Gerardo Ortega

Ortega avisa a Dow Jones: ¿Se pincha la IA? y la verdad tras la caída de las tecnológicas y SpaceX

Ortega avisa a Dow Jones: ¿Se pincha la IA? y la verdad tras la caída de las tecnológicas y SpaceX
Gerardo Ortega analiza el aparente frenazo en el auge de la inteligencia artificial y semiconductores tras el desplome bursátil de SpaceX y firmas de microchips. Además, examina la resistencia del IBEX 35 en contraste con otros índices europeos y plantea si se trata de una corrección temporal o un cambio estructural prolongado en los mercados tecnológicos.

La euforia bursátil ligada a la inteligencia artificial ha entrado en una fase de examen severo. SpaceX cayó un 16,43% en una sola sesión, hasta 154,60 dólares, después de haber tocado máximos de 225,64 dólares tras su salida a bolsa. El ajuste borró cerca de 400.000 millones de dólares de capitalización y coincidió con ventas en valores tecnológicos, fabricantes de chips y compañías vinculadas a infraestructura de IA. Sin embargo, el movimiento no implica necesariamente el final del ciclo. El dato relevante es otro: el mercado empieza a distinguir entre crecimiento estructural, valoración excesiva y liquidez especulativa.

La caída de SpaceX no puede leerse como un episodio aislado. La compañía salió a bolsa el 12 de junio de 2026 bajo el ticker SPCX, con una operación que el mercado recibió como símbolo de una nueva fase tecnológica: espacio privado, satélites, inteligencia artificial y computación a gran escala dentro de una misma narrativa.

El problema aparece cuando el precio descuenta demasiadas expectativas al mismo tiempo. La empresa mantiene más de 100.800 millones de dólares en efectivo y equivalentes, pero también ha lanzado una emisión de bonos de más de 20.000 millones para atender financiación y proyectos corporativos. Este hecho no cuestiona por sí solo su solvencia, pero introduce una señal clara: incluso las compañías más admiradas necesitan capital masivo para sostener sus planes de expansión.

Valoraciones bajo presión

El mercado tecnológico venía de varios meses de subidas intensas. Esa dinámica elevó las valoraciones de empresas relacionadas con IA, centros de datos, memoria avanzada, servidores y energía computacional. En ese contexto, cualquier duda sobre márgenes, deuda o retorno de inversión provoca ventas rápidas.

Lo más relevante es la velocidad del ajuste. SpaceX perdió en una jornada una cifra equivalente a varias grandes cotizadas europeas juntas. El movimiento refleja un cambio en el apetito por el riesgo: los inversores ya no compran únicamente exposición a IA, sino que exigen visibilidad sobre beneficios, caja y capacidad de ejecución. La narrativa sigue viva, pero el precio empieza a importar de nuevo.

Semiconductores en el centro

Micron representa bien esa tensión. La compañía ha sido una de las grandes beneficiadas por la demanda de memoria para inteligencia artificial. Sus acciones llegaron a subir más de un 6% en una sesión reciente, impulsadas por expectativas de resultados y por la escasez global de componentes de memoria. Las previsiones recogidas por Visible Alpha apuntaban a ingresos trimestrales de 36.150 millones de dólares y un beneficio ajustado por acción de 20,95 dólares, cifras muy superiores a las del año anterior.

Ese crecimiento explica el entusiasmo. Pero también eleva el listón. En los semiconductores, el ciclo siempre ha sido exigente: exceso de demanda, ampliación de capacidad, ajuste de precios y corrección posterior. La IA puede alargar el ciclo, pero no elimina la disciplina de costes.

Supermicro y el riesgo de ejecución

Super Micro Computer ocupa otro lugar delicado dentro del ecosistema. La empresa está vinculada a servidores de alto rendimiento y refrigeración para centros de datos, piezas esenciales para desplegar IA generativa a escala. Su atractivo procede de ahí: no vende una promesa abstracta, sino infraestructura física.

Sin embargo, el mercado también penaliza sus riesgos. SMCI cotiza con una capitalización aproximada de 24.545 millones de dólares, un PER cercano a 17 veces y una cotización de 35,46 dólares, según datos recientes de mercado. La lectura es doble. Hay negocio real, pero también presión sobre márgenes, dependencia de grandes proveedores de chips y necesidad constante de capital para crecer. El auge de la IA exige fábricas, inventario, energía y balance.

El Ibex resiste por la banca

El contraste europeo resulta llamativo. Mientras el Euro Stoxx 50 llegó a caer alrededor de un 1,5% en la sesión de tensión tecnológica, el Ibex 35 cedió cerca de un 0,7% tras marcar máximos. La menor exposición directa a grandes tecnológicas explica parte de esa resistencia.

Pero el factor decisivo es la banca. El selectivo español acumula en 2026 una subida próxima al 12%, frente al 9% del Euro Stoxx, y los bancos han actuado como soporte estructural. Santander, CaixaBank, BBVA, Bankinter, Unicaja y Sabadell ganaron 10.815 millones hasta marzo, un 27,42% más que un año antes. Esa concentración ofrece estabilidad cuando la tecnología corrige, aunque también eleva la dependencia del índice respecto al ciclo financiero.

Corrección, no colapso

El diagnóstico más consistente no apunta a un final abrupto del boom, sino a una depuración. La inteligencia artificial sigue demandando chips, servidores, memoria, redes, energía y capital. Lo que cambia es la tolerancia del mercado a pagar cualquier precio por esa exposición.

Las compañías con ingresos visibles, balances sólidos y capacidad de ejecución conservarán prima. Las que dependan de relatos demasiado amplios sufrirán mayor volatilidad. En esa transición, SpaceX funciona como señal, Micron como termómetro de demanda y Supermicro como prueba de ejecución industrial. El boom no desaparece; entra en una fase donde los números pesan más que la promesa.