El yen salta, el petróleo se dispara y el Dow Jones flojea por miedo a un choque en el Golfo
La última sesión de la semana dejó una imagen clara de los mercados: las divisas y las materias primas mandaron, y las bolsas se limitaron a aguantar el tipo. El yen japonés se apreció con fuerza hasta los 155,77 por dólar, en un movimiento que el mercado interpreta como preludio —o inicio— de una intervención oficial. Al mismo tiempo, el petróleo WTI subió un 2,88% hasta los 61,07 dólares y el Brent avanzó un 2,84% hasta 65,88 dólares, después de que Estados Unidos endureciera las sanciones contra Irán y Donald Trump hablara de una “armada” de camino hacia el país.
En Wall Street, el Dow Jones cayó un 0,58% hasta los 49.098 puntos, mientras el S&P 500 sumó un ligero 0,03% y el Nasdaq Composite avanzó un 0,28%. En la semana, los tres grandes índices apenas cedieron entre un 0,1% y un 0,5%, pese a una montaña rusa marcada por la amenaza —y posterior marcha atrás— de nuevos aranceles a Europa por el pulso de Groenlandia.
Con el oro y la plata marcando máximos históricos y el índice dólar registrando su mayor caída semanal desde mayo, los inversores encaran la reunión de la Reserva Federal y la próxima batería de resultados con un mensaje nítido: el crecimiento aguanta, pero el riesgo geopolítico se ha convertido en variable central de mercado.
Un cierre mixto tras una semana de vaivenes
La sesión del viernes fue, en apariencia, tranquila, pero coronó una semana de fuertes bandazos. El Dow Jones Industrial Average retrocedió 285 puntos (-0,58%), hasta los 49.098,71 puntos, lastrado de nuevo por el castigo a valores cíclicos e industriales. El S&P 500 apenas avanzó 2,26 puntos (+0,03%) hasta 6.915,61, mientras el Nasdaq Composite sumó 65,23 puntos (+0,28%) hasta 23.501,24.
En el cómputo semanal, el S&P 500 cedió un 0,35%, el Nasdaq un 0,06% y el Dow un 0,53%, lo que, en términos agregados, deja a Wall Street prácticamente donde empezó el lunes. El contraste con la narrativa de la semana es llamativo: el mercado tuvo que digerir amenazas de guerra comercial transatlántica, una venta masiva inicial de activos estadounidenses, un rebote rápido tras la marcha atrás de Trump y unos datos de PIB y consumo que confirmaron un crecimiento del 4,4% anualizado en el tercer trimestre.
“El efecto riqueza sigue vivo entre los consumidores”, recordaban gestores consultados, aludiendo a unos índices todavía muy cerca de máximos históricos pese a la incertidumbre política. Ese es el telón de fondo con el que los inversores se aproximan a la reunión de la Fed: una economía que no se enfría y unos mercados que se comportan como un funambulista sobre el alambre geopolítico.
El yen, en modo “intervención”: de perder terreno a ganar un 1,7%
La protagonista indiscutible del día en divisas fue la moneda japonesa. El yen pasó en cuestión de horas de perder terreno frente al dólar a anotarse una fuerte apreciación, en dos movimientos bruscos que encendieron todas las alarmas sobre una posible intervención coordinada.
Al cierre, el cruce USD/JPY cayó un 1,66%, hasta los 155,77 yenes por dólar, muy por debajo de los niveles cercanos a 159–160 que habían disparado la inquietud en sesiones previas. Según fuentes citadas por Reuters, la Reserva Federal de Nueva York realizó “rate checks” en el dólar/yen a mediodía, un paso técnico que suele preceder a actuaciones de mayor calado.
El contexto político complica aún más la lectura: el Banco de Japón había señalado horas antes su disposición a seguir subiendo unos tipos aún muy bajos, en plena campaña para unas elecciones anticipadas el mes que viene. El ministro de Finanzas, Satsuki Katayama, se limitó a afirmar que “vigila de cerca” los mercados de divisas, sin confirmar ni desmentir compras oficiales.
