Lagarde “se va” (y el BCE lo desmiente) en tiempo real, mientras Ginebra concentra dos crisis y Japón activa su mega-paquete

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Ginebra se convierte hoy en la capital diplomática del mundo, no por azar geográfico, sino porque dos de los conflictos más peligrosos del planeta —la guerra de Ucrania y el expediente nuclear iraní— se ventilan simultáneamente en la ciudad del lago Lemán, con los mismos interlocutores estadounidenses —Steve Witkoff y Jared Kushner— como brokers de una diplomacia inédita en alcance y audacia. A eso se suman, en el mismo día, el lanzamiento formal de los primeros proyectos del paquete de inversión nipona por valor de 550.000 millones de dólares en suelo estadounidense, las nuevas revelaciones sobre el presunto ensayo nuclear chino de 2020, y la confirmación —con portavoz del BCE desmintiendo al Financial Times en tiempo real— de que Christine Lagarde podría abandonar la presidencia del Banco Central Europeo antes de octubre de 2027.

El telón de fondo de toda esta actividad diplomática y económica es un orden internacional en mutación acelerada: Rusia continúa bombardeando Ucrania mientras negocia en Suiza, Irán cierra provisionalmente el Estrecho de Ormuz durante maniobras militares mientras sus diplomáticos hablan de "principios rectores" con Washington, China niega haber realizado pruebas nucleares mientras expande su arsenal a una velocidad no vista en décadas, y Venezuela —tras la captura de Maduro a comienzos de enero— aún no consigue completar su transición democrática, con elementos duros del régimen enquistados en el poder. América Latina, el flanco más frágil del hemisferio occidental, vuelve a exhibir su debilidad institucional con el Perú, país que acumula ya ocho presidentes en diez años. No es un martes cualquiera: es una jornada que concentra, con rara intensidad, las líneas de fuerza que definirán la arquitectura de seguridad y la economía política del mundo en los próximos años.

 

II. NOTICIAS MÁS IMPORTANTES DE LAS ÚLTIMAS 24 HORAS

1. Ginebra, capital diplomática: conversaciones Ucrania-Rusia y conversaciones nucleares EE. UU.-Irán en paralelo

Hechos

En una jornada sin precedentes en la diplomacia contemporánea, la ciudad de Ginebra albergó el 17 y 18 de febrero dos mesas de negociación de alcance histórico: la tercera ronda de conversaciones trilaterales EE. UU.-Ucrania-Rusia, y la segunda ronda de conversaciones indirectas EE. UU.-Irán sobre el programa nuclear persa. Ambas negociaciones fueron conducidas por la misma pareja estadounidense —el enviado especial Steve Witkoff y el yerno del presidente Donald Trump, Jared Kushner—, que se desplazó por la mañana a la misión permanente de Omán en Chambésy para abordar el expediente iraní, y después cruzó la ciudad hasta el hotel InterContinental para presidir las conversaciones sobre Ucrania. La imagen de ambos negociadores moviéndose entre dos de las crisis más explosivas del planeta en el mismo día resume bien la apuesta diplomática de la Administración Trump: concentrar poder de decisión, reducir burocracia y avanzar en calendario comprimido.

En el capítulo ucraniano, Rusia y Ucrania se sentaron frente a frente en torno a una mesa en herradura, con la delegación ucraniana liderada por Rustem Umerov —secretario del Consejo de Seguridad y Defensa Nacional— y la rusa por Vladímir Medinski, asesor de Putin y conocido ultranacionalista que ya representó a Moscú en los frustrados diálogos de Estambul en marzo de 2022. Las conversaciones, calificadas por Moscú como "difíciles, pero de carácter empresarial" y por Kiev como centradas en "cuestiones prácticas y mecánicas de posibles soluciones", concluyeron sin ningún avance sustantivo, aunque sin ruptura formal. Antes de iniciarse las conversaciones, Rusia lanzó casi 400 drones y 29 misiles contra 12 regiones ucranianas, dejando decenas de miles de ciudadanos de Odesa sin calefacción ni agua corriente. El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, denunció que los ataques refuerzan la imposibilidad de confiar en Moscú. Trump, por su parte, advirtió que "Ucrania debe venir a negociar rápido", añadiendo presión a Kiev sin ofrecer garantías proporcionales.

