Turismo 2026: visados digitales, coliving y ladrillo con datos

Thumbnail del programa Tech Talks by Skiller Academy sobre digitalización y turismo

El auge del traveltech, el coliving y la profesionalización del alquiler marcan el nuevo mapa de inversión en un sector donde España aspira a liderar tanto en tecnología como en activos turísticos físicos

Más de 600.000 visados tramitados, 2,2 millones de usuarios y operaciones en 77 países desde 2021.
Rentabilidades cercanas al 10% anual en apartamentos turísticos en Sevilla y retornos apalancados de hasta el 25% sobre el capital invertido.
Sobre estos dos ejes —código y ladrillo— gira la nueva ola de inversión turística que ya se está jugando en 2026.
De un lado, Byte Travel convierte la fricción regulatoria en negocio escalable sin deuda. Del otro, Hestia Inmuebles rescata edificios del casco histórico sevillano y los transforma en activos turísticos de alta ocupación y gestión profesionalizada.
La conclusión es incómoda para los modelos viejos: viajar, vivir y rentabilizar ya no son tres mundos separados, sino un mismo tablero en el que quien no se digitaliza se queda fuera del juego.

Un sector que se reinventa: del billete al dato

La pregunta que sobrevuela la conversación es directa: ¿dónde va a invertir el turismo en 2026? La respuesta, escuchando a Javier García (Byte Travel) y a José Aycart (Hestia Inversión Patrimonial), combina tres vectores claros: traveltech, coliving y profesionalización del alquiler.

La vieja economía del viaje se apoyaba en billetes, hoteles y ladrillo. La nueva se sostiene sobre datos, regulación y experiencia de usuario. Byte Travel no vende vuelos ni camas; vende la eliminación de la fricción: visados, conectividad, seguros, salas VIP, pagos y KYC. Hestia no se limita a “poner en valor” edificios; diseña, construye, explota y reporta activos turísticos con una precisión que baja a euro por noche y semana del año en cada calle del centro de Sevilla.

Ambos coinciden en que el turista ya no acepta medias tintas. Quiere un servicio de cinco estrellas —aunque duerma en un apartamento— y cero incertidumbre en los trámites para llegar. La consecuencia es clara: la ventaja competitiva ya no está en tener habitaciones, sino en operar mejor que el resto, con tecnología, procesos y personas alineadas con esa exigencia.

Visados sin fricción: la burocracia convertida en producto tech

Byte Travel nace de un problema muy concreto: gente que paga un crucero alrededor del mundo y no puede bajar del barco porque no tiene visado. De ahí parte la obsesión por resolver la fricción regulatoria con tecnología.

Lo que sobre el papel parece un formulario trivial es, en realidad, un laberinto: webs sin traducir, pasarelas de pago que fallan, tasas que se pierden, trámites que se tumban por un simple error en un campo. El coste emocional y económico de equivocarse en un visado es altísimo para el viajero y para el operador.

Byte Travel actúa como capa de abstracción: el usuario escribe en su idioma, sube documentos, paga en un entorno familiar y la plataforma se encarga de traducir, validar y presentar la solicitud en el formato exacto que exige cada país. El dato clave es demoledor: la tasa de rechazo de visados ronda el 0,03%, frente al riesgo elevado de error cuando el viajero se enfrenta solo a la web de Vietnam, Sri Lanka o Estados Unidos.

En la práctica, la compañía se ha convertido en un “back office regulatorio” global, operando ya en 77 países y en 15 idiomas, con apenas 63 personas gracias a una fuerte automatización de procesos. En un entorno de más controles migratorios, más visados tipo ETIAS y más burocracia, esa capacidad de reducir fricción se convierte en activo financiero, no solo en propuesta de valor al viajero.

Conectividad, seguros y salas VIP: el bundle que convierte tickets en margen

La genialidad del modelo de Byte Travel no está solo en el visado: está en entender que, una vez captado el viajero, se abre un abanico de necesidades de alto margen. “Ese viajero que va a Tanzania no solo necesita un visado”, recuerda Javier García. Necesita conectividad, seguros, soporte y comodidad.

