El concesionario tradicional se juega su futuro ante la invasión china del automóvil

¿Está el concesionario tradicional en peligro? Así afronta la industria la embestida china
Francisco Ramírez, director de LG, ofrece una mirada profunda sobre la transformación que vive el sector del automóvil, enfrentando la amenaza china y la irrupción imparable de la Inteligencia Artificial. La clave: menos volumen y más valor.

Europa acelera la electrificación: los coches eléctricos crecen un 49% y ya rozan el 20% del mercado en 2026, con 546.937 matriculaciones en el primer trimestre. En paralelo, el negocio que los vende entra en su propia transición: menos tiendas familiares, más grupos, más marcas y una batalla silenciosa por el control del “momento de la verdad”. Entre el electrodoméstico y el automóvil, la conclusión práctica se repite: quien domine la distribución —y sobre todo la posventa— dominará la rentabilidad. (Fuente: transcripción adjunta )

La conversación arranca con una constatación incómoda: la distribución ya no es un simple canal, sino una palanca estratégica. En el electrodoméstico, explica el directivo, el punto de venta puede dirigir la compra en el último segundo, cuando el cliente llega “con la ansiedad” de cerrar la decisión. En el automóvil, sin embargo, el concesionario se parece menos a “la tienda de Juan” y más a un espacio corporativo, con un look and feel diseñado por la marca. Esa diferencia —quién manda en el mostrador— define el poder real en cada sector.

La anécdota del “hay que tener Panasonic para no vender Panasonic” ilustra hasta qué punto el vendedor inclina la balanza cuando compiten varias marcas frente al mismo cliente. En un entorno de inflación de precios y sustitución más lenta, el retail se convierte en filtro: si el distribuidor sabe enseñar valor, coloca lo que le conviene; si no, el cliente se refugia en la oferta más publicitada. Y ahí aparece el gran salto: el mercado se vuelve híbrido, mezclando online y offline, y elevando el coste de equivocarse.

Proyectos de margen mínimo: el automóvil y su media del 1,5

En el coche, el margen es el combustible. Y el invitado lanza un dato que funciona como bisturí: el “buy” medio del sector sería un 1,5, con concesionarios que están “en el 0” y otros que alcanzan “el 3”. En ese suelo tan estrecho, la llegada de marcas asiáticas —chinas en particular— opera como detonante: cuando una firma ofrece 3.000 euros de ganancia por unidad, no propone un catálogo; propone un cambio de estrategia.

El efecto dominó es inmediato. El distribuidor, presionado por costes fijos, puede canibalizarse a sí mismo: aceptar nuevas marcas para sobrevivir, aunque eso erosione el negocio histórico o duplique puntos de venta. En el electrodoméstico sucede algo parecido cuando un fabricante incentiva con más margen y empuja a priorizar la marca A frente a la B. La diferencia es que, en el coche, la marca intenta mantener el control estético y comercial del concesionario, mientras el distribuidor busca recuperar rentabilidad en la mezcla de marcas. La tensión es estructural, no coyuntural.

La posventa como seguro: “cuando tienes un problema es una oportunidad”

El debate se pone serio cuando aparece la palabra clave: garantía. Un estudio interno citado en la charla recuerda por qué muchos compradores elegían El Corte Inglés incluso con menos poder adquisitivo: “Es tanto el esfuerzo que tenemos que hacer… que necesitamos tener garantía”. Lo más grave es que esa garantía ya no se compra sólo con precio; se compra con servicio. El directivo lo sintetiza con una frase que debería estar en cualquier comité comercial: “cuando tú tienes un problema es una oportunidad comercial”.

LG presume de haber medido su nivel de servicio con auditoría externa y de ser “número 1” en varias gamas, pero lo relevante es el mecanismo: el cliente, por mucha IA que exista, quiere “que le atienda una persona” cuando falla un producto. En el automóvil, la ecuación se endurece: un coche barato que tarda 15 días o un mes en taller encarece el coste total de propiedad y rompe la promesa de valor. Ahí se decide la recurrencia: pagar un poco más por menos fricción.

Garantía de por vida: el valor que cuesta dinero

La entrevista aterriza en un anuncio que funciona como mensaje de mercado: garantía de por vida en componentes críticos —motor de lavadora, compresores de aire y frigorífico—. No se presenta como eslogan, sino como compromiso con provisiones y riesgo: “vale dinero esa garantía”. El punto es demoledor: si un fabricante se atreve a extender cobertura es porque necesita diferenciarse en un mercado donde reparar a veces parece absurdo (“te cobran más por venir que lo que vale la tele”) y donde el consumidor quiere tranquilidad, no promesas.

Ese giro también protege a la distribución. Si el vendedor puede sostener “producto fiable” con cobertura real, vende menos por impulso y más por confianza. Y esa confianza no sólo se traduce en repetición; se traduce en recomendación. El directivo lo formula sin adornos: si fallas, el cliente no sólo se va, te desrecomienda. En un mercado donde el volumen “no cambia mucho” y la “tarta es la misma”, retener pesa más que conquistar.

El origen de la ineficiencia: la red humana que sostiene el servicio

La parte más incómoda del diagnóstico llega cuando se habla de la ejecución diaria: el técnico que no llega, la cita que se retrasa, la sensación de que “vamos a peor”. La respuesta es organizativa: no se corrige con campañas, sino con cultura y estabilidad. En LG, se presume de una permanencia media de 11,5 años, con directivos con 15, 16 e incluso 22 años de trayectoria, para sostener procesos largos: logística, call center, formación, encuestas de satisfacción.

La clave está en una idea que el sector suele despreciar: el conocimiento de quien atiende incidencias es “extraordinario” y su trabajo exige gestión emocional y técnica. Cuando ese eslabón falla, la marca paga aunque el fallo lo cometa un tercero. Por eso la posventa es estrategia industrial, no servicio accesorio. Y por eso, también, la tienda familiar envejece: el hijo ya no quiere vivir “de lunes a sábado y el domingo hacer las cuentas”. La consolidación no es moda; es relevo generacional.

En medio del desembarco chino, la charla introduce un contraste sugerente: marcas con socios asiáticos, pero con nombre local. Santana y Ebro —se recuerda— arrastran memoria industrial (Land Rover Santana, camiones Ebro) y conectan con un relato de empleo: Linares, industria, reconstrucción de capacidad productiva. Ese anclaje social genera tolerancia inicial, incluso orgullo, algo que un modelo importado sin historia no logra.