Vanadi se marca 10.000 Bitcoin y Bit2me nos comenta sobre OTC

Una cotizada de BME Growth ya acumula 213 BTC (14,5 millones) y empuja a las empresas a replantear su caja con MiCA, custodia institucional y deuda tokenizada.

Una empresa española cotizada ya guarda 213 Bitcoin en su balance y no se esconde: lo publica, lo audita y lo defiende ante la CNMV.
Vanadi, nacida como red de cafeterías, ha virado hacia un modelo de “tesorería en Bitcoin” con un objetivo declarado de 10.000 BTC.
El movimiento, que en EEUU se da por descontado, aquí obliga a abrir camino regulatorio, contable y cultural. En el centro del debate: volatilidad, apalancamiento y custodia.
Y una pregunta incómoda para el CFO tradicional: ¿tiene sentido mantener el 100% de la liquidez en moneda fiat cuando su poder de compra se erosiona año tras año?

Hablamos también del Madbitcoin que se celebra en Madrid desde el lunes 11 de Mayo,.

Bitcoin como capital, no como apuesta

El primer choque es semántico. Para los defensores del modelo, Bitcoin no es “una inversión exótica”, sino capital. Esaú Rojo, representante de Vanadi, lo resume con una tesis que ya se ha convertido en doctrina corporativa: la cuestión no es si el activo es volátil —lo es—, sino si es suficientemente sólido para preservar valor a largo plazo. Su argumentario pivota sobre tres rasgos: escasez (21 millones), liquidez global y resistencia a la devaluación propia del dinero fiat.
Sin embargo, lo más grave no es el discurso, sino su traducción operativa: cuando una compañía mete Bitcoin en caja, cambia la conversación con auditores, bancos y reguladores. La tesorería deja de ser un “colchón” y se convierte en una estrategia de balance con consecuencias en financiación, reporting y riesgos.

Una cotizada con 213 BTC y un objetivo de 10.000

Vanadi juega con una ventaja y un peaje. La ventaja: ser cotizada en BME Growth, lo que le abre mercado de capitales y financiación. El peaje: compliance, costes de estructura, transparencia extrema y obligación de comunicar cada movimiento relevante. En ese marco, Rojo presume de números: 213 BTC, equivalentes a unos 14,5 millones de euros “a precio actual”, y una meta simbólica —pero política— de 10.000 Bitcoin.
El contraste con otras empresas españolas resulta demoledor: aquí la adopción sigue siendo marginal, mientras que en EEUU, según relatan, existe incluso nómina pagada en Bitcoin. La consecuencia es clara: España no compite solo en innovación tecnológica, también en arquitectura financiera. Y la tesorería, hasta ahora, era el rincón más conservador del organigrama.

MiCA y el salto del ‘amateur’ al institucional

Javier Pastor, desde Bit2Me, introduce el factor que permite a una empresa dar el paso sin quedar fuera de juego: MiCA y el nuevo marco europeo para proveedores y usuarios corporativos. Su tesis es que la regulación ha actuado como punto de inflexión: reglas claras para proveedores de servicios (CASP), bancos, fondos y empresas, reduciendo el “riesgo reputacional” que frenaba decisiones de consejo.
En paralelo, el ecosistema se ensancha: Bit2Me afirma trabajar con más de 2.500 empresas con cuenta en su plataforma. Lo relevante no es el número en sí, sino lo que implica: el Bitcoin deja de ser un activo de nicho para convertirse en una capa financiera que se integra con tesorería, contabilidad y flujos de caja, incluso mediante operativa OTC para grandes paquetes sin tensionar el mercado.

OTC sin humo: liquidez grande, trazabilidad grande

La palabra OTC suele arrastrar sospecha. Pastor la desmonta: “over the counter” no es un invento cripto, es un servicio clásico para ejecutar compras grandes sin mover el precio en un libro de órdenes. En Bitcoin, la lógica es idéntica: estructurar liquidez, buscar contrapartidas y optimizar el spread.
Aquí aparece el elemento que el inversor institucional exige: trazabilidad y auditoría. Una empresa que opera con emisores cotizados o instituciones no puede permitirse opacidad. De hecho, Vanadi insiste en que su valor diferencial no es solo comprar Bitcoin, sino hacerlo dentro de un marco supervisado, con reporting público y controles que sobreviven a las personas: “da igual quién esté, el Bitcoin tiene que estar”.

“Más Bitcoin por acción”: la ingeniería que atrae capital

La propuesta de Vanadi para el inversor no es replicar el precio del activo, sino amplificar exposición. Rojo lo expresa con una métrica: más Bitcoin por acción. ¿Cómo? Con instrumentos de financiación. Menciona bonos convertibles por hasta 1.000 millones de euros y la exploración de deuda que permita comprar más BTC sin diluir al accionista.
“El objetivo es financiarse sin diluir, repagar en el tiempo y aumentar Bitcoin por acción para capturar una revalorización futura”, sintetiza. La clave es que esta ingeniería no es gratis: introduce riesgo de estructura, calendario de pagos y sensibilidad al mercado. Y, sobre todo, obliga a vigilar el apalancamiento como si fuese oxígeno.

Volatilidad y LTV: el riesgo real es el apalancamiento

Cuando Bitcoin cae un 50%, el titular es fácil. El riesgo verdadero es técnico: préstamos colateralizados, márgenes y LTV. Rojo asume que el mayor peligro de una tesorería bitcoinizada es quedarse sin recursos cuando el precio baja y el mercado exige garantías adicionales. Por eso defiende una “política de apalancamiento responsable”, límites internos y liquidez paralela para no vender en el peor momento.
El diagnóstico es inequívoco: no es un modelo para improvisar. Quien lo adopte debe tener gobernanza clara, límites de riesgo y capacidad de resistir ciclos. De lo contrario, la tesorería se convierte en una palanca que multiplica beneficios… o precipita una liquidación.

De cafeterías a DLT: deuda tokenizada y choque contable

El giro estratégico de Vanadi nace de una decisión de supervivencia: el modelo original —cafeterías— complicaba el camino al break-even. El consejo buscó alternativas y miró fuera: MicroStrategy y otros casos internacionales. El resultado fue una reconversión de 4-5 meses para adaptar junta de accionistas, comunicación al mercado y funcionamiento interno.
Ahora la siguiente pantalla es aún más ambiciosa: deuda tokenizada bajo el régimen piloto DLT europeo. No es un “bono cripto”, sino un bono corporativo con negociación y trazabilidad en blockchain, con el reclamo de “transparencia” como bandera. El reto, sin embargo, será contable y de auditoría: en España aún se está aprendiendo a auditar una tesorería de activos digitales sin fricciones.