Trump agita mercados: Dow Jones, portaaviones y 380.000 millones en inteligencia artificial
La administración de Estados Unidos ha decidido enviar el portaaviones más avanzado de su flota hacia Oriente Medio al tiempo que desmonta pilares de su política climática y admite que los consumidores han pagado casi toda la factura arancelaria del metal. En paralelo, la startup de IA Anthropic se dispara hasta una valoración de 380.000 millones de dólares, en el extremo opuesto de un Bitcoin estancado en torno a los 66.000 dólares y de unas bolsas teñidas de rojo.
En una sola jornada, la Casa Blanca ha mezclado músculo militar, giro fósil y pragmatismo económico frente a la inflación, mientras los mercados financieros reaccionan con ventas masivas en tecnología y materias primas.
El resultado es un cóctel difícil de digerir para los inversores: más tensión geopolítica, más dudas sobre la transición energética y más señales de posibles excesos en la carrera por la inteligencia artificial.
| Símbolo | Última | Cbo | Cambio% |
|---|---|---|---|
|
500 SPX
|
6.832,76 | -108,71 | -1,57% |
|
35 IBEX35
|
17.896,89 | -147,62 | -0,82% |
|
100 NDX
|
24.687,61 | -513,65 | -2,04% |
|
$ DXY
|
97,036 | 0,116 | 0,12% |
|
🇺🇸 VIX
|
20,81 | 3,17 | 17,97% |
|
🛢️ BRENT
|
67,015 | -0,100 | -0,15% |
|
🛢️ USOIL
|
62,73 | -0,17 | -0,27% |
|
₿ BTCUSDT
|
66.221,99 | -50,18 | -0,08% |
|
Au GOLD
|
4.959,493 | 38,384 | 0,78% |
Un portaaviones más rumbo al polvorín de Oriente Medio
El portaaviones USS Gerald Ford, buque insignia de la Armada estadounidense, será redistribuido desde el Caribe hacia Oriente Medio, según adelantó el New York Times. La nave se unirá al grupo del USS Abraham Lincoln, configurando una presencia simultánea de dos portaaviones nucleares en una de las regiones más volátiles del planeta.
La tripulación ya ha sido informada de que el despliegue se prolongará, como mínimo, hasta finales de abril o principios de mayo, lo que equivale a varias semanas de presión sostenida sobre Irán y sus aliados en el área. La especulación se disparó después de que el presidente Donald Trump compartiese en Truth Social un artículo del Wall Street Journal que defendía un aumento de la presencia naval para disuadir a Teherán.
El movimiento tiene varias lecturas. A corto plazo, refuerza la capacidad de respuesta ante posibles ataques a buques comerciales o instalaciones energéticas en el Golfo Pérsico. A medio plazo, envía un mensaje tanto a Irán como a otros actores regionales: Washington está dispuesto a respaldar su retórica con hardware militar de primer nivel. El contraste con una diplomacia nuclear prácticamente congelada resulta evidente y añade una capa extra de riesgo geopolítico a unos mercados ya nerviosos.
La gran marcha atrás climática para blindar el petróleo
En el frente interno, la administración ha firmado el mayor retroceso climático en décadas: la derogación del histórico “hallazgo de peligro” que vinculaba las emisiones de gases de efecto invernadero con riesgos para la salud humana. Ese hallazgo era la piedra angular que permitía a la Agencia de Protección Ambiental (EPA) regular las emisiones de CO₂. Su eliminación, combinada con el fin de los estándares federales de emisiones para vehículos, supone desarmar el marco regulatorio que había guiado la transición energética estadounidense desde 2009.
La EPA justifica el giro alegando una “interpretación legal errónea” de la norma. La industria del carbón y parte del lobby petrolero celebran la decisión como una victoria para la “autonomía energética fósil”, mientras que figuras como el expresidente Barack Obama la califican de retroceso histórico.
Más allá de la batalla política, el mensaje a los mercados es inequívoco: la Casa Blanca prioriza el aumento de producción y la competitividad de los combustibles fósiles frente a los objetivos climáticos. En un contexto de precios del crudo en torno a los 67 dólares para el Brent y 62,7 dólares para el WTI, la medida busca asegurar oferta abundante y barata, pero acelera el choque con normativas climáticas europeas y eleva el riesgo de futuras sanciones o litigios.
Aranceles al metal: rectificación forzada por la inflación
El tercer frente de la jornada ha sido el económico. La propia administración reconoce ahora que el 90% del coste de los aranceles del 50% sobre acero y aluminio introducidos en 2025 ha recaído sobre consumidores y empresas estadounidenses, agravando la crisis del coste de vida.
Según el Financial Times, la Casa Blanca prepara un recorte parcial de esos aranceles, con una revisión de la lista de productos afectados para introducir exenciones “estratégicas”. El objetivo es doble: aliviar la presión inflacionaria de cara a las elecciones de mitad de mandato y transitar hacia una política comercial más quirúrgica, centrada en sectores realmente sensibles para la seguridad nacional.
Este hecho revela un cambio de enfoque: del modelo de gravámenes universales, pensado como herramienta de presión general sobre competidores como China, se pasa a una lógica más selectiva. Para las metalúrgicas domésticas, puede suponer un golpe a los márgenes; para la industria manufacturera y la construcción, un respiro necesario tras dos años de costes disparados. Y para los mercados, una señal de que el discurso proteccionista tiene límites cuando choca frontalmente con el bolsillo del votante.
