Apple prepara un ‘pin’ de IA y 20 millones de unidades en 2027
La compañía que convirtió al smartphone en el dispositivo central de la vida digital se prepara para dar el siguiente salto. Apple trabaja en un wearable de inteligencia artificial en forma de ‘pin’, con cámaras, micrófonos y altavoz integrado, y contempla fabricar unos 20 millones de unidades en su lanzamiento, según filtraciones recientes de medios estadounidenses. El proyecto, todavía embrionario y susceptible de ser cancelado, se combina con otro dispositivo de hogar con pantalla y base robótica, y con la reconversión de Siri en un chatbot de IA integrado en iPhone, iPad y Mac. La ambición es evidente: dejar de ir a remolque de OpenAI, Google o Meta y volver a marcar la agenda de la electrónica de consumo en plena fiebre por la IA. La cuestión es si el mercado está preparado… o si puede repetirse el fiasco del Humane AI Pin.
El giro de Apple hacia los dispositivos de IA
Apple llega tarde a la carrera pública por la inteligencia artificial generativa. Mientras Microsoft y Google encadenaban lanzamientos, la compañía de Cupertino debutó en 2024 con “Apple Intelligence”, un paquete de funciones que recibió una acogida más bien tibia entre analistas e inversores. La respuesta interna ha sido un replanteamiento profundo: menos demos de software incremental y más hardware específicamente diseñado para convivir con modelos de IA en tiempo real.
Según Bloomberg, el plan incluye desde una Siri “casi humana” hasta robots domésticos y nuevos dispositivos para el hogar, en lo que el propio entorno de Apple describe como una “segunda oportunidad” para liderar la ola de la IA. Al mismo tiempo, la compañía ha firmado un acuerdo con Google para utilizar modelos Gemini como motor de la próxima Siri, un gesto poco habitual en una empresa que siempre ha presumido de autosuficiencia tecnológica.
Este viraje revela algo más profundo: el iPhone ya no basta. Con un mercado de smartphones maduro y ciclos de renovación más largos, Apple necesita encontrar nuevos dispositivos sobre los que proyectar su ecosistema de servicios, desde iCloud hasta Apple Music o TV+. La IA –y los aparatos capaces de invocarla de forma discreta y constante– se ha convertido en la apuesta de futuro.
Un ‘pin’ con cámaras, micrófonos y ambición masiva
El nuevo proyecto estrella es un ‘pin’ de IA del tamaño de un AirTag, de forma circular y acabado en aluminio y cristal, que se sujeta a la ropa y prescinde de pantalla. De acuerdo con The Information y otras filtraciones, integra dos cámaras (una estándar y otra gran angular), varios micrófonos, un pequeño altavoz, botón físico y carga inalámbrica, y está pensado como interfaz permanente con un asistente inteligente capaz de ver y escuchar el entorno.
Lo más llamativo no es el diseño, sino la escala de la apuesta: Apple estudia producir en torno a 20 millones de unidades para el lanzamiento, previsto –si todo va bien– para 2027. Es una cifra digna de un producto ya maduro, no de una categoría aún por probar, y sugiere que la compañía ve en estos pins una pieza central de su próxima década, al mismo nivel que el Apple Watch o los AirPods.
Sin embargo, el propio Apple admite internamente que el proyecto está en una fase muy temprana y podría cancelarse. El diseño definitivo, la interfaz de usuario y la forma de integrarlo con el resto del ecosistema –desde Apple Intelligence hasta la futura Siri– siguen abiertos. La consecuencia es clara: Apple juega en un terreno nuevo, con una apuesta de volumen muy elevada y un margen de error mínimo.
El precedente incómodo: el fiasco del Humane AI Pin
La gran sombra que planea sobre el proyecto de Apple tiene nombre propio: Humane AI Pin. El dispositivo, lanzado en 2024 como alternativa “sin pantalla” al smartphone, prometía una vida asistida por IA siempre disponible… y acabó convertido en uno de los mayores fracasos recientes de la electrónica de consumo.
