Islamabad: las delegaciones, la OTAN, el Líbano y el Estrecho
Seguimiento especial en cuatro frentes: los negociadores del Hotel Serena
· La OTAN ante el abismo
· La tragedia libanesa
· Ormuz y sus consecuencias
Operación Epic Fury | Día 41 | 10 de abril de 2026
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El Hotel Serena de Islamabad —situado junto a la cancillería en la Zona Roja de la capital pakistaní, conocido por sus paneles de madera tallada y sus arañas de color rosa— ha sido requisado por el gobierno de Islamabad desde la tarde del miércoles 8 de abril. Sus huéspedes habituales fueron reubicados con compensación. Los accesos a la Zona Roja están sellados. El 9 y el 10 de abril son festivos oficiales en la capital. El despliegue de seguridad es sin precedentes en la historia diplomática de Pakistan. En ese edificio, que quien esto escribe conoce bien por haberlo habitado, se celebrarán este fin de semana las conversaciones más importantes para la seguridad mundial desde los Acuerdos de Dayton de 1995. |
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A continuación, el análisis de cada uno de los negociadores confirmados —quiénes son, qué trayectoria real tienen, qué personalidad llevan a la mesa y, sobre todo, qué pueden realmente comprometer sin volver a consultar con sus respectivos superiores. |
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I.1. La dinámica de las delegaciones: quién domina realmente |
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Por el lado estadounidense: el triángulo Vance-Witkoff-Kushner |
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La delegación estadounidense presenta una estructura de autoridad que no es lo que parece. Vance es el jefe nominal y el interlocutor que Irán ha aceptado. Pero Witkoff es quien conoce el expediente en todos sus detalles —cada ronda de negociaciones de Muscat, Roma y Ginebra— y quien tiene el acceso directo a Trump en tiempo real. Kushner aporta los vínculos con Israel que, paradójicamente, son al mismo tiempo su mayor activo (ante Netanyahu) y su mayor pasivo (ante Teherán). El triángulo funciona: Vance pone la cara, Witkoff pone la sustancia, Kushner garantiza la sincronía con Israel. Irán rechaza a dos de los tres, pero no están en posición de imponer la delegación estadounidense. |
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Por el lado iraní: la pinza Ghalibaf-Araghchi |
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La delegación iraní es una pinza deliberadamente diseñada. Ghalibaf representa la legitimidad ante el IRGC —nadie podrá acusar a un general de 39 años de militancia revolucionaria de haber capitulado. Araghchi aporta la competencia técnica y el lenguaje que los occidentales entienden: doctorado en Kent, negociador del JCPOA, conocedor de cada coma del Derecho Internacional Nuclear. Juntos, forman el dúo más completo que Irán podría enviar: el halcón que garantiza que no habrá concesiones excesivas, y el tecnócrata que garantiza que habrá negociación. |
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La pregunta que ninguna fuente ha podido responder todavía es si Ghalibaf viaja con autoridad para llegar a un compromiso — o solo para transmitir las posiciones maximalistas los halcones sanguinarios de la Guardia Revolucionaria. Si el jefe de la IRGC Ahmed Vahidi no ha dado a Ghalibaf mandato de firmar un acuerdo, Islamabad producirá declaraciones, no acuerdos. |
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I.2. El Hotel Serena como escenario: tres salas, tres lógicas |
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Las negociaciones de Islamabad se desarrollarán previsiblemente en el formato indirecto que ha caracterizado todas las rondas anteriores: delegaciones en salas separadas, mensajes transmitidos por los mediadores pakistaníes —con el Mariscal de Campo Asim Munir, el todopoderoso jefe del ejército pakistaní, como árbitro de facto. Pakistán no reconoce al Estado de Israel. No tiene tropas en el Golfo. Tiene una frontera de 900 kilómetros con Irán y una deuda histórica con Washington. Estas características le otorgan una posición única —equidistante de ambas partes, sin agenda propia en los puntos sustanciales— es lo que hace de Pakistán el mediador más adecuado en este momento. |
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La sala de Vance y la sala de Ghalibaf no se verán. Lo que llegue a la mesa de cada delegación pasará primero por los filtros de Munir. En ese proceso de filtrado —inevitable en las negociaciones indirectas— está la mayor fuente de ambigüedad constructiva y también de malentendidos peligrosos. El precedente del 7 de abril —tres versiones del mismo acuerdo— nació precisamente en ese proceso. |
