Los resultados de Microsoft, Meta y Tesla medirán si la fiebre de la inteligencia artificial se traduce en beneficios reales

Wall Street: la semana que pone a prueba a los gigantes tecnológicos

Wall Street: la semana que pone a prueba a los gigantes tecnológicos

La temporada de resultados de 2026 arranca con un examen directo a la narrativa que ha impulsado las Bolsas en los últimos dos años: la promesa económica de la inteligencia artificial. En apenas cinco sesiones se jugarán en el parqué más de 5 billones de dólares de capitalización bursátil entre Microsoft, Meta, Tesla y el resto de grandes compañías que presentan cuentas. Boeing abrirá fuego el martes con unas cifras aún marcadas por las dudas de seguridad y rentabilidad, mientras el mercado espera pérdidas por acción de 0,39 dólares pese a un repunte de ingresos. El relevo lo tomarán Microsoft y Meta, llamadas a demostrar que la explosión del gasto en IA y nube se sostiene en flujos de caja crecientes y no solo en múltiplos cada vez más exigentes. La nota discordante la pondrá Tesla, para la que el consenso anticipa caídas de ingresos y beneficios en plena guerra de precios en el coche eléctrico. El viernes, Chevron y ExxonMobil cerrarán la semana, con el sector energético como indicador adelantado de inflación y de la futura hoja de ruta de los bancos centrales.

Un arranque de resultados con aroma a giro de ciclo

El primer bloque de resultados de 2026 llega en un momento delicado para los mercados. Tras dos años de fuertes subidas, el Nasdaq acumula revalorizaciones cercanas al 40% impulsado por el entusiasmo en torno a la IA generativa y a los servicios en la nube. Sin embargo, las señales de desaceleración en Estados Unidos, el enfriamiento de China y el repunte de la volatilidad del crudo han empezado a cuestionar que las valoraciones actuales sean sostenibles.

Este contexto convierte la semana en algo más que una simple actualización trimestral de cifras. Es, en la práctica, el primer referéndum sobre si la “prima IA” está justificada. Los analistas esperan crecimientos de beneficios de entre el 10% y el 20% para las grandes tecnológicas, pero con una presión creciente sobre márgenes por el fuerte gasto en centros de datos, chips de última generación y talento especializado.

Lo más relevante no serán tanto los resultados del último trimestre de 2025 como el tono de las guías para 2026: cuánto crecimiento prometen, a qué coste de inversión y con qué impacto en recompras de acciones y dividendos. La consecuencia es clara: una decepción coordinada podría desencadenar una corrección rápida, especialmente en valores que cotizan ya a más de 30 veces beneficios esperados.

Boeing abre fuego entre dudas de rentabilidad y reputación

Antes de que lleguen las grandes tecnológicas, será Boeing quien rompa el hielo el martes antes de la apertura. El consenso descuenta unos ingresos cercanos a los 22.000 millones de dólares, lo que supondría un crecimiento de alrededor del 9% interanual, pero también una nueva pérdida por acción en el entorno de 0,39 dólares. Es decir, más volumen de negocio, pero sin lograr aún la normalización de beneficios.

Las cifras llegarán en pleno escrutinio regulatorio tras los últimos incidentes de seguridad y con una cartera de pedidos que supera los 430.000 millones de dólares pero que exige inversión intensa para cumplirse en plazo. En la práctica, Boeing se encuentra atrapada entre la necesidad de acelerar entregas para mejorar caja y la obligación de reforzar controles de calidad, una combinación que presiona sus márgenes.

Para los inversores, el mensaje clave no estará solo en la cuenta de resultados, sino en el flujo de caja libre y en cualquier actualización del calendario de entregas de su modelo estrella. Cualquier retraso adicional reabriría el debate sobre su capacidad para competir de tú a tú con Airbus y podría añadir volatilidad a todo el sector aeronáutico, incluidos proveedores europeos cotizados en el DAX y el CAC 40.

Microsoft: el examen definitivo a la fiebre de la inteligencia artificial

La cita más esperada de la semana será la de Microsoft, convertida en el principal símbolo bursátil de la revolución de la IA. El mercado descuenta ingresos trimestrales por encima de los 64.000 millones de dólares, con un crecimiento cercano al 13%, apoyado sobre todo en la división de nube y en la integración de modelos de IA en sus productos corporativos.

Lo más observado será, de nuevo, el comportamiento de Azure, para la que se espera una expansión de ventas en el entorno del 20%. Cualquier señal de desaceleración sería interpretada como un síntoma de agotamiento en la primera oleada de proyectos de IA corporativa. Al mismo tiempo, se analizará con lupa cuánto de ese crecimiento viene acompañado de mejoras de margen operativo frente al elevado capex en centros de datos.

La cuestión de fondo es si Microsoft es capaz de convertir su apuesta en IA en un negocio recurrente de alta rentabilidad o si se trata todavía de una inversión a largo plazo que exige paciencia. “2026 será el primer año en el que la narrativa de la IA tendrá que traducirse en márgenes y no solo en titulares”, resume un gestor de renta variable europea. El contraste con otras grandes tecnológicas menos expuestas a la IA puede resultar demoledor si la compañía decepciona.

Meta busca consolidar su giro hacia la eficiencia y la IA

Meta llega a esta temporada de resultados en un punto completamente distinto al de hace dos años. Tras el giro hacia la “eficiencia” anunciado en 2023, la compañía ha recortado costes, reenfocado inversión y recuperado la confianza del mercado. El consenso espera ahora un crecimiento de ingresos cercano al 18%, hasta rozar los 41.000 millones de dólares en el trimestre, y un salto del beneficio por acción que podría superar el 30%.