En el mercado, las dudas se resumían con ironía. “No oigo confirmaciones todavía, pero si parece una intervención, se mueve como una intervención y suena como una intervención, probablemente sea una intervención”, apuntaba Karl Schamotta, estratega jefe de Corpay. En cualquier caso, el mensaje para los inversores es directo: por encima de 160 yenes por dólar, Tokio está dispuesto a actuar, de forma directa o implícita.
El dólar pierde brillo: euro y libra aprovechan el respiro
El movimiento del yen encajó en un cuadro más amplio de debilidad generalizada del dólar. El índice DXY, que mide al billete verde frente a una cesta de divisas, cayó un 0,84% hasta 97,47 puntos, encadenando su peor semana desde mayo. El euro subió un 0,61% hasta los 1,1826 dólares, mientras que la libra esterlina avanzó un 1,04% hasta 1,364 dólares.
Detrás de este ajuste hay varias capas. Por un lado, los flujos hacia activos refugio alternativos como el oro y la plata restan atractivo al dólar como reserva de valor. Por otro, parte del mercado empieza a recalibrar riesgos fiscales y políticos en Estados Unidos tras semanas de titulares sobre aranceles, Groenlandia y nuevas sanciones.
El retroceso del billete verde alivia parcialmente la presión sobre economías emergentes endeudadas en dólares, pero también reaviva debates sobre diversificación de reservas y sobre el papel del dólar en un mundo de mayor fragmentación geopolítica. De momento, se trata de un ajuste táctico, no de un cuestionamiento estructural, pero el cambio de tono es evidente: por primera vez en meses, los gestores hablan abiertamente de un riesgo de “devaluación silenciosa” asociada a la política.
El crudo salta casi un 3%: sanciones, armada y nueva prima de riesgo
En materias primas, la reacción más visible llegó del petróleo. El West Texas Intermediate para marzo subió un 2,88% (1,71 dólares) hasta 61,07 dólares por barril, mientras el Brent avanzó un 2,84% (1,82 dólares) hasta 65,88 dólares, máximos de más de una semana.
El detonante inmediato fue el anuncio de nuevas sanciones estadounidenses contra la “flota en la sombra” iraní, barcos que Teherán utiliza para colocar su crudo esquivando el régimen sancionador. A ello se sumaron las declaraciones de Trump, que aseguró que Estados Unidos “tiene una armada” en ruta hacia Irán, advirtiendo a la República Islámica contra la represión violenta de las protestas y contra cualquier intento de reactivar su programa nuclear.
Este nuevo frente se suma a un mercado energético ya tensionado por otros factores: los problemas de exportación de crudo de Kazajistán a través del mar Negro tras ataques a infraestructuras, y la caída de ventas de Venezuela, cuyas exportaciones se habrían reducido aproximadamente a la mitad desde diciembre tras el bloqueo de petroleros sancionados.
Goldman Sachs estima que estos shocks combinados han recortado cerca de un millón de barriles diarios de oferta, suficiente para sostener una prima de riesgo de varios dólares por barril. El resultado es un petróleo que, sin dispararse, se ha revalorizado cerca de un 3% en la semana, justo cuando bancos centrales y empresas confiaban en cierta estabilidad de costes energéticos.
Oro, plata y gas: el refugio ya no es marginal
Si el petróleo encendió las alertas inflacionistas, los metales preciosos confirmaron que el apetito por refugios es algo más que una reacción puntual. La plata superó por primera vez los 100 dólares la onza, mientras el oro al contado subió un 0,91% hasta 4.981,43 dólares, con los futuros estadounidenses rondando los 4.936 dólares y muy cerca de la barrera simbólica de 5.000 dólares.
