El gigante automovilístico reconoce un deterioro histórico en su apuesta eléctrica

Stellantis se desploma un 17% tras registrar pérdidas millonarias en 2025

Stellantis se desploma un 17% tras registrar pérdidas millonarias en 2025

El desplome bursátil de casi un 20% en una sola sesión ha devuelto a Stellantis al centro de todas las alertas del mercado. El grupo ha anunciado un deterioro contable de 22.200 millones de euros ligado a su estrategia eléctrica y anticipa pérdidas de hasta 21.000 millones en la segunda mitad de 2025, lo que borra de un plumazo los beneficios obtenidos apenas un año antes. La compañía ha decidido además suspender el dividendo y lanzar una reestructuración profunda para intentar reconducir el rumbo. El diagnóstico es inequívoco: la transición al coche eléctrico, mal calibrada, está pasando una factura mucho más alta de lo que el mercado descontaba. La incógnita ahora es si el ajuste llega a tiempo o si Europa está ante el primer gran naufragio corporativo de la nueva era del automóvil.

Un cierre oscuro para Stellantis en 2025

El giro ha sido brusco. Tras cerrar 2024 aún con 5.500 millones de euros de beneficio neto, pese a una caída del 70% respecto al año anterior, Stellantis entra en 2025 en territorio desconocido: el de las pérdidas masivas y los recortes de urgencia. En cuestión de meses, el relato del “campeón europeo” capaz de financiar la transición eléctrica con sus propios recursos ha dado paso a otra historia: la de un grupo atrapado entre inversiones multimillonarias, demanda más débil de lo previsto y una avalancha de competencia asiática.

La compañía reconoce un writedown de 22.200 millones ligado a plataformas y proyectos eléctricos que no alcanzarán los retornos esperados. A ello se suma una previsión de pérdidas de entre 19.000 y 21.000 millones de euros en el segundo semestre, que dejará el ejercicio con un agujero que el mercado ya cifra en más de 40.000 millones de impacto total sobre el balance. “Lo que debía ser una transición ordenada se ha convertido en un ajuste traumático”, resume un gestor europeo. Lo más grave, apuntan analistas, es que el proceso apenas ha comenzado.

Un desplome bursátil con efecto contagio

El castigo ha sido ejemplarizante. Las acciones de Stellantis llegaron a caer cerca del 20% en Milán, hasta marcar mínimos de más de cinco años, y tuvieron que ser suspendidas temporalmente por volatilidad. La sesión dejó una fotografía elocuente: pantallas en rojo, posiciones forzadas al cierre y un volumen de negociación que multiplicó por cuatro la media reciente. La consecuencia es clara: la confianza inversora en la automoción europea, ya tocada, recibe un golpe adicional.

El efecto contagio no tardó en aflorar. Los índices sectoriales del automóvil en Europa retrocedieron entre un 4% y un 6%, arrastrando a otros fabricantes con fuerte exposición al mercado eléctrico. El contraste con otros sectores resulta demoledor: mientras el tecnológico o el de consumo resisten apoyados en resultados sólidos, la automoción aparece de nuevo como el eslabón débil del parqué.

“El mensaje del mercado es nítido: no hay margen para errores estratégicos en la transición al vehículo eléctrico, y Stellantis acaba de cruzar todas las líneas rojas”, señala otro analista. La lectura va más allá de una compañía concreta: cuestiona la capacidad de Europa para financiar, sin quebrantos, la reconversión industrial que exige la agenda climática.

Los números que disparan todas las alarmas

Detrás del ruido hay cifras que explican el pánico. El deterioro de 22.200 millones asociado al negocio eléctrico multiplica por más de diez las expectativas iniciales de algunos analistas, que hablaban de un ajuste de apenas 2.000 millones. El propio grupo admite que buena parte de las inversiones realizadas en plataformas, baterías y capacidad productiva no alcanzarán las tasas de rentabilidad previstas cuando se lanzaron, en pleno optimismo regulatorio y con tipos de interés aún bajos.

Al mismo tiempo, las cuentas revelan una erosión acelerada del margen operativo. Tras un 2024 en el que el beneficio ya se desplomó un 70% y los flujos de caja industriales se tornaron negativos, la nueva guía apunta a un 2025 claramente en números rojos. El grupo avanza la suspensión del dividendo y deja entrever posibles revisiones a la baja de su programa de recompra de acciones.

La secuencia es preocupante: en apenas dos años, Stellantis pasa de exhibir un margen operativo superior al 10% a anticipar pérdidas de dos dígitos sobre ventas en el segundo semestre. “No es un bache coyuntural, es una revisión radical del punto de partida”, admiten fuentes financieras. Este hecho revela hasta qué punto la transición eléctrica, mal calibrada en tiempos y volúmenes, puede destruir valor a una velocidad inédita.

Una reestructuración de choque con heridas internas

La reacción ha llegado en forma de reestructuración de calado. El grupo anuncia una revisión “de arriba abajo” de su cartera de modelos, de su huella industrial en Europa y de sus proyectos de I+D ligados al vehículo eléctrico y conectado. Aunque aún no hay detalles definitivos, en el mercado se da por hecho un ajuste relevante de capacidad en plantas con menor utilización, así como el retraso o cancelación de algunos lanzamientos previstos para 2026 y 2027.

El coste social será elevado. En los sindicatos ya se habla de posibles recortes de plantilla de entre el 8% y el 10% en determinadas fábricas, y de una negociación tensa en Francia, Italia y España para evitar cierres totales. “Dejará heridas por el camino”, reconocen desde la cúpula del grupo, en una frase que resume la magnitud del giro. La consecuencia inmediata será una reducción del gasto de capital en varios miles de millones, pero también un riesgo evidente de pérdida de cuota si los nuevos lanzamientos se retrasan demasiado.

El diagnóstico es inequívoco: Stellantis intenta ganar tiempo y liquidez, aun a costa de sacrificar parte de su ambición eléctrica inicial. La clave será si el recorte basta para estabilizar la empresa sin comprometer su capacidad de competir en la próxima ola tecnológica.

El desafío de BYD y la desventaja europea

La crisis de Stellantis no se entiende sin mirar al otro lado del mapa. Los fabricantes chinos, encabezados por BYD, han ganado terreno a gran velocidad en el mercado europeo: en 2025, la marca ya roza una cuota del 4-5% en eléctricos, tras multiplicar por casi tres sus matriculaciones en apenas un año. Su estrategia es clara: precios agresivos, gama muy amplia y una integración vertical en baterías que les permite producir más barato.

Europa, mientras tanto, avanza con más dudas. Las normas de emisiones y la agenda climática empujan hacia el coche cero emisiones, pero el nivel de ayudas públicas y de infraestructuras de recarga sigue siendo insuficiente en muchos países. El contraste con la política industrial china resulta demoledor: allí se han combinado subvenciones directas, ventajas fiscales y una planificación centralizada de la cadena de suministro.

En este contexto, Stellantis sufre una doble pinza: por arriba, la competencia de marcas premium consolidadas; por abajo, la de fabricantes chinos capaces de ofrecer SUV eléctricos por debajo de los 30.000 euros. “Si Europa no coordina mejor su respuesta, veremos más episodios como este”, advierte un directivo del sector. La crisis actual se convierte así en un aviso para toda la cadena de valor, desde proveedores de componentes hasta la industria de baterías.