Manjón lanza la advertencia: EEUU puede bombardear Irán, pero no derrotarlo fácilmente

Manjón lanza la advertencia: EEUU puede bombardear Irán, pero no derrotarlo fácilmente
Análisis profundo sobre la pérdida de control estadounidense en Oriente Medio frente al fortalecimiento geopolítico de Irán, con especial atención al repliegue logístico, las tensiones militares y la inestabilidad discursiva de Donald Trump.

Estados Unidos conserva una superioridad militar abrumadora, pero esa ventaja ya no garantiza una victoria política en Oriente Próximo. José Manjón, analista del Instituto Español de Geopolítica, sostiene que Washington carece de capacidad para «aplastar» a Irán sin asumir un coste humano, económico y regional difícilmente aceptable.

La ofensiva estadounidense ha golpeado miles de objetivos, pero Teherán mantiene herramientas suficientes para condicionar el comercio energético, atacar instalaciones regionales y prolongar el conflicto. Donald Trump se enfrenta así a una contradicción decisiva: puede seguir bombardeando, pero no controla el desenlace.

La magnitud de la campaña demuestra que Estados Unidos mantiene una potencia de fuego incomparable. El Pentágono contabilizaba ya en abril más de 13.000 objetivos atacados y 155 embarcaciones iraníes dañadas o destruidas desde el inicio de la Operación Epic Fury, lanzada el 28 de febrero de 2026.

Sin embargo, Manjón diferencia entre capacidad destructiva y victoria estratégica. Washington puede degradar radares, hangares, centros de mando o baterías antiaéreas, pero neutralizar completamente un país de más de 1,6 millones de kilómetros cuadrados exigiría una ocupación terrestre que ningún actor estadounidense parece dispuesto a asumir.

La paradoja es evidente: cuanto mayor es la destrucción, mayor resulta también la necesidad de encontrar una salida política que evite una guerra indefinida.

El problema logístico

El supuesto ataque iraní contra la base aérea de Al-Azraq, en Jordania, revela —según Manjón— el deterioro de la seguridad operativa estadounidense. Las instalaciones avanzadas dejan de ser plataformas seguras y se convierten en objetivos expuestos a misiles, drones y operaciones de saturación.

Washington debe dispersar aeronaves, defensas y suministros entre Jordania, Catar, Baréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. Esa red permite mantener la campaña, pero incrementa las distancias, multiplica los costes y obliga a proteger simultáneamente decenas de infraestructuras críticas.

Teherán no necesita destruirlas todas. Le basta con demostrar que puede golpearlas para obligar al Pentágono a dedicar una parte creciente de sus recursos a tareas defensivas. Cada sistema desplegado para proteger una base es un sistema que deja de emplearse sobre territorio iraní.

Ormuz cambia la ecuación

El estrecho de Ormuz se ha convertido en la principal herramienta de presión iraní. Por esta vía circulaban alrededor de 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de productos petrolíferos.

Teherán ha demostrado que no necesita clausurarlo formalmente. El hostigamiento selectivo, las minas, los drones y la incertidumbre sobre los seguros marítimos bastan para alterar las rutas comerciales. Tras una aparente normalización, el tránsito llegó a caer de 76 buques diarios a apenas 22, según datos de seguimiento marítimo.

La consecuencia es clara: Irán puede trasladar el coste de la guerra a las gasolineras, las industrias y los hogares occidentales. Estados Unidos domina el aire, pero Teherán conserva capacidad para influir sobre el precio global de la energía.

Trump pierde margen político

Aníbal González señala que la alternancia de Trump entre amenazas militares y ofertas de negociación erosiona la credibilidad estadounidense. Cada ultimátum que no produce una rendición iraní obliga a Washington a elevar la apuesta o moderar públicamente sus objetivos.

Ese movimiento pendular responde también a restricciones internas. La prolongación de la guerra encarece la energía, tensiona al Partido Republicano y convierte el conflicto en un problema electoral. Medios estadounidenses ya describen la ausencia de un plan claro para transformar los éxitos tácticos en un acuerdo estable.

Trump necesita presentar una victoria, mientras Irán únicamente necesita evitar la derrota. Esa asimetría favorece a Teherán: sobrevivir, conservar Ormuz y mantener capacidad de represalia puede ser suficiente para frustrar los objetivos iniciales de Washington.

Israel, en primera línea

González identifica otra vulnerabilidad: la concentración de recursos militares y logísticos en Israel. Infraestructuras como el aeropuerto de Ben Gurión y las principales bases aéreas israelíes desempeñan un papel esencial en cualquier operación prolongada contra Irán.

Un ataque eficaz contra estos nodos no tendría que destruirlos por completo. Bastaría con interrumpir durante horas sus operaciones, obligar a desviar vuelos o saturar las defensas antimisiles. Durante los últimos meses, Teherán ya ha atacado posiciones estadounidenses en Jordania, Baréin y Kuwait, ampliando el perímetro de riesgo.

El contraste resulta inquietante: la superioridad tecnológica israelí y estadounidense convive con una elevada exposición geográfica. En una guerra de desgaste, la proximidad de Israel al teatro de operaciones puede convertirse en una desventaja.

La supuesta distancia entre Trump y Benjamin Netanyahu no implica, según González, una ruptura estratégica. Ambos dirigentes comparten el objetivo de impedir que Irán reconstruya plenamente sus capacidades militares y nucleares, aunque difieran sobre los tiempos, la intensidad y la salida diplomática.

Netanyahu necesita mantener la presión para sostener su posición interna. Trump necesita evitar que una retirada parezca una derrota. Esa dependencia mutua explica que la alianza continúe incluso cuando Washington intenta rebajar temporalmente la escalada. Estados Unidos puede seguir castigando a Irán, pero no imponerle fácilmente una capitulación. Teherán conserva territorio, capacidad de represalia y una palanca energética global. Trump no está desarmado; está atrapado entre una guerra que no puede cerrar y una negociación que difícilmente podrá vender como victoria.