La nueva ola de recortes en EEUU convierte la automatización en el eje de las grandes reestructuraciones

Despidos masivos en EEUU: Amazon, Nike y UPS anuncian la pérdida de miles de empleos por la inteligencia artificial

Despidos masivos en EEUU: Amazon, Nike y UPS anuncian la pérdida de miles de empleos por la inteligencia artificial

La sacudida ya tiene cifra: más de 52.000 empleos en Estados Unidos quedan bajo amenaza directa por las reestructuraciones anunciadas por Amazon, UPS, Nike, Dow, Home Depot y otras grandes compañías que usan la inteligencia artificial (IA) como palanca para cambiar de piel. La nueva ola de despidos llega en un momento paradójico, con una tasa de paro aún baja y beneficios razonables, pero con una presión creciente sobre los márgenes y el coste laboral. En logística, distribución y tecnología se impone un patrón: más algoritmos, menos mano de obra. Lo que hasta hace poco se vendía como “revolución productiva” se traduce ahora en cartas de despido. Y la pregunta ya no es si la IA destruirá empleos, sino a qué velocidad y con qué redes de protección.

Impacto y alcance de los recortes de empleo

El mapa de los recortes es elocuente. Amazon ha comunicado la eliminación de unas 16.000 plazas corporativas, que se suman a las cerca de 14.000 anunciadas a finales de 2025, elevando el total de despidos recientes en la compañía a alrededor de 30.000 empleos vinculados a una reorganización interna en la que la IA ocupa un lugar central.

En paralelo, UPS planea recortar hasta 30.000 puestos operativos en 2026, después de haber eliminado 48.000 empleos en 2025 y de haber usado durante los últimos años sistemas de clasificación automática y rutas optimizadas por algoritmos que ya permitieron suprimir unos 43.000 puestos adicionales. La suma sitúa al gigante del reparto como uno de los símbolos de cómo la logística puede mantener la capacidad de entrega mientras reduce de forma drástica la plantilla.

Nike se ha unido al movimiento con el anuncio de 775 despidos en sus centros de distribución de Tennessee y Misisipi, en una decisión explicitamente ligada a la aceleración de la automatización de almacenes. Es la tercera oleada de recortes en tres años, tras la supresión de más de 1.600 puestos en 2024 (un 2% de la plantilla) y un ajuste adicional de cerca del 1% en 2025.

El ajuste no termina ahí. Dow prepara 4.500 despidos para financiar su propio programa de transformación basada en IA, mientras Home Depot recorta 800 empleos corporativos y reordena su organización tecnológica en nombre de la “agilidad”. El diagnóstico es inequívoco: el mercado laboral estadounidense enfrenta una reconfiguración profunda en los sectores más expuestos a la automatización, con impactos que trascienden ampliamente los balances trimestrales.

Razones detrás de las decisiones empresariales

La coartada oficial mezcla tres ingredientes: contexto macro incierto, presión sobre márgenes y salto tecnológico. La economía estadounidense ha encajado en los últimos años una combinación de inflación persistente, tipos de interés elevados y cambios bruscos en el consumo que han comprimido la rentabilidad de negocios intensivos en mano de obra, como la logística o la distribución minorista. En paralelo, muchas de estas compañías han firmado acuerdos laborales costosos –como el último convenio de UPS con sus conductores– que elevan la factura salarial futura y alimentan la búsqueda de alternativas tecnológicas.

En este escenario, la IA se presenta como la pieza que permite cuadrar la ecuación. Automatizar centros de distribución, rediseñar rutas de reparto en tiempo real o sustituir parte de las tareas administrativas por sistemas de decisión automatizados promete ahorros de costes de dos dígitos en los próximos años. UPS, por ejemplo, estima ahorros superiores a 6.500 millones de dólares entre 2025 y 2026 gracias a su programa de eficiencia, donde la automatización de plantas y la optimización algorítmica son elementos centrales.

Lo relevante es que muchas de estas decisiones no responden a una crisis inmediata, sino a una estrategia de anticipación. Como explica un reciente análisis académico, “las empresas están despidiendo trabajadores por el potencial de la IA, no por su rendimiento actual”. Es decir, ni los sistemas están aún plenamente desplegados ni las ganancias están materializadas, pero la reestructuración de plantillas ya se ha activado. La consecuencia es clara: el riesgo se desplaza desde las cuentas de resultados hacia los trabajadores, que asumen el coste de una transición tecnológica todavía incompleta.

