Los Emiratos Árabes Unidos abandonan la OPEP
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La jornada del 28 de abril de 2026 ha dejado cinco noticias de primer orden que, contempladas en conjunto, dibujan un mundo en el que los pilares del orden energético, diplomático y estratégico que conocimos en el siglo XX se agrietan a velocidad alarmante. La guerra de los Estados Unidos e Israel contra la oligarquía yihadista iraní —que vengo describiendo desde su estallido el 28 de febrero como una «guerra de temperatura variable»: baja resolución, destrucción alta, que nadie puede ganar ni permitirse perder— genera una cadena de consecuencias sísmicas que trascienden con mucho el teatro de operaciones del Estrecho de Ormuz. |
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Los Emiratos Árabes Unidos abandonan la OPEP el 1 de mayo, rompiendo seis décadas de membresía y asestando un golpe estructural al cartel liderado por Arabia Saudí. El rey Carlos III de Gran Bretaña culmina una visita de Estado a Washington que es, en su fondo, un ejercicio de cirugía diplomática sobre la «relación especial» angloamericana —gravemente dañada por las fricciones entre Trump y el gobierno laborista de Keir Starmer. El presidente Trump declara que Irán le ha «informado» de que se encuentra en «estado de colapso» y que desea urgentemente la apertura del Estrecho, al tiempo que rechaza la última propuesta iraní por no incluir garantías nucleares. Y, en paralelo, un análisis de Reuters avalado por múltiples fuentes iraníes y pakistaníes confirma lo que este analista viene señalando desde semanas atrás: el Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica (CGRI) ha concentrado en sus manos el poder efectivo en Teherán, reduciendo a Mojtaba Jamenei a una figura de refrendo institucional antes que a un verdadero director político. La «paradoja del descabezamiento» —la situación en que la eliminación de las cabezas visibles del régimen no produce su colapso inmediato sino la militarización acelerada de su estructura de mando— opera con plena virulencia. |
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II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS |
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1. Los Emiratos Árabes Unidos abandonan la OPEP |
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Los Emiratos Árabes Unidos anunciaron el 28 de abril su salida de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y del grupo ampliado OPEP+, con efecto el 1 de mayo de 2026, poniendo fin a casi seis décadas de pertenencia iniciada por el emirato de Abu Dabi en 1967. El ministro de Energía emiratí, Suhail Al Mazrouei, describió la decisión como «una evolución impulsada por políticas, alineada con los fundamentos del mercado a largo plazo». La noticia fue confirmada simultáneamente por Reuters, Bloomberg, Al Jazeera, The National, CNBC y Khaleej Times. |
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Los EAU eran el tercer productor de la OPEP —tras Arabia Saudí e Irak— y han emprendido un ambicioso programa de inversión de 150.000 millones de dólares a través de la compañía nacional ADNOC (Abu Dhabi National Oil Company) para alcanzar una capacidad de 5 millones de barriles diarios en 2027. Las cuotas de producción asignadas por la OPEP se habían convertido en una camisa de fuerza incompatible con esa estrategia de expansión. A ello se suma la ventaja geopolítica singular que representan las costas del emirato de Al Fujairah, directamente asomadas al Golfo de Omán, es decir, aguas abiertas más allá del Estrecho de Ormuz, lo que permite a Abu Dabi exportar petróleo sin depender del paso controlado por Irán. El petróleo Brent superó los 112 dólares por barril. |
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Implicaciones |
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La salida de los EAU es, en términos políticos, una patada en la espinilla a Arabia Saudí, alma mater y poder hegemónico del cartel desde su fundación. Las relaciones bilaterales emiratí-saudíes llevan meses deteriorándose —desde la ruptura de la coalición en Yemen hasta la creciente competencia económica— y esta decisión convierte el distanciamiento en ruptura institucional de primer orden. Como señala Jorge León, analista jefe de Rystad Energy, Abu Dabi «actuará como cualquier productor fuera de la OPEP: bombeará todo lo que pueda». La profesora Gianna Bern, de la Universidad de Notre Dame, advierte que, si otros socios siguen el ejemplo, «hay un potencial real de que la estructura de la OPEP se debilite». |
