Joaquín Mouriz de BNP Paribas

Joaquín Mouriz inicia presidencia con plan para profesionalizar la comunicación pública

En esta entrevista con Joaquín Mouriz de BNP Paribas, exploramos cómo la inteligencia artificial y los sesgos algorítmicos están transformando la comunicación estratégica de las empresas, destacando la importancia de la transparencia, la coherencia y la planificación para preservar la reputación y crear valor.
Imagen del vídeo de Negocios TV sobre comunicación estratégica, muestra un retrato de Joaquín Mouriz en fondo corporativo<br>                        <br>                        <br>                        <br>
Joaquín Mouriz de BNP Paribas

La comunicación ya no es un “departamento de apoyo”: es una palanca directa de negocio.
Dircom cambia de etapa con Joaquín Mouriz al frente tras la asamblea del 25 de marzo, y lo hace con una foto poco habitual en el sector: estructura, capilaridad y ambición.
La asociación suma casi 1.300 socios, 8 delegaciones y 16 personas en plantilla, un tamaño que obliga a gestionar con mentalidad de empresa.
En un mundo de IA, titulares rápidos y redes que no perdonan el error, la apuesta es optimista: orden, coherencia y formación para que los “cuentos” sumen en las “cuentas”.

Una presidencia con músculo organizativo y visión de servicio

El aterrizaje de Mouriz no llega con promesas vacías, sino con un marco de trabajo reconocible: entender expectativas, segmentar actividades y devolver valor a quien paga una cuota. Su Junta —24 profesionales de sectores y generaciones distintas— arranca con una idea constructiva: Dircom debe ser útil tanto para el directivo de una multinacional como para el autónomo o la pyme que necesita criterio en un entorno hiperexpuesto. La fortaleza está en los números: 1.300 asociados no son una comunidad de nicho, son un termómetro del tejido empresarial español.

Ese tamaño cambia el enfoque. No se trata de “hacer eventos”, sino de elevar estándares: cómo se ordenan mensajes, cómo se gobierna la comunicación interna, cómo se protege la reputación en un ciclo de información acelerado. Mouriz lo plantea como el reto más importante de su carrera —35 años en información y comunicación—, pero lo traduce en algo más útil: convertir la asociación en una herramienta de rendimiento profesional. Menos épica y más método. Menos improvisación y más cultura de gestión.

La oportunidad de reordenar el ruido digital sin perder la democratización

El diagnóstico de fondo no es pesimista. Mouriz reivindica un punto esencial: la desinformación existía antes; lo nuevo es la escala. Las redes han democratizado la conversación y han permitido “desintermediar”, pero esa misma virtud exige hoy una segunda fase: madurez. Ahí aparece la oportunidad. Si el ciudadano recibe estímulos “cuasi infinitos”, la solución no es nostalgia por los viejos filtros, sino educación, criterio y prácticas profesionales.

En lugar de demonizar plataformas, Mouriz utiliza una metáfora sencilla: la herramienta no es mala por sí misma; importa el uso. Y en ese matiz hay una lectura positiva para empresas e instituciones: se puede volver a ganar confianza si se comunica con coherencia, se contrasta y se asume que el contexto es emocional, no solo racional. La polarización, además, no tiene por qué ser una condena: puede ser el incentivo para que las organizaciones recuperen el centro operativo, el de los datos y la transparencia. En 2026, el valor diferencial es ser claro cuando el entorno premia lo ruidoso.

IA: del miedo al método, del texto bonito al mensaje entendido

La llegada de la IA, lejos de ser una amenaza inevitable, aparece en la conversación como un acelerador que obliga a profesionalizar. El presentador lo describe con ironía: publicaciones “clónicas”, emojis de manual y un estilo que delata automatización. Mouriz devuelve el foco al fondo: lo importante no es que la IA escriba, sino que el emisor comprenda lo que está diciendo y el efecto que provoca. Es una invitación a usar la tecnología con responsabilidad, no a prohibirla.

