Liberty Global se queda con el 100% de VodafoneZiggo por 1.000 millones

LIBERTY GLOBAL
Vodafone cobra en efectivo, conserva un 10% en Ziggo Group y deja en manos de Liberty la creación de un gigante regional en el Benelux

Liberty Global se quedará con el control total de la operadora holandesa VodafoneZiggo tras acordar la compra del 50% que aún pertenecía a Vodafone Group. La operación, anunciada este miércoles 18 de febrero, contempla el pago de 1.000 millones de euros en efectivo y la entrega al grupo británico de un 10% del capital de una nueva sociedad de cartera, Ziggo Group, que integrará los activos de VodafoneZiggo y la belga Telenet.

El mensaje al mercado es claro: Liberty quiere construir un “powerhouse” regional, capaz de generar en torno a 500 millones de euros de flujo de caja libre ajustado en 2028, según sus propias proyecciones. A cambio, Vodafone liquida una participación madura, obtiene oxígeno financiero inmediato y mantiene una opción de futuro sobre el nuevo grupo mediante esa participación minoritaria.

La operación implica además un complejo acuerdo de servicios: durante diez años, Vodafone seguirá prestando licencias de marca y otros servicios a VodafoneZiggo por un importe estimado de 625 millones de euros, una fuente de ingresos recurrentes que suaviza el impacto de la desinversión. El cierre está previsto para la segunda mitad de 2026, pendiente de autorizaciones regulatorias y de competencia.

Lo que se activa ahora es una doble apuesta: Liberty confía en capturar sinergias y sacar a bolsa Ziggo Group en Ámsterdam en 2027; Vodafone, en cambio, acelera su estrategia de simplificación y salida de mercados no estratégicos. El desenlace dirá si este “powerhouse” del Benelux se traduce en creación real de valor o si queda como otro gran relato de consolidación europea por cumplir.

Un golpe sobre la mesa en el Benelux

La jugada reposiciona por completo el tablero de las telecomunicaciones en el Benelux, uno de los mercados más maduros —y competitivos— de Europa. Hasta ahora, VodafoneZiggo era una ‘joint venture’ al 50% entre Vodafone y Liberty, creada en 2016 para integrar la red de cable de Ziggo con el negocio móvil de Vodafone en los Países Bajos. Ahora, la operación rompe el equilibrio y convierte a Liberty en dueño único del operador holandés y accionista mayoritario de un grupo regional.

Para el holding controlado por John Malone, que ya opera cerca de 80 millones de conexiones fijas y móviles en Europa a través de diferentes plataformas, el Benelux se consolida como uno de sus laboratorios más avanzados de convergencia fijo-móvil-televisión. La narrativa oficial habla de “campeones nacionales” racionalizando inversiones en fibra y 5G, en un contexto de tipos de interés aún elevados y de presión regulatoria sobre precios.

Lo más relevante es que Liberty traslada a esta región la misma receta que ya aplicó en otros mercados: concentrar activos dispersos bajo una sola ‘holding’, prometer sinergias millonarias y, en una segunda fase, sacar a cotizar el vehículo y devolver capital al accionista mediante ‘spin-offs’ y recompras. El Benelux se convierte así en el último escaparate de una estrategia de ingeniería corporativa que lleva años redefiniendo el mapa europeo de las telecos.

Cómo se articula Ziggo Group

El nuevo vehículo, Ziggo Group, será la propietaria del 100% de VodafoneZiggo y de la operadora belga Telenet. Liberty controlará inicialmente el 90% de esa sociedad y ya ha avanzado su intención de escindir ese paquete a favor de sus propios accionistas y cotizar el 100% del grupo en Euronext Amsterdam en 2027.

La valoración implícita de VodafoneZiggo ayuda a entender la lógica financiera de la operación. El comunicado de Vodafone cifra en 1.750 millones de euros el ebitda ajustado de 2025 y en 880 millones el flujo de caja operativo ajustado, con un ‘enterprise value’ estimado de 12.430 millones de euros y una deuda neta de 10.430 millones. Dicho de otro modo: el acuerdo se ha cerrado a unas 7,1 veces ebitda y 14,2 veces flujo de caja operativo, múltiplos que la propia Vodafone presenta como “atractivos” para una participación madura.