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II. LA OTAN ANTE EL ABISMO: ESCENARIOS Y PERSPECTIVAS DE LA POSIBLE RETIRADA ESTADOUNIDENSE |
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La noticia más estratégicamente significativa del 8 de abril no fue el alto el fuego. Fue la información del Wall Street Journal, corroborada por múltiples fuentes de la administración, de que Trump está considerando retirar o reubicar tropas de países de la OTAN considerados «poco solidarios» durante la guerra de Irán. España y Alemania están en el centro de la lista. La misma noche, Trump publicó en mayúsculas desde Truth Social: «LA OTAN NO ESTUVO CON NOSOTROS CUANDO LA NECESITAMOS, Y NO ESTARÁ CON NOSOTROS SI LA NECESITAMOS DE NUEVO». Y añadió la amenaza habitual sobre Groenlandia. |
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El secretario general de la OTAN Mark Rutte, conocido en Europa como el «susurrador de Trump» por su habilidad para gestionar la relación transatlántica, se reunió con Trump el mismo 8 de abril. Su descripción pública del encuentro —«muy franca y muy abierta, entre dos buenos amigos»— fue la formulación más diplomática posible del hecho de que Trump le comunicó su «decepción» con la Alianza. Rutte reconoció después ante CNN que Trump está «claramente decepcionado con muchos aliados de la OTAN». |
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A continuación, el análisis de los cuatro escenarios posibles y sus consecuencias para la seguridad global y el conflicto inconcluso del Golfo. |
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II.1. El caso de España: entre la soberanía y la responsabilidad estratégica |
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España bloqueó el uso de su espacio aéreo a los aviones de la Operación Epic Fury —una decisión soberana y jurídicamente fundada en el marco de una guerra no sancionada por el Consejo de Seguridad de la ONU. Pero la amenaza iraní que motivó esa guerra es real, permanente e inminente, lo que matiza considerablemente el debate sobre la legalidad de la respuesta militar. España puede legítimamente no participar en una operación de cuya legalidad duda; no puede ignorar la amenaza que la motivó. |
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Las consecuencias prácticas de un cierre o degradación de Rota y Morón serían devastadoras para España misma: Rota aloja la 4.ª Escuadrilla de Destructores de EEUU —la columna vertebral de la defensa antimisil del flanco sur de la OTAN. Morón es la plataforma logística más valiosa del AFRICOM y el CENTCOM en el Mediterráneo oriental y el Norte de África. Perder esas bases no debilitaría solo a EE. UU. —debilitaría al flanco sur europeo del que España forma parte. |
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El camino correcto es el de la mejor tradición diplomática española: defensa serena de las posiciones jurídicas, oferta activa de contribuciones alternativas a la seguridad colectiva —incluyendo mayor gasto en defensa y participación en la defensa antimisil del flanco sur— y diálogo franco con Washington sobre los términos en que la presencia de las bases puede continuar siendo mutuamente beneficiosa. Las bases de Rota y Morón son un activo de España. No una concesión a nadie. |
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II.2. La convergencia peligrosa: el punto 7 iraní y el instinto aislacionista de Trump |
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La dimensión estratégica más alarmante del momento es la convergencia —no coordinada, pero funcionalmente equivalente— entre la demanda iraní del punto 7 (retirada de todas las fuerzas de EEUU de la región) y el impulso aislacionista de Trump hacia la OTAN. El IRGC no necesita que Trump lo haga deliberadamente. Le basta con que las fricciones transatlánticas generen una dinámica de repliegue gradual, simultáneamente en Europa y en el Golfo. |
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Si esa convergencia se materializa en el Escenario A o B, el régimen oligárquico-yihadista de Irán habrá obtenido —como efecto secundario de una guerra que pretendía destruirlo— lo que ninguna campaña militar podría haber conseguido: la erosión del compromiso de seguridad estadounidense en las dos regiones donde ese compromiso es más determinante para el orden mundial. Rusia y China observan. Son los únicos beneficiarios netos de ambos escenarios. |
