Moreno alerta al Nasdaq: Irán quiere castigar a Trump
El Nasdaq cayó un 2,1% durante la última semana, mientras el petróleo Brent llegó a superar los 100 dólares por barril antes de cerrar el viernes en 96,78 dólares. La coincidencia no es accidental. Cada ataque en el estrecho de Ormuz o en el mar Rojo eleva los costes energéticos, reaviva la inflación y presiona las valoraciones de las grandes tecnológicas.
El economista José Luis Moreno lanza una advertencia directa a los inversores: «La estrategia de Irán es escalar el conflicto todo lo que pueda para hacer daño a Trump». El objetivo no sería lograr una victoria militar convencional, sino convertir cada jornada de tensión en una factura económica y electoral para Washington.
Una doble pinza sobre el comercio mundial
La presión iraní se extiende sobre dos de las arterias marítimas más importantes del planeta. Por el estrecho de Ormuz circulaban 20,4 millones de barriles diarios a comienzos de 2025; un año después, el flujo había descendido hasta los 14,6 millones, según la Administración de Información Energética estadounidense.
Al oeste, los hutíes amenazan Bab el-Mandeb, puerta de entrada al mar Rojo y al canal de Suez. Las rutas de esa zona llegaron a concentrar alrededor del 12% del petróleo transportado por vía marítima. Un bloqueo simultáneo obligaría a numerosos buques a rodear África, multiplicando tiempos, seguros y costes logísticos.
El petróleo ya golpea al Nasdaq
El mecanismo de transmisión es inmediato. Un barril más caro eleva los costes de transporte, producción y electricidad. Después llega la inflación. Finalmente, los mercados anticipan tipos de interés más altos durante más tiempo.
Ese encadenamiento resulta especialmente dañino para el Nasdaq, donde se concentran compañías cuyas valoraciones dependen de beneficios futuros. El 23 de julio, con el Brent por encima de los 100 dólares, el índice tecnológico se hundió un 2,2%. Tesla perdió un 14,5% y Alphabet retrocedió un 7,1%, aunque los resultados empresariales también aceleraron las ventas. Irán no necesita atacar Wall Street para deteriorar sus expectativas.
Teherán convierte la guerra en política
Moreno sostiene que la escalada persigue maximizar el coste interno para Donald Trump. El precio de la gasolina estadounidense ha alcanzado una media aproximada de 4,09 dólares por galón, mientras el encarecimiento energético empieza a trasladarse a los alimentos, el transporte aéreo y determinados productos de consumo.
Este hecho revela el verdadero campo de batalla. Una guerra prolongada puede erosionar la renta disponible de las familias, enfriar el consumo y obligar a la Reserva Federal a mantener una política monetaria restrictiva. Teherán busca que la presión llegue al bolsillo del votante antes que al frente militar.
La victoria iraní no consistiría en derrotar a Estados Unidos, sino en conseguir que mantener la guerra resulte políticamente insoportable.
Washington exhibe sus límites
Fernando Moragón subraya que Estados Unidos conserva una capacidad militar muy superior, pero carece de una salida sencilla. Bombardear instalaciones, imponer bloqueos o destruir infraestructuras puede debilitar a Irán; otra cuestión es provocar un cambio de régimen y controlar las consecuencias posteriores.
Las operaciones estadounidenses se han intensificado alrededor de los puertos iraníes y del estrecho de Ormuz. Sin embargo, Teherán ha respondido mediante drones, misiles y fuerzas aliadas repartidas por la región. Más de 6.000 marineros han quedado atrapados cerca de las zonas de combate, reflejo de una crisis que rebasa ampliamente el enfrentamiento bilateral.
Los hutíes multiplican la presión iraní
Los hutíes permiten a Teherán ampliar el conflicto sin asumir formalmente todas las responsabilidades. Sus ataques contra petroleros saudíes han elevado la tensión en el mar Rojo y provocado represalias militares de Riad sobre posiciones en Yemen.
La estrategia consiste en dispersar los recursos occidentales. Washington debe proteger bases, escoltar buques, vigilar Ormuz y contener simultáneamente el frente de Bab el-Mandeb. Cada nuevo punto de fricción encarece la operación y aumenta el riesgo de un error de cálculo.
Irán explota así una ventaja asimétrica: obliga a Estados Unidos a gastar mucho más para defender cada objetivo del que Teherán necesita para amenazarlo.
Lo más grave no es una sesión bursátil negativa, sino la posibilidad de que la crisis se cronifique. La previsión oficial estadounidense contemplaba una recuperación gradual del comercio petrolero tras el memorando firmado el 18 de junio. Sin embargo, la reanudación de los ataques y el posterior anuncio de Trump de que la tregua estaba terminada dejaron rápidamente desfasado ese escenario optimista. Mientras Ormuz y Bab el-Mandeb continúen amenazados, el petróleo incorporará una prima de riesgo, la inflación seguirá condicionando a la Reserva Federal y el Nasdaq permanecerá expuesto a episodios violentos de corrección.