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White House y China cierran pacto: control de TikTok en Estados Unidos a inversores pro-Trump

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La Casa Blanca pacta con Pekín una escisión parcial: ByteDance conserva el 19,9% y el control operativo pasa a un consorcio con Oracle al frente y fuerte influencia de aliados de Trump

TikTok seguirá funcionando en Estados Unidos, pero ya no será la misma empresa. La Casa Blanca y Pekín han cerrado un acuerdo que crea TikTok USDS Joint Venture LLC, una nueva compañía que controlará el negocio estadounidense de la app y quedará en manos de un consorcio de inversores respaldados por Donald Trump. ByteDance mantendrá un 19,9% del capital, mientras el resto recaerá en manos de Oracle (15%), el fondo Silver Lake y el vehículo de inversión emiratí MGX, entre otros. El pacto llega tras años de amenazas de veto, demandas cruzadas y una ley —la Protecting Americans from Foreign Adversary Controlled Applications Act— que obligaba a vender o afrontar el apagón. El resultado es una operación híbrida: TikTok seguirá siendo una plataforma global, pero su algoritmo, sus datos y su gobierno en EEUU quedarán bajo un corsé político y corporativo diseñado en Washington… y bendecido por Pekín.

Un desenlace político para una batalla de cuatro años

La operación pone fin —al menos sobre el papel— a una saga regulatoria que se arrastra desde 2020, cuando Trump firmó su primera orden ejecutiva para vetar TikTok en plena guerra tecnológica con China. Aquella ofensiva naufragó en los tribunales, pero dejó sembrada la idea de que una plataforma de origen chino con más de 200 millones de usuarios en EEUU era un riesgo estructural para la seguridad nacional.

La presión se reactivó con la ley aprobada en 2024, que daba a ByteDance un ultimátum: vender TikTok a un comprador “aceptable” en Estados Unidos o ver cómo la aplicación desaparecía de las tiendas y redes móviles del país. El texto fue avalado por el Tribunal Supremo y mantuvo su vigencia incluso tras el relevo presidencial, hasta que la Administración Biden decidió trasladar la patata caliente al nuevo mandato de Trump.

El acuerdo anunciado ahora es la respuesta a esa amenaza legislativa: una venta parcial, negociada entre Washington y Pekín, que permite a ambos presentar la operación como un triunfo político. Trump lo ha dejado claro en su propio lenguaje: “un final dramático, definitivo y hermoso”, agradeciendo expresamente a Xi Jinping su visto bueno. La geopolítica también se juega en 15 segundos de vídeo vertical.

Qué empresa nace realmente: capital, consejo y control

La nueva TikTok USDS Joint Venture LLC tendrá un consejo de siete miembros, con mayoría de ciudadanos estadounidenses. La compañía estará dirigida por Adam Presser, mientras que el CEO global de TikTok, Shou Chew, pasará a ser solo consejero del vehículo norteamericano. ByteDance, la matriz con sede en Pekín, retendrá un 19,9% del capital, lo justo para preservar un pie en el activo sin poder bloquear decisiones clave.

El resto del accionariado se reparte entre un grupo de inversores con fuerte impronta política: Oracle, que asume un 15% y se convierte en socio tecnológico y guardián de la nube; el fondo de private equity Silver Lake; y el inversor soberano MGX, con raíces en Emiratos Árabes Unidos. Detrás de la estructura jurídica, el mensaje es casi transparente: Trump coloca a aliados empresariales de confianza en el centro del activo digital más influyente entre los jóvenes estadounidenses.

En términos de gobierno corporativo, la nueva TikTok USA promete operar bajo “salvaguardas definidas” de seguridad nacional, que incluyen reglas específicas sobre quién puede acceder a datos, cómo se supervisa el algoritmo y qué margen tiene la matriz china para influir en las decisiones del día a día. No es una simple venta, es un rediseño de la arquitectura de poder sobre una plataforma de más de 200 millones de usuarios y creadores.

Datos, algoritmos y la nube de Oracle: el nuevo blindaje

El corazón del acuerdo no está solo en las acciones, sino en el control del código y de la información. TikTok ha confirmado que la nueva empresa estadounidense reentrenará, probará y actualizará el algoritmo de recomendación con datos de usuarios de EEUU, y que este sistema se alojará en la nube de Oracle en territorio norteamericano.

Esto significa, sobre el papel, que:

  • Los datos de los usuarios estadounidenses se almacenarán en infraestructuras bajo jurisdicción de EEUU.

  • El algoritmo de recomendación será sometido a revisiones y pruebas en un entorno aislado, con auditorías externas de ciberseguridad.

  • El acceso de personal vinculado a ByteDance o a China a esa información quedará restringido y monitorizado.

Es exactamente el núcleo de las preocupaciones que han alimentado la ofensiva política contra TikTok: el temor a que el Partido Comunista chino pudiera utilizar la app para recopilar datos sensibles o manipular el consumo de información de millones de jóvenes. Con el nuevo esquema, Washington busca asegurar que ni el flujo de datos ni las palancas de recomendación puedan ser instrumentalizadas sin dejar rastro.

El movimiento, sin embargo, abre otro debate: si trasladar el algoritmo a una nube controlada por Oracle, cuyo fundador Larry Ellison es uno de los apoyos más explícitos de Trump, no implica sustituir un riesgo político por otro, esta vez doméstico: la concentración del control tecnológico y económico en un puñado de aliados del presidente.

