Trump minimiza el desplome del dólar mientras el oro se dispara y Dow Jones cae

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La divisa estadounidense toca mínimos históricos, el metal precioso vuela por encima de los 5.200 dólares y los mercados miran a la Fed entre dudas por SpaceX, Nvidia y la crisis de Minneapolis

El presidente Donald Trump ha decidido restar importancia a la caída del dólar justo cuando la moneda roza mínimos históricos y los inversores empiezan a hablar, sin tapujos, de declive estructural. Mientras tanto, el oro escala por encima de los 5.200 dólares por onza, consolidándose como refugio ante una combinación tóxica de tensiones geopolíticas, dudas sobre la política monetaria y crisis de credibilidad institucional. En paralelo, China rompe el hielo al autorizar la importación de chips Nvidia H200, SpaceX sueña con una OPV de 1,5 billones de dólares en junio y la Casa Blanca lidia con un nuevo incendio político en Minneapolis, donde vídeos filtrados contradicen versiones oficiales de dos tiroteos mortales. Los mercados tienen material de sobra para un giro brusco, y el tablero de riesgos para el inversor español se redefine casi a diario.

Temor a una caída prolongada del dólar

El mensaje despreocupado de Trump —minimizando la depreciación del billete verde y defendiendo que la economía sigue “fuerte”— ha sido interpretado en los mercados como una aceptación implícita de un dólar más débil. El resultado no se hizo esperar: el índice del dólar registró su mayor caída diaria desde la guerra arancelaria del año pasado, mientras los bonos del Tesoro sufrían ventas adicionales y repuntaban las rentabilidades a largo plazo.

El euro, la libra y el franco suizo marcaron máximos de varios años frente al billete verde, y varias divisas asiáticas recuperaron terreno perdido. Para muchos gestores, este movimiento ya no es un simple ajuste táctico, sino el inicio de una fase de desdolarización gradual en las carteras globales. La señal de alarma es clara: si la Casa Blanca parece cómoda con un tipo de cambio más bajo, los inversores internacionales pueden empezar a replantearse la proporción de activos denominados en dólares en sus balances.

La consecuencia es doble. Por un lado, Estados Unidos exporta más inflación al resto del mundo, al encarecerse sus importaciones de materias primas. Por otro, el atractivo de su deuda pública como refugio seguro se resiente, precisamente en un momento en el que el déficit fiscal supera el 6% del PIB y la necesidad de financiación externa es creciente.

El oro vuela a los 5.200 dólares por onza

En el otro extremo del tablero, el oro se ha convertido de nuevo en el termómetro del miedo. El metal precioso superó los 5.200 dólares por onza, marcando un máximo intradía en 5.201,91 dólares y consolidándose en torno a los 5.193,22 dólares a media mañana en Nueva York. La subida no es un mero ajuste: supone un avance de más del 30% en doce meses, alimentado por compras de bancos centrales, fondos soberanos y pequeños ahorradores.

El repunte se contagia al resto de metales preciosos: la plata suma cerca de un 0,85%, el platino avanza un 1,29% y el paladio gana en torno al 0,73%. El mensaje de los mercados es inequívoco: en un entorno donde el dólar cae, los tipos reales siguen siendo negativos y las tensiones geopolíticas —desde el Ártico hasta Oriente Medio— no aflojan, el oro recupera su papel de seguro último contra el ruido político.

Para el inversor español, la combinación de dólar débil + oro fuerte tiene dos lecturas. Las posiciones en renta variable estadounidense sufren por el tipo de cambio, mientras que las exposiciones a metales preciosos o a mineras auríferas se convierten en uno de los pocos colchones eficaces frente a escenarios de sobresalto.

Los índices bursátiles y el pulso al riesgo

En este entorno de dólar frágil y oro en máximos, los principales índices reflejan una apetencia de riesgo selectiva. La tecnología sigue tirando del carro, mientras el miedo se dispara en la volatilidad implícita y las materias primas energéticas suben con moderación. Los datos de cierre dejan una fotografía nítida:

Símbolo Última Cbo Cambio%
SPX 6.978,60 28,37 0,41%
IBEX35 17.804,09 123,60 0,70%
NDX 25.939,74 226,53 0,88%
DXY 96,041 0,223 0,23%
VIX 16,36 0,22 1,36%
BRENT 66,865 0,310 0,47%
USOIL 62,80 0,24 0,38%
BTCUSDT 89.285,78 35,78 0,04%
GOLD 5.262,650 82,510 1,59%

 

El S&P 500 sube un 0,41%, el Nasdaq 100 avanza un 0,88% y el IBEX 35 acompaña con un 0,70%, confirmando que la renta variable aún resiste. Sin embargo, la volatilidad (VIX) repunta un 1,36%, una señal de que los inversores empiezan a pagar más por protección. El Brent se mueve en torno a los 66,9 dólares y el crudo estadounidense cerca de 62,8, niveles que no disparan alarmas pero que mantienen la presión sobre la inflación subyacente.

El dato más simbólico sigue siendo el de GOLD, con un alza del 1,59% en la sesión y un precio spot por encima de los 5.260 dólares. En otras palabras, el refugio clásico se comporta mejor que buena parte de los índices de renta variable y que el propio bitcoin, prácticamente plano en la jornada.

China abre la puerta al chip H200 de Nvidia

En paralelo al nerviosismo financiero, China ha dado luz verde a la importación del chip H200 de Nvidia, diseñado específicamente para cargas de trabajo de inteligencia artificial. Pekín autoriza así el primer lote de varios cientos de miles de unidades, destinadas en su mayoría a grandes plataformas de internet del país.

