Zoom se hunde un 14% tras decepcionar con su plan 2027
El mercado castiga la guía de beneficios de Zoom pese a un aumento del 5% en ingresos y cuestiona su capacidad para monetizar la apuesta por la IA
La jornada del viernes arrancó con un castigo severo para Zoom Video Communications (ZM). La compañía llegó a caer alrededor de un 14% en los primeros minutos de negociación, con la acción deslizándose hasta los 74 dólares tras presentar los resultados del cuarto trimestre de su ejercicio fiscal 2026. El dato que encendió las alarmas no fue el crecimiento de ventas —que avanzó un 5,3% interanual, hasta 1.247 millones de dólares— sino un beneficio por acción (BPA) por debajo de lo previsto y, sobre todo, una guía para 2027 que no colma las expectativas del consenso.
El mensaje es claro: el mercado ya no se conforma con que Zoom crezca; quiere que lo haga al ritmo y con la rentabilidad que prometía la narrativa de la IA. El contraste entre los números y la reacción bursátil resulta, a primera vista, llamativo. Sobre el papel, Zoom cerró el trimestre con ingresos de 1.247 millones, por encima de los ~1.230 millones que descontaba el consenso, y encadenó otro trimestre de crecimiento en la franja del 4-5% anual.
Para el conjunto del ejercicio fiscal 2026, la cifra de negocio alcanzó 4.868,8 millones de dólares, un avance del 4,4% respecto al año anterior, acelerando ligeramente frente al ritmo de 2025. Sin embargo, el mercado miró más allá del titular de ingresos. Los inversores llevan meses pagando una prima por las compañías capaces de combinar crecimiento, márgenes elevados y una historia creíble de monetización de la IA. Zoom, que fue uno de los grandes ganadores de la pandemia, se enfrenta ahora a un escrutinio mucho más severo: la base instalada es enorme, pero el crecimiento se ha normalizado y cada punto de margen perdido pesa en la valoración.
El desplome inicial de alrededor del 14% refleja, más que un dato aislado, la frustración acumulada con una acción que, pese a haber corregido con fuerza desde los máximos de 2020-2021, sigue sin convencer al mercado de que su “segunda etapa” puede sostener múltiplos exigentes.
Resultados del cuarto trimestre: más ventas, menos beneficio por acción
El corazón del problema está en el beneficio por acción. Sobre base ajustada (no GAAP), Zoom registró un BPA de 1,44 dólares, por debajo de los 1,48-1,49 dólares que manejaba el consenso. En otras palabras: ingresos algo mejores, pero menos beneficio del esperado por cada acción en circulación.
En términos de rentabilidad operativa, la compañía mantuvo un sólido margen operativo ajustado del 39,3%, prácticamente calcado al de hace un año, pero con una ligera erosión respecto al 39,5% del cuarto trimestre de 2025. El beneficio operativo GAAP subió hasta 249,9 millones de dólares (desde 225,1 millones un año antes), y el BPA GAAP avanzó hasta 2,22 dólares, ayudado también por recompras de acciones y ajustes contables.
El informe, por tanto, no es el de una empresa en dificultades. Es el de una compañía madura que empieza a sentir el peso de sus propias comparaciones. Zoom sigue ganando dinero, sigue creciendo y generó 338 millones de dólares de flujo de caja libre en el trimestre. Pero el listón que le impone el mercado es otro: se esperaba una senda de mejora de beneficios más pronunciada y una captura más visible de la oportunidad de la IA en productos como Zoom Contact Center o sus suites de colaboración.
Una guía 2027 que enfría el entusiasmo por la IA
Lo que terminó de hundir el ánimo inversor fue la guía para el ejercicio fiscal 2027. Zoom anticipa unos ingresos de entre 5.065 y 5.075 millones de dólares, lo que supone un crecimiento ligeramente por encima del 4% respecto a 2026 y el hito psicológico de rebasar los 5.000 millones de facturación. Sin embargo, la guía de BPA ajustado —entre 5,77 y 5,81 dólares— se queda corta frente a los ~5,97 dólares que descontaba el consenso.
La historia se repite en el corto plazo. Para el primer trimestre de 2027, la compañía espera ingresos de 1.220-1.225 millones de dólares, en línea o ligeramente por encima de lo proyectado por los analistas, pero un BPA de 1,40-1,42 dólares, por debajo de los 1,45 dólares esperados. De nuevo, la brecha no es dramática en términos absolutos, pero el mensaje subyacente es nítido: Zoom reconoce implícitamente que monetizar su apuesta por la IA llevará más tiempo y más inversión de lo que el mercado venía descontando.
