuente adicional de volatilidad. La semana que comienza estará marcada por cómo bancos centrales y gobiernos digieren estas señales cruzadas y las trasladan —o no— a sus próximas decisiones.