CoreWeave se hunde un 19% tras disparar sus pérdidas
Las cuentas de CoreWeave han encendido todas las alarmas en el mercado. La compañía, uno de los nombres más asociados al boom de la infraestructura para inteligencia artificial, cerró el cuarto trimestre de 2025 con unas pérdidas netas de 452 millones de dólares, frente a 51 millones en el mismo periodo del año anterior. El deterioro no es menor: el agujero se ha multiplicado casi por nueve en solo doce meses. La pérdida diluida por acción también refleja el giro a peor, al ampliarse de 0,34 a 0,89 dólares en el último trimestre del ejercicio. A este golpe se suma una guía de ingresos para 2026 por debajo de lo que descontaba el mercado y un plan de inversión de 30.000 a 35.000 millones de dólares centrado en infraestructura, que muchos inversores interpretan como un riesgo directo para la rentabilidad futura. La consecuencia ha sido inmediata: el título se desplomaba un 19,28% hasta 78,81 dólares a media sesión en Wall Street, reflejando la brusca pérdida de confianza en la historia de crecimiento de la compañía.
Pérdidas disparadas en el cierre de 2025
El dato más contundente del trimestre es el salto en los números rojos. CoreWeave ha pasado de perder 51 millones de dólares en el cuarto trimestre de 2024 a 452 millones un año después. En términos relativos, supone un incremento de aproximadamente un 780% interanual en las pérdidas netas, un ritmo de deterioro poco habitual incluso en un sector acostumbrado a sacrificar margen por crecimiento. La señal es clara: la compañía no solo no está apalancando su escala para acercarse al punto de equilibrio, sino que se aleja de él.
La pérdida diluida por acción, al ampliarse de 0,34 a 0,89 dólares, apunta en la misma dirección: el accionista asume cada vez más coste por cada dólar de negocio futuro que la firma promete capturar. Y el contexto ha cambiado. Tras varios trimestres de euforia, los inversores han empezado a exigir beneficios tangibles y, sobre todo, generación de caja en las empresas ligadas a la IA. Con ese listón, cualquier desviación negativa se penaliza hoy con una severidad que no se veía en 2023 ni en buena parte de 2024.
Una guía de ingresos que enfría las expectativas
Más allá de las pérdidas, el foco del mercado se ha situado en la guía de ingresos. Para el primer trimestre de 2026, CoreWeave prevé una facturación de 1.900 a 2.000 millones de dólares. Para el conjunto del año, la compañía estima situarse en un rango de 12.000 a 13.000 millones. Aunque estas cifras consolidan un crecimiento fuerte frente a ejercicios anteriores, el problema es que llegan por debajo de las previsiones que manejaban buena parte de los analistas.
Tomando el punto medio, 1.950 millones en el primer trimestre representan alrededor del 16% del objetivo anual, lo que obliga a una aceleración relevante a lo largo del ejercicio. Eso exige ejecución sin tropiezos: mantener la demanda de capacidad de cómputo para IA en niveles muy altos, evitar cuellos de botella operativos y sostener precios en un entorno cada vez más competitivo. En un mercado que ya no premia promesas sino trayectorias, la combinación de guía prudente y expectativas exigentes actúa como un freno inmediato sobre la narrativa.
Un plan de inversión descomunal en plena duda bursátil
El otro gran titular es el anuncio de un plan de gasto de 30.000 a 35.000 millones de dólares en 2026, destinado principalmente a infraestructura: centros de datos, capacidad de cómputo y redes para servir cargas de trabajo de inteligencia artificial. La magnitud es difícil de ignorar. En el extremo superior del rango, la inversión prevista equivale a casi tres veces los ingresos anuales máximos que la propia compañía proyecta (35.000 millones frente a 13.000 millones).
El desequilibrio retrata la apuesta estratégica: capturar cuota a toda costa en un segmento donde el tamaño y la disponibilidad de capacidad se han convertido en ventaja competitiva. Pero el mercado está planteando otra pregunta, más incómoda: si este capex está respaldado por una demanda real y sostenible o si responde, en parte, a una carrera de gasto empujada por la narrativa de la IA. El riesgo de sobreinversión empieza a ser tan visible como el de quedarse atrás.
El dilema de la rentabilidad en la nube de IA
La estrategia de CoreWeave cristaliza el dilema del sector: cuánto se puede forzar el gasto en infraestructura antes de que el mercado exija rentabilidad y flujo de caja positivo. Con unas pérdidas de más de 450 millones por trimestre y un plan de capex que puede alcanzar 35.000 millones en un solo año, la compañía se coloca en una senda que, a corto plazo, difícilmente se traduce en mejores márgenes.
La comparación dimensiona el choque. Si se enfrenta el máximo de inversión anunciado con los ingresos trimestrales previstos, el gasto de capital para 2026 equivaldría a casi 18 trimestres de ventas al ritmo del primer cuarto del año. Es, en la práctica, construir infraestructura como si se fuera una compañía madura mientras el negocio sigue comportándose como una firma en hipercrecimiento. El diagnóstico es inequívoco: escalar primero y resolver la ecuación de beneficios después. Ese modelo funcionó en etapas anteriores del ciclo tecnológico, pero con tipos más altos y competencia feroz, la paciencia del capital es hoy mucho más limitada.
La reacción del mercado: castigo del 19% en horas
La ráfaga de pérdidas crecientes, guía por debajo de expectativas y capex colosal se reflejó en la cotización casi al instante. A las 12:55 horas de Nueva York, las acciones caían un 19,28% hasta 78,81 dólares, después de haber cotizado en jornadas anteriores cerca de los 98 dólares por título. En un solo movimiento, el mercado repreció el relato: el crecimiento en IA puede estar en el precio, pero la visibilidad de caja manda.
El contraste con la complacencia de trimestres anteriores es revelador. Durante buena parte de 2024, la mera exposición a la cadena de valor de la inteligencia artificial bastaba para sostener múltiplos exigentes. Ahora el mercado actúa como si hubiera cambiado de fase: el crecimiento debe venir acompañado de un camino creíble hacia la rentabilidad sostenida. CoreWeave, al presentar simultáneamente pérdidas disparadas, guía más fría y un plan de gasto de escala histórica, ha entregado al mercado la combinación de señales que más tensiona a los inversores.
Paralelismos con otras burbujas de inversión tecnológica
La situación invita a trazar paralelismos con otros episodios de sobreinversión tecnológica. A comienzos de los 2000, los grandes operadores de telecomunicaciones acometieron despliegues multimillonarios que tardaron muchos más años de lo previsto en rentabilizarse. Algo similar ocurrió en ciertas fases del auge de la nube pública, cuando algunos proveedores quedaron atrapados entre costes de capital elevados y una demanda que crecía, pero no al ritmo necesario para justificar la factura.
Cuando la curva de capex se adelanta demasiado a la curva de ingresos, el modelo se convierte en una carrera contrarreloj contra el balance. En infraestructura de IA, el riesgo se amplifica por la velocidad de renovación del hardware y por la presión competitiva de gigantes con balances mucho más robustos. Ahí está el punto crítico: mientras los grandes pueden absorber ciclos de inversión largos, jugadores más jóvenes necesitan demostrar antes que el negocio genera caja para financiar la siguiente fase de expansión. Si esa validación no llega, el mercado no duda: comprime múltiplos y encarece el capital justo cuando más se necesita.