Anthropic y la burbuja incipiente de la inteligencia artificial
Mientras la geopolítica y la energía van por un lado, la tecnología vive su propia revolución. La startup de IA Anthropic acaba de cerrar una ronda de 30.000 millones de dólares, más del doble de su valoración previa, y el mercado la sitúa ya en torno a los 380.000 millones de dólares de capitalización privada. Su modelo Claude Code, orientado a la programación, habría impulsado los ingresos anuales hasta los 14.000 millones, con más de la mitad procedentes de grandes clientes empresariales.
Respaldada por gigantes como Google, Amazon, Microsoft y Nvidia, Anthropic se ha convertido en el símbolo de una carrera armamentística de capital en la IA generativa. La compañía incluso dedica 20 millones de dólares a apoyar candidatos favorables a una regulación “responsable”, un guiño a la política que también actúa como cortafuegos reputacional.
El diagnóstico es inequívoco: mientras sectores tradicionales sufren por tipos altos y exceso de oferta, un puñado de firmas de IA concentran expectativas, liquidez y riesgo. Para muchos analistas, una valoración que roza los 400.000 millones para una empresa no cotizada, en un sector aún en consolidación, huele a burbuja incipiente. Y, sin embargo, pocos fondos se atreven a quedarse fuera por miedo a perder el tren de la próxima gran plataforma tecnológica.
Bitcoin se enfría y la liquidez huye de las criptos
En el otro extremo del espectro tecnológico, Bitcoin vuelve a mostrar su vulnerabilidad. La criptomoneda reina ha caído de nuevo hacia la zona de los 66.000 dólares, borrando la mayor parte del rebote de las últimas semanas y acumulando una corrección cercana al 46% desde los máximos de octubre.
El movimiento llega tras nuevas advertencias de Standard Chartered sobre posibles descensos adicionales y después de unos resultados decepcionantes de la plataforma de intercambio Coinbase, que registró fuertes pérdidas trimestrales. La lectura del mercado es clara: la demanda especulativa se ha enfriado y el apetito por riesgo extremo es mucho menor que durante el boom de 2021–2022.
Lo más significativo es que el retroceso del Bitcoin se produce en paralelo a una corrección generalizada de activos de riesgo. Ya no actúa como “oro digital” descorrelacionado, sino como un activo más en el bloque de los instrumentos de alto beta. Analistas técnicos señalan los 60.000 dólares como soporte clave: perderlo podría abrir la puerta a una nueva fase de ventas forzadas y liquidaciones de posiciones apalancadas.
Una sesión en rojo: bolsas a la baja, volatilidad al alza
El contexto macro tampoco ayuda. Los mercados globales han sufrido su mayor caída en más de tres semanas, con especial castigo para los valores tecnológicos. El S&P 500 retrocedió un 1,6%, mientras que el Nasdaq 100 se dejó un 2%, arrastrado por el desplome del 12% de Cisco Systems tras una guía decepcionante.
A las 7:15 horas CET, los datos reflejaban todavía el impacto de la ola de ventas: el S&P 500 se situaba en 6.832,76 puntos (-1,57%), el Nasdaq 100 en 24.687,61 (-2,04%) y el IBEX 35 en 17.896,89 (-0,82%). El índice de volatilidad VIX repuntaba hasta 20,81 puntos, con una subida cercana al 18%, mientras el índice dólar DXY avanzaba ligeramente hasta 97,03 (+0,12%).
En materias primas, el Brent cotizaba en torno a 67,02 dólares (-0,15%), el crudo WTI en 62,73 dólares (-0,27%), y el oro se desmarcaba con una subida de 0,78% hasta los 4.959 puntos. Bitcoin, por su parte, se mantenía en torno a los 66.222 dólares (-0,08%). Este patrón —bolsas a la baja, dólar algo más fuerte, volatilidad al alza y oro rebotando— encaja con un mercado que reduce riesgo ante un cóctel de tensiones tecnológicas, geopolíticas y monetarias.
La combinación de tensión militar en Oriente Medio, giro fósil en la política climática, rectificación arancelaria y exuberancia en la IA dibuja un escenario complejo para los próximos meses. Si la presencia simultánea de dos portaaviones sirve para disuadir a Irán y estabilizar el flujo de crudo, el efecto neto sobre los mercados energéticos podría ser neutral. Pero un incidente en el Golfo bastaría para disparar el precio del petróleo y reavivar el fantasma inflacionario.
La marcha atrás climática y el alivio arancelario al metal apuntan a una Casa Blanca obsesionada con contener el coste de la vida a corto plazo, incluso a costa de compromisos a largo. Esa prioridad puede ofrecer cierta tregua inflacionaria, pero también aumenta el riesgo de choques regulatorios con socios como la Unión Europea y de futuros ajustes bruscos cuando cambie el ciclo político.
En paralelo, la divergencia entre una IA que concentra valoraciones astronómicas y un Bitcoin que pierde brillo sugiere un cambio en la forma en que el mercado quiere exponerse a la tecnología: menos apuesta abstracta y más negocio tangible, aunque todavía rodeado de una fuerte dosis de euforia.
El diagnóstico es inequívoco: los inversores entran en una fase en la que ya no basta con seguir los grandes relatos —“energía barata”, “IA infinita”, “cripto como refugio”—, sino que deben discriminar entre riesgos y plazos. Y eso, en un entorno de noticias cruzadas como el de esta jornada, implica más volatilidad y más dependencia de cada titular que salga de Washington, Teherán… o Silicon Valley.