El AI Pin de Humane se vendía por unos 699 dólares, requería suscripción mensual y fue criticado por su pobre rendimiento, limitaciones técnicas y una experiencia que muchos analistas definieron como “inútil” frente a un móvil básico. Las devoluciones llegaron a superar las ventas y, en febrero de 2025, la empresa cerró el servicio y vendió la mayor parte de sus activos a HP por 116 millones de dólares, pese a haber levantado alrededor de 230 millones en financiación y aspirar a una venta cercana a los 1.000 millones.
El diagnóstico es inequívoco: el mercado aún no ha demostrado que exista demanda masiva para un broche sin pantalla controlado por voz y cámara. Apple cree que su marca, su integración con iOS y su músculo de diseño pueden cambiar esa percepción, pero el precedente obliga a la prudencia. Un nuevo tropiezo de un “pin de IA” –esta vez firmado por Apple– reforzaría la idea de que esta categoría es, simplemente, una mala respuesta a un problema que nadie tiene.
OpenAI, Jony Ive y la carrera por el hardware inteligente
En paralelo, el movimiento de Apple no se entiende sin mirar a OpenAI. La compañía de Sam Altman no solo domina el relato del software de IA: también trabaja en su primer dispositivo físico, diseñado junto al histórico exjefe de diseño de Apple, Jony Ive, tras la integración de la startup de hardware io Products en 2025.
Filtraciones recientes apuntan a un wearable tipo auricular de nombre en clave “Sweetpea”, colocado tras la oreja, con batería ampliada y sensores avanzados para ofrecer un asistente siempre encendido. El objetivo declarado por Altman e Ive es crear un dispositivo que haga que la IA “desaparezca” en el fondo de la vida diaria, sin obligar al usuario a sacar el móvil o sentarse frente a un ordenador.
Para Apple, el riesgo es evidente: si el dispositivo de OpenAI se convierte en la puerta de entrada principal a los modelos de IA, el iPhone corre el peligro de degradarse a mero “terminal tonto” subordinado a un asistente ajeno. Este hecho revela por qué la compañía está dispuesta a acelerar un tipo de producto que históricamente habría pulido durante años antes siquiera de filtrarlo. Quien controle el dispositivo desde el que se invoca la IA controlará, en buena medida, la relación con el usuario y los futuros flujos de ingresos.
El hogar como próximo campo de batalla
El ‘pin’ no llega solo. Apple trabaja también en un dispositivo para el hogar con pantalla pequeña, altavoces y una base robótica capaz de girar para seguir al usuario, con fuerte protagonismo de funciones de IA. Según filtraciones recogidas por MacRumors y Bloomberg, este producto podría presentarse tan pronto como esta primavera, como un híbrido entre altavoz inteligente, centro de control del hogar y asistente personal.
El movimiento coloca a Apple en competencia directa con los Echo Show de Amazon, las pantallas Nest de Google y los esfuerzos de Meta por entrar en el salón con dispositivos sociales y de telepresencia. Pero la compañía quiere ir más allá: en su hoja de ruta figuran robots de sobremesa más avanzados, capaces de moverse y quizá interactuar físicamente con el entorno, en la segunda mitad de la década.
Si el ‘pin’ representa la IA que llevamos puesta, el nuevo dispositivo para el hogar sería la IA que nos observa desde la mesa del salón. En términos de negocio, ambos encajan en la misma lógica: multiplicar los puntos de contacto entre el usuario y los servicios de Apple, y generar nuevos tipos de suscripciones ligadas a capacidades de IA premium.
Siri se convierte en chatbot: la otra pieza del plan
Nada de esto tendría sentido sin una Siri completamente rediseñada. Según Bloomberg y Reuters, Apple prepara para este año una versión interna del asistente –con nombre en clave Campos– que funcionará como un chatbot de IA de propósito general, integrado de forma profunda en iOS, iPadOS y macOS y sustituyendo a la interfaz actual de Siri.