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La ironía mayor reside, no obstante, en que el impacto inmediato sobre el mercado es mínimo: el cierre virtual del Estrecho de Ormuz —impuesto primero por el CGRI y luego reforzado por el bloqueo naval americano— mantiene el suministro regional en niveles históricamente bajos con independencia de las cuotas de ningún cartel. La producción de la OPEP cayó un 27% en marzo, la mayor contracción en décadas. Lo que cambia con la salida de los EAU es la arquitectura del poder energético global a medio y largo plazo, no la coyuntura inmediata. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario A (más probable): una vez restaurada la navegación libre por el Estrecho, los EAU incrementan gradualmente su producción hasta el techo de capacidad real, saturando parcialmente el mercado e impidiendo a la OPEP mantener la disciplina de precios de los últimos años. Arabia Saudí intentará forzar negociaciones bilaterales, pero carecerá de palancas efectivas. Escenario B: el deterioro de las relaciones Riad–Abu Dabi precipita una crisis regional más amplia que contagia a Kuwait y a los pequeños productores del Golfo, acelerando la «OPEPización» hacia un organismo marginal sin poder real de fijación de precios. La balcanización energética —que ya preveía el análisis de The Economist Intelligence Unit— habrá comenzado. |
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2. Visita de Estado de Carlos III: discurso ante el Congreso y cena en la Casa Blanca |
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El rey Carlos III de Gran Bretaña pronunció el 28 de abril un discurso histórico ante una sesión conjunta del Congreso de los Estados Unidos —solo la segunda vez que un monarca británico lo hace, tras la reina Isabel II en 1991—, en el marco de una visita de Estado de cuatro días motivada por la celebración del 250 aniversario de la independencia americana. El primer ministro Keir Starmer asesoró al Palacio de Buckingham sobre los contenidos del discurso, orientados a «avanzar las prioridades estratégicas» de Londres ante Washington. La visita transcurría bajo la sombra del atentado contra la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca del sábado anterior. |
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En su alocución, que duró aproximadamente 25 minutos y recibió ovaciones de ambos partidos, Carlos III abogó por la cooperación internacional frente a los desafíos globales, reclamó «determinación inquebrantable» en el apoyo a la causa ucraniana, advirtió contra el aislacionismo y reivindicó los controles sobre el poder ejecutivo —referencias implícitas que no pasaron inadvertidas en la Cámara ni en la prensa internacional. Trump, que contempló el discurso desde la Casa Blanca pues «el protocolo no permite» que el presidente asista, declaró que Carlos «hizo un gran discurso» y que estaba «muy celoso». La jornada culminó con una cena de Estado en la que el rey brindó por la amistad entre las dos naciones y el presidente calificó el vínculo angloamericano de «eterna fortaleza». |
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Implicaciones |
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La visita es un ejercicio de poder blando británico de considerable envergadura. En un momento en que Trump ha fustigado reiteradamente al gobierno laborista de Starmer por su tibieza en el conflicto iraní y su resistencia a participar militarmente, la Corona actúa como puente diplomático que la política ordinaria no puede tender. Carlos III se permitió, ante el Congreso, subrayar valores —democracia liberal, estado de derecho, controles al ejecutivo, multilateralismo— que chocan frontalmente con varias de las tendencias más perturbadoras de la administración Trump, pero lo hizo desde la autoridad serena de una institución que, en Washington, paradójicamente, todavía genera un respeto casi reverencial. El Washington Post describe la intervención como una defensa de «normas democráticas» que evitó nombrar al presidente, pero lo implicó tácitamente. |
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Perspectivas y escenarios |
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El éxito ceremonial no resuelve la tensión estructural. La «relación especial» que Carlos III vino a «reparar» —como él mismo evocó con la cita de la visita de Isabel II en 1957 tras la crisis de Suez— sigue tensa en el plano político: Londres no ha respaldado militarmente las operaciones contra Irán, y Washington no ha perdonado esa omisión. La visita gana tiempo, no soluciona el fondo. |
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3. Trump: Irán, en “estado de colapso”; planes de bloqueo prolongado del estrecho de Ormuz |
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El presidente Trump publicó en Truth Social que «Irán nos ha informado de que están en estado de colapso» y que el régimen pide la apertura del Estrecho de Ormuz «tan pronto como sea posible» mientras «trata de resolver su situación de liderazgo». Al mismo tiempo, la cadena NBC informó que Trump ha ordenado a sus asesores preparar escenarios para un bloqueo prolongado del Estrecho. La NBC también reveló que Trump rechazó la última propuesta iraní —que incluye la apertura del Estrecho a cambio del fin del bloqueo naval americano, pero aplaza sine die las negociaciones nucleares— por considerarla insatisfactoria. La adjunta a la secretaria de prensa de de la Casa Blanca, Olivia Wales, declaró que «el presidente sólo firmará un acuerdo que sea bueno para el pueblo americano y para el mundo». |
