Vacaciones a crédito: el viaje puede costar un 72% más
Banqmi advierte de que financiar el verano con tarjetas revolving o pago aplazado puede convertir el descanso en una deuda de varios años.
El gasto medio por persona durante las vacaciones de verano de 2026 alcanzará los 1.339 euros, un 48% más que el año anterior, según los datos recogidos por Banqmi by iAhorro. El encarecimiento del viaje llega en un momento delicado para muchas familias: con un salario medio cercano a los 1.800 euros mensuales, una pareja con dos hijos puede llegar a destinar prácticamente dos sueldos completos a sus vacaciones. La consecuencia es clara: cada vez más hogares recurren al crédito para no renunciar al descanso estival. Sin embargo, el coste real puede dispararse mucho después de volver a casa.
El coste oculto del descanso
Banqmi advierte de que financiar las vacaciones puede elevar notablemente el precio final del viaje. La entidad analiza tres fórmulas habituales: préstamo personal al 8,5% TAE, tarjeta de pago aplazado al 19,56% TAE y tarjeta revolving al 24% TAE.
El resultado es contundente. En el caso de unas vacaciones largas de unos 6.000 euros, si se pagan con una tarjeta revolving a largo plazo, el consumidor puede acabar devolviendo hasta un 72% más de lo previsto inicialmente. Lo más grave no es solo el sobrecoste, sino la duración de la deuda: un viaje de verano puede continuar pesando sobre la economía familiar durante años.
Más españoles tiran de crédito
El fenómeno no es marginal. Según las encuestas citadas por Banqmi, uno de cada cinco usuarios financiará sus vacaciones este verano. Además, en 2025, el 22% de quienes viajaron recurrió a una tarjeta de crédito, préstamo o fórmula similar, frente al 10% registrado en 2022.
Este dato revela un cambio de comportamiento financiero. Viajar se mantiene como una prioridad para muchos hogares, pero la capacidad de pago inmediato se ha debilitado. El crédito se convierte así en una vía de escape, aunque con una letra pequeña que puede transformar un gasto puntual en una obligación prolongada.
La trampa de la cuota baja
Antonio Gallardo, experto financiero de Banqmi, alerta especialmente sobre las tarjetas revolving. Según explica, el problema se agrava cuando el cliente escoge cuotas mensuales reducidas. En un ejemplo de 3.000 euros, una cuota de 75 euros al mes implica saldar la deuda en seis años, devolviendo 5.304 euros.
“El cliente habrá pagado un 77% más por unas vacaciones de las que regresó hace ya más de cinco años”, señala Gallardo. La frase resume el riesgo central: cuanto más baja es la cuota asumible, mayor puede ser el coste total. Es un producto especialmente delicado para consumidores vulnerables, porque alivia el pago mensual, pero encarece la factura final.
Préstamo, tarjeta o revolving
La diferencia entre productos es decisiva. Banqmi subraya que no basta con mirar la cuota mensual. La comparación relevante debe hacerse a través de la TAE, que incorpora comisiones y permite medir el coste real de cada alternativa.
En importes superiores a 1.500 euros y plazos de más de 12 meses, el préstamo personal suele resultar más barato que el pago aplazado con tarjeta. La tarjeta revolving, por el contrario, puede ser la opción más cara cuando se alarga el plazo o se opta por la cuota mínima. El diagnóstico es inequívoco: financiar no siempre es el problema; el problema es hacerlo sin calcular el coste total.
Recomendaciones clave
Banqmi recomienda exigir siempre la Información Normalizada Europea en los préstamos personales y la ficha precontractual equivalente en el caso de las tarjetas. Si el consumidor no recibe esa documentación, la entidad aconseja buscar otro producto.
También insiste en comparar la TAE, no el TIN ni únicamente la cuota mensual. Otro paso esencial es multiplicar la cuota por el número de meses para conocer la factura completa. La advertencia final es clara: desconfiar de las cuotas mínimas, porque pueden convertir un viaje asumible en una deuda desproporcionada.
Una factura que vuelve después del verano
Financiar unas vacaciones no tiene por qué ser una mala decisión si se hace con prudencia. Pero Banqmi advierte de que la diferencia entre pagar un viaje de 3.000 euros con un préstamo personal o con una tarjeta revolving puede superar los 700 euros en intereses a tres años.
La clave está en no confundir accesibilidad mensual con ahorro real. Un pago pequeño puede parecer cómodo, pero esconder un coste mucho mayor. En plena escalada del gasto turístico, el descanso de verano exige algo más que elegir destino: exige calcular cómo se paga.