MORAGÓN: “Rusia está a un paso de lanzar un duro ataque contra Europa. Putin es el único obstáculo”
Europa vuelve a mirar hacia el Este con una mezcla de miedo, cálculo y cansancio. El analista José Enrique Moragón sostiene que Rusia está a un paso de lanzar una respuesta durísima contra Europa y que, paradójicamente, Vladímir Putin sería hoy el principal freno frente a sectores del Kremlin partidarios de una escalada más directa. La advertencia llega antes de la cumbre de la OTAN en Ankara, donde el aumento del gasto militar, el apoyo a Ucrania y el reparto de cargas con Estados Unidos dominarán la agenda. No hay una confirmación pública de un ataque ruso inminente. Pero sí existe una realidad incómoda: el continente se rearma, Moscú se siente cercado y cada provocación puede reducir el margen de error.
Europa entra en fase de alarma
El clima estratégico se ha deteriorado con rapidez. La OTAN llega a Ankara con la presión de Donald Trump para que los aliados eleven el gasto militar y con la industria de defensa llamada a acelerar producción. El País señala que el gasto mundial en defensa encadena 11 años consecutivos de subida y alcanzó en 2025 casi tres billones de dólares, un 2,5% del PIB global.
Ese dato explica la profundidad del momento. Europa no solo debate seguridad; debate presupuestos, deuda, prioridades sociales e industria militar. El rearme ya no es una hipótesis académica, sino una decisión de Estado. Lo más grave es que cada nuevo compromiso de defensa se interpreta en Moscú como amenaza, y cada movimiento ruso refuerza a quienes piden más gasto en Bruselas.
Putin como muro de contención
La tesis de Moragón resulta provocadora porque invierte el relato habitual. Putin no aparecería como acelerador máximo de la guerra, sino como árbitro interno entre facciones más beligerantes. Según esta lectura, dentro del aparato ruso existirían sectores que presionan por respuestas contra infraestructuras europeas, bases logísticas o sistemas vinculados al apoyo militar a Ucrania.
El riesgo está en la pérdida de control. Una potencia nuclear puede jugar durante meses en la zona gris —ciberataques, drones, sabotajes, amenazas—, pero esa ambigüedad también genera accidentes. El verdadero peligro no es solo que Rusia decida atacar, sino que crea que puede hacerlo sin provocar una respuesta irreversible.
Polonia, frontera psicológica
Polonia se ha convertido en el punto más sensible del mapa. Es frontera logística de Ucrania, país clave del flanco oriental y símbolo histórico de la amenaza rusa para Europa central. Informaciones recientes apuntan a que agencias europeas manejan escenarios en los que Rusia podría estar en condiciones de atacar a la OTAN hacia 2029, con Polonia y los países bálticos como principales referencias de riesgo.
El contraste resulta demoledor. Para Varsovia, la guerra no es un conflicto lejano; es una advertencia geográfica. Para Moscú, Polonia funciona como extensión del apoyo occidental a Kiev. En esa intersección, cualquier dron perdido, misil desviado o sabotaje puede convertirse en crisis de la Alianza.
La profecía autocumplida
Moragón advierte de una dinámica especialmente peligrosa: Occidente se rearma para evitar una guerra con Rusia, pero ese rearme puede alimentar en Moscú la percepción de cerco. Rusia amenaza para disuadir a Europa, pero esas amenazas justifican más tropas, más misiles y más gasto militar. El resultado es una espiral.
La OTAN ha pedido a la industria acelerar la producción y convertir el aumento de gasto en capacidades reales. Airbus, Saab, Leonardo e Indra figuran entre los grandes nombres llamados a responder a esta nueva fase industrial.