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Por su parte, el canciller alemán Friedrich Merz declaró en un foro estudiantil en Marsberg que «los iraníes están negociando con mucha habilidad» y que no veía «qué salida estratégica están eligiendo los americanos», añadiendo que EE.UU. está siendo «humillado» por Teherán. Trump respondió con virulencia en redes sociales, acusando a Merz de creer que «está bien» que Irán tenga un arma nuclear y sentenciando: «No sabe de lo que habla. No me extraña que Alemania lo esté haciendo tan mal, tanto económica como de otras maneras». |
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Implicaciones |
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La declaración de Trump sobre el «estado de colapso» iraní carece de verificación independiente y debe leerse en clave política interna: el presidente necesita justificar ante sus propios votantes la razón por la que la guerra, iniciada el 28 de febrero con golpes fulminantes, no ha producido aún una victoria definida. Su gestión de las expectativas es, en el mejor de los casos, errática. El cruce con Merz revela algo más serio: la fractura transatlántica no es ya un desacuerdo táctico sino una divergencia estratégica de fondo sobre cómo tratar con Irán, con la OTAN y con el orden multilateral. |
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Alemania —y con ella buena parte de Europa continental— no comparte la lectura americana de que el conflicto iraní era inevitable ni que el método empleado fue el más prudente. Esta desconexión tiene consecuencias militares directas: sin el apoyo logístico pleno de los aliados europeos, la posición americana en el Golfo se asienta sobre una coalición reducida. España, cabe recordarlo aquí, mantiene sus bases de Rota y Morón operativas como activos logísticos de esta guerra, en una contradicción flagrante entre la realidad militar y el discurso público del gobierno, que roza la irresponsabilidad. |
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Perspectivas y escenarios |
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Si la propuesta iraní no logra desbloquear las negociaciones en los próximos días —mediadores pakistaníes esperan una propuesta iraní revisada—, el escenario más probable es una extensión indefinida del «bloqueo dual» con consecuencias energéticas devastadoras para Asia y África. El Brent a 112 dólares no es el techo: si el impasse se perpetúa, analistas de Rystad Energy y del IISS proyectan niveles por encima de los 130-140 dólares, con racionamiento energético en amplias zonas de Asia meridional y Subsahariana. |
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4. El CGRI asume el poder de guerra; Mojtaba Jamenei, figura nominal |
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Hechos |
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Un amplio análisis publicado por Reuters el 28 de abril, avalado por fuentes pakistaníes, iraníes y por el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW, Washington), confirma que el Cuerpo de Guardias de la Revolución Islámica ha concentrado en sus manos el control efectivo del Estado iraní, relegando al nuevo Líder Supremo Mojtaba Jamenei a un papel de legitimación formal antes que de dirección política real. Mojtaba, gravemente herido en el primer ataque israelí-americano que mató a su padre y a otros miembros de su familia, no ha aparecido en público y se comunica a través de delegados del CGRI o mediante vínculos de audio restringidos por razones de seguridad. |
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El poder efectivo reside en el triunvirato que este analista viene describiendo desde principios de abril: el general Ahmad Vahidi (comandante en jefe del CGRI), Mohammed Baguer Zolghadr (secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional, CSSN, y jefe de las brigadas Al Quds), y el general Rezaí, asesor militar interino del Líder Supremo. El presidente reformista Masoud Pezeshkian permanece sistemáticamente apartado de las decisiones clave. El presidente del Parlamento, Mohammed Baguer Ghalibaf —ex comandante de la Fuerza Aérea del CGRI, ex alcalde de Teherán y ex candidato presidencial— actúa en las negociaciones con Washington pero responde a Vahidi, no a Pezeshkian. Un funcionario pakistaní senior implicado en las negociaciones declaró que «los iraníes son dolorosamente lentos en sus respuestas. Aparentemente no existe una única estructura de mando decisoria. En ocasiones tardan dos o tres días en responder». |
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Implicaciones |
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Este análisis confirma y profundiza la «paradoja del descabezamiento» —término que vengo utilizando para describir la situación en que la eliminación de los vértices del régimen no produce su implosión inmediata sino la militarización acelerada de su estructura de poder—. Lejos de colapsar, la oligarquía yihadista se ha endurecido. El CGRI, que en la práctica nunca fue un brazo ejecutor sometido a la dirección clerical sino un Estado dentro del Estado, ha encontrado en la guerra la coartada perfecta para la hegemonía abierta. La línea de separación entre los intereses institucionales del CGRI —preservar el programa nuclear, mantener el control sobre el Estrecho como palanca de negociación, perpetuar las redes de corrupción pura y dura que sostienen al régimen— y una hipotética racionalidad estratégica que aceptase una solución negociada es hoy más ancha que nunca. |
