Cognizant y Google Cloud llevan la IA agéntica a miles de empresas

Google Cloud, EPA/HANNIBAL HANSCHKE

La consultora desplegará Gemini en su propia organización y promete modelos “listos para ejecutar” para convertir la inversión en inteligencia artificial en resultados de negocio medibles

 

La carrera por convertir la inteligencia artificial en negocio real ha entrado en una nueva fase. Cognizant Technology Solutions ha anunciado una ampliación de su alianza estratégica con Google Cloud para operacionalizar sistemas de IA agéntica a escala empresarial, pasando de la mera elección de plataforma a modelos operativos listos para ejecutar. La compañía desplegará internamente Google Workspace junto a Gemini Enterprise y lanzará una oferta de productividad para clientes orientada a automatizar flujos como la creación de contenidos y las comunicaciones con proveedores. Al mismo tiempo, levantará un Centro de Excelencia Gemini Enterprise y reforzará capacidades de entrega específicas para este tipo de proyectos.

El movimiento llega en un momento en que el gasto global en IA se proyecta en 2,52 billones de dólares en 2026, un 44% más que un año antes, y cuando las empresas empiezan a exigir menos promesas y más retornos tangibles de sus inversiones. En otras palabras, la etapa del entusiasmo tecnológico empieza a dar paso a una fase mucho más exigente: demostrar retorno real sobre el capital invertido.

De los ‘powerpoints’ a la ejecución de la IA

La frase escogida por Cognizant para describir la nueva etapa de su alianza es reveladora: pasar de “seleccionar plataformas” a “modelos operativos listos para ejecutar”. Durante los últimos dos años, buena parte de los proyectos de inteligencia artificial generativa en grandes corporaciones se ha quedado en pilotos, demos y presentaciones internas. El anuncio con Google Cloud apunta justamente al cuello de botella: procesos, gobierno y despliegue.

Cognizant combinará tres planos que rara vez han ido alineados: uso interno masivo de Gemini Enterprise y Workspace, una oferta comercial paquetizada para clientes y una estructura de entrega industrializada —Centro de Excelencia y ciclo de vida específico para agentes, el llamado Agent Development Lifecycle—.

Este enfoque responde a una presión muy concreta. Firmas de análisis como Gartner estiman que el gasto global en IA rozará 1,5 billones de dólares en 2025 y superará los 2 billones en 2026, pero una parte significativa sigue sin traducirse en mejoras claras de productividad o ingresos. La consecuencia es clara: la próxima ola de contratos no se ganará con más pilotos, sino con capacidad probada para llevar la IA al tejido del back-office y el front-office.

Qué significa realmente “IA agéntica”

El comunicado habla de “agentic AI”, o IA agéntica, un término que se ha convertido en la nueva palabra fetiche del sector. Detrás del concepto hay algo más que marketing. A diferencia de los asistentes conversacionales clásicos, la IA agéntica se refiere a sistemas capaces de orquestar tareas complejas, interactuar con múltiples aplicaciones y tomar decisiones condicionadas por reglas de negocio, sin supervisión constante.

Gemini Enterprise, la plataforma corporativa de Google, está diseñada precisamente para ello: permite crear y ejecutar agentes que consultan datos internos, acceden a sistemas como CRM, ERP o herramientas de colaboración y disparan acciones automatizadas. No se trata solo de generar texto o código, sino de cerrar el ciclo: leer, razonar, decidir y actuar.

La apuesta de Cognizant es posicionarse no solo como integrador de esta tecnología, sino como constructor y operador de sistemas de IA agéntica, con metodologías propias, propiedad intelectual específica y equipos especializados en sectores regulados. Esto es crucial en entornos como banca, salud o administraciones públicas, donde el riesgo de error, sesgo o fuga de datos hace inviable un despliegue improvisado. En un contexto de creciente escrutinio regulatorio, la gobernanza tecnológica empieza a ser tan determinante como la potencia del modelo.

Un gigante de más de 21.000 millones en plena reconversión

El movimiento debe leerse también a la luz de las finanzas de la consultora. Cognizant cerró 2024 con 19.700 millones de dólares de ingresos, un crecimiento de apenas el 2% frente a 2023. Según datos más recientes de mercado, su facturación habría superado ya los 21.000 millones en 2025, con un avance cercano al 7%, señal de que la compañía está logrando reactivar su crecimiento tras varios ejercicios de presión competitiva.

La dirección ha dejado claro en sus informes anuales que la prioridad es convertirse en un proveedor de hiperproductividad basada en plataformas de IA y automatización. En ese contexto, la alianza con Google Cloud funciona como palanca comercial y tecnológica a la vez: permite aferrarse a uno de los grandes hiperescaladores del momento, pero también diferenciarse de otros integradores que se limitan a revender licencias.

