Wall Street 2026: inflación contenida, tipos en pausa y la IA como termómetro
El año arranca con una fotografía global que mezcla desinflación incompleta, bancos centrales prudentes y un mercado financiero que vuelve a fijarse en lo de siempre: beneficios, tipos y consumo. Las primeras referencias de enero colocan a Perú en el foco por el repunte de su inflación hasta un 1,57%, mientras su IPC mensual sube un 0,24%. En Israel, el banco central apunta a una pausa tras el recorte de noviembre, señal de que el “aterrizaje suave” también se juega en Oriente Próximo. Y en Pakistán, el IPC interanual se modera al 5,6%, un dato que alimenta el debate sobre cuánta restricción monetaria queda por delante en economías con elevada sensibilidad social.
En paralelo, el inicio de 2026 se interpreta en clave de carteras: Wall Street llega tras tres años de subidas de doble dígito y mira a dos palancas para aspirar a un cuarto: gasto en inteligencia artificial y nuevos recortes de la Reserva Federal. La vivienda estadounidense, sin embargo, recuerda que los tipos no lo explican todo: oferta, accesibilidad y salarios pueden pesar más que la trayectoria del precio del dinero. En el hemisferio sur, la reorganización de Petroperú y su apertura a inversión privada añade un capítulo de política económica regional en un año donde la financiación será un activo tan estratégico como las materias primas.
Perú: inflación al alza, pero todavía en niveles bajos
Perú inaugura 2026 con un doble titular que apunta en la misma dirección: los precios se reactivan, pero sin descontrol. La tasa de inflación se sitúa en máximo de cinco meses del 1,57%, mientras el dato mensual del IPC marca un avance de 0,24% en diciembre. En términos de inicio de año, la lectura dominante es que el país se mueve en una zona de inflación relativamente moderada si se compara con los picos que vivieron muchas economías emergentes entre 2021 y 2023.
El matiz importante es la tendencia. Un repunte, aunque sea contenido, obliga a reordenar expectativas sobre la política monetaria y sobre la velocidad de cualquier relajación adicional. En economías con alta exposición a alimentos y energía, la inflación suele responder con rapidez a choques externos, cambios climáticos o ajustes de tarifas. Por eso, los mercados mirarán no sólo el dato agregado, sino la composición: cuánto pesa el componente subyacente y cuánto responde a factores puntuales.
Lo relevante para 2026 es el encaje macro: con inflación alrededor del 1,57%, el margen de maniobra existe, pero dependerá del crecimiento, del tipo de cambio y de la estabilidad política. En un año donde el capital es más selectivo, el diferencial de confianza cuenta tanto como el diferencial de tipos.
Petroperú abre la puerta al capital privado tras la reorganización
La otra gran señal procedente de Perú no es de precios, sino de estructura productiva. El país anuncia la apertura de la petrolera estatal Petroperú a inversión privada tras un proceso de reorganización, un movimiento que introduce un mensaje claro al mercado: la sostenibilidad financiera y operativa de las empresas públicas vuelve a estar bajo escrutinio en América Latina.
Este tipo de decisiones suelen responder a una combinación de necesidades: reducir presión presupuestaria, mejorar gobernanza, atraer tecnología y asegurar capacidad de inversión. En la práctica, la entrada de capital privado —sea mediante alianzas, venta parcial de activos o reconfiguración accionarial— suele condicionar la hoja de ruta: prioridades de rentabilidad, disciplina de costes y objetivos medibles. También reabre debates políticos internos sobre soberanía energética, tarifas y empleo.
La implicación regional es evidente. En un contexto donde la financiación internacional se ha encarecido y los inversores penalizan la incertidumbre regulatoria, los movimientos de apertura o cierre pesan en la prima de riesgo. Si el proceso se ejecuta con transparencia y reglas estables, puede actuar como señal de “normalización”. Si deriva en conflicto político, se convierte en ruido. El punto crítico es la ejecución: la reorganización sólo es creíble cuando se traduce en flujos, contratos y métricas.
Banco de Israel: pausa tras el recorte de noviembre
En Oriente Próximo, el Banco de Israel se inclina por mantener tipos tras el recorte de noviembre. El mensaje es de prudencia: incluso tras una bajada previa, el margen para seguir relajando depende de que inflación, actividad y expectativas permanezcan alineadas. En un entorno geopolítico tenso, la política monetaria no sólo gestiona precios; también gestiona confianza, estabilidad financiera y presión sobre la divisa.
Una pausa en tipos suele interpretarse como intento de evitar señales contradictorias. Recortar demasiado rápido puede alimentar depreciación de moneda, encarecer importaciones y trasladarse a precios. Mantener demasiado alto puede enfriar crédito y consumo en un momento delicado. Israel, además, opera con un factor adicional: episodios de tensión suelen trasladarse a turismo, inversión y percepción exterior, lo que convierte cada decisión de tipos en un equilibrio fino.
