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España encenderá 6.000 millones de horas de Mundial multipantalla según The Trade Desk

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Un estudio de The Trade Desk anticipa que el Mundial 2026 convertirá los hogares en centros de consumo digital, con audiencias jóvenes hiperconectadas y un impulso directo al negocio publicitario omnicanal.

El 75% de los españoles planea seguir el Mundial 2026, y no será un ritual de sofá y mando: será un maratón de pantallas. Casi 8 de cada 10 verán los partidos desde casa, hasta sumar más de 6.000 millones de horas de visionado.
El torneo, además, seguirá siendo social: 48% en bares, 46% en casas de amigos. La economía del “partido en casa” y la publicidad premium se preparan para su gran examen.

El estadio empieza en el salón

El Mundial 2026 se jugará, en España, con el salón como grada principal. La previsión de 684.900 años de streaming continuo —si alguien viera todo sin parar— funciona como metáfora y como aviso: la experiencia ya no depende de un único canal, sino de un itinerario de contenidos que empieza antes del pitido inicial y continúa después del resumen. Lo interesante para el mercado no es solo el volumen, sino la concentración emocional: el deporte sigue siendo el gran agregador de atención en un ecosistema disperso. Esta vez, además, con una ventaja competitiva para medios y plataformas: la audiencia acepta con naturalidad saltar de la emisión lineal a la carta, del directo a la conversación, del móvil a la televisión conectada. El resultado es un “hogar-estadio” con métricas, intención y recorrido.

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Generación Z: la audiencia que no apaga el móvil

El dato que mejor explica el cambio es generacional. Nueve de cada diez españoles de la Generación Z seguirán el Mundial, una intensidad que, según el estudio, llega a superar hábitos digitales que parecían inamovibles. La consecuencia es clara: el Mundial ya no se consume como un acontecimiento que interrumpe la rutina, sino como una rutina ampliada. Se escucha, se comenta, se comparte, se busca. Y, sobre todo, se alterna. La conversación social suma, pero no manda; el aficionado joven combina plataformas de vídeo, apps deportivas, noticias y creadores con una lógica de “capas” que multiplica puntos de contacto. Para broadcasters y marcas, esa elasticidad es una oportunidad: construir frecuencia sin saturación y presencia sin ruido, si el mensaje acompasa el recorrido real del usuario.

Un Mundial que se come: el efecto croqueta y el gasto doméstico

España es un país de Mundial con mesa puesta. El 69% de los aficionados afirma que comprará comida o bebida para los partidos; 62% refrescos; 53% pedirá a domicilio; 43% alcohol; y 40% hará una compra de supermercado mayor de lo habitual. No es un detalle costumbrista: es un carril directo de actividad para gran consumo, distribución y delivery, con picos de demanda perfectamente previsibles. La imagen de las 20 millones de raciones de croquetas por día de partido —una equivalencia simbólica— describe el tamaño de las reuniones domésticas y el valor de la ocasión. En un contexto de inflación ya más contenida que en años anteriores, el Mundial funciona como “evento de cesta”: la gente se permite pequeños extras vinculados a la experiencia compartida. Y ahí el marketing deja de ser aspiracional para volverse utilitario: ofertas, packs, reposición rápida, conveniencia.

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De la tele al streaming: el nuevo mapa del consumo deportivo

Lo más revelador no es que haya muchas pantallas, sino que el espectador se mueva con fluidez entre ellas. El estudio sitúa en torno al 60% los recorridos de atención que ya implican múltiples entornos durante grandes eventos. Y añade un matiz clave: los aficionados españoles son 1,5 veces más proclives a usar canales digitales conectados que redes sociales para consumir contenidos y participar en comunidades. Es un giro que beneficia al “internet abierto” y a los soportes capaces de ordenar el caos: medios de noticias, CTV, audio, buscadores, sites especializados. La convivencia entre televisión en abierto, plataformas a la carta, YouTube y apps deportivas ya no es excepción: es el menú. En términos de negocio, esto obliga a repensar la planificación: no se trata de “elegir un canal”, sino de coordinar formatos y secuencias para que el usuario no perciba saltos, sino continuidad.

Publicidad omnicanal: cuando el dato ordena la emoción

La gran promesa del Mundial 2026 para anunciantes es simple: volver medible lo masivo. Orquestar campañas que sigan al mismo aficionado del directo al resumen, de la app al artículo, del audio al display. El estudio sostiene que las campañas omnicanal son 1,5 veces más persuasivas y 2,2 veces menos exigentes a nivel cognitivo que estrategias fragmentadas. Traducido al lenguaje del retorno: mejores resultados con menos fricción mental. Aquí aparece una ventaja que el mercado llevaba años persiguiendo: la posibilidad de planificar alrededor de la atención real, no solo de impresiones. El Mundial, por su intensidad y calendario, permite probar creatividades por fases (previa, partido, postpartido) y ajustar mensajes por contexto sin traicionar la experiencia del espectador. “Los aficionados estarán conectados todo el día: podcasts por la mañana, análisis al mediodía y directo por la noche; la oportunidad supera los 90 minutos.” La frase, atribuida a Sara Pastor, resume la lógica del ciclo completo.

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Internet premium: confianza, brand safety y la batalla por la calidad

En la economía digital, la atención vale más cuando ocurre en entornos fiables. The Trade Desk insiste en un internet abierto y premium donde la publicidad financia contenidos de calidad, y subraya la dimensión técnica del problema: sus sistemas de brand safety analizan más de un billón de oportunidades publicitarias al día, alrededor de 20 millones por segundo. En paralelo, el estudio vincula la percepción del consumidor con el contexto: 85% afirma confiar más en las marcas cuando se anuncian en entornos mediáticos premium. El diagnóstico es inequívoco: el Mundial no solo amplifica audiencias; también amplifica riesgos reputacionales, y por eso la calidad del inventario deja de ser un “extra” para convertirse en condición de entrada. Para medios, plataformas y anunciantes, el torneo llega como escaparate y como examen: quien sepa combinar alcance con control, emoción con precisión, saldrá reforzado en un mercado donde la confianza vuelve a cotizar.