El Banco Nacional de Suiza congela los tipos al 0% y blinda el franco

Banco Nacional de Suiza Foto de Surinder Pal Singh en Unsplash

La autoridad monetaria suiza mantiene el precio del dinero en mínimos, pero endurece su tono sobre el mercado de divisas ante el impacto del conflicto con Irán en la energía, la inflación y el crecimiento.

El Banco Nacional de Suiza ha optado por la cautela, aunque con un matiz decisivo: mantiene los tipos en el 0%, pero admite que su disposición a intervenir en el mercado de divisas ha aumentado. No es un gesto menor. En una economía donde el franco actúa como refugio y el comercio exterior pesa de forma determinante, una apreciación brusca de la moneda puede enfriar la actividad justo cuando el encarecimiento de la energía vuelve a tensar las previsiones de inflación.

La decisión llega en un contexto incómodo. La inflación suiza sigue en niveles muy bajos —0,1% interanual en febrero—, pero el repunte del petróleo por la guerra en Oriente Medio obliga al SNB a recalibrar su mensaje. Su escenario central apunta ahora a una inflación media del 0,5% en 2026, 0,5% en 2027 y 0,6% en 2028, con un crecimiento del PIB de alrededor del 1% en 2026 y del 1,5% en 2027. El diagnóstico es inequívoco: el mayor riesgo ya no es solo el enfriamiento, sino una combinación de energía cara, divisa fuerte e incertidumbre global.

Pausa monetaria con aviso al mercado

La lectura superficial es sencilla: Suiza no toca los tipos. La lectura relevante es otra: el SNB no está inmóvil, sino cambiando de instrumento. La institución dejó claro que su “disposición a intervenir en el mercado de divisas ha aumentado” por el conflicto en Oriente Medio. Y añadió una frase de gran carga estratégica: “The SNB thereby counters a rapid and excessive appreciation of the Swiss franc, which would jeopardise price stability in Switzerland.” Es decir, el banco central asume que el mayor problema inmediato no es un exceso de inflación doméstica, sino un franco demasiado fuerte que termine asfixiando precios y actividad.

Este hecho revela una singularidad suiza. Mientras otros bancos centrales siguen centrados casi exclusivamente en el nivel de los tipos, Berna vuelve a colocar el tipo de cambio en el centro de su caja de herramientas. No es casualidad. El SNB realiza cuatro evaluaciones monetarias al año y, en cada una, combina decisión de tipos con previsión condicional de inflación. En ese marco, la estabilidad de precios no depende solo del coste del dinero, sino también del comportamiento del franco.

El franco vuelve al centro del tablero

Suiza conoce bien este problema. El franco funciona como activo refugio en episodios de estrés geopolítico y financiero, y eso altera de forma directa la política monetaria. El propio SNB recuerda que, si es necesario, puede comprar o vender divisas para cumplir su mandato, y ha defendido en varios discursos que el tipo de cambio es una variable esencial para una economía pequeña, abierta y muy integrada en el comercio internacional. No es un matiz técnico: Suiza gana aproximadamente uno de cada dos francos en el exterior, y las exportaciones representan cerca de dos tercios del PIB, de modo que una moneda sobreapreciada golpea márgenes, ventas y expectativas.

Lo más grave para su tejido productivo es que el shock llega por dos vías al mismo tiempo. Por un lado, el conflicto con Irán ha reforzado la demanda de refugio y ha impulsado al franco. Por otro, el encarecimiento del crudo eleva los costes energéticos. El contraste con otras economías resulta demoledor: cuando una moneda fuerte convive con energía más cara, el resultado suele ser una inflación agregada moderada, pero una presión intensa sobre industria exportadora, turismo y márgenes empresariales. Esa es precisamente la trampa que el SNB intenta evitar.

Inflación baja, pero más incómoda

A primera vista, la inflación suiza sigue ofreciendo una imagen envidiable. El índice de precios subió solo un 0,1% interanual en febrero, tras avanzar un 0,6% mensual. En cualquier otra jurisdicción, ese dato sería casi una invitación a relajar el tono. Sin embargo, el SNB ha preferido no precipitarse. Su previsión condicional reconoce que el alza de la energía empujará la inflación en los próximos trimestres, aunque en el medio plazo el efecto de un franco más fuerte compense parte de esa presión. La consecuencia es clara: la inflación sube algo en el corto plazo, pero no lo suficiente como para justificar un endurecimiento monetario.