En este contexto, la “pausa” no es inacción: es una forma de ganar tiempo con un coste calculado. Lo que observarán los analistas en las próximas semanas es la comunicación del banco central: si la pausa se presenta como técnica (dependiente de datos) o como giro estratégico (más restrictivo de lo esperado). La diferencia es clave para bonos, banca y tipo de cambio.
Pakistán: el IPC se modera al 5,6% y reabre el debate monetario
Pakistán aporta otro dato relevante de arranque: la inflación interanual se desacelera al 5,6% en diciembre. En economías emergentes con historial de presión sobre precios, un descenso de IPC suele tener impacto inmediato en expectativas: posibilidades de bajar tipos, aliviar tensión social y recuperar algo de margen fiscal. Aun así, la lectura de un solo dato tiene límites.
La inflación en Pakistán suele estar condicionada por energía, alimentos y moneda. Una moderación puede venir por efecto base, por caída de precios internacionales o por medidas internas temporales. Por eso, el mercado mirará continuidad: si el 5,6% es el inicio de una senda o un respiro puntual. También observará el estado del crédito y la estabilidad del sistema financiero, porque una inflación menor no siempre se traduce en un ciclo de bajadas rápido si existen riesgos externos.
La consecuencia macro es clara: si la desinflación se consolida, el país gana margen para reordenar prioridades, pero el coste de error es alto. En 2026, los inversores suelen premiar la consistencia: reglas claras, previsibilidad y capacidad de ejecución. Sin esos elementos, un buen dato de IPC dura lo que tarda en aparecer el siguiente shock.
India: qué cambió en 2025 y qué no se movió
Entre los temas que aparecen al inicio del año, India ocupa un espacio distinto: menos “dato del día” y más lectura estructural. El balance de 2025 en finanzas indias suele girar sobre dos ejes: la modernización de mercados (digitalización, profundización del crédito, crecimiento de ahorro minorista) y las inercias que persisten (desigualdad territorial, informalidad, dependencia energética y tensiones regulatorias).
Lo que cambia suele tener forma de infraestructura financiera: más penetración de pagos digitales, mayor peso de inversores domésticos y nuevos productos para canalizar ahorro. Lo que no cambia es, a menudo, el dilema de la financiación del crecimiento: cómo mantener inversión sin presionar inflación, cómo sostener empleo formal y cómo evitar burbujas en segmentos de crédito o inmobiliario.
En términos de cartera global, India sigue funcionando como un activo de “historia larga”: demografía, mercado interno y política industrial. Sin embargo, el inicio de 2026 obliga a un encuadre más sobrio: el capital internacional exige retornos y estabilidad normativa. La lectura de fondo es que India no se mide sólo por crecimiento, sino por la calidad del crecimiento: productividad, energía, logística y disciplina fiscal.
Wall Street: IA, beneficios y Fed como triángulo de 2026
El arranque de 2026 para Estados Unidos se concentra en un triángulo que ya dominó 2025: gasto en IA, beneficios empresariales y política de la Fed. El S&P 500 cerró 2025 con una subida superior al 16% y encadena tres ejercicios consecutivos de avances de doble dígito, lo que eleva el listón. Para que el mercado repita un año “brillante”, los estrategas sitúan como condición que el crecimiento de beneficios sea amplio y que las valoraciones no dependan exclusivamente de un puñado de megacaps.
La IA, en particular, entra en una fase de verificación. Tras el entusiasmo inicial, el mercado empieza a preguntar por retornos: si el ‘capex’ de centros de datos y chips se transforma en productividad y márgenes, o si se queda en promesa. En paralelo, la Fed se convierte en bisagra: el mercado descuenta más recortes, pero los bancos centrales caminan con cautela ante cualquier rebrote de inflación.
“Un cuarto año fuerte exigiría que los tres motores funcionen a la vez: resultados, tipos y confianza en la inversión tecnológica”, sintetiza el consenso de mercado. Sin ese alineamiento, el escenario base suele ser más moderado: avances contenidos y volatilidad más frecuente.
Vivienda en EEUU: más allá de los recortes de tipos
Otro de los focos del inicio de año es el mercado de la vivienda estadounidense y una idea que gana peso: lo que importa puede ser más que los recortes de tipos. La razón es estructural. En la última década, la oferta ha sido rígida en muchas áreas, los costes de construcción han aumentado y la accesibilidad se ha deteriorado en numerosas ciudades. En ese contexto, bajar tipos ayuda, pero no resuelve por sí sola el cuello de botella.
En 2026, el mercado inmobiliario se observará a través de tres variables: inventario disponible, evolución salarial y condiciones de crédito (incluido el coste real de hipotecas). Un recorte de tipos puede mejorar la demanda, pero si la oferta no responde, el ajuste de precios puede ser limitado y la presión se traslada a alquileres. Por eso, el análisis se desplaza hacia políticas de suelo, permisos, construcción y eficiencia del parque existente.
La consecuencia para los mercados es directa: la vivienda afecta consumo, banca y percepción de riqueza. Si el ajuste es suave, sostiene el gasto. Si se atasca, puede frenar el ciclo. En un año donde el consumo estadounidense sigue siendo un pilar, la vivienda vuelve a ser indicador adelantado.