En el frente iraní, el ministro de Exteriores de Irán, Abbas Araghchi, describió las conversaciones como "serias, constructivas y positivas", afirmando que ambas partes han alcanzado "principios rectores" compartidos, aunque aclaró que el camino hasta un acuerdo será largo y complicado. La mediación omaní volvió a ser el canal. Crucialmente, justo al inicio de las conversaciones, Irán anunció el cierre temporal de partes del Estrecho de Ormuz por maniobras militares de sus Guardias Revolucionarios —una señal intimidatoria que no pasó desapercibida—, cerrando brevemente una vía por la que circula el 20% del petróleo mundial. Washington, por su parte, ha desplegado en paralelo un segundo grupo de combate de portaaviones en el Golfo, más de 50 cazas F-35, F-22 y F-16 en la región, y mantiene abierta la opción de la acción militar. La combinación de diplomacia y presión militar es explícita: se negocia con la sombra de un ultimátum.

Implicaciones

La simultaneidad de ambas negociaciones refleja la filosofía de la Administración Trump: resolver, o al menos gestionar, los dos principales focos de inestabilidad global antes del verano mediante una diplomacia de alta presión que combina zanahorias económicas con garrotes militares creíbles. Celebramos la ambición y el realismo de este planteamiento, muy superior al voluntarismo multilateralista que caracterizó a administraciones anteriores. En el caso ucraniano, sin embargo, nuestra posición es inequívoca: presionar a Kiev para que ceda territorios ilegalmente ocupados por Rusia no es realismo, es capitulación enmascarada de pragmatismo. El uso de la fuerza para modificar fronteras soberanas —como ha hecho Putin desde 2014— no puede recibir validación diplomática sin destruir los pilares del orden internacional basado en normas. Rusia atacó Kiev y Odesa mientras sus diplomáticos negociaban en Suiza: ese gesto lo dice todo sobre la buena fe de Moscú.

En el caso iraní, el balance es más ambiguo pero no menos urgente. Que Teherán esté dispuesto a hablar de "principios rectores" es un avance mínimo, insuficiente para calificar la situación de promisoria. El régimen de los ayatolás ha demostrado sobradamente su habilidad para negociar tiempo mientras avanza en centrifugadoras. La posición de Washington de exigir el desmantelamiento del programa nuclear, el fin del desarrollo de misiles balísticos y el cese de apoyo a sus grupos terroristas interpuestos —Hezbolá, Hutíes, Hamas, milicias iraquíes— es la correcta. Cualquier acuerdo que no incluya estas tres patas será una victoria táctica para Teherán y una derrota estratégica para las democracias liberales de la región.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario en Ucrania sería un alto el fuego supervisado internacionalmente que preserve la integridad territorial de Kiev o cuando menos no consagre jurídicamente las conquistas rusas, combinado con garantías de seguridad sólidas —idealmente con compromisos de la OTAN o equivalentes— y un marco de reconstrucción ambicioso. El peor escenario, que se perfila como el más probable si la presión sobre Zelenski no se compensa con garantías equivalentes para Ucrania, es una congelación de facto del conflicto que Rusia utilice para rearmarse, reagruparse y relanzar la agresión en el momento oportuno. En Irán, el mejor escenario es un acuerdo robusto con verificación intrusiva de la AIEA y condicionamiento del alivio de sanciones a cambios verificables en el comportamiento regional. El peor, un acuerdo cosmético que otorgue a Teherán oxígeno económico sin compromisos reales, acelerando la proliferación nuclear en Oriente Medio.

