Terremoto en el Streaming: Netflix da un paso atrás y deja vía libre a la megafusión de 111.000 millones
La batalla corporativa más intensa de Hollywood en décadas ya tiene ganador provisional.
Netflix ha anunciado que no mejorará su oferta por Warner Bros Discovery (WBD) después de que el consejo del estudio declarase “superior” la propuesta de Paramount Skydance, valorada en unos 111.000 millones de dólares incluyendo deuda.
El gigante del ‘streaming’ tenía un acuerdo previo para comprar los activos de estudio y plataformas de WBD por 27,75 dólares por acción, pero el movimiento de Paramount, con 31 dólares en efectivo por título, ha cambiado por completo el tablero.
Lejos de lamentarse, la compañía de Los Gatos defiende que el acuerdo era solo un “nice to have” y que pagar más habría sido destruir valor para el accionista.
El mercado ha comprado el argumento: las acciones de Netflix suben en torno a un 10% tras la renuncia, mientras Paramount avanza y WBD cede posiciones
Un giro decisivo en la mayor batalla de Hollywood
El desenlace de la puja por WBD pone fin, de momento, a un pulso que ha simbolizado la reconfiguración total del negocio del entretenimiento. Desde finales de 2025, Warner Bros Discovery se había convertido en el gran trofeo de una industria presionada por la explosión del ‘streaming’, el peso de la deuda y la necesidad de escala global.
Netflix partía con ventaja: en diciembre logró un acuerdo para comprar los activos de estudio y streaming de WBD —incluidos Warner Bros Pictures, HBO y HBO Max— por unos 83.000 millones de dólares, dejando fuera la red de canales tradicionales (CNN, Discovery, TNT…).
Pero a los pocos días irrumpió Paramount Skydance, recién salida de su propia fusión, con una jugada más ambiciosa: quedarse con el 100% de WBD mediante una opa hostil inicialmente valorada en 108.400 millones de dólares, que fue mejorando hasta los 111.000 millones actuales.
Lo que estaba en juego no era solo un catálogo histórico —de Casablanca a Harry Potter— sino el control de una de las pocas bibliotecas capaces de rivalizar con Disney y, sobre todo, la posición en un mercado del vídeo bajo demanda que se dirige hacia un nuevo ciclo de consolidación y ‘re-bundling’ de servicios.
La oferta ganadora: 31 dólares por acción y una batería de garantías
El consejo de Warner Bros Discovery ha considerado “superior” la última propuesta de Paramount Skydance: 31 dólares por acción, todo en efectivo, frente a los 27,75 dólares del acuerdo firmado con Netflix.
La diferencia no es solo de precio. La oferta de Paramount incluye además una arquitectura de garantías diseñada para enviar una señal de fuerza a accionistas y reguladores.
Por un lado, el grupo controlado por la familia Ellison se compromete a asumir los 2.800 millones de dólares de ‘break-up fee’ que WBD tendría que pagar a Netflix si rompe el contrato actual.
Por otro, ofrece un “regulatory termination fee” de 7.000 millones en caso de que la operación se frustre por motivos de competencia, además de un “ticking fee” de 0,25 dólares por acción y trimestre a partir de septiembre de 2026 si el cierre se retrasa.
El mensaje es inequívoco: Paramount está dispuesta a pagar por el riesgo regulatorio y por el tiempo, algo inusual incluso en megafusiones. Con estas condiciones, el consejo de WBD ha activado la cláusula de “propuesta superior” del contrato con Netflix y le ha dado cuatro días laborales para mejorar sus términos, un plazo que la plataforma ha dejado expirar de forma deliberada.
Por qué Netflix dice no: disciplina financiera y “nice to have”
En su comunicado, Netflix ha sido tan clara como calculada: “Siempre hemos sido disciplinados y, al precio necesario para igualar la oferta de Paramount Skydance, el acuerdo deja de ser financieramente atractivo”.