Dentro de este marco, el cheque de 1.000 millones supone algo menos del 10% del valor empresa de VodafoneZiggo, pero se complementa con el 10% de Ziggo Group, que incluye también Telenet. La consecuencia es clara: Vodafone sale de la gestión diaria del activo holandés, pero mantiene una ficha financiera en un grupo regional potencialmente más grande, líquido y diversificado que la antigua ‘joint venture’.

Vodafone gana liquidez y reduce exposición

Para Vodafone, el movimiento encaja en una estrategia ya conocida: simplificar su huella geográfica, concentrarse en mercados donde tiene escala y liberar capital de participaciones no estratégicas. En los últimos años, el grupo ha anunciado la venta de su filial española a Zegona y la de Vodafone Italia a Swisscom, al tiempo que impulsaba la fusión de su negocio en Reino Unido con Three para crear un nuevo líder móvil. El mensaje a los inversores es que la compañía quiere menos frentes, más enfoque y balance más saneado.

En este contexto, los 1.000 millones de euros en caja llegan en un momento oportuno. Aunque el cierre efectivo se espera para el segundo semestre de 2026, la visibilidad sobre la operación permite a la dirección reforzar su discurso de disciplina de capital y reducción de deuda. Más aún cuando la participación del 10% en Ziggo Group ofrece una opción de revalorización futura si el plan de sinergias y la salida a bolsa se materializan en las cifras prometidas.

El acuerdo de servicios a diez años, valorado en 625 millones, añade una capa de estabilidad adicional: Vodafone seguirá cobrando por licencias de marca y otros servicios tecnológicos a una base de clientes que ya conoce, pero sin cargar con la inversión intensiva en redes que requerirá la transición a nuevas generaciones de fibra y 5G en los Países Bajos. En palabras de su consejera delegada, Margherita Della Valle, se trata de una operación que les permite “monetizar a buena valoración y, al mismo tiempo, mantener exposición a un negocio con mayor escala”.

La gran apuesta de Liberty por la caja futura

Si Vodafone juega a reducir exposición, Liberty redobla su apuesta. El grupo estima que Ziggo Group será capaz de generar alrededor de 500 millones de euros de flujo de caja libre ajustado en 2028, cifra que justificaría tanto la consolidación de activos como la futura escisión a sus accionistas. Además, la compañía habla de un valor actual neto de 1.000 millones de euros asociado a sinergias financieras y operativas y a nuevos servicios compartidos entre los dos mercados.

Mike Fries, presidente y consejero delegado de Liberty, ha definido la transacción como un “hito significativo en nuestro compromiso con el Benelux” y como la creación de “un ‘powerhouse’ regional compuesto por dos campeones nacionales de convergencia en mercados racionales”. Detrás de la retórica se esconde una tesis sencilla: combinar escala, recortar costes duplicados y utilizar la estructura de ‘holding’ cotizada para aflorar un valor que, según su visión, está infraestimado dentro del conglomerado Liberty.

El plan incluye también una hoja de ruta explícita de desapalancamiento: la compañía aspira a reducir el ratio de deuda hasta aproximadamente 4,5 veces ebitda en 2028, apoyándose en crecimiento operativo, generación de caja y ventas de activos, entre ellas la desinversión parcial en Wyre, el vehículo de fibra de Telenet. Es un objetivo ambicioso en un sector históricamente muy endeudado y sometido a fuertes exigencias de inversión.

Sinergias millonarias, deuda alta

La promesa de sinergias es el corazón financiero de Ziggo Group. Liberty habla de un paquete de ahorros e ingresos adicionales cuyo valor actual neto conjunto asciende a 1.000 millones de euros, una cifra relevante si se compara con el flujo de caja esperado del grupo. Parte de esas sinergias procederán de consolidar compras de equipos de red, simplificar plataformas tecnológicas, compartir desarrollos de producto y coordinar inversiones en contenidos y televisión de pago en Países Bajos y Bélgica.

