El ultimátum de Washington suena cada vez menos a advertencia y más a cuenta atrás
Donald Trump ha elevado el conflicto con Irán a un terreno mucho más peligroso. El presidente estadounidense ha advertido de que, si Teherán no acepta negociar, la próxima fase de la ofensiva podría alcanzar centrales eléctricas y puentes.
El ultimátum llega a tres días de la final del Mundial, prevista para el 19 de julio, mientras los intercambios de misiles se extienden por Kuwait, Baréin y Jordania. El contraste es inquietante: mientras la atención global se concentra en el gran acontecimiento deportivo, el Golfo Pérsico se aproxima a una guerra regional difícil de contener.
Un ultimátum sin precedentes
Trump aseguró en una entrevista con Fox News que Estados Unidos intensificará sus operaciones si Irán no regresa a la mesa de negociación. «La próxima semana llegan los puentes y las centrales eléctricas», advirtió el mandatario, vinculando expresamente la interrupción de los ataques a un acuerdo político.
La amenaza supone un salto cualitativo. Hasta ahora, Washington había presentado su campaña como una operación dirigida contra instalaciones militares, sistemas de misiles y estructuras vinculadas al programa nuclear. Ampliar los objetivos a la red eléctrica o al transporte puede generar un daño económico y humanitario muy superior.
La presión deja de dirigirse únicamente al aparato militar y pasa a afectar al funcionamiento cotidiano del país.
La legalidad bajo sospecha
Atacar una central eléctrica o un puente no constituye automáticamente un crimen de guerra. Estas infraestructuras pueden perder su protección si son utilizadas de forma efectiva con fines militares y su destrucción ofrece una ventaja concreta.
Sin embargo, el derecho internacional humanitario obliga a distinguir entre objetivos civiles y militares, evitar ataques indiscriminados y descartar operaciones cuyo daño esperado sobre la población resulte excesivo. El Comité Internacional de la Cruz Roja recuerda que los ataques deliberados contra servicios esenciales civiles pueden constituir crímenes de guerra.
La cuestión decisiva será, por tanto, qué instalaciones selecciona Washington, qué uso militar acredita y qué consecuencias acepta provocar sobre millones de iraníes.
Irán amplía sus represalias
Teherán ha respondido lanzando misiles y drones contra instalaciones estadounidenses o países que albergan fuerzas de Washington. Las ofensivas han alcanzado Kuwait, Baréin y Jordania, mientras las defensas regionales tratan de interceptar los proyectiles.
En una de las últimas oleadas, Jordania informó de la interceptación de cuatro misiles. Estados Unidos, por su parte, llegó a atacar alrededor de 140 objetivos iraníes durante una fase de la campaña, incluyendo instalaciones de drones, misiles y posiciones situadas en la costa meridional.
Lo más grave es que los países vecinos están dejando de ser meras plataformas logísticas. Cada proyectil que atraviesa su espacio aéreo aumenta el riesgo de que entren directamente en la guerra.
Ormuz multiplica el riesgo económico
La escalada afecta al punto energético más sensible del planeta. Por el Estrecho de Ormuz circularon durante 2024 unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes aproximadamente al 20% del consumo mundial de petróleo y derivados.
La ruta también concentra alrededor del 20% del comercio internacional de gas natural licuado, principalmente por las exportaciones de Catar. Una interrupción prolongada elevaría el precio del combustible, el transporte, los fertilizantes y la electricidad.
No hace falta cerrar completamente Ormuz para dañar la economía mundial. Basta con reducir el tráfico, encarecer los seguros marítimos y convencer a las navieras de que el riesgo ya no resulta asumible.
La Casa Blanca confía en que la amenaza sobre infraestructuras esenciales obligue a Irán a negociar. Sin embargo, la estrategia también puede provocar el efecto contrario: reforzar a los sectores más duros del régimen y convertir cualquier concesión en una muestra de debilidad.
El frágil acuerdo provisional alcanzado en junio ha quedado prácticamente desmantelado. Estados Unidos ha recuperado el bloqueo sobre puertos iraníes y Teherán vuelve a emplear Ormuz como principal instrumento de presión, cada parte cree que puede forzar a la otra aumentando el coste de la resistencia. Esa lógica suele cerrar el espacio de la diplomacia antes de abrirlo.
Europa vuelve a quedar expuesta
Europa afrontaría el impacto económico sin controlar las decisiones militares. Una nueva crisis petrolera alimentaría la inflación, deterioraría los márgenes industriales y retrasaría posibles bajadas de los tipos de interés.
El peligro ya no reside únicamente en un enfrentamiento entre Estados Unidos e Irán. También incluye ataques accidentales, errores de cálculo y represalias sobre países que albergan bases norteamericanas.
Washington todavía mantiene abierta la opción de un acuerdo. Teherán también ha enviado señales contradictorias, combinando ataques con gestos diplomáticos. Pero la amenaza contra centrales eléctricas y puentes demuestra que el margen se estrecha.
La escalada no ha alcanzado todavía su techo. Precisamente por eso, el siguiente movimiento puede resultar irreversible.