Aquí emerge una idea poderosa para las empresas: con IA se puede ganar velocidad, pero solo el método asegura coherencia. Y esa coherencia necesita gobierno: mensajes por públicos, prioridades, aprobación interna y una lógica de “director de orquesta”. En positivo, la IA puede ser aliada para medir, simular escenarios y entrenar respuestas; pero exige criterio, porque cada texto es una acción empresarial.

“Toda acción comunica, y toda comunicación es una forma de acción.” La frase, puesta en práctica, convierte a la IA en herramienta de precisión, no en piloto automático.

Reputación medible: cuando lo intangible se traduce en resultados

Mouriz insiste en una vieja batalla que hoy tiene mejor recorrido: la comunicación debe hablar el lenguaje del comité de dirección, el de los datos. Esa es la vía más rápida para que el área deje de ser percibida como “opinable” y gane estatus de función estratégica. Su argumento es optimista porque es práctico: si se consigue medir impactos —confianza, alineamiento interno, riesgo reputacional, licencia social—, el debate cambia. Ya no es “me gusta/no me gusta”, sino “conviene/no conviene”.

El enfoque también dignifica la profesión: no se trata de estar en el comité por jerarquía, sino por utilidad. Incluso cita el modelo estadounidense, donde algunos responsables no se sientan en la mesa, pero trabajan “al lado del CEO” y son consultados antes de decisiones sensibles. Ese matiz abre una puerta a muchas empresas españolas: el objetivo no es el organigrama, sino la influencia real y temprana, cuando todavía se puede prevenir una crisis.

En positivo, la comunicación se presenta como el pegamento entre estrategia y ejecución: alinear relato, conducta y expectativas de los stakeholders para proteger margen y crecimiento.

Transparencia y cultura financiera: una vía para reconstruir confianza

Cuando el debate baja a tierra —crédito al consumo, precios “rebajados” por financiar, litigios—, el tono del programa no busca culpables fáciles. La lectura constructiva es otra: falta pedagogía. Mouriz lo llama “ignorancia” en sentido neutral: no saber algo porque nadie lo enseñó. De ahí sale una propuesta de valor para el país: educación financiera básica para entender nóminas, TIN/TAE y riesgo. No como defensa corporativa, sino como protección del consumidor y mejora del mercado.

El presentador aporta un ejemplo con números que cualquiera entiende: los gastos fijos pesan distinto en operaciones de 1.000 euros que en otras de 30.000, y esa matemática simple, mal explicada, acaba generando frustración y desconfianza. La derivada positiva es evidente: una comunicación más clara reduce conflicto, mejora la relación a largo plazo y fortalece reputación sectorial.

Este punto conecta con la tesis central: cuando la empresa explica bien, el cliente decide mejor. Y cuando decide mejor, se construye una relación más estable, menos reactiva y más sostenible.

Networking y formación: el capital invisible que abre puertas

El cierre del diálogo es casi una guía de gestión moderna: leer el entorno, salir del despacho y conectar con el mercado. Mouriz normaliza el networking sin postureo: es inteligencia competitiva. En un ecosistema donde la IA cambia herramientas “casi cada semana”, la actualización no es un lujo, es una obligación profesional. Y lo interesante es la forma de medirlo: quién envía una empresa a un evento revela su estrategia. Si va el CEO, hay convicción; si va un perfil junior con cámara, hay táctica.

En positivo, Dircom se plantea como plataforma para esa conexión: menos reuniones “para decirnos lo importantes que somos” y más conversación con quienes toman decisiones —CEO, operaciones, comercial, finanzas— y con universidades y escuelas de negocio. Mouriz marca un horizonte de cuatro años para empujar esa pedagogía. Y ahí aparece el mensaje más fértil del programa: la comunicación no compite con el Excel; lo mejora.

Porque, cuando se hace bien, la agenda no es vanidad. Es capacidad de anticipación, cooperación y resultados. Y eso, en 2026, vuelve a ser una ventaja rara.

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