Sin embargo, la otra cara de la moneda es una estructura de capital aún muy cargada. Los datos publicados por Vodafone sitúan la deuda neta de VodafoneZiggo en algo más de 10.400 millones de euros, frente a un ebitda ajustado de 1.750 millones, antes siquiera de incorporar plenamente Telenet. Eso implica que cualquier retraso en la captura de sinergias, presión competitiva adicional o subida inesperada de los costes de financiación puede erosionar rápidamente la tesis de desapalancamiento.

El diagnóstico es inequívoco: Ziggo Group nacerá como un actor con un gran potencial de caja, pero también con un nivel de riesgo financiero significativo. La credibilidad del equipo gestor dependerá de su capacidad para convertir las sinergias prometidas en ahorros tangibles y en crecimiento de ingresos, más allá de los titulares de “powerhouse” regional.

Los riesgos regulatorios y de competencia

Aunque la operación no reduce el número de competidores en ninguno de los dos mercados —los usuarios holandeses seguirán eligiendo entre KPN, VodafoneZiggo y otros operadores, y los belgas entre Telenet, Proximus u Orange—, el nuevo tamaño del grupo y su carácter regional obligarán a un análisis fino de Bruselas y de las autoridades nacionales. La combinación de dos “campeones nacionales” bajo un mismo paraguas puede despertar recelos sobre la capacidad conjunta de fijar precios, negociar contenidos o controlar activos críticos de red.

Además, el sector llega a esta operación tras varios expedientes de gran calado. En Reino Unido, la fusión entre la propia Vodafone y Three fue autorizada recientemente con condiciones estrictas sobre inversiones en 5G, tarifas y acceso mayorista para operadores virtuales. La Comisión Europea, por su parte, ha endurecido el escrutinio sobre acuerdos que puedan reducir la competencia efectiva, incluso cuando se presentan como indispensables para financiar nuevas redes.

En este caso, el principal riesgo no es tanto la prohibición frontal como la imposición de remedios: obligaciones de acceso a terceros, compromisos de inversión, restricciones a determinadas prácticas comerciales o exigencias de separación funcional en ciertas infraestructuras. Cada nueva condición puede recortar, en la práctica, parte de las sinergias que Liberty ha prometido a sus accionistas.

Impacto en el mapa europeo de las telecos

Más allá del Benelux, la operación encaja en un patrón más amplio: los grandes grupos europeos tratan de salir de mercados secundarios y concentrar recursos en un puñado de posiciones donde puedan ser verdaderos actores de escala. Vodafone se ha desprendido de España e Italia, mientras mantiene apuestas fuertes en Reino Unido, Alemania y África. Liberty, por su parte, ha pasado de ser un conglomerado de cableras nacionales a un gestor de plataformas y participaciones, con estrategias específicas en Reino Unido, Suiza o ahora el Benelux.

El contraste con otras regiones resulta demoledor: mientras Estados Unidos lleva años operando con tres grandes operadores nacionales y un puñado de actores regionales, Europa sigue fragmentada en decenas de compañías, muchas de ellas con márgenes ajustados y obligaciones de inversión crecientes. En ese contexto, la creación de Ziggo Group se presenta como un ensayo de lo que podría ocurrir si los reguladores favorecieran más abiertamente concentración y consolidación transfronteriza.

La gran incógnita es si estas maniobras corporativas se traducen en mejores redes y precios para los usuarios o solo en estructuras más complejas para satisfacer a los mercados financieros. Si Ziggo Group consigue mantener inversiones elevadas en fibra y 5G, contener la deuda y mejorar el servicio, el argumento de “campeones regionales” ganará peso en el debate europeo. Si no, el caso será recordado como otro experimento fallido de ingeniería corporativa.