El nuevo Siri permitirá interacción por voz y texto, y se presentará previsiblemente en la WWDC de junio, con lanzamiento en otoño junto a iOS 27 y sus equivalentes en iPad y Mac. La compañía ya prueba internamente el sistema como una app independiente, similar a ChatGPT o Gemini, pero su objetivo es que el usuario lo perciba como parte íntima del sistema operativo.
Lo más llamativo para el ecosistema tecnológico es que Campos se apoyará en una versión personalizada de los modelos Gemini de Google, en lo que supone un giro histórico para Apple y un espaldarazo para su competidor. En la práctica, el ‘pin’ de IA, el nuevo dispositivo de hogar y el resto de productos de la compañía se convertirán en distintas formas de acceder al mismo cerebro conversacional. El hardware será, de nuevo, la carcasa de un servicio.
Un mercado en ebullición y cifras que lo explican
Detrás de estos movimientos hay un mercado que crece con fuerza. Los informes más recientes sitúan el mercado global de tecnología wearable en torno a 84.000–90.000 millones de dólares en 2024, con previsiones que lo llevan a más de 175.000 millones en 2030, impulsado por la salud conectada, el deporte y los relojes inteligentes.
Dentro de ese universo, el segmento específico de wearables con funciones avanzadas de IA –capaces de procesar contexto, imagen y voz– se estima en unos 25.000 millones en 2024, con un crecimiento previsto de más del 26 % anual hasta 2031, lo que lo llevaría por encima de los 160.000 millones de dólares en apenas siete años. La lógica de Apple es clara: incluso capturar una fracción de ese negocio puede compensar la ralentización del mercado de smartphones.
Los datos de unidades apuntan en la misma dirección. El analista IDC calcula que en el segundo trimestre de 2025 se enviaron 136,5 millones de wearables (relojes, pulseras, auriculares, etc.), un 9,6 % más que un año antes, con Apple como uno de los principales actores del segmento de relojes y auriculares. El contraste con la tímida adopción de gadgets como el Humane AI Pin o las primeras gafas inteligentes demuestra que el usuario sí acepta llevar tecnología encima… siempre que aporte utilidad clara y una experiencia pulida.
En este contexto, un ‘pin’ de IA bien diseñado podría convertirse en el siguiente escalón tras el reloj: una capa de interfaz casi invisible, siempre escuchando y mirando, que delega parte del procesamiento en la nube y parte en el propio dispositivo.
Riesgos, privacidad y qué puede pasar ahora
La gran incógnita no es solo tecnológica, sino social y regulatoria. Un broche con cámaras siempre listas y micrófonos apuntando al entorno choca de frente con la sensibilidad de muchos usuarios –y legisladores– en materia de privacidad. La experiencia de las Google Glass, rechazadas hace una década en parte por esa misma inquietud, sigue muy presente. Y la futura aplicación del Reglamento europeo de IA y de las normas de protección de datos en dispositivos siempre encendidos podría añadir costes y restricciones significativas para Apple en mercados como la UE.
Por otro lado, queda por resolver el modelo de negocio. La compañía podría optar por un precio de hardware relativamente ajustado –sobre todo si aspira a vender 20 millones de unidades– y compensarlo con nuevas capas de suscripción a servicios de IA avanzados, integrados en Apple One o en planes específicos. Alternativamente, podría posicionar el ‘pin’ como complemento premium para los usuarios más fieles del ecosistema, al estilo del Apple Watch en sus primeras generaciones.
El contraste con el fracaso de Humane es demoledor: allí se combinó hardware caro, servicio inmaduro y ausencia de ecosistema. Apple, en cambio, llega con una base de más de mil millones de dispositivos activos y un sistema de servicios consolidado. La pregunta es si esa ventaja estructural será suficiente para convencer al usuario de que necesita otro aparato más en su vida… y, sobre todo, si la promesa de una IA ubicua compensa el coste de llevar una cámara de Apple permanentemente prendida a la solapa.
En cualquier caso, el movimiento tiene una lectura clara: la próxima batalla de la IA no se librará solo en los centros de datos, sino en los pequeños objetos que llevamos encima y en los que colocamos en el salón de casa. Y Apple ha decidido que no quiere contemplarla desde la barrera.