 

2. Lagarde anuncia -y el BCE desmiente- su salida anticipada del Banco Central Europeo

Hechos

El Financial Times publicó en exclusiva este miércoles que Christine Lagarde planea abandonar la presidencia del Banco Central Europeo antes de que expire su mandato de ocho años en octubre de 2027. Según fuentes citadas por el rotativo británico, Lagarde desea que sean el presidente saliente Emmanuel Macron y el canciller alemán Friedrich Merz quienes supervisen la elección de su sucesor, anticipándose a la posibilidad de que Marine Le Pen o su aliado Jordan Bardella —quienes lideran las encuestas de cara a las presidenciales francesas de abril de 2027— tengan voz en ese nombramiento crucial. En cuestión de horas, un portavoz del BCE desmintió las informaciones, declarando que Lagarde "seguirá centrada en su misión". La noticia llega apenas diez días después de que François Villeroy de Galhau, gobernador del Banco de Francia, anunciara su propia renuncia anticipada, dejando también a Macron la posibilidad de designar a su sucesor.

Entre los candidatos más sólidos para suceder a Lagarde figuran Klaas Knot, exgobernador del banco central holandés y considerado el candidato "Ricitos de Oro" por su equilibrio entre ortodoxia y pragmatismo; Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España; Joachim Nagel, presidente del Bundesbank; e Isabel Schnabel, miembro del Comité Ejecutivo del BCE. La negociación del sucesor, como en 2019 cuando Lagarde llegó al cargo en un acuerdo de última hora entre Macron y Angela Merkel, será inevitablemente un proceso político disfrazado de proceso técnico.

Implicaciones

La dimisión —confirmada o no— de Lagarde no se produce en un contexto de crisis monetaria aguda: la inflación ronda el objetivo del 2%, los tipos de interés se encuentran en nivel neutro y el crecimiento de la eurozona se acerca a su potencial. Eso facilita una transición técnicamente ordenada. Pero el riesgo no reside en la coyuntura económica, sino en la política. La captura del BCE por lógicas partidistas —el presidente de la institución más poderosa de Europa elegido no por su competencia sino por sus preferencias ideológicas respecto a la deuda, el gasto público o la independencia frente a los gobiernos— sería una amenaza directa a la credibilidad del euro y a la confianza de los mercados. Para un europeísta convencido y defensor de la ortodoxia fiscal responsable, blindar la sucesión del BCE frente al avance de las extremas resulta tan urgente como necesario, aunque hay que reconocer que el procedimiento elegido —precipitar la salida para evitar que la decida Le Pen— tiene también sus propias fragilidades democráticas.

Perspectivas y escenarios

En el mejor escenario, Berlín y París consensúan con los demás socios de la eurozona un perfil tecnocrático, europeísta y previsible —Knot o Hernández de Cos serían candidatos sólidos— que preserve el mandato de estabilidad de precios y la independencia del BCE. En el peor, la negociación se convierte en moneda de cambio en las cocinas de los palacios europeos, produciendo un candidato de compromiso que no inspire ni respeto en los mercados ni confianza en los ciudadanos. El descenso de los rendimientos de los bonos de la eurozona y la estabilidad del euro ante la noticia sugieren que los mercados no anticipan todavía turbulencias, pero esa calma puede ser engañosa si la sucesión se politiza en exceso.

 

3. Arrancan los primeros proyectos del paquete de inversión nipona: 36.000 millones de dólares en energía y minerales críticos

Hechos

El presidente Donald Trump anunció el 17 de febrero el lanzamiento formal de los tres primeros proyectos del histórico acuerdo comercial EE. UU.-Japón, en el que Tokio se comprometió a invertir 550.000 millones de dólares en suelo estadounidense a cambio de una reducción de los aranceles sobre exportaciones japonesas al 15%. La primera tanda de inversiones asciende a 36.000 millones de dólares y se concentra en tres iniciativas: una gigantesca planta de generación de gas natural en Ohio —con una capacidad de 9,2 gigavatios operada por SB Energy, filial de SoftBank, que el presidente calificó como "la mayor de la historia"—; un terminal de exportación de crudo en aguas profundas en el Golfo de México, en el condado de Brazoria (Texas), con capacidad de generar exportaciones anuales de 20.000 a 30.000 millones de dólares; y una instalación de polvo de diamante sintético en Georgia, material crítico para la industria de semiconductores en la que China domina actualmente el mercado mundial. El secretario de Comercio estadounidense, Howard Lutnick, precisó que "Japón proporciona el capital y la infraestructura se construye en Estados Unidos".