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El analista iraní Arash Azizi, citado en el análisis de Reuters, resume con precisión el dilema: «Los grandes acuerdos probablemente pasen por Mojtaba, pero no puedo imaginarle imponiendo su criterio sobre el Consejo de Seguridad Nacional. ¿Cómo va a ir contra quienes están dirigiendo el esfuerzo de guerra?». Alan Eyre, exdiplomático americano y experto en Irán, concluye que «ninguno de los dos lados quiere negociar» y que cualquier flexibilidad sería leída como debilidad por ambas partes. |
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Perspectivas y escenarios |
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La consolidación del poder del CGRI blinda estructuralmente la posición negociadora iraní. El triunvirato no cederá en el programa nuclear, que constituye su póliza de supervivencia a largo plazo; y no abrirá el Estrecho sin contrapartidas que Washington no está hoy en condiciones de ofrecer —levantamiento del bloqueo naval y garantías de no ataque adicional. El impasse no es coyuntural: es arquitectónico. Sin un plan para el «día después» —que la administración Trump lamentablemente no tiene— la «fractura sistémica contenida» puede volverse incontrolable. |
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5. Trump rechaza la última propuesta iraní; negociaciones en punto muerto |
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Hechos |
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El New York Times y CBS News informaron el 28 de abril, citando múltiples fuentes anónimas del entorno de la Casa Blanca, que el presidente Trump rechazó la más reciente propuesta iraní transmitida a través de los mediadores pakistaníes. La propuesta planteaba una apertura del Estrecho de Ormuz a cambio del levantamiento del bloqueo naval americano, pero aplazaba indefinidamente las negociaciones sobre el programa nuclear. Trump habría declarado a sus asesores que «no está satisfecho» con los términos. Mediadores pakistaníes esperan la presentación de una propuesta revisada iraní en los próximos días, aunque el viaje de Jared Kushner y el enviado especial Steve Witkoff a Islamabad fue cancelado el pasado 25 de abril. El Canal de Panamá registra un aumento del tráfico de 34 a 50 barcos diarios, indicativo directo del desvío masivo de rutas provocado por el cierre de Ormuz. |
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Bahréin convocó una sesión de alto nivel en Naciones Unidas para exigir la apertura del Estrecho. La mayoría de países apoyó la llamada; Rusia y China culparon al bloqueo americano y los ataques israelíes. El Mando Central americano (CENTCOM) informó que 39 buques han sido redirigidos desde el inicio del bloqueo el 13 de abril. |
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Implicaciones |
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La negativa de Trump a aceptar una propuesta que disociaría la cuestión del Estrecho de la cuestión nuclear refleja una decisión estratégica con coherencia propia —el programa nuclear iraní es, en su concepción, la amenaza central que justificó la guerra— pero que ignora la realidad operativa: el CGRI no negociará su póliza de seguro existencial bajo presión bélica activa. La consecuencia es un «punto muerto arquitectónico» que este analista caracteriza como «fractura sistémica contenida»: ni hay guerra total, ni hay paz; sólo un estado de daño continuo y acumulativo para la economía global, para las poblaciones afectadas y para la credibilidad de Washington como potencia que actúa con plan y no sólo con fuerza. |
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La paradoja mayor es que Trump sabe que necesita un éxito diplomático antes de las elecciones de mitad de mandato, pero las condiciones que impone hacen ese éxito prácticamente imposible en el corto plazo. El canciller Merz no se equivocó en el diagnóstico —la falta de estrategia americana es evidente— aunque su formulación fuera políticamente torpe en el contexto de la visita real británica. |
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Perspectivas y escenarios |
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Escenario más probable (probabilidad estimada: 45%): impasse prolongado, con el Estrecho funcionando a capacidad mínima durante semanas adicionales y el precio del Brent consolidándose por encima de los 115-120 dólares. Escenario B (30%): acuerdo interino limitado —apertura parcial y supervisada del Estrecho, aplazamiento nuclear— que Trump pueda vender como victoria sin comprometer sus líneas rojas. Escenario C (15%): ruptura del alto el fuego y reanudación de operaciones militares. Escenario D (10%): implosión del régimen iraní por colapso económico interno, sin acuerdo formal. |
