2026

Wall Street: Dow Jones, Nasdaq y SP500 se juegan el cuarto año de rally por la IA

FR TORO DE WALL STREET
Los índices encadenan tres años de subidas de dos dígitos y dependen en 2026 de beneficios récord, recortes de tipos y que la apuesta por la inteligencia artificial no se desinfle

El mercado estadounidense llega a 2026 con un balance poco habitual: tres años consecutivos de avances de doble dígito en el S&P 500, apoyados en la inversión en inteligencia artificial, la relajación de la política monetaria y una economía que ha evitado la recesión pese a las subidas de tipos. El índice de referencia avanzó más de un 16 % en 2025, tras ganar un 23 % en 2024 y un 24 % en 2023, en un ciclo alcista iniciado en octubre de 2022.
Los estrategas coinciden en que un cuarto año de fuertes ganancias exigiría una combinación exigente: beneficios empresariales robustos, una Reserva Federal de perfil dovish y la consolidación del ciclo de gasto en IA.
Los objetivos para el S&P 500 se mueven entre un escenario de subidas moderadas, en torno al 8 %, y otros más optimistas, con revalorizaciones superiores al 10 %-15 % si se cumplen las previsiones de resultados.
En paralelo, factores como la relación entre Estados Unidos y China, el calendario de recortes de tipos y las elecciones legislativas de mitad de mandato se perfilan como elementos clave para el comportamiento del mercado en 2026.

Tres años de subidas de dos dígitos

El punto de partida para 2026 es un mercado que acumula tres ejercicios consecutivos con retornos de doble dígito. Según los datos recopilados por Refinitiv, el S&P 500 se revalorizó más de un 16 % en 2025, después de ganar un 23 % en 2024 y un 24 % en 2023, dentro de un bull market que arrancó en octubre de 2022.

El periodo no ha estado exento de episodios de volatilidad. En 2025, las acciones sufrieron caídas significativas tras el anuncio por parte de la Administración Trump de aranceles superiores a lo previsto en abril, lo que generó un repunte de la aversión al riesgo y ventas en bloque en algunos sectores. Pese a ello, el índice recuperó el tono apoyado en un crecimiento económico todavía positivo y en la expectativa de nuevos recortes de tipos.

En este contexto, Sam Stovall, estratega jefe de CFRA, considera que el entorno para 2026 es más exigente: señala un objetivo de 7.400 puntos para el S&P 500 a cierre de año, lo que implicaría un avance cercano al 8 % sobre los niveles actuales. Otros bancos de inversión manejan escenarios más expansivos, como Deutsche Bank, que sitúa su objetivo en 8.000 puntos, es decir, en torno a un 17 % de subida si se cumplen las previsiones.

Beneficios empresariales como condición necesaria

Buena parte del consenso coincide en que el margen para una expansión adicional de los múltiplos es limitado tras tres años de rally, por lo que el foco se desplaza a la evolución de los beneficios. De acuerdo con Tajinder Dhillon, responsable de análisis de beneficios en LSEG, las ganancias del conjunto del S&P 500 podrían crecer más de un 15 % en 2026, después de un aumento estimado del 13 % en 2025.

A diferencia de los primeros años del ciclo, cuando el impulso procedía sobre todo de un grupo reducido de grandes tecnológicas, las previsiones para 2026 apuntan a un crecimiento más amplio. El apoyo vendría de una política fiscal todavía expansiva y unas condiciones monetarias algo más laxas, con impacto en el consumo y en la inversión de sectores más cíclicos.

En este sentido, Kristina Hooper, estratega jefa de Man Group, destaca que una mejora sustancial en los resultados de “las otras 493 compañías” del S&P 500 —más allá de los grandes valores tecnológicos— sería un factor relevante para sostener retornos de doble dígito. La premisa básica entre los analistas es que sin un avance claro de los beneficios, la probabilidad de un año más moderado aumenta.

IA: del relato de mercado al examen de rentabilidad

La inteligencia artificial se ha consolidado como uno de los vectores centrales del rally estadounidense desde 2023. La narrativa en torno a su potencial ha impulsado la capitalización y los beneficios de los grandes valores tecnológicos agrupados en los llamados “Magnificent Seven”, entre los que figuran Nvidia (NVDA), Apple (AAPL) y Amazon (AMZN).

En 2024, estos siete valores registraron un crecimiento de beneficios del 37 %, frente al 7 % del resto del S&P 500, según LSEG. Para 2026, las estimaciones prevén que el grupo mantenga un aumento de ganancias en torno al 23 %, mientras que el resto del índice crecería en torno al 13 %, reduciendo así una brecha que ha sido uno de los rasgos distintivos del ciclo reciente.

El mercado está empezando a evaluar con más detalle el retorno del fuerte esfuerzo inversor en infraestructura de IA, especialmente en centros de datos, chips de alto rendimiento y software especializado. En los últimos meses de 2025, algunas compañías vinculadas a este ecosistema sufrieron correcciones tras surgir dudas sobre la rentabilidad futura de los proyectos de capital.