La compañía subraya que Warner Bros era una oportunidad estratégica, pero no un pilar imprescindible de su plan de crecimiento. En otras palabras, no está dispuesta a sacrificar su balance por un salto de escala que podría venir acompañado de una digestión complicada y años de integración.
La aritmética respalda esa prudencia. Netflix cerró 2025 con más de 325 millones de suscriptores de pago y un negocio que sigue creciendo a ritmos de doble dígito en ingresos y beneficios.
En paralelo, ya está desplegando nuevas vías de ingresos —planes con publicidad, videojuegos, licencias de IP— sin cargar con el lastre de canales lineales ni una plantilla sobredimensionada.
En cambio, asumir una operación de más de 80.000 millones de dólares en efectivo sobre una compañía con una deuda superior a los 30.000 millones habría tensado claramente su estructura financiera y multiplicado el riesgo de integración.
El diagnóstico del mercado es sencillo: Netflix renuncia a un sueño industrial para preservar su condición de activo de crecimiento “puro”, algo que los inversores valoran más que nunca en un entorno de tipos aún altos y creciente escepticismo sobre las grandes fusiones.
Qué gana Paramount Skydance con Warner Bros Discovery
Si el regulador da luz verde, Paramount Skydance se quedará con una pieza que transforma por completo su perfil. El nuevo grupo integraría bajo un mismo paraguas los estudios de Paramount y Warner, las plataformas Paramount+ y Max, y una batería de marcas lineales que incluye CBS, MTV, Nickelodeon, CNN, Discovery o HBO.
La compañía habla ya de sinergias de hasta 6.000 millones de dólares al año, gracias a recortes de costes, racionalización de canales y un uso más eficiente de la inversión en contenidos.
La lógica es conocida: menos estructuras duplicadas, más poder de negociación con anunciantes, operadores y plataformas, y una capacidad mucho mayor para explotar franquicias globales —de Harry Potter a Misión Imposible— en cine, series, videojuegos y parques temáticos.
Sin embargo, el movimiento también implica que Paramount absorberá un grupo que en 2025 seguía perdiendo dinero a nivel neto, pese a mejorar sus resultados en ‘streaming’ y cine, con un Ebitda ajustado trimestral en el entorno de los 2.200-2.500 millones y un negocio lineal en declive.
El reto será convertir esa masa de activos en un motor de caja estable sin destruir valor en el camino, algo que otras fusiones mediáticas del pasado —de AOL-Time Warner a AT&T-WarnerMedia— no lograron.
Reacción bursátil: premio al rigor, castigo a la incertidumbre
Los primeros movimientos del mercado dibujan un veredicto nítido. Tras anunciar que se retiraba de la puja, Netflix se anota subidas de entre el 7% y el 10% en las primeras horas de negociación, reflejo del alivio de unos inversores que temían una fuga hacia delante en forma de megafusión apalancada.
Las acciones de Paramount se mueven también en positivo, con avances de entre el 2% y el 10% según los mercados, impulsadas por la expectativa de convertirse en el nuevo gran conglomerado de contenidos de Hollywood y por la señal de confianza que envía un paquete de garantías tan abultado.
Warner Bros Discovery, en cambio, cede alrededor de un 2%, castigada por la incertidumbre que abre el cambio de pareja y por el riesgo de que un largo examen regulatorio retrase el cierre y prolongue la parálisis estratégica.
Este comportamiento refleja una tendencia de fondo: en un entorno de costes de capital elevados, el mercado prima la disciplina y penaliza las aventuras corporativas que no ofrecen un retorno claro y rápido. Netflix, paradójicamente, sale reforzada de una operación que no llegará a cerrar.
Un gigante del entretenimiento frente al escrutinio antimonopolio
El nuevo mapa que dibuja la posible absorción de WBD por Paramount Skydance no solo preocupa a competidores y creadores. Los reguladores de competencia de Estados Unidos y Europa tendrán que pronunciarse sobre una operación que concentraría bajo un único grupo un volumen extraordinario de contenidos, canales y capacidad de negociación.