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III. RACK DE MEDIOS |
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IV. SEMÁFORO DE RIESGOS |
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V. COMENTARIO EDITORIAL |
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Hay jornadas en que los eventos parecen ordenarse con voluntad dramatúrgica, como si la historia hubiera decidido, en veinticuatro horas, revelar el plano de la arquitectura que lleva meses construyendo en silencio. El 28 de abril de 2026 es una de esas jornadas. |
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La salida de los EAU de la OPEP es mucho más que una decisión energética: es una declaración de independencia geopolítica de Abu Dabi respecto del orden regional encabezado por Arabia Saudí. Durante décadas, la cohesión del Golfo fue presentada por los apologistas del status quo como uno de los pilares de la estabilidad energética mundial. Ese pilar acaba de fisurarse públicamente, en el momento más inoportuno —cuando el Estrecho de Ormuz permanece bajo un doble bloqueo y el precio del barril roza los 115 dólares. El timing no es accidental: la guerra contra la oligarquía yihadista de Teherán ha creado el contexto perfecto para que los EAU, que llevan años chafando en las cuotas de producción impuestas por Riad, den el salto. Abu Dabi tiene su ruta de salida al mar fuera del Estrecho —Al Fujairah abre directamente al Golfo de Omán—, tiene la capacidad técnica de bombear cinco millones de barriles diarios y tiene la voluntad política de no seguir pagando los costes de una solidaridad cartelizada que nunca le protegió de los misiles iraníes. La OPEP sale de esta crisis estructuralmente disminuida. |
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La visita de Carlos III a Washington es, en su forma, un acto de elegancia monárquica de primer orden; en su fondo, un reconocimiento implícito de que la «relación especial» angloamericana ha entrado en una zona de turbulencias que ningún primer ministro laborista puede disipar. El rey hizo lo que podía hacer: invocar la historia compartida, abogar por los valores compartidos —la democracia liberal, los contrapesos al poder ejecutivo, el multilateralismo, Ucrania— desde la distancia que otorga la corona, sin mencionar a Trump por su nombre pero sin dejar de dirigirse a él en el fondo de cada párrafo. El Congreso ovacionó. El presidente dijo que estaba «celoso». La brecha entre el continente y Washington, sin embargo, sigue abierta. |
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El intercambio entre Trump y Merz merece un análisis más detenido, porque revela algo que la diplomacia del correcto no suele admitir: Europa y América ya no leen el mismo mapa estratégico. Merz no dijo que estuviera bien que Irán tuviera un arma nuclear —esa lectura de Trump es una tergiversación deliberada o una incomprensión inadmisible en un presidente en ejercicio—; dijo que la falta de estrategia americana hace imposible una salida decorosa para Washington. Y en eso, guste o no, el canciller alemán tiene razón. La potencia que inicia una guerra sin plan para el día después no es una potencia estratégica: es una potencia táctica con ambiciones estratégicas, lo cual es infinitamente más peligroso. |
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El análisis sobre la toma del poder por parte del CGRI confirma lo que este analista viene describiendo con precisión desde el inicio del conflicto: la «paradoja del descabezamiento» no es un fallo del diagnóstico americano, es el resultado previsible de décadas de confusión entre el régimen y el pueblo iraní. Se puede destruir la cúpula clerical visible; no se puede destruir de un plumazo la estructura miliciana, ideológica, económica y criminal que el CGRI ha construido durante cuarenta y cinco años. El general Vahidi no es un sucesor de Jamenei: es el heredero natural de un sistema que nunca fue una teocracia —como tantos analistas superficiales repiten— sino una oligarquía yihadista y mafiosa con ropajes religiosos. La diferencia no es semántica: es analíticamente determinante. Las teocracias tienen una lógica de legitimidad que puede erosionarse; las mafias militares, no. |
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Concluyo con una reflexión que se impone: la crisis del Estrecho de Ormuz ha pasado de ser un conflicto regional para convertirse en el mayor shock energético y geopolítico de lo que llevamos de siglo. Sus consecuencias —racionamiento energético en Asia y África, reordenamiento del sistema OPEP, fragilización de la OTAN, ruptura de la coherencia transatlántica, fortalecimiento paradójico del CGRI— se acumularán durante años. Y en todo este escenario, España —con Rota y Morón funcionando como activos logísticos de primera línea— mantiene un discurso público de neutralidad que no merece otro calificativo que el de esquizofrenia estratégica. No pido maximalismos. Pido coherencia. |