Jeff Buchbinder, estratega jefe de renta variable en LPL Financial, advierte de que un eventual recorte en el gasto de capital ya comprometido o un descenso de la confianza en los retornos de la inversión en IA podría traducirse en un comportamiento plano o incluso ligeramente negativo del S&P 500 en 2026. De este modo, la IA se perfila como un factor determinante tanto para el escenario alcista como para un posible frenazo.

La Fed, los tipos y el nombramiento del nuevo presidente

El otro pilar clave para el comportamiento del mercado es la política monetaria de la Reserva Federal. Entre 2024 y 2025, el banco central acometió 175 puntos básicos de recortes en los tipos de referencia, revirtiendo parcialmente el ciclo de endurecimiento más intenso de las últimas décadas. Los futuros sobre fondos federales descuentan al menos dos nuevos recortes de 25 puntos básicos en 2026, siempre que la inflación continúe moderándose y la actividad no se deteriore de forma brusca.

Yung-Yu Ma, estratega jefe de PNC Financial Services Group, subraya que uno de los elementos más relevantes para un nuevo año alcista será que la Fed mantenga “una postura claramente dovish”, compatible con una desaceleración suave de la economía y una reducción gradual de la inflación.

Además del calendario de tipos, los inversores seguirán de cerca la elección del próximo presidente de la Fed por parte del presidente Donald Trump, prevista para comienzos de 2026. El mercado interpreta que la Casa Blanca podría optar por un perfil más favorable a una política monetaria acomodaticia, aunque también se observa con atención el debate sobre el grado de independencia del banco central. Estas decisiones pueden influir de manera significativa en las expectativas de tipos y, por tanto, en las valoraciones de los activos de riesgo.

Señales históricas: cuarto año del bull market y año de ‘midterms’

La estadística ofrece referencias ambivalentes para 2026. Por un lado, datos recopilados por LPL Research indican que, de siete mercados alcistas que alcanzaron un cuarto año de duración desde 1950, seis cerraron ese cuarto ejercicio en positivo, con una subida media del 12,8 %. Es decir, la mera longevidad del ciclo no implica necesariamente un fin inmediato del rally.

Por otro lado, 2026 será año de elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, un entorno histórico menos favorable para la renta variable. De acuerdo con CFRA, el S&P 500 ha registrado de media un avance del 3,8 % en los años de ‘midterms’, frente a un 11 % de media en los otros tres años del ciclo presidencial. La explicación suele vincularse a la incertidumbre sobre la composición del Congreso y el impacto potencial en la agenda fiscal y regulatoria.

En conjunto, estos datos apuntan a un año en el que las subidas, si se producen, podrían ser más moderadas y acompañadas de episodios de volatilidad ligados al calendario político y a las expectativas sobre política económica.

La relación con China y otros factores de riesgo

Más allá de los beneficios, la IA y la Fed, el contexto internacional incorpora una serie de elementos que pueden actuar como catalizadores positivos o negativos. Entre ellos destaca la relación entre Estados Unidos y China, las dos mayores economías del mundo.

En 2025, los aranceles anunciados por la Administración Trump llegaron a convertirse en uno de los principales focos de volatilidad bursátil, antes de perder protagonismo a medida que otras variables —como los resultados empresariales o la inflación— volvieron al primer plano.

De cara a 2026, los analistas contemplan tanto escenarios de tensión adicional —con nuevas trabas comerciales o tecnológicas— como la posibilidad de algún tipo de avance en las relaciones bilaterales que no está plenamente incorporado en los precios. Una mejora sustancial entre Washington y Pekín podría actuar como catalizador para sectores industriales, tecnológicos y ligados al comercio global, mientras que un deterioro brusco tendría el efecto contrario.

A estos factores se suman otros elementos de riesgo o apoyo potencial: la evolución de la economía global, el comportamiento de los beneficios fuera de Estados Unidos, los movimientos de las divisas o la estabilidad de los mercados de deuda soberana.

Un escenario de base constructivo, con más exigencias

La combinación de todos estos vectores dibuja para 2026 un escenario de base moderadamente constructivo, según buena parte del consenso de mercado: crecimiento positivo de los beneficios, política monetaria algo más laxa y mantenimiento del ciclo de inversión en IA, aunque con un escrutinio más intenso sobre su rentabilidad.

Al mismo tiempo, la exigencia para los fundamentales es sustancial mayor que en los primeros años del bull market. Con valoraciones elevadas, la tolerancia a decepciones en resultados, a cambios inesperados en la trayectoria de la Fed o a nuevos episodios de tensión comercial será previsiblemente más reducida.

En este contexto, los analistas describen 2026 como un año en el que el comportamiento de la Bolsa estadounidense estará, en gran medida, condicionado por la capacidad de las empresas para cumplir las previsiones de beneficios y por la credibilidad del ciclo de IA, así como por la gestión de la política monetaria en un entorno político complejo.