Ese equilibrio explica por qué el banco central conserva el 0% y desplaza el foco a la divisa. Con una inflación tan baja, volver a tipos negativos sería una señal delicada; con la energía repuntando, subir tipos sería prematuro. De ahí que el mercado haya interpretado que la institución prefiere reservarse el arma cambiaria. No por casualidad, una encuesta de Reuters mostraba que todos menos uno de 29 economistas esperaban que el SNB dejara sin cambios el precio del dinero no solo en marzo, sino durante todo 2026.

El petróleo reabre un frente que parecía cerrado

La decisión del SNB no puede entenderse sin el nuevo shock energético. La escalada bélica en Oriente Medio ha llevado al Brent a situarse en torno a 114 dólares por barril, mientras el gas llegó a dispararse cerca de un 25% en la jornada. Para un banco central que había logrado contener el episodio inflacionista de los últimos años con una mezcla de tipos, credibilidad y gestión del franco, el retorno de la energía como factor desestabilizador obliga a reabrir un frente que parecía bajo control.

Pero el caso suizo tiene una particularidad adicional. Un alza del petróleo suele traducirse en más inflación importada; un franco fuerte, en cambio, abarata parte de esas importaciones. El resultado no es lineal. Puede contener el IPC agregado y, al mismo tiempo, deteriorar la competitividad externa. Ese es el nudo de la cuestión. El SNB no combate hoy una inflación desbocada, sino un entorno de incertidumbre cruzada: energía al alza, crecimiento global más débil y riesgo de endurecimiento involuntario de las condiciones monetarias a través del tipo de cambio.

Crecimiento modesto y más vulnerable

El banco central prevé que la economía suiza avance en torno al 1% en 2026 y alrededor del 1,5% en 2027. No es una recesión, pero tampoco un perfil especialmente robusto. El propio SNB admite que el panorama se ha vuelto “considerablemente más incierto” y que el crecimiento mundial probablemente se desacelere de forma temporal. El mensaje importa porque Suiza depende intensamente del exterior: cualquier enfriamiento en Europa, Estados Unidos o Asia se filtra con rapidez a su manufactura, a sus servicios avanzados y a su demanda de exportación.

Además, el diagnóstico no está aislado. La Secretaría de Estado de Economía suiza (SECO) también ha rebajado ligeramente su previsión y sitúa el crecimiento de 2026 en el 1%, seguido de el 1,7% en 2027, subrayando que la guerra en Oriente Medio está elevando los precios de la energía y aumentando la incertidumbre. El contraste con la narrativa oficial de hace solo unos meses es evidente: antes se hablaba de desaceleración controlada; ahora se habla de crecimiento por debajo de la media con riesgos claramente al alza para la inflación y a la baja para la actividad.

El banco con menos margen, pero más flexibilidad

Entre los grandes bancos centrales, el SNB sigue en una posición extrema: tipos en el 0%, el nivel más bajo del bloque relevante de economías desarrolladas. Eso reduce su margen convencional. Cuando el precio del dinero ya está en mínimos, moverlo apenas ofrece recorrido político y económico. Sin embargo, Suiza conserva una ventaja que otros no tienen con la misma intensidad: la capacidad de utilizar el mercado de divisas como instrumento activo de estabilización. Reuters ya anticipaba, antes de la reunión, que la intervención cambiaria sería el principal recurso del banco frente a una hipotética vuelta a tipos negativos.

Ese diseño tiene lógica. Un recorte adicional reavivaría el debate sobre los costes de los tipos negativos para bancos, ahorro y fondos de pensiones. Una subida, por su parte, dispararía aún más el atractivo del franco. La vía intermedia es intervenir si la apreciación se vuelve “rápida y excesiva”. No es una solución inocua, pero sí coherente con la tradición del SNB. El diagnóstico de fondo es que la estabilidad de precios en Suiza no se juega solo en el mercado monetario; también se juega, y quizá sobre todo en momentos como este, en el mercado de divisas.