Alonso avisa al Dow Jones: Irán da por muerto el pacto con Trump
El conflicto entre Estados Unidos e Irán ya no puede interpretarse como una sucesión de represalias limitadas. Antonio Alonso Marcos, director del Máster de Análisis de Inteligencia de la Universidad CEU San Pablo, advierte de que Teherán ha asumido una lógica de guerra porque ha perdido la confianza en cualquier acuerdo con Donald Trump.
El diagnóstico llega tras nueve noches consecutivas de ataques estadounidenses y nuevas acciones iraníes contra instalaciones vinculadas a Washington en Jordania, Kuwait y Baréin. La escalada también ha alcanzado a Wall Street: el Dow Jones cerró el arranque semanal con una caída cercana al 0,4%, mientras el petróleo y los rendimientos de la deuda volvían a subir.
El pacto que nunca llegó a consolidarse
El origen inmediato de la nueva escalada se encuentra en el fracaso del memorándum provisional entre Washington y Teherán. El documento debía detener las operaciones militares, facilitar la reapertura del estrecho de Ormuz y crear un plazo de 60 días para negociar un acuerdo más amplio sobre el programa nuclear iraní.
Nada de eso se consolidó. Estados Unidos acusó a Irán de atacar buques comerciales, recuperó el bloqueo sobre las exportaciones iraníes y reanudó los bombardeos. Teherán, por su parte, denunció incumplimientos estadounidenses y rechazó renunciar al control efectivo de Ormuz.
Para Alonso, este fracaso confirma una idea central: Irán ya no considera que las concesiones parciales conduzcan a un pacto duradero con Trump.
La estrategia de máxima presión
La Casa Blanca pretende combinar superioridad militar, sanciones económicas y presión energética para obligar a Teherán a aceptar condiciones más exigentes. Israel comparte buena parte de esa estrategia, especialmente en lo relativo al programa nuclear y a la capacidad misilística iraní.
Sin embargo, la máxima presión también produce incentivos para resistir. El régimen iraní sabe que una retirada sin contrapartidas podría interpretarse internamente como una derrota y debilitar su autoridad frente a los sectores más duros.
La consecuencia es un círculo de difícil salida: Estados Unidos intensifica los ataques para recuperar capacidad disuasoria e Irán responde para demostrar que todavía puede elevar el coste militar y económico de la guerra.
Ormuz golpea al Dow Jones
El principal canal de transmisión hacia los mercados es el estrecho de Ormuz. El tráfico de crudo por esta vía habría caído desde unos 15 millones de barriles diarios hasta cerca de 1,5 millones, una reducción que explica la extrema volatilidad energética.
El Brent llegó a superar los 90 dólares por barril antes de moderarse por las noticias sobre una posible tregua. En Estados Unidos, el precio medio de la gasolina ha rebasado de nuevo los cuatro dólares por galón, mientras el rendimiento del bono a diez años se aproxima al 4,6%.
Para el Dow Jones, el riesgo no es únicamente geopolítico. Un petróleo persistentemente caro puede elevar la inflación, retrasar cualquier relajación monetaria y reducir los márgenes de transporte, consumo e industria.
China observa el desgaste estadounidense
China mantiene un perfil público prudente, pero dispone de fuertes incentivos para evitar una victoria estratégica de Washington. Pekín depende del suministro energético de Oriente Medio y rechaza que Estados Unidos consolide el control de las principales rutas marítimas del Golfo.
Al mismo tiempo, una guerra prolongada obliga a Washington a dedicar recursos militares, políticos y presupuestarios a Oriente Medio, desviando atención del Indo-Pacífico. Este hecho beneficia indirectamente a China, aunque un bloqueo prolongado de Ormuz también perjudicaría a su economía.
Pekín no necesita intervenir directamente para obtener ventajas. Le basta con apoyar la desescalada, mantener relaciones con Teherán y presentarse como alternativa diplomática frente a una estrategia estadounidense basada en bombardeos y bloqueos.
La amenaza nuclear eleva el riesgo
El factor nuclear modifica todo el cálculo estratégico. No existen pruebas públicas de que Irán haya desplegado un arma nuclear operativa, pero su programa, sus reservas de material enriquecido y las restricciones impuestas a los inspectores internacionales aumentan la incertidumbre.
Cuanto mayor sea la presión sobre la supervivencia del régimen, más difícil será determinar hasta dónde puede llegar Teherán. Estados Unidos e Israel quieren impedir que Irán alcance capacidad nuclear militar; sin embargo, una campaña prolongada puede reforzar precisamente a quienes defienden que solo una disuasión extrema garantizaría la seguridad del país.
Lo más grave no es únicamente una decisión deliberada. También preocupa un error de cálculo, una falsa alarma o un ataque sobre una instalación sensible que desencadene una respuesta imposible de contener.
Wall Street aún no descuenta una guerra total
El comportamiento del mercado muestra inquietud, pero no pánico. El S&P 500 avanzó alrededor de un 0,2% y el Nasdaq un 0,5%, apoyados por el rebote de algunas compañías tecnológicas, mientras el Dow quedó rezagado.
Los inversores parecen confiar todavía en que Catar, Pakistán u otros mediadores consigan una tregua. Esa expectativa explica que el Brent retrocediera desde máximos superiores a 91 dólares hasta el entorno de los 87 dólares tras conocerse una propuesta de alto el fuego de diez días.
La advertencia de Alonso apunta precisamente a esa complacencia. Si Irán considera imposible pactar con Trump, la diplomacia deja de ser una salida y pasa a convertirse en una herramienta para ganar tiempo. El Dow Jones puede soportar ataques puntuales; lo que tendría dificultades para absorber sería una guerra prolongada, petróleo estructuralmente caro y tipos de interés elevados durante más tiempo.