Thomas Hempell: Una tregua de 14 días pone al dólar al ritmo del petróleo
El alto el fuego en Oriente Medio sigue colgado de un hilo: Trump ha anunciado el bloqueo total del Estrecho de Ormuz y las primeras negociaciones no han arrojado un resultado concluyente. Lo más sensible no es la diplomacia, sino el carburante. La AIE alerta de que en abril podrían perderse 12 millones de barriles diarios cuando los petroleros ya en ruta entreguen su carga. En ese marco, el dólar se mueve menos por la aversión al riesgo y más por el precio del Brent. El diagnóstico de Generali Investments es inequívoco: si el crudo retrocede, el billete verde volverá a ceder.
Ormuz, la tregua que no despeja la tormenta
Thomas Hempell, responsable de análisis macroeconómico y de mercados en Generali Investments, parte de una premisa incómoda: el alto el fuego alcanzado la semana pasada es frágil y la incertidumbre es especialmente elevada más allá de la tregua de 14 días. Las posiciones, sostiene, siguen “muy distantes” en puntos clave. El anuncio de Trump de un bloqueo total de Ormuz añade una capa de volatilidad difícil de descontar, porque convierte un conflicto geopolítico en un shock logístico con efecto inmediato sobre energía, inflación y expectativas de tipos.
Aun así, Hempell introduce un matiz decisivo: el umbral para que Washington reanude ataques a gran escala sería alto. Una escalada implicaría más presión inflacionista en Estados Unidos y, con ella, un mayor coste político interno.
El nuevo canal del dólar: cuando manda el Brent
El giro central del análisis es que el dólar ya no actúa como refugio en automático. “No se trata tanto de que el dólar haya recuperado su papel de valor refugio, sino más bien del efecto del precio del petróleo”, resume Hempell. La razón es estructural: Estados Unidos se ha convertido en exportador neto de energía, de modo que cuando el crudo sube, el país mejora su posición relativa y el dólar tiende a beneficiarse.
Los gráficos que acompañan el informe lo ilustran con crudeza: el USD DXY y el Brent se mueven con una sincronía que hace unos años habría parecido anómala. Este hecho revela que el mercado está reinterpretando el billete verde como “moneda vinculada a energía” en episodios de tensión.
Euro y yen, golpeados por balanza y crecimiento
El contraste con Europa y Japón resulta demoledor. Si el petróleo encarece, euro y yen quedan en desventaja porque importan buena parte de su energía. Eso empeora sus balanzas comerciales y erosiona perspectivas de crecimiento, justo cuando el ciclo europeo ya aparece más frágil. La consecuencia es clara: el shock de crudo se traduce en un sesgo bajista para esas divisas, aunque el episodio geopolítico no derive en guerra abierta.
Aquí el mercado hace una lectura doble: por un lado, la inflación energética complica la política monetaria; por otro, el deterioro de términos de intercambio penaliza actividad. Esa combinación suele ser letal para una moneda: menos crecimiento, más incertidumbre y menor margen de maniobra para el banco central.
El refugio erosionado y la correlación incómoda
La segunda gráfica añade un mensaje más inquietante: el dólar no solo depende del petróleo, también ha perdido parte de su “blindaje” frente a caídas bursátiles. El análisis apunta a una erosión del papel de refugio, medido por la relación entre el DXY y la renta variable global (MSCI World) en ventanas móviles. Cuando el mercado entra en modo riesgo, el dólar puede repuntar, sí, pero cada vez más por la vía energética y menos por la huida hacia calidad.
Este cambio de régimen importa porque altera coberturas. Si el dólar no compensa con la misma fiabilidad las caídas de bolsa, las carteras globales tienden a buscar diversificación adicional: oro, francos, yen (pese al coste energético) o duraciones más defensivas.
El petrodólar en cuestión y la factura geopolítica
De cara a los próximos meses, Hempell advierte de un proceso más lento pero persistente: los inversores globales seguirían diversificando sus carteras alejándose del dólar. Y la guerra con Irán podría incluso acelerar una erosión de la dependencia del sistema del petrodólar, en la medida en que el conflicto reabre debates sobre rutas, pagos, sanciones y bloques comerciales.
No es un ajuste de semanas, sino de trimestres. Pero el mercado descuenta tendencias antes de que se vean en los datos. Lo más grave es que el componente geopolítico puede convertirse en un lastre reputacional: cuanto más se politice la infraestructura financiera, más incentivos habrá para reducir exposición estructural.
Euro/dólar: una tendencia alcista más moderada
El escenario base del informe sigue siendo un dólar que se debilita si la guerra se enfría pronto y el petróleo retrocede. Ese movimiento mantendría una tendencia alcista a medio plazo del euro/dólar, aunque “en menor medida” de lo esperado antes del conflicto. El motivo es casi mecánico: es probable que la energía quede estructuralmente más cara, y la recuperación de la eurozona sea más moderada.
Dicho de otro modo, el euro gana por inercia de diversificación global, pero pierde por fragilidad energética. Entre ambos vectores, el precio del Brent vuelve a ser árbitro. Y Ormuz, el termómetro que decide si el dólar se fortalece por miedo o por barriles.