El acuerdo, cerrado en julio de 2025, incluye una cláusula de penalización: si Japón no financia los proyectos aprobados en un plazo de 45 días, los aranceles regresan al 25%. Expertos como el economista Richard Katz habían puesto en duda inicialmente la viabilidad del compromiso, señalando que solo el 1-2% del paquete constituye inversión directa real, siendo el resto préstamos y garantías del Banco Japonés de Cooperación Internacional. La visita de la primera ministra japonesa Sanae Takaichi a la Casa Blanca, prevista para el 19 de marzo, servirá de espaldarazo político al arranque del acuerdo.

Implicaciones

Este paquete trasciende su dimensión económica para convertirse en una declaración geopolítica de primer orden. En el momento en que China expande su presencia en el Indo-Pacífico, acelera la modernización de su arsenal nuclear y trata de controlar las cadenas de suministro de minerales críticos en África, Asia y América Latina, que el principal aliado de Washington en Asia oriente centenares de miles de millones hacia la reindustrialización estadounidense en energía y semiconductores es una respuesta estratégica de largo alcance. La planta de diamante sintético en Georgia es emblemática: reducir la dependencia de China en un material crítico para la industria de chips es exactamente el tipo de reconfiguración de cadenas de suministro que el occidente atlántico necesita. Es lícito señalar que el componente arancelario del acuerdo plantea reservas desde una perspectiva de libre comercio —preferimos el modelo Reagan de apertura multilateral—, pero es innegable que la presión arancelaria de Trump ha generado resultados que décadas de ruegos multilaterales no lograron.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario es la consolidación de un ecosistema de inversión compartida EE. UU.-Japón-aliados del Indo-Pacífico que reconfigure el mapa industrial occidental, reduciendo la dependencia de China en sectores críticos. El escenario de riesgo es un exceso de condicionantes que distorsione el libre comercio y alimente represalias de Pekín, o bien que las inversiones japonesas —en su mayoría préstamos con garantías públicas, no capital privado— no materialicen el volumen prometido, poniendo en evidencia la naturaleza en parte publicitaria del acuerdo.

 

4. EE. UU. presenta nuevos detalles del presunto ensayo nuclear chino de 2020

Hechos

El subsecretario adjunto de Estado para el Control de Armamentos y la No Proliferación, Christopher Yeaw, reveló el 17 de febrero nuevos detalles de inteligencia sobre lo que el Gobierno estadounidense califica como un ensayo nuclear subterráneo realizado clandestinamente por China el 22 de junio de 2020 en el emplazamiento de Lop Nur, en la región autónoma de Xinjiang. Yeaw citó datos de una estación sísmica remota en Kazajistán que registró una explosión de magnitud 2,75 a 720 kilómetros del centro de pruebas. "Hay muy pocas posibilidades de que sea algo distinto a una explosión única", declaró el funcionario en un acto organizado por el Instituto Hudson en Washington. Según Yeaw, China habría empleado la técnica conocida como "desacoplamiento" —detonar el dispositivo en el interior de una cavidad subterránea de gran tamaño— para reducir la señal sísmica y camuflar la verdadera magnitud del ensayo. El Pentágono estima que China dispone ya de más de 600 ojivas operativas y proyecta alcanzar más de 1.000 para 2030, lo que supondría el ritmo de expansión nuclear más acelerado desde la Guerra Fría. Pekín calificó las acusaciones de "mentiras descaradas".