En ese contexto, la reacción tiene lógica interna: si el crecimiento de ingresos se mantiene en la zona del 4-5% y los beneficios no sorprenden al alza, la justificación para pagar múltiplos elevados se debilita. El riesgo es un proceso de “de-rating”: que el mercado decida asignarle una valoración más cercana a la de un software maduro y defensivo que a la de un campeón del crecimiento impulsado por IA.
Márgenes bajo presión y caja fuerte, pero no infinita
La otra pieza clave del puzzle es el equilibrio entre inversión y rentabilidad. Zoom presume de una de las estructuras de márgenes más robustas del sector: en el conjunto de 2026, registró un margen operativo ajustado del 40,4% y un flujo de caja libre anual de 1.924 millones de dólares, cifras que le otorgan una capacidad de maniobra financiera notable.
Pero esa fortaleza también eleva la exigencia. Si el negocio “legacy” —las licencias de videoconferencia clásicas— crece poco, la única forma de sostener la narrativa pasa por reinvertir con fuerza en productos nuevos: desde soluciones de experiencia de cliente hasta herramientas de productividad impulsadas por IA. Esa reinversión implica, inevitablemente, presión sobre los márgenes en el corto plazo.
Zoom ya ha venido incrementando su gasto en I+D y comercialización en los últimos trimestres, y el salto de ingresos sigue siendo moderado: en el tercer trimestre de 2026, por ejemplo, las ventas crecieron apenas un 4,4% interanual, hasta 1.229,8 millones de dólares, pese al impulso de sus productos empresariales y a una mejora notable de la generación de caja. El diagnóstico es inequívoco: Zoom puede permitirse invertir, pero el mercado quiere ver un retorno claro y medible de cada dólar destinado a IA y nuevos servicios.
El contraste con Microsoft y Google en la carrera del trabajo híbrido
El castigo a Zoom no puede entenderse sin mirar al ecosistema en el que compite. La compañía ya no opera en un vacío, sino frente a gigantes como Microsoft (Teams) y Google (Meet), que integran la videoconferencia dentro de suites más amplias de productividad y colaboración. Estos actores pueden permitirse “subvencionar” el vídeo con ingresos de otros segmentos, algo mucho más difícil para una empresa que aún lucha por diversificarse a escala.
Desde la óptica del mercado, el problema es que Zoom no consigue despegar por encima del crecimiento medio del software empresarial. Un avance del 4-5% en ingresos, incluso con márgenes del 40%, se percibe como insuficiente frente a competidores que crecen más rápido en otras parcelas del trabajo híbrido y la nube. El contraste con grandes tecnológicas que han presentado subidas de doble dígito en áreas de nube o anuncios tangibles de monetización de IA resulta demoledor para la narrativa de Zoom.
De fondo, late una cuestión estratégica: ¿es Zoom un “feature” —una funcionalidad dentro de ecosistemas más grandes— o sigue siendo una plataforma capaz de capturar valor por sí misma? La reacción bursátil sugiere que una parte del mercado teme lo primero.
Lo que descuenta el mercado: menos “story” y más ejecución
Más allá de las cifras, lo que se está reajustando es la percepción de riesgo-retorno. Durante la pandemia, Zoom fue el símbolo del nuevo mundo del trabajo remoto; hoy, el mercado le exige demostrar que puede convertirse en una plataforma integral para las empresas, no solo en una herramienta de videollamadas mejor que la media.
Los analistas llevan meses advirtiendo de que la aportación incremental de los productos basados en IA —asistentes inteligentes, resúmenes automáticos de reuniones, automatización de flujos— será gradual y no transformará la cuenta de resultados de un trimestre para otro. Los números de 2026, con crecimientos de un dígito en ingresos y sin sorpresa alcista en el BPA, refuerzan esa lectura prudente.
La consecuencia es clara: los inversores comienzan a valorar Zoom como una empresa de software rentable pero de crecimiento moderado, y no como un “high flyer” de la IA. Eso implica múltiplos más contenidos, más presión sobre la dirección para priorizar proyectos con retorno visible y menos margen para fallos de ejecución justo cuando el mercado exige lo contrario: pruebas, no promesas.