Un patrón que se extiende por todo el sector

Lejos de ser una anomalía, el movimiento de Amazon, UPS y Nike encaja en una tendencia más amplia. En 2025, el sector tecnológico despidió a casi 124.000 empleados en todo el mundo, según diversas bases de datos especializadas, una cifra algo inferior a los 150.000 del año anterior pero con un matiz inquietante: la IA y la automatización se consolidaron como uno de los motivos más citados en las notificaciones de recorte.

Google, Meta, Pinterest y otras compañías han reconocido abiertamente que están reorientando inversión y talento hacia productos basados en IA, recortando al mismo tiempo en áreas consideradas maduras o redundantes. La ola ha llegado ya a sectores que no se percibían como “tecnológicos”, como la química (Dow) o el comercio minorista (Home Depot). El contraste con la narrativa de hace apenas unos años, centrada en la promesa de que la IA crearía más empleos de los que destruiría, resulta demoledor.

Lo más grave es que el patrón se ha vuelto casi rutinario. Anuncio de resultados discretos, compromiso con un plan de “eficiencia”, mención explícita a la IA como palanca de transformación y paquete de despidos masivo. En algunos casos, como en Amazon, varias rondas se encadenan en menos de doce meses. La automatización ya no llega como una ola aislada, sino como un proceso continuo de poda de plantillas, especialmente en mandos intermedios, funciones administrativas y tareas repetitivas de almacén. La carrera por la eficiencia ha sustituido el lenguaje de la “innovación” por otro mucho más áspero: el de la “simplificación” y la “reducción de capas”.

Repercusiones y perspectivas económicas a futuro

A corto plazo, el impacto macroeconómico de estos despidos parece amortiguado por un mercado laboral estadounidense todavía robusto, con una tasa de paro que se mantiene en torno al 4% y una demanda de empleo relativamente sólida en servicios sanitarios, turismo o cuidados. Sin embargo, el contraste entre la calma de los grandes agregados y la ansiedad en los sectores afectados alimenta un clima de inquietud que va mucho más allá de las cifras mensuales de empleo.

Los economistas advierten de un posible escenario de “mercado laboral plano”: pocas contrataciones netas, poca destrucción agregada, pero un movimiento subterráneo de sustitución de ocupaciones que no siempre va acompañado de una reconversión efectiva. El riesgo es la aparición de una bolsa creciente de trabajadores desplazados de la logística, la distribución o las oficinas corporativas que encuentran enormes dificultades para reengancharse en sectores de alto valor añadido.

A medio plazo, la apuesta de las empresas es clara: más productividad, más margen, más capacidad de competir en un entorno global cada vez más duro. Si los planes salen como prometen, la automatización debería permitir incrementar el beneficio operativo en varios miles de millones en compañías como Dow o Amazon. La incógnita es cuánto de esa ganancia se traducirá en nuevas inversiones y empleo cualificado y cuánto se quedará en retribución al accionista. El precedente de otras oleadas de automatización sugiere que el reparto será muy desigual.

El papel de la inteligencia artificial en la transformación laboral

La IA ha dejado de ser un concepto abstracto para convertirse en una infraestructura silenciosa que reconfigura el día a día de las empresas. En la logística de Amazon o UPS, algoritmos de planificación son capaces de diseñar rutas óptimas, agrupar paquetes, anticipar incidencias y ajustar en tiempo real las cargas de trabajo. En los almacenes de Nike, sensores, robots y sistemas de visión artificial sustituyen tareas que antes requerían decenas de operarios por turno.

Esta transformación no solo afecta a los puestos menos cualificados. Buena parte de los recortes se concentran en capas intermedias: supervisores, administrativos, analistas de datos que se ven desplazados por herramientas capaces de procesar grandes volúmenes de información y generar informes automáticos. Un estudio reciente apunta que una fracción significativa de los despidos ligados a la IA se produce “en anticipación” a su impacto, antes de que los sistemas estén plenamente desplegados.

El debate ya no es si la tecnología puede hacer determinadas tareas mejor o más rápido, sino si las empresas deben tener límites a la hora de usar ese potencial. “La línea entre mejorar la eficiencia y precarizar masivamente el empleo se está difuminando”, admiten en privado algunos directivos. El problema es que, en ausencia de marcos regulatorios claros, la decisión final recae casi exclusivamente en los consejos de administración, con los trabajadores como variable de ajuste.