Trump admite que pidió a la FIFA revisar la roja a Balogun

Balogun

El presidente de EE UU admite que llamó a Infantino para revisar la sanción del delantero antes del duelo contra Bélgica, una decisión que amenaza la credibilidad del Mundial 2026.

La FIFA ha quedado atrapada en una tormenta política de alcance global. Donald Trump admitió este lunes que llamó a Gianni Infantino para pedir una revisión de la suspensión de Folarin Balogun, delantero estrella de Estados Unidos, expulsado en el Mundial 2026. La sanción fue finalmente suspendida y el jugador quedó habilitado para medirse a Bélgica en octavos de final. La consecuencia es clara: una decisión disciplinaria que debía parecer técnica se ha convertido en un pulso sobre la independencia del fútbol mundial.

Una llamada que cambia el partido

Trump no negó la intervención. Al contrario, la justificó con una frase que resume el alcance del episodio: «eso no fue falta». Según su versión, vio la jugada, consideró injusta la expulsión y pidió a la FIFA que revisara la sanción. El problema no es solo la opinión presidencial, sino el efecto posterior: Balogun, que debía cumplir una suspensión automática, recibió una especie de indulto disciplinario.

La FIFA se amparó en el artículo 27 de su Código Disciplinario para suspender la sanción, colocando al jugador bajo un periodo de prueba de un año. Si reincide, la sanción podría reactivarse. Sin embargo, el diagnóstico es incómodo: una norma pensada para modular castigos excepcionales se ha usado en vísperas de un partido decisivo del anfitrión.

El dato que incendia a Bélgica

Balogun no es un jugador cualquiera. Llegaba al cruce contra Bélgica con tres goles en tres titularidades y como una de las piezas ofensivas más determinantes de Estados Unidos. Su expulsión se produjo en el minuto 64 ante Bosnia y Herzegovina, tras una revisión del VAR por una entrada sobre Tarik Muharemovic. La baja alteraba el plan competitivo estadounidense; su recuperación lo cambia todo.

La Federación Belga de Fútbol ha reaccionado con estupefacción y exige explicaciones. Su argumento es directo: el artículo 66.4 contempla la suspensión automática por roja directa y esa regla se habría aplicado de forma uniforme durante el torneo. El contraste resulta demoledor: otros futbolistas sí cumplieron sus sanciones; Balogun, tras una llamada presidencial, no.

La FIFA, bajo sospecha

Lo más grave para la FIFA no es la decisión aislada, sino el precedente. El organismo que dirige Infantino ya arrastraba críticas por su cercanía con gobiernos, sedes y grandes intereses comerciales. Ahora se enfrenta a una acusación más corrosiva: ceder ante el poder político del país anfitrión.

La UEFA ha elevado el tono y ha calificado la resolución como una línea roja para la integridad del torneo. Esa expresión no es menor. En competiciones de este tamaño, la credibilidad vale tanto como los derechos televisivos, los patrocinadores o la venta de entradas. El Mundial 2026 mueve miles de millones y depende de una promesa básica: que todos juegan bajo las mismas reglas.

El precedente institucional

La intervención de Trump abre una pregunta delicada: ¿puede un jefe de Estado presionar a una federación internacional cuando su selección compite en casa? Formalmente, no decide. En la práctica, una llamada desde la Casa Blanca al presidente de la FIFA tiene un peso político imposible de ignorar.

Este hecho revela una zona gris cada vez más habitual en el deporte global. Los grandes torneos ya no son solo eventos deportivos: son instrumentos diplomáticos, plataformas de poder blando y escaparates económicos. Cuando el árbitro, el VAR, el reglamento y la política se mezclan, la sospecha se instala aunque la decisión tenga cobertura jurídica.

El efecto dominó que viene

Bélgica estudia todas sus opciones, incluida una posible vía ante el Tribunal Arbitral del Deporte si la apelación no prospera. El margen temporal es mínimo, pero el impacto reputacional será más largo. Si la FIFA confirma su criterio, cualquier selección podrá invocar el caso Balogun para reclamar igualdad de trato en sanciones similares.

El riesgo para Infantino es evidente: convertir una revisión disciplinaria en un manual para futuras presiones. La FIFA puede defender que actuó dentro del reglamento; sus críticos sostendrán que lo hizo después de una llamada inconveniente. En el fútbol, como en la política, la apariencia también gobierna.

Una victoria con coste

Estados Unidos recupera a su delantero más decisivo para un partido clave. Deportivamente, gana profundidad, gol y amenaza ofensiva. Institucionalmente, sin embargo, el precio puede ser elevado. La anfitriona del Mundial 2026 queda asociada a una ventaja discutida y a una decisión que sus rivales consideran excepcional.

La consecuencia es clara: Balogun podrá jugar, pero la FIFA ya juega otro partido. Uno más incómodo, más jurídico y más político. Y ese no terminará cuando el árbitro señale el final contra Bélgica.