Voces como la de la senadora Elizabeth Warren ya han calificado el acuerdo de “desastre antimonopolio”, alertando de posibles subidas de precios, pérdida de pluralidad informativa y riesgo de recortes masivos de empleo en redacciones y estudios.
A estas dudas se suma la dimensión política: parte de la financiación y del entorno de apoyo a Paramount está vinculada a grandes fortunas con relaciones estrechas con la Casa Blanca, lo que alimenta el debate sobre la influencia política en el control de los grandes medios.
La respuesta del Departamento de Justicia y de los reguladores sectoriales marcará el ritmo. Si imponen desinversiones en canales o estudios, el perfil de la operación podría cambiar sustancialmente. Si, por el contrario, avalan el acuerdo con condiciones limitadas, el mensaje al mercado sería contundente: la gran concentración mediática de la era ‘streaming’ tiene vía libre, al menos para los jugadores con suficiente tamaño y músculo financiero.
El nuevo tablero del ‘streaming’: del crecimiento a la consolidación
Más allá de la aritmética de la opa, el movimiento confirma un cambio de fase. El ‘streaming’ entra en una etapa en la que la prioridad ya no es sumar suscriptores a cualquier precio, sino consolidar modelos rentables y reducir duplicidades. Netflix, con más de 325 millones de abonados y márgenes crecientes, puede permitirse crecer de forma orgánica y con adquisiciones selectivas.
Paramount-WBD aspira a jugar otra partida: convertirse en un “segundo campeón integrado” capaz de disputar a Netflix no solo en cuota de pantalla, sino también en poder de negociación con operadores, fabricantes de dispositivos y anunciantes globales. El resultado probable es una re-bundling de servicios: paquetes que combinan varias plataformas, acuerdos de distribución cruzada y una progresiva desaparición de proyectos medianos sin masa crítica.
El contraste con la ola de lanzamientos de 2019-2022 resulta evidente. Entonces, cada gran estudio lanzó su propia plataforma en solitario. Hoy, el diagnóstico es inequívoco: el mercado no admite cinco o seis grandes servicios generalistas autónomos. La retirada de Netflix de la puja por WBD y la apuesta de Paramount por jugarse el todo por el todo son dos respuestas distintas al mismo problema: cómo sobrevivir en un ecosistema en el que solo caben unos pocos gigantes globales… y algunos nichos muy rentables.
Los riesgos ocultos: deuda, integración y fatiga del suscriptor
Si algo enseñan las grandes fusiones mediáticas del pasado es que no hay sinergia gratis. Paramount Skydance pasará a controlar un grupo con una deuda total en el entorno de los 33.000-35.000 millones de dólares, al que sumará su propia carga financiera y el coste de la operación.
Para justificar el precio pagado, tendrá que ejecutar recortes de costes agresivos y extraer valor adicional de un catálogo que ya está intensamente explotado.
Ese ajuste llega en un momento delicado para el consumidor. La fatiga del suscriptor es real: en Estados Unidos y Europa, los hogares han empezado a rotar plataformas cada pocos meses, cancelando y recontratando en función del contenido disponible, mientras suben los precios medios de las tarifas.
Una integración traumática, con recortes en producciones locales o retrasos en estrenos, podría alimentar la fuga hacia competidores o incluso hacia ofertas gratuitas con publicidad.
Frente a ese escenario, la decisión de Netflix cobra otra dimensión. La compañía evita cargar con una integración de altísimo riesgo, mantiene intacta su capacidad de invertir más de 17.000 millones de dólares anuales en contenido —según estimaciones de analistas— y se reserva la opción de aprovechar cualquier desajuste que genere la digestión de WBD por parte de Paramount.
La consecuencia es clara: Paramount Skydance gana el trofeo, pero hereda también la factura y el riesgo. Netflix, que se marcha con las manos vacías en términos de activos, se lleva, sin embargo, algo que el mercado hoy valora más: la percepción de que sabe cuándo decir que no.