En paralelo, los metales industriales acompañaron el movimiento: el cobre subió un 2,92% hasta 13.128,50 dólares por tonelada, y el aluminio a tres meses en la LME avanzó un 1,31% hasta 3.173,50 dólares. El mensaje implícito es doble: por un lado, los inversores se cubren frente a divisas y riesgos políticos; por otro, el mercado sigue creyendo en una demanda razonable de materias primas vinculadas a la transición energética y la inversión en infraestructuras.
Pero quizá el dato más llamativo llegó del gas natural: los futuros de referencia se dispararon un 70% en la semana, hasta 5,275 dólares por millón de BTU, tras la mayor subida de tres días de la historia entre martes y jueves, impulsados por previsiones de las temperaturas más frías y nevadas en años en Estados Unidos. Si el frío compromete la logística en los próximos días, hogares y empresas pueden verse obligados a recurrir a diésel y fuel, donde los precios también suben al calor de la tensión en el crudo.
La consecuencia es evidente: la energía vuelve a situarse como riesgo central para inflación, beneficios empresariales y crecimiento, justo cuando parecía haberse estabilizado.
Bonos en calma tensa y Fed en el horizonte
En deuda soberana, la reacción fue más contenida. Los bonos del Tesoro estadounidense subieron de precio, con una ligera caída de rentabilidades a la espera de la decisión de la Fed. El rendimiento del Treasury a 10 años bajó 2 puntos básicos, hasta el 4,231%, desde el 4,251% del jueves. El 30 años descendió 1,8 puntos básicos hasta el 4,8305%, mientras la nota a 2 años, más sensible a las expectativas de política monetaria, retrocedió 1,6 puntos básicos hasta el 3,598%.
Los futuros sobre fondos federales asignan una probabilidad implícita del 97% a que la Reserva Federal mantenga los tipos sin cambios la próxima semana, lo que deja el foco en el mensaje posterior: ritmo y magnitud de eventuales recortes en la segunda mitad de 2026, valoración de los riesgos geopolíticos y lectura de unos datos de crecimiento e inflación que, por ahora, no justifican ni giros agresivos ni complacencia.
En este contexto, el comportamiento de la curva es coherente con un ajuste marginal de duración, no con un cambio de régimen. Los inversores institucionales parecen optar por ligeros aumentos de exposición a tramos medios y largos, aprovechando TIRes en el entorno del 4%–4,3%, mientras mantienen pólvora seca a la espera de claridad sobre el tono de la Fed y la evolución del conflicto con Irán.
Intel se hunde y el “trade Groenlandia” se disuelve
En renta variable, más allá de los índices, la gran historia corporativa de la semana fue Intel, que se dejó en el entorno del 17% tras publicar unas pérdidas trimestrales superiores a lo esperado y reconocer que no había anticipado la intensidad de la demanda de chips para centros de datos de IA. Su desplome contrasta con el buen tono de otros nombres ligados a servicios petroleros, como Halliburton, Baker Hughes o SLB, que acumulan subidas de al menos el 19% en el mes al calor de la expectativa de nuevas inversiones en países como Venezuela si se normalizan relaciones.
En el plano macro-financiero, la otra historia fue el efímero “trade Groenlandia”. La semana arrancó con la amenaza de aranceles adicionales a Europa en pleno pulso por el control de la isla, lo que llevó a algunos inversores a revivir la idea de “vender América” —desprendiéndose de acciones y bonos estadounidenses—. La rápida marcha atrás de Trump redujo el riesgo inmediato, y los flujos regresaron al mercado estadounidense.
Sin embargo, como señalaban analistas de Wells Fargo, “el impacto macro directo se ha disipado, pero el efecto estratégico no ha cambiado: la desglobalización sigue pasando de concepto a realidad”. El cierre semanal plano de los índices no debe ocultar que el dólar ha sufrido su mayor corrección en meses y que el apetito por metales refugio se ha disparado, dos señales de que los inversores ya no tratan la política como ruido pasajero, sino como riesgo estructural.