Reino Unido invierte 275 millones en digital skills: aviso para España

School cc pexels-pixabay-207691

Londres convierte la formación técnica en política industrial mientras España mantiene sin ejecutar decenas de miles de millones en fondos para “el empleo del futuro” Mientras el Gobierno británico anuncia 275 millones de libras para formar técnicos y aprendices, España sigue sin convertir decenas de miles de millones de fondos europeos en skills concretos y medibles.
La batalla por el futuro industrial se libra ya en aulas, talleres y plataformas de IA, no en mítines.
El Reino Unido ha decidido colocar la formación técnica en el centro de una estrategia industrial a diez años, con el objetivo declarado de reducir la dependencia de mano de obra extranjera.
Al mismo tiempo, estudios privados alertan de que un 65% de los candidatos cree que las habilidades en IA son ya imprescindibles para acceder a su “trabajo soñado”, pero no sabe dónde adquirirlas.
La pregunta inevitable para Juan Antonio Muñoz-Gallego de Skiller Academy es qué hará España: “seguir gestionando la jobcalipse a base de titulares o usar los recursos que ya tiene para construir, de verdad, la próxima generación de talento”

El plan británico: skills como política industrial

El nuevo paquete anunciado por el Gobierno de Reino Unido asciende a 275 millones de libras repartidos en cuatro años. La pieza central es la creación de technical excellence colleges, refuerzo de los centros de formación profesional y cursos cortos en inteligencia artificial y fabricación digital para sectores estratégicos como baterías, defensa y manufactura avanzada.

El mensaje político es transparente: se trata de reconquistar el voto industrial y “poner fin a la dependencia de mano de obra extranjera” en los territorios fabriles donde Reform UK y Nigel Farage están creciendo. El paquete no es un gran plan de subsidios, sino un primer paso de una estrategia industrial a diez años que promete más medidas en comercio exterior, cadenas de suministro y conectividad empresarial.

Detrás del anuncio hay una lectura fría del mercado laboral británico: una de cada siete personas jóvenes no estudia ni trabaja, y las plazas de aprendizaje se han reducido casi un 20% desde 2016, una erosión silenciosa del principal canal de entrada al empleo cualificado. El diagnóstico es inequívoco: sin una ofensiva seria en formación técnica, cualquier plan industrial se quedará en papel mojado. España comparte varios de estos síntomas, pero aún no ha dibujado un plan de similar claridad.

La brecha de talento que ya mide el sector privado

Mientras el Gobierno británico mueve ficha, el sector privado lanza sus propias señales de alarma. Según un estudio reciente de Adobe, el 65% de los demandantes de empleo en el Reino Unido cree que las habilidades en IA son ya esenciales para conseguir el puesto que desean, pero casi uno de cada cinco trabajadores admite que no tiene las competencias creativas y digitales que necesitará en un mercado atravesado por la automatización.

Lo más llamativo es el contraste entre quienes buscan activamente trabajo y quienes se sienten relativamente seguros: los segundos son el doble de propensos a sentirse “no preparados” para los empleos del futuro. Esa complacencia es precisamente la antesala de la jobcalipse: cuando el cambio llega, llega de golpe. Adobe ha respondido con un compromiso agresivo —formar a 30 millones de personas de aquí a 2030 en habilidades creativas y de IA, combinando cursos en plataformas abiertas, microcredenciales y alianzas educativas—, un objetivo que revela hasta qué punto las grandes compañías ya tratan los skills como un activo estratégico, no como filantropía.

En paralelo, el propio Gobierno británico habla de entrenar millones de trabajadores en IA hasta 2030, en colaboración con gigantes tecnológicos, para cerrar una brecha que se calcula en hasta 7,5 millones de puestos afectados por la adopción de estas tecnologías en la próxima década. La consecuencia es clara: quien no se mueva rápido en formación, se moverá luego en desempleo.

España: fondos europeos sin hoja de ruta para skills

En este contexto, la posición de España resulta incómoda. Sobre el papel, dispone de una de las mayores asignaciones de fondos Next Generation de la Unión Europea para digitalización, transición verde y modernización productiva. En la práctica, a finales de 2025 apenas se había ejecutado alrededor del 40% del Plan de Recuperación, con unos 97.000 millones todavía por canalizar y un 72% de los fondos sin llegar a la economía real cuando quedaban once meses de plazo.

Lo más grave es que, a medida que se acorta el calendario, el Gobierno ha comenzado a modificar “in extremis” partidas del plan para minimizar el riesgo de devolución de dinero a Bruselas, moviendo fichas entre programas sin una narrativa clara sobre qué tipo de talento quiere construir el país. No hay, de momento, un equivalente español del movimiento británico: un bloque compacto de recursos orientado explícitamente a reforzar formación técnica, FP avanzada, IA aplicada y manufactura de nueva generación.

