El Banco de Israel congela tipos al 4% pese a baja inflación
La decisión del Banco de Israel de congelar el tipo oficial en el 4% llega con la inflación en mínimos de casi cinco años y el shekel apreciado frente a las principales divisas. Sin embargo, el instituto emisor vuelve a anteponer la incertidumbre geopolítica, marcada por las tensiones con Irán y el riesgo de una nueva escalada regional, a las presiones internas para acelerar las rebajas del precio del dinero. En paralelo, el ministro de Finanzas, Bezalel Smotrich, ha cargado con dureza contra el banco central y le exige revertir una decisión que, sostiene, “no se corresponde con los datos macroeconómicos de la economía israelí”. El choque abre un nuevo frente entre el Gobierno y una autoridad monetaria que ya ha sido cuestionada en otras ocasiones por su prudencia. Y plantea una pregunta incómoda para inversores y hogares: ¿hasta cuándo se mantendrá el freno monetario pese a la desinflación y al alivio de los mercados?
Una pausa monetaria en plena tormenta geopolítica
El Banco de Israel venía de dos recortes consecutivos de 0,25 puntos en noviembre y enero, que habían llevado el tipo oficial desde el 4,5% hasta el actual 4%. El movimiento era interpretado como el inicio de una normalización tras el ciclo de subidas agresivas aplicado desde 2022 para contener la inflación y estabilizar una moneda golpeada por la guerra de Gaza y, posteriormente, por la confrontación directa con Irán. No obstante, la última reunión de su Comité Monetario ha frenado ese giro acomodaticio.
En su informe, la institución justifica el parón apelando a un entorno de “alto grado de incertidumbre” por la posibilidad de nuevos ataques iraníes, la respuesta de Estados Unidos y el impacto de un conflicto regional sobre los precios de la energía y el comercio. El mensaje es claro: mientras la prima de riesgo geopolítico siga en niveles elevados y el rating soberano continúe bajo presión, el banco central no está dispuesto a agotar demasiado rápido la munición de tipos.
La consecuencia inmediata es que Israel se mantiene, de nuevo, en la parte alta del mapa mundial de tipos de interés, pese a que otras grandes economías –como la zona euro o Estados Unidos– han empezado a recortar con cautela sus propias referencias. El contraste subraya la singularidad del caso israelí: una economía con crecimiento retomando el pulso, pero atrapada en un entorno de conflicto prolongado.
Inflación al 1,8% y un tipo real claramente positivo
La paradoja es que la decisión llega con unos datos de precios que, en cualquier otro contexto, habrían avalado otra rebaja de tipos. La inflación interanual se situó en enero en el 1,8%, frente al 2,6% de diciembre, su nivel más bajo desde mediados de 2021. Es decir, dentro –y prácticamente en el centro– del objetivo oficial del propio Banco de Israel, que fija una banda del 1%-3%.
Con un tipo nominal del 4% y una inflación en el 1,8%, el tipo de interés real ex post se mueve ya en torno al 2,2%, un nivel contractivo para una economía que aún arrastra las cicatrices de dos años de guerra. En 2025, el PIB israelí creció alrededor de un 3,1%, remontando desde apenas un 1% en 2024, pero todavía por debajo de su potencial previo al conflicto.
Este diferencial entre precio del dinero e inflación implica que, en términos reales, las condiciones financieras son hoy más restrictivas que cuando el tipo oficial rondaba el 4,75% pero la inflación superaba ampliamente el 3%. El diagnóstico que se extiende entre analistas y empresas es inequívoco: el banco central está ganando margen de seguridad frente a un eventual rebrote inflacionista, pero al coste de frenar más de lo necesario la recuperación del consumo y la inversión.
El choque con Smotrich: presión política sobre el banco central
En este contexto, las palabras del ministro de Finanzas han elevado el tono del debate. Smotrich ha calificado de “equivocada” la decisión de congelar los tipos y ha insistido en que “el shekel es fuerte, la inflación se debilita y se sitúa sobradamente en el rango objetivo”, por lo que, a su juicio, no hay justificación macroeconómica para mantener un nivel de tipos “tan alto”. Sus declaraciones se suman a una larga lista de choques con el gobernador Amir Yaron.
No es la primera vez que el dirigente ultranacionalista presiona al Banco de Israel para que acelere las bajadas. En septiembre de 2025 llegó a advertir de que, si el gobernador no recortaba el precio del dinero, él respondería con una reducción de impuestos, en un intento de compensar a familias y empresas vía política fiscal. Esa estrategia, abiertamente expansiva, preocupa a los técnicos del banco, que ven en el descontrol presupuestario uno de los principales riesgos para la estabilidad de precios.
