El Nasdaq no solo teme a la Fed: teme a Trump, Putin y los misiles

El Nasdaq no solo teme a la Fed: teme a Trump, Putin y los misiles
Un análisis detallado con Eduardo Irastorza donde se entiende la compleja interacción entre conflictos comerciales, militares y la respuesta estratégica europea en defensa, bajo un contexto global marcado por la incertidumbre y la transformación.

El Nasdaq se ha convertido en el termómetro más sensible de una economía mundial fragmentada por aranceles, guerras y gasto militar.
Eduardo Irastorza, profesor de OBS Business School, advierte de que la política comercial de Donald Trump, la escalada rusa en Ucrania y el rearme europeo ya forman parte de una misma confrontación estratégica.
Los mercados no observan únicamente el movimiento de tropas o las negociaciones diplomáticas. También descuentan restricciones sobre chips, costes energéticos y posibles represalias contra las multinacionales.
La consecuencia es clara: la tecnología continúa creciendo, pero lo hace sobre cadenas de suministro cada vez más vulnerables.

El Nasdaq ante la guerra comercial

Las empresas del Nasdaq dependen de un comercio internacional fluido. Apple, Nvidia, Microsoft, Amazon o Tesla diseñan buena parte de sus productos en Estados Unidos, pero necesitan fábricas, componentes y consumidores repartidos por todo el mundo.

La política arancelaria de Trump amenaza ese modelo. Un gravamen adicional del 10% o del 20% sobre componentes importados no siempre puede trasladarse completamente al comprador. En muchos casos, termina reduciendo márgenes empresariales, retrasando inversiones o encareciendo dispositivos.

El Nasdaq no teme únicamente una caída de las ventas; teme una ruptura prolongada del sistema que hizo rentable la globalización tecnológica. Cuanto mayor sea la presión sobre China y los socios tradicionales de Washington, más costoso será fabricar servidores, teléfonos, baterías y equipos de telecomunicaciones.

China responde con tecnología

Irastorza sitúa la disputa comercial dentro de una lucha más amplia por la hegemonía económica. Estados Unidos intenta limitar el acceso chino a semiconductores avanzados, maquinaria industrial y capacidades de inteligencia artificial. Pekín responde reforzando sus fabricantes nacionales y controlando la exportación de materiales estratégicos.

China mantiene una posición dominante en el procesamiento de tierras raras, esenciales para centros de datos, vehículos eléctricos, radares y sistemas de defensa. Esta dependencia convierte cualquier restricción comercial en un riesgo directo para las cotizadas tecnológicas estadounidenses.

El contraste resulta demoledor: Washington controla parte del diseño de los chips, pero Pekín conserva capacidad para condicionar los materiales y procesos que permiten fabricarlos. El Nasdaq refleja esa contradicción cada vez que se anuncian nuevas sanciones o licencias de exportación.

Los aliados también pagan

Los aranceles no afectan exclusivamente a China. Europa, Japón, Corea del Sur, Canadá y México también han debido revisar sus estrategias comerciales ante la posibilidad de nuevas barreras estadounidenses.

Estos países ocupan posiciones clave en las cadenas tecnológicas. Corea del Sur produce memorias; Japón suministra materiales especializados; Países Bajos fabrica maquinaria crítica; Taiwán concentra una parte decisiva de la producción avanzada de semiconductores.

Una escalada arancelaria entre aliados podría elevar los costes de fabricación entre un 5% y un 15%, dependiendo del producto y de la cantidad de componentes afectados. La fragmentación comercial reduce eficiencia precisamente cuando la inteligencia artificial exige inversiones de cientos de miles de millones.

Rusia eleva el coste de la guerra

La ofensiva rusa sobre Ucrania añade presión a un sistema económico ya tensionado. El uso masivo de drones y misiles obliga a Kiev y a sus aliados a consumir interceptores, sistemas electrónicos y munición a un ritmo muy superior al previsto antes de la invasión.

Esta guerra tecnológica beneficia a determinadas compañías de defensa y ciberseguridad, algunas vinculadas indirectamente al ecosistema del Nasdaq. Sin embargo, también eleva el precio de la energía, aumenta el gasto público y desvía capital hacia sectores militares.

Cada euro destinado a reponer arsenales compite con inversiones en infraestructuras, digitalización o transición energética. El impacto no siempre aparece inmediatamente en las bolsas, pero termina modificando tipos de interés, presupuestos y expectativas de crecimiento.

Los drones cambian la industria

La utilización de drones baratos frente a misiles defensivos costosos está transformando la lógica militar. Un aparato valorado en decenas de miles de euros puede obligar a emplear un interceptor cuyo precio supera ampliamente el millón.

Esta asimetría fuerza a Europa y Estados Unidos a desarrollar sistemas más económicos, automatizados y apoyados en inteligencia artificial. Sensores, satélites, computación avanzada y software de reconocimiento se han convertido en elementos centrales del rearme.

El Nasdaq podría beneficiarse de esta demanda tecnológica. Sin embargo, el riesgo aparece cuando la innovación civil queda subordinada a contratos militares, restricciones de exportación y prioridades de seguridad nacional. La misma IA que impulsa los mercados empieza a integrarse en una economía de guerra.

Europa acelera su rearme

La guerra de Ucrania ha empujado a numerosos países europeos hacia el objetivo de destinar al menos el 2% de su PIB a defensa. Algunos gobiernos ya plantean superar ese umbral para financiar munición, sistemas antiaéreos y nuevas capacidades industriales.

Este gasto puede generar empleo, innovación y contratos para fabricantes europeos. También favorece a empresas estadounidenses de tecnología, comunicaciones y defensa. No obstante, la factura será considerable y obligará a elegir entre más deuda, nuevos impuestos o recortes en otras partidas.

El rearme europeo es una oportunidad industrial, pero también una prueba fiscal. Sin coordinación, los países podrían duplicar proyectos, competir por los mismos componentes y terminar pagando más por sistemas incompatibles.

El índice que anticipa la fractura

El Nasdaq seguirá reaccionando con fuerza a cada anuncio arancelario, ataque ruso o plan europeo de defensa. Su elevada exposición a semiconductores, inteligencia artificial y comercio internacional lo convierte en el índice más vulnerable a una fragmentación duradera.

El análisis de Irastorza apunta a una transformación profunda: economía, seguridad y tecnología ya no pueden analizarse por separado. Las cadenas de suministro se convierten en armas, los chips en activos estratégicos y el gasto militar en política industrial.

La nueva guerra global no necesita una declaración formal. Se libra mediante aranceles, drones, minerales críticos y centros de datos. El Nasdaq todavía puede marcar máximos, pero cada subida depende ahora de un equilibrio geopolítico mucho más frágil.