La prueba de concepto fue una eSIM válida en 190 países. Se testó casi sin inversión: cada visado llevaba asociada, gratis, una tarjeta digital para medir cobertura y calidad país a país. Cuando el producto demostró funcionar, se le “metió gasolina”: en un año, se ha pasado de facturar unos 20.000 euros mensuales en eSIM a superar los 500.000 euros al mes, con crecimientos superiores al 30% mensual.

A ello se suman acuerdos con aseguradoras que sí permiten pólizas mundo-mundo —algo escaso en el mercado— y un producto que da acceso a más de 1.000 salas VIP en 135 países cuando hay retrasos o incidencias en vuelos. La lógica es simple: si ya sabes que esa persona va a viajar, puedes convertirte en su proveedor integral de servicios auxiliares.

Todo ello, además, sin un euro de deuda y con una rentabilidad media por euro invertido superior al 40% desde 2021. En un ecosistema startup acostumbrado a quemar caja, la combinación de traveltech, servicios recurrentes y disciplina financiera convierte a Byte Travel en activo raro… y, precisamente por eso, atractivo para el mercado.

Ladrillo turístico 3.0: Sevilla como laboratorio de rentabilidad

En el otro extremo aparente del espectro se sitúa Hestia Inversión Patrimonial. Pero la lógica subyacente es la misma: resolver fricción y profesionalizar un activo. Sevilla llevaba años con un problema evidente: mucha demanda turística, pocas camas y un casco histórico protegido que impedía grandes hoteles.

Hestia identifica edificios infrautilizados o en mal estado y los reconvierte en apartamentos turísticos y hoteles con licencia, sin expulsar vivienda residencial del mercado al separar claramente ambos usos. El resultado: más oferta de calidad, rehabilitación de patrimonio y atracción de inversión nacional e internacional hacia zonas degradadas.

Hoy gestionan más de 200 apartamentos y han construido unos 250. No trabajan a ciegas: su oficina está presidida por un mapa de calor de Sevilla que indica, calle por calle y tipología por tipología, ocupación y precio medio por noche en cada una de las 52 semanas del año. Saben con precisión dónde se puede aspirar a un 80% de ocupación media anual y en qué zonas agosto ha pasado de ser temporada baja a registrar más del 60% de ocupación, signo de que la ciudad ha roto la estacionalidad.

Para el inversor, el dato clave es la combinación de yields cercanos al 10% y capacidad de apalancamiento. Con proyectos desde 500.000 euros, el banco financia en torno a 350.000-400.000, de modo que un 10% de rentabilidad sobre el activo se traduce en retornos del 20%-25% sobre el capital propio. Un binomio que explica por qué el ladrillo turístico, bien gestionado, sigue siendo uno de los refugios preferidos del ahorro a largo plazo.

Regulación y reputación: de problema a ventaja competitiva

Durante años, los apartamentos turísticos arrastraron una reputación tóxica: “el del tercero B que no te deja dormir con maletas a todas horas”. El origen era claro: ausencia de regulación específica y mezcla de usos residenciales y turísticos en los mismos edificios.

La nueva normativa —que muchos ven como amenaza— es, para Hestia, una oportunidad estratégica. Al separar de forma tajante la vivienda de la explotación turística, se consigue blindar edificios enteros para uso económico, reducir conflictos vecinales y elevar el listón de calidad. “Todo esto va a conllevar una mejor reputación”, defiende Aycart, que ve en la regulación el camino para consolidar licencia social en la ciudad.

El reto, por tanto, no es evitar la norma, sino cumplirla mejor que nadie. Licencias impecables, cumplimiento urbanístico, sostenibilidad, reporte transparente a inversores y ayuntamientos… todo ello se convierte en variable financiera. Si mañana se endurece otro giro regulatorio, sobrevivirá el que tenga los papeles en regla y datos sólidos, no el que haya exprimido al máximo el corto plazo.

En paralelo, la profesionalización del alquiler turístico implica operación 24/7, planificación de capex, protocolos de mantenimiento, gestión de incidencias y un control riguroso del pricing. Lo que antes se improvisaba con un Excel y una cuenta de Airbnb, hoy exige sistemas de revenue management apoyados en IA y equipos especializados.

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Coliving y nómadas digitales: del viaje a vivir en tránsito

La frontera entre viajar y vivir se difumina. Cada vez más profesionales —“trabajadores del conocimiento”, como los define Javier García— pueden trabajar con un portátil desde Sevilla, Madrid, Sri Lanka o la India. Para España, esto es algo más que una curiosidad: es un mercado de alta renta media y alto gasto local.

