VALDECASAS: "La guerra nuclear entre Rusia, Ucrania y la OTAN sigue siendo una posibilidad"

VALDECASAS: "La guerra nuclear entre Rusia, Ucrania y la OTAN sigue siendo una posibilidad"
El embajador español Ignacio García Valdecasas analiza las tensiones recientes entre Rusia, Ucrania y la OTAN, destacando el riesgo latente de una guerra nuclear. Se examinan los incidentes con drones, la dinámica política de las potencias implicadas y el futuro incierto del artículo 5 de la alianza atlántica.

Desde 2022, Ucrania ha pasado de conflicto regional a prueba de estrés del orden europeo. Ignacio García Valdecasas describe una deriva preocupante: la frontera entre lo convencional y lo sistémico se estrecha. No porque alguien busque el salto, sino porque la guerra se ha ido llenando de “zonas grises” —drones, sabotajes, inteligencia, rutas logísticas— donde la autoría se discute y el castigo se improvisa.

Lo más grave es que esa ambigüedad erosiona el único dique real: la previsibilidad. Cuando Moscú interpreta cualquier cruce como provocación y la OTAN se blinda para no parecer débil, el margen de error se comprime. “La estabilidad ya no depende de un tratado, sino de no equivocarse en un incidente”, viene a resumir el embajador. Y en ese clima, la economía también entra en la ecuación: más riesgo equivale a más prima, más gasto militar y menos paciencia social.

El foco se desplaza a un detalle que parece menor hasta que deja de serlo: vuelos de drones ucranianos atravesando territorio aliado. En un mapa saturado de radares, un aparato con 1.000 kilómetros de alcance —real o supuesto— puede cruzar fronteras sin permiso, caer donde no debe y obligar a decidir en minutos. ¿Fue un error? ¿Una persecución? ¿Un mensaje? Ese es el veneno: la interpretación importa tanto como el hecho.

Moscú ya ha reaccionado con advertencias tajantes ante cualquier señal de “implicación” indirecta. Valdecasas subraya que el problema no es el dron, sino la cadena que activa: acusación, desmentido, réplica y escalada. Un fallo de coordinación de 10 minutos puede convertirse en titular mundial. Y cuando el lenguaje se endurece, la diplomacia llega tarde: primero se moviliza, luego se negocia.

El artículo 5 bajo una presión inédita

El artículo 5 —defensa colectiva— es el corazón simbólico de la OTAN. Y precisamente por eso se protege como un tabú: se menciona poco, se interpreta con cautela y se evita convertirlo en rutina. Históricamente, solo se ha activado una vez, tras el 11-S. La cuestión hoy es distinta: ¿qué ocurre si la expansión no es una invasión clásica, sino una sucesión de incidentes?

Valdecasas apunta al riesgo de “contagio”: un ataque en territorio aliado, aunque sea accidental o dudoso, obliga a posicionarse. Y posicionarse, en este contexto, significa asumir que la respuesta conjunta puede cruzar umbrales que nadie quiere cruzar. La disuasión funciona mientras todos crean que el otro es racional. Pero cuanto más se prolonga una guerra de desgaste, más fácil es que la racionalidad se confunda con necesidad. Y ahí la arquitectura se resiente: más despliegues, más ejercicios, más fricción… y menos espacio para rectificar sin perder credibilidad.

Trump, la OTAN y la promesa imposible a Kiev

Estados Unidos, con Donald Trump al mando según el marco planteado en la entrevista, refuerza un mensaje de firmeza: la OTAN debe ser más fuerte, más cohesionada y menos ambigua. Eso puede contener a Rusia, pero también tensiona la negociación: si todo se lee como demostración de fuerza, la salida se encarece. A la vez, las aspiraciones de Ucrania —integrarse en OTAN y UE— complican el tablero: para Kiev es garantía de supervivencia; para Moscú, una línea roja.

El embajador sugiere una realidad incómoda: las alianzas no solo protegen, también condicionan. Prometer entrada rápida sin capacidad política para cumplirla alimenta expectativas y decepciones. Y en un escenario de guerra, la decepción se transforma en presión: más armamento, más ataques de largo alcance, más decisiones al límite. La consecuencia es clara: el conflicto deja de depender solo del frente y pasa a depender de calendarios políticos en Washington, Bruselas y las capitales europeas.

Los bálticos: la geografía donde un error vale oro

Los países bálticos aparecen como zona crítica por una razón simple: geografía. Son aliados, son frontera y están a pocos cientos de kilómetros de centros neurálgicos rusos. Eso convierte cualquier incidente —un dron perdido, una interceptación agresiva, un choque en el Báltico— en un caso de laboratorio para la OTAN. Valdecasas insiste en que allí no hay profundidad estratégica: todo ocurre cerca, rápido y bajo cámaras.

En esa franja, la seguridad se ha encarecido. Cumplir el listón del 2% del PIB en defensa deja de ser consigna y se vuelve presupuesto real, con su impacto directo en cuentas públicas y prioridades sociales. Además, el “ruido” militar eleva costes invisibles: seguros, transporte, inversiones aplazadas. El contraste con épocas anteriores resulta demoledor: antes la estabilidad era un supuesto; ahora es un gasto. Y cuanto más se normaliza ese gasto, más difícil es volver atrás sin que parezca una retirada.

Lugansk y la lógica de la represalia

La reacción rusa ante ataques y presión en zonas como Lugansk confirma un patrón: Moscú responde con contundencia a lo que percibe como amenaza a su control territorial o a su narrativa de seguridad. En una guerra que ya es también psicológica, ceder se interpreta como invitación a nuevas ofensivas. Por eso, advierte Valdecasas, las represalias no buscan solo daño militar: buscan señalización.

Aquí emerge el riesgo mayor: cuando la señalización sustituye a la negociación, el conflicto entra en una espiral donde cada parte necesita “demostrar” algo. “La escalada rara vez se decide; a menudo se encadena”, sugiere el análisis. Y ese encadenamiento tiene un punto ciego: el nuclear. Nadie lo quiere, pero todos lo invocan como último escalón de la disuasión. En ese contexto, el verdadero peligro no es la decisión deliberada, sino la suma de errores, orgullo y mala lectura. Y el mercado lo sabe: la incertidumbre siempre llega antes que la paz.