Rusia pierde otro Su-57: su caza más avanzado cae cerca de Moscú

Rusia pierde otro Su-57: su caza más avanzado cae cerca de Moscú
Un avión de combate ruso Su-57 se estrelló cerca de Moscú durante un vuelo de entrenamiento. El piloto eyectó a tiempo y sobrevivió. Autoridades investigan las causas del incidente que afecta la aviación militar rusa.

Un avión militar ruso identificado por varios medios como un Su-57, el caza más avanzado del Kremlin, se estrelló este 23 de julio de 2026 en la región de Moscú.
El aparato cayó durante una operación de entrenamiento cerca de Lutsino, en el distrito de Odintsovo, después de despegar.
El piloto logró eyectarse y las autoridades no comunicaron víctimas ni daños relevantes en tierra.
La causa permanece bajo investigación. Sin embargo, la pérdida vuelve a poner el foco sobre la fiabilidad de una aeronave escasa, costosa y esencial para las ambiciones militares y exportadoras de Rusia.

Un accidente aún rodeado de cautela

El Ministerio de Defensa ruso confirmó el siniestro de un «avión de entrenamiento de combate», pero inicialmente evitó identificar públicamente el modelo. Fuentes citadas por medios rusos y publicaciones especializadas señalaron posteriormente que se trataba de un Su-57, perteneciente a la reducida flota de cazas furtivos de quinta generación de Moscú.

La aeronave habría sufrido el problema durante el despegue y terminó en una zona despoblada. No existe todavía una explicación oficial sobre el fallo, por lo que resulta prematuro atribuirlo a una avería mecánica, un error humano o una interferencia externa. La investigación deberá analizar los restos, los sistemas de control y los datos registrados durante los últimos segundos del vuelo.

La segunda caída conocida

No es el primer accidente grave del programa. El 24 de diciembre de 2019, el primer Su-57 fabricado en serie se estrelló durante unas pruebas en Komsomolsk del Amur, a unos 111 kilómetros de su aeródromo. El piloto también consiguió eyectarse.

Las investigaciones apuntaron entonces a un posible fallo en el sistema de control de vuelo que habría provocado una entrada descontrolada en espiral. Aquella pérdida resultó especialmente simbólica: el aparato debía ser entregado a las Fuerzas Aeroespaciales rusas y su destrucción retrasó la incorporación efectiva del modelo. Dos accidentes no demuestran un defecto estructural, pero adquieren relevancia cuando afectan a una flota numéricamente limitada.

Una flota demasiado pequeña

Rusia encargó 76 unidades de producción con el objetivo de completar las entregas antes de 2028. Sin embargo, el número real operativo continúa siendo opaco. Las estimaciones abiertas situaban la fabricación acumulada alrededor de varias decenas de aparatos al finalizar 2025, muy lejos todavía de las grandes flotas occidentales.

Rostec anunció en febrero de 2026 la entrega de un nuevo lote con sistemas de armamento actualizados, aunque no reveló cuántos cazas lo componían. Esa falta de transparencia dificulta medir el impacto exacto del accidente. No obstante, el diagnóstico es claro: perder un avión dentro de una flota pequeña provoca una reducción proporcionalmente mayor de su capacidad disponible.

La fiabilidad bajo presión

El Su-57 combina baja observabilidad, alta maniobrabilidad, bodegas internas y una aviónica diseñada para integrar información procedente de radares, otros aviones y centros terrestres. Rusia lo presenta como un competidor de los estadounidenses F-22 y F-35 y como la demostración de su soberanía tecnológica.

Precisamente por esa complejidad, cada avería abre interrogantes sobre el mantenimiento, el software y la madurez de sus componentes. Los aviones de nueva generación requieren miles de horas de pruebas y una cadena logística altamente especializada. La supervivencia del piloto demuestra que el sistema de eyección funcionó, pero no despeja las dudas sobre el origen de la emergencia que obligó a abandonar el aparato.

El precio unitario real del Su-57 no es público y las estimaciones internacionales varían ampliamente. El daño económico, sin embargo, trasciende el valor del avión. Cada unidad incorpora motores, radares, materiales compuestos y equipos electrónicos cuya reposición exige meses de fabricación y pruebas. Un ejemplar perdido no puede sustituirse inmediatamente tomando otro de una línea industrial masiva. Además, el fabricante deberá determinar si el problema afecta únicamente al aparato accidentado o exige inspecciones sobre el resto de la flota. Una inmovilización preventiva, incluso breve, reduciría la disponibilidad operacional y alteraría el calendario de entregas previsto por el Kremlin.

Un golpe al escaparate exportador

Moscú lleva años presentando el Su-57E como una alternativa más económica y flexible a los cazas occidentales. Rusia anunció en 2025 la entrega de dos unidades a un cliente extranjero no identificado oficialmente, un paso clave para demostrar que el programa podía superar el mercado doméstico.

El accidente llega cuando Rostec intensifica la promoción del modelo en ferias internacionales y busca nuevos compradores entre países de Asia, África y Oriente Próximo. Los siniestros forman parte del desarrollo de cualquier aeronave compleja, pero los clientes potenciales examinarán la causa, la respuesta del fabricante y las medidas correctoras. La reputación comercial dependerá ahora de la transparencia técnica que Rusia suele administrar con extrema cautela.

La investigación marcará el impacto

El alcance estratégico del accidente dependerá de lo que revelen los investigadores. Un fallo aislado permitiría mantener el programa sin grandes modificaciones. Un defecto compartido por otras unidades obligaría a revisar sistemas, retrasar entregas y elevar los costes de mantenimiento.

También deberá aclararse si el aparato accidentado era monoplaza, un prototipo o una versión destinada a entrenamiento. Rusia realizó en mayo de 2026 el primer vuelo de un prototipo biplaza, una variante diseñada para ampliar las misiones y facilitar la formación de tripulaciones.

Por ahora, sólo hay una certeza: el piloto sobrevivió, pero el principal símbolo de la aviación rusa ha sufrido otra pérdida difícil de ocultar.