Byte Travel lo ve en el perfil de clientes que ya no piden un visado para dos semanas, sino para meses de estancia, con necesidades de conectividad estable, seguros complejos y soporte continuo. Hestia lo ve en la demanda de coliving en ciudades como Madrid, donde acceder a un alquiler residencial se ha convertido en un casting interminable.

El modelo que plantea Hestia para la capital se parece más a un “hotel de larga estancia” en suelo terciario: edificios pensados para estancias de uno a doce meses, con servicios integrados (limpieza, internet, zonas comunes) y sin la rigidez de un contrato de 5 años. El nómada digital no busca “echar raíces”, busca funcionalidad, comunidad y garantía de servicio.

En Sevilla, el mismo concepto se traduce en apartamentos con wifi garantizado, ergonomía, aislamiento acústico, terrazas con pérgolas bioclimáticas, piscinas climatizadas con aerotermia y zonas comunes cuidadas. El mensaje es inequívoco: el turista de alpargata seguirá existiendo, pero el crecimiento rentable está en el viajero que vive temporalmente y gasta mucho más que en un fin de semana low cost.

IA real, no humo: dónde la tecnología sí impacta la caja

Tanto Byte Travel como Hestia coinciden en algo poco habitual en un discurso plagado de buzzwords: la tecnología solo vale si mejora caja en 90 días. En Byte Travel, la IA y la automatización permiten operar visados en 77 países, en 15 idiomas, con una plantilla contenida, reduciendo errores y acelerando tiempos. Si la tasa de rechazo es del 0,03%, no es casualidad: hay un sistema aprendiendo de cada incidencia.

En Hestia, la IA se aplica al pricing dinámico y al seguimiento del mercado. Una herramienta sugiere rangos de precios y alerta de movimientos de demanda; una persona toma la decisión final. Esa combinación —algoritmo más criterio— es la que permite exprimir la ocupación sin deteriorar reputación ni servicio.

La domótica, el control de accesos digitales y la automatización de check-in permiten que muchos edificios funcionen sin recepción física, aumentando privacidad del huésped y reduciendo costes fijos, mientras se refuerza la atención humana allí donde realmente aporta valor: soporte, resolución de incidencias, personalización.

“La tecnología no viene a destruir empleo, viene a sacar de la ecuación lo que no era productivo”, resume Javier García. El ahorro en tareas repetitivas se reinvierte en mejor servicio humano, justo la parte más difícil de copiar. Y ahí se construye la ventaja competitiva: en servicios que no son replicables con un simple copiar/pegar de código.

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Ladrillo o código: dos inversiones que convergen en el mismo viajero

La falsa dicotomía entre ladrillo y tecnología se deshace en cuanto se escucha a ambos invitados. Son inversiones distintas, con riesgos y métricas propias, pero convergen en el mismo cliente final. El viajero que saca un visado en Byte Travel puede acabar durmiendo en un edificio gestionado por Hestia; el nómada digital que reserva un coliving en Madrid necesitará una eSIM, un seguro global y una solución de pagos amigable.

La inversión inmobiliaria ofrece apalancamiento, capacidad de ahorro forzoso y un activo tangible que puede servir de garantía en momentos difíciles. Pero exige profesionalización: acertar con la ciudad, la calle, el producto, la licencia y el operador. La inversión en tecnología promete escalabilidad, márgenes altos y liquidez si la compañía cotiza, pero obliga a entender muy bien el modelo de negocio, la estructura de costes y la calidad del equipo gestor.

Byte Travel ha demostrado que una startup traveltech española puede salir a bolsa, multiplicar por más de cinco su valoración en seis meses, operar sin deuda y reinvertir cada euro con retornos superiores al 40%. Hestia ha probado que un operador local puede ofrecer a particulares yields de doble dígito en activos turísticos regulados, llave en mano, sin que el inversor tenga que dedicar una sola hora a la gestión.

La verdadera “mezcla perfecta” no está en elegir entre ladrillo o código, sino en entender que el turismo de 2026 se jugará en la intersección de ambos: edificios bien ubicados, operados con datos y conectados a ecosistemas digitales que acompañan al viajero desde que tramita su visado hasta que apaga la luz de su apartamento.