Para el mercado, el desafío no es solo volver a crecer, sino hacerlo con márgenes sostenibles en un entorno donde los clientes exigen eficiencia y resultados tangibles. El contraste con rivales como Capgemini o Accenture resulta elocuente. Capgemini ha revelado que la IA generativa y agéntica ya supone más del 10% de sus contratos firmados en el último trimestre, frente al 5% de principios de año, y que ha ganado un contrato de 600 millones de euros en operaciones inteligentes apoyadas en agentes de IA. El diagnóstico es inequívoco: quien no se reposicione rápido como especialista en IA corre el riesgo de quedar relegado a tareas de menor margen.

Productividad interna como laboratorio comercial

Un elemento llamativo del acuerdo es la decisión de Cognizant de adoptar masivamente Google Workspace y Gemini Enterprise dentro de su propia organización antes de vender la solución a terceros. El objetivo oficial es mejorar la productividad, la experiencia de los empleados y la velocidad de entrega. Pero, en la práctica, se trata de algo más: convertir la casa matriz en un laboratorio viviente de casos de uso.

El plan incluye desde asistentes para redacción de documentación técnica hasta copilotos para equipos de ventas, pasando por automatización de informes, análisis de grandes volúmenes de datos y soporte a la programación mediante agentes especializados.

En paralelo, el nuevo Centro de Excelencia Gemini Enterprise y el Agent Development Lifecycle pretenden estandarizar cómo se diseñan, prueban y despliegan estos agentes de IA. Se busca reducir el riesgo de proyectos aislados difíciles de mantener y sustituirlo por plantillas, bibliotecas de casos de uso y modelos de gobierno replicables entre clientes y sectores. El objetivo es pasar de la experimentación dispersa a sistemas gobernados, con impacto de negocio medible.

Casos de uso: de las compras al ‘contact center’ inteligente

El primer paquete de soluciones que Cognizant llevará al mercado con Google Cloud se centra en flujos de trabajo de productividad: creación colaborativa de contenidos, comunicaciones con proveedores, atención al cliente y gestión de pedidos, entre otros.

En compras, por ejemplo, un agente de IA puede leer contratos, cruzar precios y plazos con órdenes anteriores, elaborar un resumen de riesgos y proponer borradores de respuesta a proveedores, todo integrado en Gmail, Docs o herramientas de gestión. En un contact center, la IA agéntica puede escuchar llamadas, sugerir respuestas en tiempo real, actualizar sistemas internos y abrir incidencias sin intervención manual.

La tendencia encaja con la evolución del mercado. Un análisis reciente de inversión corporativa en IA generativa estima que las empresas gastaron 37.000 millones de dólares en 2025, frente a 11.500 millones un año antes. Lo más relevante es que la mayor parte del dinero ya va a la capa de aplicaciones y casos de uso, no a la infraestructura básica. La apuesta de Cognizant y Google se posiciona precisamente en ese tramo de mayor impacto directo en productividad.

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Miles de millones en IA, pero ROI aún bajo escrutinio

El movimiento se produce en medio de una ola de inversión sin precedentes. Los grandes proveedores de nube y plataformas de IA se encaminan a gastar alrededor de 610.000 millones de dólares en centros de datos y capacidades de IA, casi el triple que hace dos años. En paralelo, los analistas esperan que el gasto global en inteligencia artificial alcance los 2,52 billones de dólares en 2026, impulsado en buena parte por proyectos empresariales.

Sin embargo, una proporción relevante de estos presupuestos sigue atrapada en lo que algunos ejecutivos describen como “IA de escaparate”: proyectos vistosos, comunicados ambiciosos y pocas métricas sólidas de retorno. Si la fase actual no consigue traducirse en mejoras medibles de productividad, el ciclo de inversión podría enfrentarse a un ajuste más selectivo en 2026.

La propuesta de Cognizant, al insistir en gobierno, ciclo de vida del agente y uso interno intensivo, reconoce implícitamente ese problema. La carrera ya no es por quién tiene el modelo más potente, sino por quién consigue convertirlo en eficiencia operativa medible. Y en esa fase, la ejecución importa más que el entusiasmo.

Qué implica para las empresas en España y Europa

Aunque el anuncio se produce en Estados Unidos, su impacto potencial alcanza de lleno a clientes en España y el resto de Europa. La combinación de Gemini Enterprise con capacidades de integración profundas podría acelerar la adopción de IA avanzada en sectores donde la regulación europea exige un nivel de control superior.

Para las compañías españolas que ya trabajan con Google Cloud o planean hacerlo, contar con un integrador que haya probado internamente los mismos agentes que propone al cliente puede ser una ventaja competitiva. Pero el movimiento también reabre debates sensibles: dependencia de hiperescaladores estadounidenses, localización de datos, cumplimiento con esquemas de nube soberana y alineamiento con los requisitos del Reglamento de IA de la UE.

En un entorno regulatorio más estricto que el estadounidense, la capacidad de demostrar trazabilidad, gobierno y control será tan determinante como la potencia tecnológica. La nueva etapa de la inteligencia artificial corporativa no se decidirá solo en los centros de datos, sino en la capacidad de convertir inversión masiva en resultados sostenibles dentro de marcos regulatorios cada vez más exigentes.