Juan Antonio Aguilar

Juan Antonio Aguilar avisa de la trampa de Trump en Irán: “Esto puede acabar en guerra total”

Juan Antonio Aguilar avisa de la trampa de Trump en Irán: “Esto puede acabar en guerra total”
Juan Antonio Aguilar ofrece un análisis directo y crítico sobre la escalada de tensiones EEUU-Irán, el bloqueo ilegal en Ormuz y las implicaciones geopolíticas que podrían desembocar en una guerra total. Además, explora el papel de las petromonarquías y la amenaza de una crisis energética mundial.

Cero buques comerciales cruzando Ormuz durante tres días: el síntoma es ya crisis. El estrecho mueve el equivalente a 20 millones de barriles diarios, cerca del 20% del consumo mundial.
En esa garganta marítima, EEUU e Irán han vuelto a rozar el incidente irreversible. Y el mundo comprueba, otra vez, que la geopolítica siempre acaba pasando factura.

La foto es tan simple como demoledora: el tráfico comercial se ha congelado y, a su alrededor, se agolpan buques a la espera de una ventana de seguridad que no llega. S&P Global ha llegado a rastrear 1.018 barcos en un radio de 200 millas del estrecho, pero el flujo “normal” sigue sin recomponerse. La consecuencia es clara: no hace falta un cierre absoluto para que el mercado actúe como si lo fuera. Bastan amenazas creíbles, ataques selectivos y aseguradoras subiendo primas.

Ormuz no es un titular; es infraestructura crítica. En 2024 el flujo medio fue de 20 millones de barriles al día, alrededor del 20% del consumo global de líquidos petrolíferos. La Agencia Internacional de la Energía añade un detalle incómodo: en 2025 circularon por allí casi 15 mb/d de crudo, cerca del 34% del comercio mundial de crudo, con Asia como destino principal. Cuando ese pasillo se encoge, el mundo no “se tensa”: se recalcula.

La “estafa” de Trump según Aguilar: expectativas como arma

Juan Antonio Aguilar, director del Instituto Español de Geopolítica y analista habitual en espacios de Negocios TV, sostiene que la política estadounidense hacia Irán ha operado durante años como un artefacto de propaganda: prometer control, fabricar disuasión y dejar el conflicto latente bajo la alfombra. En su lectura, Trump habría “vendido” la idea de que podía domesticar el tablero con presión y espectáculo, sin resolver el nudo estructural: sanciones, seguridad regional y la pugna por la hegemonía energética.

«Lo que se ha hecho es una estafa política: manipular expectativas globales para intereses internos, y después dejar la región con la mecha encendida».
El término es duro, pero sirve para explicar un patrón: la política exterior como relato electoral y la geopolítica como deuda aplazada. Lo más grave no es el insulto; es el diagnóstico: cuando la estrategia se basa en golpes de efecto, el adversario aprende a esperar el siguiente. Y el margen de error se estrecha.

Bloqueos, sanciones y derecho internacional: la línea roja difusa

Aguilar califica de “ilegal” el bloqueo y denuncia el deterioro del marco jurídico. Ese debate no es académico: se traduce en reglas de enfrentamiento, inspecciones, retenciones y “accidentes” que no siempre lo son. El episodio más reciente lo ilustra: fuerzas estadounidenses dispararon y dejaron inoperativos dos petroleros iraníes en el estrecho, en una escalada que cuestiona incluso un alto el fuego frágil.

Aquí el derecho internacional se vuelve campo de batalla semántico. La libertad de navegación choca con la lógica de sanciones y con la lectura estadounidense de “seguridad”. Irán, por su parte, explota la ambigüedad: si no puede vender con normalidad, puede impedir que otros lo hagan sin pagar un coste. La consecuencia es clara: el estrecho se convierte en un laboratorio de coerción donde cada intervención sienta precedente. Y cuando los precedentes se acumulan, el “incidente” deja de ser un riesgo remoto para convertirse en método.

Petromonarquías: neutralidad interesada con el gatillo en el precio

Las petromonarquías del Golfo juegan a dos bandas porque no pueden permitirse otra cosa. Dependen del paraguas de seguridad estadounidense, pero temen convertirse en teatro de represalias. La propia AP recoge heridos en Emiratos por ataques con misiles y drones atribuidos a Irán, al tiempo que se encadena un tira y afloja militar en el corredor marítimo. Ese equilibrio explica su aparente silencio: no es pasividad, es cálculo.

En términos de mercado, su papel es aún más delicado. Cualquier gesto —aumentar oferta, recortar, insinuar capacidad— puede leerse como alineamiento. Y el alineamiento, en Oriente Medio, se paga. La consecuencia es clara: mientras se preserva la narrativa de “estabilidad”, el precio incorpora prima de riesgo y el sistema se vuelve más volátil. Aguilar apunta a un detalle político: cuando el petróleo se vuelve herramienta, la diplomacia se estrecha. No porque falten canales, sino porque sobran incentivos para tensarlos.

Rusia y Ucrania: el otro frente que contamina el Golfo

Aunque el foco esté en Ormuz, Ucrania sigue actuando como ruido de fondo que altera decisiones en otras geografías. Rusia observa el Golfo con una ventaja obvia: cuanto mayor sea el desorden energético, más palancas obtiene sobre Europa y sobre el precio global. No necesita disparar allí para beneficiarse; le basta con recordar que el orden internacional está roto por múltiples grietas a la vez.

Aguilar enlaza ambas guerras en una misma tesis: el mundo ha entrado en un ciclo de conflictos comunicantes, donde cada escalada alimenta otra a través de energía, sanciones, armamento y propaganda. La consecuencia es clara: si Moscú endurece postura por movimientos en fechas simbólicas —como el Día de la Victoria—, el tablero se recalienta también en Teherán y Washington, porque todos leen señales. En ese entorno, la desescalada no depende de una mesa; depende de que ninguna capital confunda presión con control.

La economía ya acusa el golpe: inflación, fletes y miedo industrial

La desconexión entre geopolítica y economía es una ilusión que dura lo que tarda en llegar la factura. En EEUU, incluso con el crecimiento sosteniéndose, los indicadores ya han reflejado el impacto: el índice PCE llegó a apuntar una inflación anualizada del 3,2%, por encima del objetivo de la Fed, con el conflicto con Irán como factor que “ensombrece” el cuadro.

En Asia la dependencia es aún más visible. Un petrolero con 1 millón de barriles llegó a Corea del Sur tras cruzar Ormuz en abril, y el país ha reaccionado con topes de precios y ajustes de suministro para contener el golpe. El contraste con Europa resulta demoledor: el continente recibe una parte menor del crudo del estrecho, pero sufre vía precios globales, logística y miedo industrial. Ormuz no solo transporta petróleo: transporta incertidumbre. Y la incertidumbre, cuando se cronifica, termina siendo la variable que más encarece todo lo demás.