El movimiento es significativo por dos razones. Primero, porque se produce tras meses de tensiones comerciales y restricciones de exportación por parte de Washington; segundo, porque Pekín intenta cuadrar un círculo complicado: impulsar la revolución de la IA sin renunciar a su estrategia de autosuficiencia en semiconductores. En la práctica, China compra tiempo: mantiene a sus gigantes tecnológicos en la frontera de la innovación mientras acelera el desarrollo de alternativas domésticas.

Para empresas europeas como ASML, ARM o los fabricantes de equipos de litografía, el mensaje es claro: el ciclo de inversión en infraestructura de IA sigue vivo, pero operará en un entorno de reglamentación cruzada y riesgo geopolítico permanente.

SpaceX prepara una salida a bolsa de órbita alta

Otro frente clave para el apetito de riesgo es la posible salida a bolsa de SpaceX. Según fuentes de mercado, la compañía de Elon Musk estaría barajando junio como ventana para su OPV, con la vista puesta en una valoración de hasta 1,5 billones de dólares y una captación de 50.000 millones.

El calendario tiene guiños cósmicos —conjunción de Júpiter y Venus, cumpleaños del propio Musk—, pero la realidad regulatoria es menos romántica: SpaceX aún debe registrar su S-1 ante la SEC, actualizar sus estados financieros y organizar una gira global de inversores. Algunos bancos dudan de que dé tiempo a todo en apenas unos meses.

Si finalmente la operación ve la luz, se trataría de una de las mayores OPV de la historia, capaz de absorber liquidez de otros sectores y reordenar el mapa de pesos en los índices tecnológicos. Para el inversor español, expuesto a través de fondos globales, la pregunta clave será si SpaceX llega al mercado como nueva “estrella” o si aterriza justo en el pico del ciclo de euforia por la economía espacial.

Minneapolis, laboratorio de una crisis de credibilidad

Mientras los mercados miran a la tecnología y al dólar, la Casa Blanca afronta un problema de confianza mucho más terrenal. Una investigación revela que altos cargos de inmigración difundieron versiones apresuradas sobre dos tiroteos mortales en Minneapolis, en los que murieron los ciudadanos Renee Good y Alex Pretti, ambos a manos de agentes federales.

En ambos casos, los comunicados oficiales describieron a las víctimas como agresores armados o conductores que habían intentado embestir a los agentes. Sin embargo, vídeos y otras pruebas posteriores mostraron una realidad distinta: Pretti solo llevaba un teléfono móvil y Good no realizó ninguna maniobra deliberada contra los oficiales.

La reacción de expertos en derechos civiles ha sido fulminante: “Estamos ante un patrón de defensa automática del agente, incluso antes de conocer los hechos”, denuncian. El contraste con la tradicional cercanía de Trump al lobby de las armas añade un matiz incómodo. En un país donde la confianza en las instituciones ya venía erosionada, cada nuevo caso alimenta la sensación de impunidad y relato manipulado, con consecuencias potenciales para la estabilidad social… y para la percepción de riesgo político de los inversores.

La agenda macro del día: bancos centrales bajo presión

Sobre este telón de fondo, la agenda macroeconomía del día añade su propia cuota de incertidumbre. En Europa, el mercado recibe el índice GfK de sentimiento del consumidor alemán y la confianza del consumidor italiano, junto con el rendimiento del bono alemán a 10 años, termómetro de la percepción de riesgo en la eurozona.

Al otro lado del Atlántico, se publican las solicitudes de hipotecas de la MBA, la decisión de tipos del Banco de Canadá y los inventarios de crudo de la EIA, claves para anticipar la evolución de los precios energéticos. El plato fuerte llega por la tarde: decisión de tipos de la Reserva Federal y posterior comparecencia del FOMC, con el mercado dividido entre quienes esperan una pausa prolongada y quienes apuestan por los primeros recortes en el segundo semestre.

En el frente corporativo, la temporada de resultados acelera con pesos pesados como AT&T, Starbucks, Microsoft, Tesla e IBM presentando sus cifras trimestrales. Cualquier sorpresa negativa en estos nombres puede amplificar el giro defensivo que ya se intuye en la huida hacia el oro.

Qué significa todo esto para el inversor español

Para el ahorrador y el gestor español, el mapa de riesgos se compone de varias capas simultáneas. La debilidad estructural del dólar obliga a revisar la exposición a activos estadounidenses y a plantearse coberturas de divisa más activas. El repunte del oro y la resiliencia de algunos índices sugieren que no estamos ante un colapso inminente, sino ante una recomposición del equilibrio entre riesgo y refugio.

La aprobación china del H200 de Nvidia, la eventual OPV de SpaceX y los resultados de gigantes tecnológicos marcarán el pulso de la renta variable global en los próximos meses. Al mismo tiempo, episodios como el de Minneapolis recuerdan que el riesgo político interno en Estados Unidos puede pasar rápidamente de los titulares a las cotizaciones.

El diagnóstico es inequívoco: entramos en una fase del ciclo en la que la gestión activa de riesgos macro, regulatorios y geopolíticos será tan importante como el análisis de balances. No basta con elegir buenas empresas; hay que entender en qué moneda se cobra, bajo qué banco central se opera y qué clima social rodea a cada activo. En este escenario, ignorar la señal que envían el dólar y el oro sería, sencillamente, jugar a ciegas.