El contraste con otras regiones resulta demoledor. Reino Unido empieza a conectar política industrial, skills y territorio. España, pese a tener más músculo financiero disponible, sigue atrapada en una maraña de convocatorias dispersas, pilotajes y proyectos piloto que apenas llegan a las pymes, y todavía menos a los jóvenes que hoy se asoman al mercado de trabajo con la sensación de que las puertas de entrada se estrechan.

Riesgo de ‘jobcalipse’ a la española

La jobcalipse no es una categoría académica, pero captura bien una intuición extendida: el trabajo estable es más difícil de ganar y más fácil de perder en sectores donde la automatización, la externalización y los cambios regulatorios avanzan a la vez. En España, esa sensación se multiplica en actividades como turismo, comercio o atención al cliente, donde una parte de las tareas ya se automatiza en plataformas y otra migra a otros países con costes menores.

Sin un plan serio de reconversión y mejora de skills, el riesgo es una jobcalipse a la española: un país con tasas de paro juvenil estructuralmente altas y, al mismo tiempo, empresas que no encuentran perfiles técnicos para cubrir vacantes en digital, datos, IA o fabricación avanzada. La paradoja no es nueva, pero ahora se acelera. Informes internacionales estiman que hasta un 65% de las habilidades requeridas en los empleos actuales cambiará de aquí a 2030 por efecto de la IA y la automatización.

Este hecho revela una brecha de diseño: el sistema educativo y una parte de la formación para el empleo siguen funcionando a ritmos y con contenidos propios del ciclo anterior. Mientras, Reino Unido envía una señal nítida a empresas y trabajadores —“vamos a pagar porque os recicléis en sectores concretos”—, España todavía discute si gastará todo lo prometido y cómo justificará ante Bruselas los cambios de rumbo de última hora.

Lo que Reino Unido ya ha entendido

El movimiento del Gobierno de Jonathan Reynolds y su equipo, más allá de la cifra, introduce una idea que España aún no ha interiorizado: la política industrial del siglo XXI es, en gran medida, política de skills. Los 275 millones de libras se destinan a sectores muy específicos —ingeniería, defensa, baterías, manufactura avanzada— y se vinculan explícitamente a la creación de “trabajos bien pagados” para trabajadores británicos, con la promesa de reducir la dependencia de inmigración para cubrir vacantes técnicas.

Hay también un cálculo político explícito. El plan se presenta en los territorios industriales donde la desafección es mayor y donde fuerzas como Reform UK han capitalizado el malestar prometiendo una vuelta a la “gran fábrica” sin detallar cómo. La respuesta del Gobierno es pragmática: no puede traer de vuelta el pasado, pero puede comprar tiempo y legitimidad ofreciendo formación tangible, plazas de aprendizaje y un horizonte de diez años en sectores con demanda real.

España observa este movimiento desde una situación distinta, pero con problemas similares: brecha territorial, abandono de la FP en muchas comunidades, y un relato sobre los fondos europeos que rara vez baja al detalle de cuántos soldadores, técnicos de datos o especialistas en automatización van a salir de cada euro invertido.

Formación intensiva, microcredenciales y empresas: la ecuación que falta

En la base de todo esto no hay solo presupuestos, sino una forma distinta de entender la formación. Las historias de reconversión que ya se ven en el mercado español —profesionales procedentes de turismo, telemarketing o humanidades que pasan por bootcamps intensivos y terminan gestionando campañas digitales “tocando plataforma” real— demuestran que, con la metodología adecuada, el salto es posible en menos de dos años.

Esos casos comparten tres constantes que deberían informar cualquier política pública: comunidad, práctica y constancia. Comunidad, porque un entorno de apoyo reduce el abandono en programas exigentes. Práctica, porque la teoría sin acceso a herramientas reales no sirve en un mercado que solo reconoce habilidades demostrables. Y constancia, porque la actualización permanente no es un eslogan, sino un coste en tiempo, esfuerzo y, muchas veces, renuncia a empleos aparentemente “seguros” para empezar de nuevo desde abajo.

España tiene margen para convertir estas experiencias micro en una estrategia macro. Puede alinear FP, universidades, bootcamps y empresas bajo un mismo objetivo: evitar que la próxima ola de automatización convierta la jobcalipse en política social permanente.

Para Juan Antonio Muñoz-Gallego de Skiller Academy “lo que necesita exactamente lo que Reino Unido acaba de poner encima de la mesa: un plan de país, cifras claras y formaciones basadas en metodologías ágiles y el uso intensivo de tecnología real de las empresas en el proceso”.