Las revelaciones se producen en el contexto del vencimiento del Nuevo Tratado START entre EE. UU. y Rusia, y de los esfuerzos de la Administración Trump por incorporar a China a un régimen tripartito de control de armamentos nuclear que Pekín rechaza sistemáticamente, arguyendo que su arsenal es mucho menor que el estadounidense o el ruso. La Organización del Tratado de Prohibición Completa de Ensayos Nucleares (OTPCEN) indicó que su sistema de monitorización no detectó evidencia sísmica de un ensayo en la zona, aunque su umbral de detección mínimo (500 toneladas de TNT) habría podido quedar por debajo del nivel del supuesto ensayo.

Implicaciones

Si las acusaciones estadounidenses se confirman —y hay razones serias para tomarlas con la gravedad que merecen, dada la credibilidad técnica del funcionario que las presentó—, el mundo estaría ante la quiebra más significativa del régimen internacional de no proliferación nuclear desde los ensayos norcoreanos entre 2006 y 2017. China estaría haciendo exactamente lo que acusa a Washington de pretender: reactivar los ensayos en la sombra para modernizar su arsenal y desarrollar ojivas para sus misiles hipersónicos DF-17, cuya proliferación ha sido documentada por imágenes de satélite. Para el campo atlántico, esto transforma la ecuación de la disuasión: ya no es un equilibrio bipolar EE. UU.-Rusia, sino un triángulo estratégico en el que Pekín aspira a tener capacidad de intimidación comparable. La vigilancia sobre el expansionismo chino —en el Mar de la China Meridional, en el Pacífico, en África y en América Latina— debe extenderse ahora con mayor urgencia al dominio nuclear.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario, hoy muy lejano, sería la incorporación de China a un marco tripartito de control de armamentos con mecanismos de verificación intrusivos, algo que Pekín ha rechazado frontalmente. El peor escenario, más plausible a corto plazo, es una espiral de despliegues y contra-despliegues —misiles hipersónicos, antisatélite, ojivas múltiples— que eleve el riesgo de error de cálculo y de crisis regional en Taiwán o el Himalaya, y que aliente la proliferación en terceros países de la región como Corea del Sur, Japón o incluso Australia.

 

5. Perú: el “Chifagate” y la destitución de José Jerí, octavo presidente en diez años

Hechos

El Congreso de Perú destituyó el 17 de febrero al presidente interino José Jerí, apenas cuatro meses después de que asumiera el cargo, en el marco del escándalo conocido popularmente como "Chifagate". Vídeos filtrados mostraron a Jerí entrando de noche y encapuchado en un restaurante de comida china y otros locales vinculados al empresario chino Zhihua Yang, cuyos negocios mantenían contratos millonarios con el Estado peruano en sectores como la energía y la infraestructura, y estaban bajo investigación judicial. Jerí no había declarado estas reuniones, lo que desató la tormenta política que culminó con su destitución en un Congreso extremadamente fragmentado. Perú se convierte así en el país que más presidentes ha consumido en una década: ocho en diez años, en un sistema político que combina hiperpresidencialismo débil, partidos líquidos, clase política fragmentada y una relación opaca y crecientemente preocupante con capitales e intereses chinos. Las elecciones generales están previstas para abril.

Implicaciones

El episodio peruano es un manual de lo que una democracia liberal no debe ser: instituciones frágiles incapaces de seleccionar y retener liderazgo, partidos sin ideología ni arraigo territorial, y una penetración económica china que aprovecha sistemáticamente el vacío institucional para capturar contratos estratégicos en sectores clave. El hecho de que el epicentro del escándalo sea un empresario chino con contratos energéticos y de infraestructura refuerza el patrón que venimos denunciando: Pekín utiliza su musculatura económica —inversiones en puertos, energía, minería, infraestructuras— para construir una red de dependencias que facilita su influencia política. América Latina, región en la que la salida del chavismo venezolano abre nuevas oportunidades, no puede permitirse que la inestabilidad institucional de países como Perú, Bolivia o Ecuador sirva de puerta trasera para los intereses estratégicos chinos o iraníes.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario es que el Congreso designe un sucesor que garantice la celebración de elecciones competitivas en abril con mínimas garantías de transparencia y que promueva una agenda mínima de reforma institucional. El escenario más preocupante, que la historia reciente de Perú hace tristemente verosímil, es que el carrusel de destituciones alimente el hartazgo ciudadano y abra la puerta a opciones populistas de derecha o izquierda radicales, o que la inestabilidad crónica se convierta en palanca para una mayor penetración de intereses extranjeros en la redefinición del rumbo estratégico del país.