Trump, de querer vetar TikTok a “salvarla” para los jóvenes

El giro político de Trump respecto a TikTok es tan llamativo como la propia operación. En 2020, el entonces presidente firmó una orden para prohibir la app en EEUU, mientras la presentaba como caballo de Troya de Pekín. Aquel intento quedó congelado por los tribunales, pero marcó la primera gran ofensiva contra la plataforma.

Cuatro años después, el mismo Trump no solo ha recuperado la aplicación como herramienta de campaña para acercarse al voto joven, sino que ha proclamado su intención de “salvar TikTok” frente a los partidarios de un veto total. La diferencia fundamental es que ahora, bajo el nuevo esquema, la versión estadounidense de la app queda en manos de inversores “aceptables” para la Casa Blanca.

La operación se presenta así como un compromiso triple:

  • Washington evita el coste político y económico de un apagón completo que habría borrado ingresos y audiencias a millones de creadores y pymes.

  • Pekín conserva un 19,9% y, sobre todo, la narrativa de que no se ha dejado arrebatar por completo un activo emblemático.

  • Trump y su entorno consiguen reposicionar TikTok USA bajo capital afín, con capacidad de influencia en decisiones estratégicas y tecnológicas.

En términos estrictamente políticos, el presidente puede vender el movimiento como un victoria simultánea sobre el Congreso y sobre Pekín: no hay ban total, pero tampoco una TikTok íntegramente bajo control chino.

Impacto para usuarios, creadores y plataformas rivales

Para los usuarios de a pie, el mensaje inmediato es tranquilizador: TikTok no se apaga en EEUU. La app seguirá disponible, y la compañía insiste en que la experiencia será “global y uniforme”, de modo que los creadores norteamericanos podrán seguir siendo descubiertos en otros mercados, y las marcas podrán operar campañas transfronterizas.

Sin embargo, la saga ya ha dejado cicatrices. La mera posibilidad de un veto nacional provocó un éxodo temporal hacia alternativas como Instagram Reels, YouTube Shorts o incluso redes chinas como RedNote, donde parte de los creadores quisieron demostrar su rechazo a los legisladores estadounidenses. Muchos diversificaron sus canales de ingreso y descubrieron que depender de un único algoritmo es un riesgo existencial para su negocio.

A medio plazo, el nuevo esquema puede tener varias implicaciones:

  • Un alivio de corto plazo para creadores y anunciantes, que evitan el escenario de “día cero sin TikTok”.

  • Una normalización regulatoria parcial, al reducir el ruido político en torno a la app en EEUU.

  • Una presión competitiva renovada para Meta y Google, que pierden el viento de cola que habría supuesto un apagón total de su rival.

Para el usuario final, los cambios más visibles —si llegan— pueden venir por la vía de ajustes de contenido, seguridad y moderación, a medida que el nuevo consejo y las nuevas reglas de datos se traduzcan en políticas concretas para la comunidad norteamericana.

China, EEUU y la nueva doctrina sobre apps extranjeras

El acuerdo TikTok marca un precedente incómodo para la economía digital global. Por primera vez, un país obliga de facto a una plataforma con centenas de millones de usuarios a crear una filial “nacionalizada” bajo socios políticos y tecnológicos afines, con restricciones específicas sobre datos y algoritmo.

Para Pekín, aceptar la operación supone un mal menor: evita un veto total que habría sentado un precedente devastador para otras empresas chinas y conserva una participación de casi el 20% en el activo. Al mismo tiempo, puede denunciar ante terceros países el trato recibido por una de sus principales big tech y usarlo como argumento cuando se discutan restricciones a firmas estadounidenses en su propio territorio.

Para Washington, la jugada envía un mensaje alto y claro: las apps de potencia rival que quieran operar en su mercado deberán aceptar condiciones de soberanía tecnológica, que van desde la localización de datos hasta la composición del capital y la presencia de un socio de confianza en la infraestructura de nube. Es probable que el modelo TikTok sirva de plantilla informal para futuros casos que afecten a otras plataformas o servicios críticos de origen extranjero.

La consecuencia a largo plazo puede ser una fragmentación creciente de la economía de datos, donde los grandes mercados exigen versiones “localmente controladas” de las plataformas globales, con arquitecturas de gobernanza divergentes.

Lo que falta por definir: supervisión, auditorías y efecto contagio

Aunque el acuerdo se presenta como “final y hermoso”, quedan numerosos interrogantes abiertos. Entre ellos:

  • ¿Quién auditará de forma efectiva que el algoritmo se entrena solo con datos de EEUU y que ByteDance no mantiene canales opacos de influencia?

  • ¿Qué papel jugarán los reguladores estadounidenses —FTC, autoridades de competencia, comités de inteligencia— en la supervisión continuada de la nueva empresa?

  • ¿Cómo reaccionarán otros países occidentales, especialmente en Europa, que también han cuestionado el encaje de TikTok con sus normas de protección de datos y competencia?

Si el modelo se considera exitoso, es probable que veamos movimientos similares en otros mercados clave, desde aplicaciones de mensajería hasta plataformas de comercio electrónico de origen chino. Si, por el contrario, surgen escándalos de seguridad o de manipulación de contenidos, la presión para un nuevo intento de veto total volverá con más fuerza.

Por ahora, la única certeza es que TikTok USA seguirá emitiendo vídeos de 15 segundos, pero lo hará bajo un ecosistema de poder mucho más complejo: un equilibrio inestable entre Pekín, Washington, inversores privados y 200 millones de usuarios que han descubierto, a la fuerza, que su app favorita es también un campo de batalla geopolítico.