Un economista dice lo que hace el banco cuando pides un préstamo: "Lo hace con prmiso de las instituciones"

banco-derecha

La mayor parte del dinero que circula en una economía moderna no sale de una imprenta pública, sino de los balances de los bancos comerciales. Cuando una entidad concede una hipoteca o un préstamo empresarial, registra simultáneamente un activo —la deuda del cliente— y un depósito nuevo en su cuenta. Ese depósito constituye dinero bancario y desaparece progresivamente cuando se devuelve el principal. El mecanismo cuestiona la idea tradicional de que los bancos se limitan a recoger el ahorro de unas personas para prestárselo a otras. Sin embargo, reconocer esta realidad no significa que puedan crear crédito de manera ilimitada ni que toda expansión monetaria tenga idénticos efectos económicos.

El préstamo crea el depósito

El Banco de Inglaterra explicó en 2014 que la principal vía de creación monetaria consiste precisamente en la concesión de préstamos por parte de los bancos comerciales. La entidad no necesita localizar previamente un depósito concreto para transferírselo al prestatario: al aprobar la operación, crea simultáneamente un nuevo saldo bancario.

El Banco Central Europeo ofrece una explicación similar. El dinero de los bancos comerciales representa la mayor parte del que utilizan diariamente familias y empresas y se crea cuando las entidades expanden sus balances. Una vez amortizado el préstamo, ese dinero bancario se destruye contablemente.

El diagnóstico, por tanto, no es heterodoxo. Forma parte de la descripción oficial del sistema monetario contemporáneo.

No prestan simplemente el ahorro ajeno

La imagen del banco como mero intermediario resulta incompleta.

Los depósitos son una fuente relevante de financiación y estabilidad, pero no constituyen una caja cerrada de la que necesariamente deba salir cada préstamo. El Bundesbank sostiene que la capacidad de prestar no depende de que la entidad disponga previamente de depósitos de ahorro o de un exceso concreto de reservas.

Esto no convierte al crédito en dinero gratuito. El banco adquiere un derecho de cobro, asume riesgo de impago y debe responder ante sus depositantes. Además, necesita capital, liquidez y acceso al sistema de pagos.

La creación monetaria bancaria amplía el balance; no crea patrimonio neto de la nada.

Los límites que sí existen

Una entidad no puede prestar cualquier cantidad a cualquier cliente.

La creación de crédito está condicionada por la solvencia del prestatario, la rentabilidad esperada, las exigencias de capital, la regulación prudencial, la liquidez y el coste de financiación. También depende de la demanda de préstamos y de los tipos fijados o influidos por el banco central.

El Banco Central Europeo utiliza precisamente los tipos de interés para modificar el coste del crédito. Una subida encarece hipotecas y préstamos empresariales, reduce la demanda y frena la expansión monetaria; una bajada opera en sentido contrario.

Por tanto, los bancos crean dinero, pero lo hacen dentro de una infraestructura pública y bajo restricciones institucionales muy concretas.

El déficit también inyecta capacidad de gasto

El argumento de que únicamente el sector privado crea dinero sin consecuencias mientras el Estado provoca automáticamente inflación es demasiado simple.

Cuando el sector público gasta más de lo que recauda, introduce activos financieros en manos privadas y aumenta la demanda agregada. En la zona euro, sin embargo, los gobiernos no crean euros libremente: se financian mediante impuestos y emisión de deuda, mientras el BCE conserva el control de la moneda y de las reservas del sistema.

La diferencia institucional importa. Un préstamo bancario crea simultáneamente dinero y deuda privada. El gasto deficitario puede dejar como contrapartida deuda pública, ingresos empresariales o transferencias a hogares.

Ambos mecanismos amplían la capacidad de gasto, pero no distribuyen riesgos ni recursos de la misma manera.

La inflación no pregunta quién creó el dinero

La inflación no aparece automáticamente por el mero hecho de crear dinero.

Surge cuando el crecimiento de la demanda supera persistentemente la capacidad de producción o cuando aumentan costes esenciales como energía, salarios, alimentos o materias primas. También influyen los márgenes empresariales, las expectativas y los cuellos de botella.

Desde esta perspectiva, el origen público o privado del dinero no determina por sí solo su efecto inflacionario. Un préstamo destinado a construir una fábrica puede aumentar simultáneamente demanda y capacidad productiva. Una expansión hipotecaria puede elevar el precio de la vivienda sin provocar necesariamente la misma subida en todos los bienes de consumo.

Del mismo modo, el déficit empleado en infraestructuras productivas no tiene el mismo impacto que un gasto masivo realizado cuando la economía ya opera al límite.

El crédito privado también provoca crisis

La historia económica ofrece numerosos ejemplos de inflación de activos y crisis originadas por una expansión excesiva del crédito privado.

Cuando los bancos concentran préstamos en vivienda, Bolsa o actividades especulativas, pueden alimentar burbujas sin que el índice general de precios lo refleje inmediatamente. La creación monetaria parece entonces inocua hasta que aumentan la morosidad, las ventas forzadas y las pérdidas bancarias.

El problema no es exclusivamente cuánto dinero se crea, sino hacia dónde se dirige, qué activos encarece y qué capacidad de devolución existe detrás.

Demonizar únicamente el déficit público mientras se ignoran los desequilibrios del crédito privado conduce a un análisis incompleto.

La pregunta decisiva

La afirmación central es correcta: los bancos comerciales crean dinero cuando prestan, y los bancos centrales lo reconocen expresamente. También es acertado rechazar la idea de que toda creación monetaria pública produzca inflación inmediata mientras la privada permanece neutral.

Sin embargo, equiparar por completo ambos procesos elimina diferencias relevantes de regulación, riesgo, vencimiento y distribución.

El diagnóstico más riguroso no consiste en decidir si crear dinero es bueno o malo. Consiste en analizar quién lo recibe, con qué finalidad, qué producción adicional genera y qué ocurre cuando llega el momento de devolverlo. La cantidad importa, pero también el destino. Y es precisamente ahí donde se decide si la expansión monetaria financia crecimiento, alimenta una burbuja o termina deteriorando el poder adquisitivo.