General ruso recibe varios disparos en Moscú

Moscú
El ataque a Vladimir Alexeyev agrava la guerra en la sombra dentro del aparato militar ruso y reaviva las sospechas de una ofensiva ucraniana en la retaguardia de Moscú

La madrugada del viernes, el teniente general Vladimir Alexeyev, número dos de la inteligencia militar rusa, fue abatido a tiros en el portal de su edificio en la periferia noroeste de Moscú. El alto mando recibió varios disparos dentro de un bloque residencial y fue trasladado de urgencia a un hospital, donde permanece ingresado y en situación crítica, según fuentes oficiales.
El Comité de Investigación ruso ha abierto una causa por intento de asesinato y tenencia ilícita de armas, mientras el agresor continúa huido. Todo apunta a una emboscada cuidadosamente preparada, ejecutada en cuestión de segundos.
GRU, la agencia para la que trabaja Alexeyev, es uno de los pilares del aparato de seguridad de Rusia y ha sido vinculada a algunas de las operaciones encubiertas más controvertidas de los últimos años.
Lo que está en juego va más allá de la vida de un general: el ataque pone en cuestión la capacidad del Kremlin para proteger a su propia élite militar en pleno conflicto con Ucrania. El episodio se suma a una cadena de atentados contra altos mandos rusos desde 2024 y alimenta la sensación de que la guerra ha roto definitivamente la frontera entre frente y retaguardia.

Un ataque en el corazón del aparato de seguridad

El tiroteo se produjo en el interior del inmueble donde reside Alexeyev, un bloque de pisos aparentemente anodino en la zona noroeste de la capital. La versión preliminar describe una emboscada rápida: un hombre que habría simulado ser repartidor aprovechó la rutina matinal del general para acercarse a pocos metros y disparar repetidas veces antes de huir.

Una vecina relató que se despertó sobresaltada tras escuchar «varios disparos seguidos de los gritos desesperados de otra residente pidiendo ayuda». Otros vecinos salieron al rellano preguntando si hacía falta llamar a la ambulancia o a la policía, aunque los servicios de emergencia ya estaban avisados.

La escena —un portal de barrio, un ascensor, un cuerpo tendido en el suelo— contrasta con el rango del objetivo. Un oficial de este nivel suele estar rodeado de varios anillos de seguridad y protocolos estrictos. Que un atacante haya logrado llegar hasta la puerta de su casa y disparar a quemarropa revela un fallo grave de protección en la élite militar rusa. El mensaje es inequívoco: incluso en la supuesta retaguardia, el núcleo del poder ya no es intocable.

Quién es Alexeyev y por qué es un objetivo prioritario

Alexeyev no es un general cualquiera. Con cerca de cuatro décadas de carrera militar, se ha consolidado como uno de los estrategas más influyentes de la inteligencia militar rusa. Como primer adjunto del GRU, actúa en la práctica como número dos de la casa y supervisa operaciones en varios teatros, desde Ucrania hasta Oriente Próximo.

Veterano de las fuerzas especiales, su trayectoria está ligada al desarrollo de la llamada “guerra híbrida”: ciberataques, operaciones clandestinas y apoyo a fuerzas irregulares. Durante el asedio de Mariúpol en 2022 participó en contactos con la parte ucraniana y en junio de 2023 fue uno de los enviados del Kremlin para negociar con Yevgueni Prigozhin durante el motín del Wagner Group.

Su nombre figura desde hace años en las listas de sanciones de la Unión Europea y del Reino Unido por su presunto papel en el ataque con agente nervioso en Salisbury —la ciudad inglesa de Salisbury— y en diversas campañas de desinformación y ciberespionaje.

En términos operativos, si Alexeyev queda incapacitado o fallece, el Kremlin perderá a uno de sus cuadros más valiosos en un momento en el que el peso de la guerra recae cada vez más en los servicios de inteligencia militar. El ataque, por tanto, tiene una dimensión táctica y otra simbólica difícil de exagerar.

Moscú acusa a Ucrania mientras crecen las dudas internas

Horas después del ataque, responsables rusos se apresuraron a señalar hacia Kiev. El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, habló de un “acto terrorista” dirigido por Ucrania y denunció un intento de “decapitar” la estructura militar rusa. De momento, no se han presentado pruebas públicas que sostengan esa acusación.

Kyiv guarda silencio oficial, aunque en el pasado el Servicio de Seguridad ucraniano ha reivindicado operaciones selectivas contra mandos rusos en territorio de Rusia. En círculos extraoficiales, se limita a recordar el papel del GRU en la invasión y en presuntos crímenes de guerra, insinuando que los responsables del aparato de represión ruso «son objetivos legítimos mientras continúe la agresión».

