Cañete: El colapso del Yen y la bomba de relojería que obligará a Japón a liquidar la deuda de EEUU con el Dow Jones en 50.000

Cañete: El colapso del Yen y la bomba de relojería que obligará a Japón a liquidar la deuda de EEUU con el Dow Jones en 50.000
Gonzalo Cañete analiza la fuerte presión sobre el Yen japonés, el agotamiento de reservas petrolíferas en EE.UU. y las implicaciones geopolíticas de la crisis con Irán y la OTAN, destacando cómo estas variables podrían forzar a Japón a liquidar su deuda estadounidense, desatando un impacto global.

El mercado mira a Tokio con más inquietud que a Wall Street. El yen vuelve a tensionarse cerca de 160 por dólar, pese a los avisos y a la intervención reciente.
En paralelo, EEUU acelera la salida de crudo de su reserva estratégica: 9,9 millones de barriles en una sola semana.
El resultado es un triángulo peligroso: divisa débil, energía cara y deuda cara. Y el Dow Jones, hoy en récord, no es inmune.

El síntoma está en el tipo de cambio: el dólar ha coqueteado con la cota de 160 yenes, un nivel que reabre el fantasma de la intervención y, sobre todo, de la pérdida de control. El Ministerio de Finanzas japonés ya actuó el 30 de abril y el 1 de mayo tras rebasarse esa barrera, con un esfuerzo estimado en más de 30.000 millones de dólares, según análisis de mercado.

Lo inquietante no es solo el movimiento, sino el contexto: Japón importa energía, y una moneda débil multiplica el golpe del crudo sobre su inflación. En esa ecuación, el yen deja de ser un asunto doméstico para convertirse en una variable global. Porque si Tokio decide defender su divisa “a cualquier precio”, el precio puede pagarse en el mercado de deuda estadounidense.

El dominó de los Treasuries: Japón como vendedor forzoso

Aquí aparece la pieza que pocos quieren verbalizar: Japón es, de largo, el mayor tenedor extranjero de deuda estadounidense. En marzo de 2026 mantenía 1,19 billones de dólares en Treasuries. Si la defensa del yen exige vender activos líquidos, la tentación es evidente: convertir parte de esa cartera en munición cambiaria.

No hace falta un “pánico” para mover el tablero. Basta con introducir la posibilidad de un gran comprador transformado en vendedor en un momento ya delicado por tipos altos y sensibilidad fiscal. En las últimas sesiones, el propio mercado ha recordado que la presión sobre el largo plazo puede reaparecer rápido: la rentabilidad del bono a 30 años ha rondado niveles no vistos desde 2007, según crónicas financieras recientes. El mecanismo es directo: más oferta, más rentabilidad exigida, más coste de financiación para empresas y Estado. Y eso termina filtrándose a bolsa.

Reserva estratégica: 9,9 millones de barriles menos, y el margen se encoge

El frente energético añade gasolina —literal— a la volatilidad. La semana del 15 de mayo, el Departamento de Energía liberó 9,9 millones de barriles de la Reserva Estratégica (SPR), el mayor descenso semanal registrado, dejando el volumen en 374,2 millones. En paralelo, los inventarios comerciales de crudo cayeron 7,9 millones hasta 445 millones, según el informe semanal de la EIA.

El mensaje para el mercado es incómodo: el “colchón” se está utilizando en plena incertidumbre geopolítica. Y cuando el colchón baja, la prima de riesgo sube. Esa combinación —SPR drenándose e inventarios ajustándose— es terreno fértil para movimientos bruscos del Brent y para que los bancos centrales encuentren un nuevo motivo para mantener el pie en el freno. En otras palabras: menos capacidad de amortiguar shocks justo cuando el shock es más probable.

150 dólares: el fantasma setentero reaparece con otro rostro

La comparación con los años 70 no es capricho; es un aviso de transmisión. Entonces fue embargo y dependencia. Hoy es un rompecabezas de rutas marítimas, sanciones, primas de seguros y tensiones de oferta, con la inflación como hilo conductor. La propia anatomía de Ormuz lo explica: por ese cuello de botella circulan en torno a 20 millones de barriles diarios y el tráfico se comprime en corredores estrechos.

En ese escenario, el barril a 150 dólares no es una profecía: es un umbral psicológico que el mercado ya reconoce como plausible en episodios de disrupción severa. La consecuencia es clara: energía más cara implica inflación más pegajosa, y eso encarece hipotecas, crédito corporativo y deuda pública. «Cuando el petróleo se convierte en política, el mercado deja de ser una curva y pasa a ser un sobresalto». Ese es el verdadero paralelismo: la inflación alimentada por energía vuelve a condicionar la agenda monetaria.

Ankara, julio y la geopolítica del Estrecho

La incertidumbre no vive solo en los gráficos: también tiene calendario. La OTAN celebrará su cumbre de 2026 en Ankara los días 7 y 8 de julio, un foro donde la seguridad del flanco sur y las rutas estratégicas volverán al centro del debate. Si el Estrecho de Ormuz es el barómetro, la diplomacia es el termostato… con margen limitado.

El mercado ha aprendido que “negociación” no equivale a “normalidad”. Incluso cuando hay avances, el riesgo operativo persiste: basta una amenaza creíble a la navegación para que el seguro se dispare y el crudo reaccione. De ahí la fragilidad del equilibrio: una reunión multilateral puede calmar expectativas, pero también puede revelar grietas, desacuerdos y tiempos largos. Y cuando el tiempo se alarga, la volatilidad encuentra excusa para quedarse.

Dow Jones en récord: fortaleza aparente, sensibilidad real

En Wall Street, el Dow Jones cerró el viernes 22 de mayo en 50.579,70 puntos, nuevo máximo en un mercado que encadenó ocho semanas de subidas. Los futuros, además, se movían alrededor de 50.662 puntos, reflejando inercia positiva al inicio de semana. Pero el récord no elimina la vulnerabilidad: la bolsa está celebrando “aterrizajes suaves” mientras convive con tres riesgos que se refuerzan entre sí.

Primero, un yen frágil que amenaza con exportar estrés financiero vía Treasuries. Segundo, un petróleo que puede rebotar si Ormuz vuelve a tensarse, alimentando inflación. Tercero, una curva de tipos que castiga valoraciones cuando el largo plazo se empina. La lectura es menos épica que útil: el Dow puede seguir fuerte, sí, pero lo hace con pies de barro macro. Y ese barro, hoy, está en Tokio.