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III. EL LÍBANO: LA TRAGEDIA DE UN PAÍS QUE VUELVE A SER EL CAMPO DE BATALLA DE GUERRAS PROPIAS Y AJENAS |
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Hay una verdad que los análisis geopolíticos del conflicto de Irán tienden a silenciar por comodidad narrativa: la primera y principal víctima de Hizbulá —y por extensión de Irán— en el Líbano son los libaneses mismos. Antes que Israel, antes que el Golfo, antes que la comunidad internacional, son los ciudadanos del Líbano quienes pagan con su vida, su hogar y su futuro el precio de que su territorio sea el campo de batalla permanente de guerras que no eligieron y que ningún gobierno libanés legítimo ha podido nunca controlar del todo. |
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El Líbano es el país árabe con la presencia cristiana más significativa de Oriente Medio. Es también el único país árabe en el que la convivencia confesional —aunque frágil, aunque muchas veces rota— ha producido una cultura política propia, una clase intelectual cosmopolita y una sociedad civil de una vitalidad que ningún otro Estado árabe ha conseguido replicar. Es precisamente esa singularidad la que Irán y Hizbulá han convertido en rehén desde 1982 —el año en que el IRGC creó a Hizbulá en el Líbano ocupado, con financiación y adiestramiento propios, como instrumento de la revolución chií y como arma permanente contra Israel. |
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Los datos de la tragedia: 40 días de guerra en el Líbano |
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◆ Más de 1500 personas fallecidas desde el inicio de la guerra del Líbano el 2 de marzo de 2026 —entre ellas, un número significativo de civiles, incluyendo mujeres y niños. |
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◆ Más de 1,2 millones de desplazados —el 20% de la población total del país— según las autoridades libanesas. Una catástrofe humanitaria de proporciones bíblicas para un país de seis millones de habitantes. |
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◆ El 8 de abril —primer día del alto el fuego entre EEUU e Irán— fue el día más mortífero de la guerra del Líbano: 254 muertos en diez minutos de bombardeo israelí sobre Beirut central, el Bekaa y el sur. La «Operación Oscuridad Eterna» impactó barrios residenciales y comerciales de Beirut sin advertencia previa durante la hora punta matutina. |
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◆ Las evacuaciones israelíes cubren ya el 15% del territorio libanés. Israel ocupa partes del sur del Líbano y ha declarado que sus fuerzas permanecerán allí hasta que la seguridad de los ciudadanos israelíes del norte esté garantizada. |
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◆ Los ataques de Hizbulá han herido a más de 400 soldados israelíes y matado a doce. Han lanzado miles de misiles y drones contra el norte de Israel —la mayoría interceptados, pero suficientes para mantener desplazada a la población del norte de Israel. |
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La raíz de la tragedia: cuarenta años de instrumentalización |
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Hizbulá no es una organización terrorista que surgió espontáneamente del pueblo libanés. Es una creación del IRGC iraní —fundada, financiada, armada y entrenada por Teherán desde 1982 como instrumento de exportación de la revolución chiì y como vector de presión permanente sobre Israel. En cuatro décadas, Hizbulá ha logrado algo que ningún otro actor no estatal ha conseguido en el mundo moderno: convertirse simultáneamente en partido político con representación parlamentaria, red de servicios sociales (hospitales, escuelas, infraestructura), fuerza militar con capacidades de ejército regular, y organización terrorista con alcance internacional. |
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Esta multiplicidad de roles le da a Hizbulá una resiliencia extraordinaria ante los ataques: destruir sus infraestructuras militares no destruye su red social; matar a sus comandantes no destruye su estructura política. Y cada ataque israelí sobre Beirut genera el doble efecto que el IRGC necesita: daño real a las capacidades militares de Hizbulá, y narrativa de victimización que consolida su base social y justifica la continuación de la guerra ante la audiencia interna iraní. |