El Kremlin intenta proyectar calma. El portavoz presidencial, Dmitri Peskov, aseguró que Vladimir Putin está siendo informado “constantemente” sobre el estado del general y expresó el deseo oficial de que “sobreviva y se recupere”. Sin embargo, entre líneas se percibe la preocupación por el precedente: cada nuevo atentado contra un general añade presión sobre la cúpula de seguridad.

El diagnóstico, aunque no se exprese en público, es claro: la guerra en la sombra entre Rusia y Ucrania ha cruzado otro umbral, y el territorio ruso ya no puede presentarse como un espacio completamente seguro para sus propios mandos.

Una cadena de atentados que desangra a la élite militar

El intento de asesinato contra Alexeyev se suma a una serie de ataques contra altos mandos rusos en los últimos años. En 2024, el teniente general Igor Kirillov, jefe de las tropas de Protección Nuclear, Biológica y Química, murió por la explosión de un artefacto frente a su bloque de viviendas en Moscú. Meses después, un tribunal ruso condenó a un ciudadano de Asia Central por su participación en el atentado, mientras Kiev se atribuía la autoría intelectual.

En 2025, otro alto cargo militar, el general Fanil Sarvarov, falleció después de que un explosivo colocado bajo su vehículo detonara en una calle de la capital. Con su muerte, eran ya tres los generales eliminados en apenas doce meses por artefactos explosivos en entornos supuestamente controlados.

Ahora, la emboscada a tiros contra Alexeyev introduce un método distinto —la ejecución directa, casi a la puerta de casa—, pero la lógica es la misma: golpear a la cúspide del aparato militar en espacios cotidianos, lejos de las líneas del frente. «La guerra ya no se libra solo en el Donbás, sino en los portales y garajes de Moscú», resume un analista europeo. El efecto acumulado es devastador para la sensación de seguridad de la élite uniformada.

Lo que revela sobre el clima interno en el Kremlin

El atentado se produce en un contexto de tensiones crecientes entre los distintos servicios de seguridad rusos. Tras los fracasos iniciales de la invasión, se habló de purgas en el FSB, de reproches cruzados y de un refuerzo del papel del GRU en la planificación militar. Desde entonces, se han sucedido filtraciones, detenciones discretas y relevos de mandos que apuntan a una pugna soterrada por el control del relato y de los recursos.

En este clima, cualquier atentado contra un alto responsable tiene doble lectura. Hacia fuera, domina la narrativa de un enemigo exterior decidido a desestabilizar la retaguardia rusa. Hacia dentro, sin embargo, se extienden las sospechas de luchas intestinas, ajustes de cuentas y búsqueda de chivos expiatorios por los reveses en el frente ucraniano.

Atribuir el ataque a una “mano interna” sin pruebas sería aventurado. Pero el simple hecho de que esta hipótesis circule entre analistas y diplomáticos ilustra el deterioro del clima de confianza. El contraste con la primera década de poder de Putin resulta elocuente: entonces se proyectaba la imagen de un aparato de seguridad monolítico; hoy, la sucesión de atentados contra sus propios generales revela fisuras que ni la censura ni la propaganda consiguen ocultar por completo.

Impacto sobre la guerra en Ucrania

Desde el punto de vista operativo, la continuidad de la estructura de mando es clave. Como primer adjunto del GRU, Alexeyev coordina áreas sensibles como la inteligencia en el campo de batalla, la guerra electrónica y el apoyo a formaciones irregulares. Son precisamente los ámbitos que han permitido a Rusia compensar, al menos parcialmente, algunas de sus carencias sobre el terreno.

Si el general quedara incapacitado o muriera, sería necesario recomponer una cadena de mando altamente personalizada, con relaciones directas con mandos sobre el terreno y con otros servicios de seguridad. Ese tipo de sustituciones no es inmediato y puede generar vacíos temporales que Ucrania trataría de aprovechar con operaciones de desgaste en varios frentes.

Además, Alexeyev forma parte del reducido grupo de oficiales implicados en contactos discretos sobre seguridad y canje de prisioneros. La desaparición de una figura de este peso dificulta la continuidad de esos canales, ya de por sí frágiles. Para Kiev, si estuviera detrás, el mensaje sería de capacidad y alcance; para Moscú, supondría un incentivo más para endurecer la respuesta, tanto en el frente como en su propia retaguardia.