De Bruyne y Lukaku despiertan a Bélgica en el momento clave
Los de Tedesco sellan el pase a dieciseisavos tras un 5-1 liderado por Trossard, De Bruyne y Lukaku.
Bélgica ya está en la ronda de 32 del Mundial y lo ha hecho con una goleada incontestable ante Nueva Zelanda. El 5-1 en el último partido del Grupo G no solo certifica la clasificación, sino que coloca a los belgas por delante de Egipto gracias a la diferencia de goles. Leandro Trossard firmó un doblete, Kevin De Bruyne volvió a ejercer de brújula y Romelu Lukaku apareció en el tramo final para cerrar una noche de superioridad absoluta. Nueva Zelanda, última de grupo, se despide del torneo con una imagen digna, pero muy lejos del nivel competitivo exigido.
Una victoria con valor clasificatorio
El triunfo de Bélgica tuvo una lectura mucho más profunda que el simple marcador. La selección europea llegaba al cierre del Grupo G obligada a ganar con solvencia para no depender de terceros y terminó resolviendo el expediente con una autoridad poco discutible. El 5-1 final le permitió igualar a Egipto en puntos, pero superarle por diferencia de goles.
Ese detalle estadístico resulta clave. En torneos cortos, donde un error puede cambiar todo el cuadro, ganar el grupo supone evitar cruces potencialmente más duros y reforzar la moral de un vestuario que necesitaba una actuación convincente. Bélgica no solo ganó: envió un mensaje competitivo.
Trossard rompe el partido
Leandro Trossard fue el primer gran protagonista de la noche. El atacante belga abrió el marcador en el minuto 28 y volvió a golpear nada más arrancar la segunda mitad, en el 50. Su doblete tuvo un valor estratégico evidente: desbloqueó a Nueva Zelanda y permitió a Bélgica jugar con menos ansiedad.
Lo más relevante fue la precisión con la que Bélgica atacó los espacios. Trossard interpretó bien los movimientos entre líneas, aceleró cuando el partido lo pedía y confirmó que puede ser mucho más que un complemento ofensivo. En una selección acostumbrada a depender de nombres históricos, su irrupción aporta profundidad y variantes.
De Bruyne vuelve a mandar
Kevin De Bruyne apareció en el minuto 66 para marcar el tercer tanto belga y dejar el partido prácticamente sentenciado. Su gol fue algo más que una anotación: simbolizó el control de Bélgica sobre el encuentro. Cuando De Bruyne entra en contacto con el balón en zonas decisivas, el ritmo cambia.
El centrocampista volvió a ejercer de organizador, lanzador y líder silencioso. Bélgica necesitaba una actuación así para disipar dudas tras una fase de grupos ajustada. Su influencia sigue siendo diferencial, especialmente en partidos en los que la selección requiere pausa, jerarquía y precisión en el último pase.
Nueva Zelanda no encontró respuesta
Nueva Zelanda apenas pudo sostener el partido durante la primera media hora. Después del primer gol, el equipo quedó expuesto a una Bélgica mucho más rápida en circulación y más agresiva en campo rival. Elijah Just marcó el tanto del honor en el minuto 84, pero la reacción llegó demasiado tarde.
El gol neozelandés evitó una despedida completamente amarga, aunque no alteró el diagnóstico. El equipo cerró el grupo en última posición y fuera del Mundial, castigado por su falta de contundencia en las dos áreas. En una competición de este nivel, competir no basta: hay que transformar los buenos tramos en resultados.
Lukaku y Saelemaekers completan el castigo
Cuando Nueva Zelanda intentó maquillarlo, Bélgica respondió con más pegada. Romelu Lukaku marcó en el minuto 86, apenas dos minutos después del gol rival, y Alexis Saelemaekers completó la goleada en el tiempo añadido. Ese cierre mostró una diferencia competitiva evidente.
El contraste fue demoledor: mientras Nueva Zelanda celebraba una reacción tardía, Bélgica aceleró de nuevo. Cinco goles, cuatro anotadores y dominio de principio a fin. Para Tedesco, el dato más positivo no es solo la clasificación, sino la variedad ofensiva mostrada en una noche decisiva.
Un aviso para la ronda de 32
Bélgica llega a la siguiente fase con una mezcla interesante: veteranos decisivos y secundarios capaces de asumir protagonismo. El resultado refuerza la candidatura de un equipo que, pese a no partir siempre en primera línea de favoritismo, mantiene un potencial ofensivo considerable.
La clave estará en sostener ese nivel ante rivales de mayor exigencia. El Mundial cambia de naturaleza en las eliminatorias: ya no hay margen para corregir. Sin embargo, el diagnóstico tras el 5-1 es claro. Bélgica ha ganado impulso, ha recuperado contundencia y ha demostrado que sigue teniendo argumentos para competir contra cualquiera.