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El Líbano es, en este sentido, el laboratorio más sofisticado de la estrategia del IRGC: usar un país entero —su territorio, su población, su infraestructura— como escudo y como palanca simultáneamente. Es una estrategia despiadada. Es también sumamente eficaz. |
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La situación a 10 de abril: entre el alto el fuego y la implosión |
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A la hora de escribir este informe, Israel ha declarado su disposición a iniciar negociaciones directas con el Líbano —separadas del proceso de Islamabad— para estabilizar el flanco norte. Netanyahu ha condicionado cualquier acuerdo en el Líbano a la implementación plena de la Resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU (2006): retirada de Hizbulá al norte del río Litani, despliegue del ejército libanés en el sur, fin del rearme. Son las mismas condiciones que se incumplieron sistemáticamente desde 2006. |
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El primer ministro libanés Nawaf Salam —jurista internacional elegido en enero de 2026, sin vínculos con Hizbulá, el hombre más serio que el Líbano ha tenido al frente del gobierno en décadas— condenó los ataques israelíes como «crímenes de guerra» y pidió la inclusión del Líbano en cualquier acuerdo regional. Su voz importa moralmente. Su capacidad de imponer soluciones es limitada mientras Hizbulá continúe siendo el actor armado más poderoso del país. |
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La única salida sostenible para el Líbano no es militar —ninguno de los actores tiene capacidad de una victoria definitiva sobre el otro. Es política y pasa por tres condiciones simultáneas: el cese de la financiación y el armamento de Hizbulá por parte del IRGC (que solo puede producirse como resultado de un acuerdo global con Irán); la implementación real y verificada de la Resolución 1701; y la consolidación del ejército libanés como única fuerza armada legítima en el territorio. Las tres condiciones son inalcanzables sin un acuerdo en Islamabad que incluya el Líbano. Y ese es exactamente el círculo vicioso que el IRGC ha diseñado. |
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IV. LA VINCULACIÓN IRANÍ: DEL LÍBANO A ORMUZ Y DE VUELTA — CONSECUENCIAS DEL CIERRE DEL ESTRECHO |
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En menos de doce horas desde el anuncio del alto el fuego, el IRGC activó la cadena de movimientos más reveladora de su estrategia negociadora: vinculó el Estrecho de Ormuz a los ataques israelíes en el Líbano, cerró el Estrecho como represalia, y declaró el alto el fuego «irrazonable» antes de que sus propios negociadores hubieran llegado a Islamabad. Es una ingeniería de palancas de notable sofisticación —y sus consecuencias económicas y geopolíticas son las que definen el horizonte real de las dos semanas de pausa. |
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IV.1. La lógica estratégica del cierre selectivo |
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El IRGC no cierra Ormuz de forma total —lo cierra de forma selectiva. Pakistan ha sido autorizada a pasar buques sin restricciones. Los países que han «coordinado» con las fuerzas armadas iraníes han obtenido paso. Los que no han pagado el peaje o no han solicitado permiso han sido bloqueados o se han visto obligados a usar rutas alternativas más largas y costosas. |
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Esta selectividad es la clave del modelo: el IRGC no está simplemente cerrando un Estrecho —está construyendo, en tiempo real, el sistema de «coordinación obligatoria» que el punto 6 de su propuesta pretende institucionalizar permanentemente. Cada día de cierre selectivo es un día de entrenamiento del mercado internacional para aceptar que el paso por Ormuz requiere el permiso de Irán. Si ese hábito se instala durante dos semanas —el tiempo del alto el fuego— Islamabad encontrará un hecho consumado difícil de desmantelar. |
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IV.2. La trampa jurídica de la «coordinación» |
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La formulación de Araghchi —«paso seguro mediante coordinación con las Fuerzas Armadas de Irán y considerando las limitaciones técnicas»— es una obra maestra de ambigüedad jurídicamente activa. Antes de la guerra, el tránsito por Ormuz se regía por el régimen de paso inocente del Derecho Internacional del Mar (CONVEMAR, artículos 17-32): ningún buque en tránsito de alta mar necesita permiso de ningún Estado ribereño. La formulación iraní transforma unilateralmente ese derecho en un privilegio que Irán otorga y puede revocar. |