“La independencia del gobernador es crítica y su autoridad no debe verse socavada, pero soy responsable de la política fiscal”, ha repetido Smotrich, tratando de presentar su ofensiva como un simple “debate profesional”. Sin embargo, la reiteración de críticas públicas a las decisiones del Comité Monetario ha encendido las alarmas tanto en los mercados como en las agencias de calificación, muy sensibles a cualquier signo de politización de la política monetaria.
Un shekel fuerte y una economía aún frágil
Uno de los argumentos centrales del ministro es la fortaleza de la moneda. Tras la firma del alto el fuego con Hamas y la progresiva desescalada con Irán, el shekel se ha apreciado frente al dólar y al euro, recuperando buena parte del terreno perdido durante los momentos más críticos del conflicto. Esta apreciación reduce el coste de las importaciones y ayuda a contener la inflación, reforzando la tesis de que Israel puede permitirse una política monetaria algo más laxa.
Pero esa fotografía de tipo de cambio oculta una realidad más compleja. La prima de riesgo del país sigue sensiblemente por encima de los niveles previos a la guerra y el déficit público se mantiene en el entorno del 5%-6% del PIB, tras dispararse para financiar el esfuerzo militar y las compensaciones económicas. Según las últimas previsiones del propio Banco de Israel, la deuda pública rondará el 70%-71% del PIB en 2025 y 2026, un salto de casi diez puntos respecto a la situación anterior a octubre de 2023.
El contraste con otras economías avanzadas resulta demoledor: mientras la zona euro mantiene su tipo de depósito en el 2% y Estados Unidos sitúa el rango objetivo de los fondos federales entre el 3,5% y el 3,75%, Israel opera con un tipo oficial significativamente más alto, pese a tener ya la inflación plenamente encarrilada hacia el objetivo. El mensaje implícito es que las heridas del conflicto, el deterioro institucional y la inestabilidad fiscal pesan más en el precio del dinero que los propios datos de precios al consumo.
Los riesgos que vigila el Banco de Israel
En su comunicado, el banco central enumera de forma explícita los factores que podrían provocar un nuevo repunte inflacionista: “la evolución geopolítica y su impacto sobre la actividad económica, un aumento de la demanda en un entorno de restricciones de oferta y las decisiones de política fiscal”. Es una lista que revela hasta qué punto la institución ve su mandato de estabilidad de precios condicionado por decisiones políticas y militares.
La experiencia reciente lo explica. La guerra con Irán llegó a provocar una contracción del PIB del 3,5% en el segundo trimestre de 2025 y obligó a cerrar temporalmente sectores clave de la economía. A ello se sumó una rebaja del rating soberano y un aumento significativo de la prima de riesgo, que encareció la financiación del Estado justo cuando el gasto en defensa se disparaba.
El diagnóstico es inequívoco: la política monetaria israelí se mueve en un campo minado. Un recorte demasiado rápido podría ser interpretado por los mercados como una señal de complacencia ante la inflación y la indisciplina fiscal, forzando un castigo inmediato en el tipo de cambio y en la deuda. Pero mantener tipos elevados durante demasiado tiempo corre el riesgo de asfixiar la inversión productiva y de frenar la reconstrucción, tanto en Israel como en la devastada franja de Gaza, cuya recuperación se estima ya en al menos 70.000 millones de dólares.
El impacto sobre hogares, hipotecas y crédito
Mientras se libra la batalla de los argumentos entre Gobierno y banco central, el efecto más tangible de la decisión se siente en los hogares y las empresas. Con un tipo oficial del 4%, el tipo prime de referencia para muchas hipotecas variables se sitúa en torno al 5,5%, frente al 6% que implicaba el anterior nivel del 4,5%. Cada recorte de 0,25 puntos se traduce, para una hipoteca típica de un millón de séqueles a 25 años, en un ahorro aproximado de 150 séqueles al mes en la cuota.
La congelación de tipos, por tanto, evita ese alivio adicional para las familias, en un momento en que los precios de la vivienda vuelven a mostrar incrementos –en torno al 0,8% mensual según los últimos datos– y el coste de la vida sigue presionando a las rentas medias. Para las pymes, el mantenimiento del precio del dinero implica que las líneas de crédito de circulante y las refinanciaciones seguirán siendo relativamente caras, dificultando la recuperación del tejido empresarial en las zonas más afectadas por el conflicto.
Lo más grave, según coinciden buena parte de los economistas locales, es que la política monetaria está actuando como freno simultáneo a una política fiscal que ya es de por sí expansiva y difícil de reconducir. El resultado es una combinación de tipos reales elevados, déficit alto y crecimiento moderado que, de prolongarse, podría erosionar la confianza inversora y consolidar una brecha estructural respecto a otras economías avanzadas.