La clave estará en comprobar si ese impulso procede de una mejora estructural del negocio publicitario —gracias a mejores herramientas de segmentación basadas en IA— o si responde a un ciclo puntual de mayor gasto de los anunciantes. Los analistas estarán muy atentos a la evolución de formatos como Reels y a la monetización de WhatsApp, dos palancas críticas para sostener el crecimiento en 2026 y 2027.

Quedará también bajo la lupa el peso real del metaverso y los proyectos de realidad virtual, que continúan consumiendo miles de millones de dólares de inversión anual. El diagnóstico es inequívoco: Meta ha ganado tiempo y credibilidad, pero el mercado exigirá que el uso de IA se traduzca en más ingresos por usuario y en un negocio menos dependiente de la ciclicidad publicitaria.

Tesla afronta el castigo del mercado ante la erosión de márgenes

La gran excepción dentro del bloque tecnológico será Tesla. A diferencia de Microsoft o Meta, la compañía de Elon Musk se enfrenta a una combinación compleja de retos: guerra de precios en el vehículo eléctrico, presión regulatoria y una competencia china cada vez más agresiva. Las previsiones apuntan a un descenso de ingresos de entre el 3% y el 5% y a una caída del beneficio por acción que podría rondar el 20%.

El problema no es solo el volumen de ventas, sino la erosión de márgenes provocada por los descuentos para sostener cuota de mercado. El mercado quiere ver si la empresa es capaz de compensar esa presión con ingresos adicionales por software, conducción autónoma y servicios energéticos. Hasta ahora, la narrativa de Tesla como compañía tecnológica más que automovilística ha permitido múltiplos muy elevados. Pero el contraste con otras firmas del sector que cotizan a menos de 10 veces beneficios se hace cada vez más incómodo.

Un mensaje demasiado prudente sobre 2026 podría desencadenar nuevas rebajas de recomendación y contagiar a toda la cadena de valor del vehículo eléctrico, desde fabricantes de baterías hasta utilities expuestas a la infraestructura de recarga, también en Europa.

ASML y el termómetro real del boom de chips

En paralelo al foco mediático sobre las big tech estadounidenses, los inversores más atentos mirarán a ASML Holding, auténtico cuello de botella global en maquinaria para semiconductores. La compañía holandesa se ha beneficiado de la carrera por fabricar chips cada vez más avanzados, indispensables para entrenar y desplegar modelos de IA. El consenso estima un aumento de pedidos de alrededor del 25% frente al trimestre anterior y una cartera que podría alcanzar los 38.000 millones de euros.

Lo relevante no será solo el volumen de nuevos contratos, sino la visibilidad sobre 2026 y 2027. Si ASML confirma que los grandes fabricantes —especialmente en Asia y Estados Unidos— mantienen sus planes de inversión, el mensaje para el mercado será claro: el ciclo de IA sigue vivo y aún tiene recorrido. Si, por el contrario, afloran señales de prudencia en los capex, se reforzará la tesis de que la primera ola de inversión masiva está ya cerca de su techo.

El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras la UE trata de articular su propio “Chips Act” para atraer fábricas, la dependencia de un único proveedor europeo de litografía avanzada subraya tanto la fortaleza estratégica de ASML como la fragilidad del ecosistema industrial comunitario.

El cierre energético: Chevron y ExxonMobil ante un crudo volátil

La semana de resultados se cerrará el viernes con las cuentas de Chevron y ExxonMobil, que servirán para tomar el pulso al sector energético y, de forma indirecta, a la presión inflacionista para 2026. El mercado anticipa beneficios algo inferiores a los del año anterior, con descensos de entre el 8% y el 12%, lastrados por un crudo menos favorable y por la normalización de márgenes de refino tras los máximos de 2022.

Sin embargo, el foco estará en la disciplina de capital: cuánto destinan estas compañías a dividendos y recompras —que en algunos casos han llegado a suponer más del 70% del flujo de caja libre— y cuánto a nuevas inversiones, especialmente en proyectos de gas natural y en tecnologías de bajas emisiones. La respuesta es clave para calibrar la oferta futura de energía y, por tanto, la senda de los precios.

Para los bancos centrales, un sector petrolero comprometido con mantener una producción ajustada pero rentable puede ser un aliado en el control de la inflación. Para los consumidores y para la industria europea, la foto es menos favorable: precios estructuralmente más altos elevan los costes y ponen a prueba la competitividad de sectores intensivos en energía.

Lo que está en juego para los índices y los bancos centrales

Más allá de cada caso particular, el impacto agregado de esta semana será determinante para los grandes índices. Microsoft, Meta y Tesla, junto con el resto del bloque, representan ya más del 25% del peso del S&P 500 y una proporción aún mayor del Nasdaq. Unos resultados mejor de lo esperado podrían prolongar el rally y suavizar las condiciones financieras de cara a las próximas decisiones de la Reserva Federal.

Lo más grave, desde el punto de vista de la estabilidad de mercado, sería una combinación de beneficios decepcionantes y mensajes prudentes sobre 2026 que incrementen el miedo a un frenazo del ciclo inversor en IA y en capex tecnológico. En ese escenario, el ajuste vendría no solo por el lado de la cotización, sino también por un endurecimiento de las condiciones de financiación para empresas más pequeñas que dependen del apetito inversor en el sector.

El diagnóstico que hagan los bancos centrales de estas cifras será clave. Un sector tecnológico que sigue creciendo a doble dígito, generando caja y conteniendo salarios puede facilitar una senda suave de tipos. Uno que muestra agotamiento en beneficios pero mantiene presiones de inversión podría obligar a replantear el calendario de bajadas.