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Si Islamabad acepta —aunque sea implícitamente, aunque sea como «medida transitoria»— la «coordinación» iraní como condición del tránsito, habrá producido la mayor erosión del Derecho Internacional del Mar desde la crisis del Canal de Suez de 1956. Es exactamente lo que el IRGC necesita: no la victoria militar que no ha conseguido, sino el reconocimiento jurídico internacional de su control sobre Ormuz. Con ese reconocimiento, el punto 6 de su propuesta deja de ser una demanda maximalista para convertirse en un derecho adquirido. |
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IV.3. Las implicaciones para los estados del CCG: víctimas dos veces |
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Los estados del CCG son las víctimas dos veces de este conflicto: primero como objetivo directo de los criminales ataques del régimen oligárquico-yihadista —refinerías, plantas desaladoras, aeropuertos, puertos, desde Kuwait hasta Omán—; y segundo como dependientes del mismo Estrecho que Irán usa como arma. Arabia Saudí tiene el oleoducto Este-Oeste como alternativa parcial (capacidad de 5 millones de barriles diarios, insuficiente para cubrir el total de exportaciones del Golfo). Los EAU y Qatar no tienen alternativa. |
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La posición de los EAU en este contexto merece atención especial. Abú Dabi ha reclamado explícitamente que el acuerdo final aborde «la gama completa de amenazas iraníes, incluidas sus capacidades nucleares, misiles balísticos, drones y proxies», poniendo fin a «las amenazas a la libertad de navegación y a la guerra económica y la piratería en el Estrecho de Ormuz». Es la formulación más directa que un estado del CCG ha hecho de sus condiciones mínimas —y coincide exactamente con el análisis de este informe sobre lo que un acuerdo razonable debe incluir. |
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V. COMENTARIO EDITORIAL |
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El 10 de abril de 2026 —el Día 41 de la Operación Epic Fury— es el día en que las delegaciones llegan al Hotel Serena. Es también el día en que la realidad de lo que se va a negociar colisiona frontalmente con la narrativa de lo que supuestamente ya está acordado. Trump dijo que «casi todo» está acordado. Ghalibaf dijo que el alto el fuego es «irrazonable» (sic). Ambas afirmaciones son verdaderas desde el punto de vista de la audiencia a la que van dirigidas. Ninguna describe lo que realmente ocurre en las salas del Serena. |
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Lo que realmente ocurre es esto: dos delegaciones con mandatos opuestos, separadas por décadas de desconfianza estructural, mediadas por un país que no puede forzar a ninguna de las dos, negocian sobre un texto que tiene tres versiones incompatibles, bajo la amenaza simultánea del Líbano, del Estrecho y de la OTAN. Cualquiera de esas tres variables puede colapsar el proceso antes de que produzca una sola línea de acuerdo sustancial. |
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Sin embargo —y esta es la paradoja central de Islamabad— la alternativa al proceso es peor que el proceso mismo. Sin Islamabad, el IRGC tiene todo el tiempo del mundo para reconstituir bajo el paraguas del alto el fuego mientras Ghalibaf declara que las negociaciones son «irrazonables». Con Islamabad, existe al menos la posibilidad de que el marco produzca algo verificable sobre el nuclear, el Estrecho y las organizaciones terroristas. Es una posibilidad pequeña. Es la única que existe. |
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Los estados del CCG —Bahráin, Kuwait, Qatar, Arabia Saudí, los EAU y Omán— no pueden ser espectadores de este proceso. Sus intereses están en juego más directamente que los de ningún otro actor, incluido Israel. La demanda emiratí de que el acuerdo incluya la gama completa de amenazas iraníes es el punto de partida correcto. Lo que sigue es la presión diplomática sostenida para que Islamabad no produzca un texto que otorgue a Irán lo que el IRGC no ha podido obtener en cuarenta días de guerra: el reconocimiento internacional de su hegemonía regional. |
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LAS DELEGACIONES ESTÁN EN EL SERENA. LAS VENTANAS ESTÁN ABIERTAS. EL TIEMPO QUE QUEDA PARA USARLAS ES EXACTAMENTE EL QUE TARDE GHALIBAF EN RECIBIR DE VAHIDI EL MANDATO QUE TODAVÍA NO TIENE — O EN MARCHARSE SIN ÉL. |