La banca española pone trabas a Riquelme en su intento de llegar a la presidencia del Real Madrid
El listón no está en el césped, sino en la ventanilla bancaria. Para plantar cara a Florentino Pérez, Enrique Riquelme necesita un preaval de 187 millones de euros, el 15% del presupuesto del Real Madrid. Sin ese documento, no hay candidatura. Y sin candidatura, no hay votación: el club puede volver a resolver su presidencia por proclamación, como ha ocurrido de forma recurrente desde 2009.
El Real Madrid presume de ser un club de socios, pero su arquitectura electoral tiene una llave de seguridad: el preaval. La Junta Electoral exige a cualquier aspirante garantizar, con patrimonio personal y respaldo bancario, una cantidad equivalente al 15% del presupuesto. En el curso 2025-26, ese presupuesto se ha situado en 1.248 millones, lo que eleva el listón hasta esos 187 millones. No es una cifra simbólica: es un muro financiero que convierte la carrera en un examen de solvencia más que de ideas.
El mecanismo, diseñado para blindar al club frente a aventuras, genera una consecuencia evidente: reduce drásticamente el número de candidatos viables. La contienda, si llega a producirse, empieza en el comité de riesgos de una entidad financiera y no en la asamblea social. Y eso, en la práctica, estrecha el campo de juego democrático.
El portazo de la banca española
El primer golpe para Riquelme ha llegado desde dentro. Diversas informaciones apuntan a que grandes bancos españoles, entre ellos Santander, han declinado participar en la operación. La explicación pública es mínima, pero el diagnóstico es inequívoco: el aval no se concede por entusiasmo deportivo, sino por garantías, colateral, estructura de riesgo y, también, exposición reputacional.
Lo más grave no es el “no”, sino lo que sugiere: que, a ojos del sistema financiero nacional, la operación no encaja —o no compensa— en los términos planteados. El aval es personal, sí, pero el nombre del banco queda asociado a una batalla pública y polarizada. En un club cuyo presupuesto supera el PIB de muchos municipios y con foco mediático global, el riesgo reputacional se vuelve un activo que también se contabiliza.
Andbank y el salvavidas andorrano
Con la puerta doméstica entornada, aparece la vía andorrana. Riquelme ha explorado una negociación con Andbank, un actor acostumbrado a operaciones transfronterizas y a estructuras menos ortodoxas que la gran banca española. Este hecho revela un cambio relevante: cuando el aval se internacionaliza, el proceso electoral también lo hace, aunque el electorado siga siendo local.
La lógica es sencilla. Una entidad más pequeña puede valorar la operación desde un prisma de negocio y visibilidad, mientras un gran banco pondera, además, el coste político y la sensibilidad del escaparate. Pero la alternativa no es inocua: si el aval llega desde fuera, la candidatura queda expuesta a un escrutinio extra sobre el origen, los términos y las garantías reales del respaldo. En una campaña exprés, cualquier duda pesa como plomo.
Canadá en el radar: Scotiabank y la carrera contra el reloj
En el tablero también se ha mencionado la opción de Scotiabank, lo que subraya el carácter casi contrarreloj del movimiento. El calendario es implacable: la candidatura debe registrarse dentro de un plazo limitado y con una documentación extensa —equipo directivo, programa, aceptación notarial— además del preaval.
Aquí emerge la gran paradoja: cuanto más lejos se busca el apoyo, más compleja se vuelve la due diligence y más tiempo exige el banco. Por eso, Riquelme ha insistido públicamente en que el aval está encarrilado. «Por supuesto que tengo el aval; en dos o tres días habrá noticias. Estamos trabajando todavía», ha deslizado en los últimos días. En una campaña comprimida, la credibilidad se mide en papeles, no en declaraciones.
Candidato único: el atajo institucional de Florentino
La consecuencia es clara: si la candidatura alternativa no cristaliza, el club puede volver al patrón de los últimos años. Los estatutos permiten que, si solo concurre un aspirante, sea proclamado presidente sin necesidad de votación. Y, salvo sorpresa, ese aspirante sería Florentino Pérez, que ha convertido la continuidad en su principal ventaja competitiva.
En esta convocatoria, además, el reloj también aprieta: si la Junta Electoral valida candidaturas, la votación se celebraría en los 15 días siguientes, con horizonte antes del 9 de junio.