 

6. Venezuela: un mes y medio después de la captura de Maduro, la transición no arranca

Hechos

Seis semanas después de la histórica operación militar estadounidense que el 3 de enero de 2026 capturó a Nicolás Maduro y a su esposa Cilia Flores —trasladados a un buque de la Marina de EE. UU. y posteriormente a Nueva York para enfrentar cargos por narcotráfico y terrorismo—, Venezuela sigue sin completar su transición democrática. La vicepresidenta Delcy Rodríguez, profundamente implicada en la represión y la corrupción del régimen, ejerce como mandataria interina con el respaldo de los elementos más duros del aparato chavista: el ministro de Defensa Vladimir Padrino López y el ministro del Interior Diosdado Cabello permanecen en sus cargos. La embajada estadounidense en Caracas ha reanudado operaciones con una encargada de negocios, y Venezuela ha designado a Félix Plasencia como representante en Washington, en lo que el canciller Yván Gil definió como "el comienzo de una nueva era". Sin embargo, los presos políticos no han sido liberados en su totalidad, y el padrón electoral no ha sido auditado. Según analistas del RAND, el CSIS y el CFR, la situación se asemeja más a una redistribución del poder dentro de las élites chavistas que a una transición democrática real.

Implicaciones

La captura de Maduro fue un éxito táctico extraordinario de la Administración Trump y un aviso demoledor a otros déspotas del hemisferio: las narcodictaduras tienen un precio. Sin embargo, como advirtió Winston Churchill en otro contexto, no es el final, ni siquiera el principio del final. La estructura del régimen —militares corrompidos, aparato judicial capturado, milicias armadas, redes de narcotráfico— permanece en pie. Si Washington opta por respaldar a Delcy Rodríguez y los remanentes chavistas en lugar de a Edmundo González, el candidato legítimamente electo, o a María Corina Machado, el liderazgo democrático real, el riesgo de una Libia o un Irak en el Caribe se vuelve palpable. La firmeza debe ir acompañada de una estrategia de día siguiente creíble.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario es que la combinación de presión estadounidense, crisis económica acelerada y desgaste interno del chavismo fuerza una transición que lleve a González al poder y libere el potencial de la sociedad civil venezolana, abriendo el país a la inversión privada —comenzando por el petróleo— y desconectando a Caracas de Moscú, Pekín y Teherán. El escenario de riesgo, que los analistas más serios consideran el más probable a corto plazo, es que Rodríguez y Cabello consoliden una continuidad autoritaria bajo etiqueta "transicional", obteniendo alivio de sanciones sin verdaderas reformas, mientras Rusia y China mantienen su presencia estratégica en el país.

 

7. Cuba: la ventana de oportunidad histórica que no puede cerrarse en falso

Hechos

El debate sobre Cuba vuelve al primer plano en Washington y en las capitales iberoamericanas, en un contexto de presión económica sin precedentes sobre La Habana —donde los apagones son ya de 18 a 20 horas diarias y la economía se ha contraído más de un 30% desde 2020—, de negociaciones discretas vinculadas a posibles acuerdos energéticos y turísticos con la Administración Trump, y de señales de agotamiento generacional del régimen castrista. La captura de Maduro ha cortado parte del suministro de petróleo venezolano subsidiado que sostenía artificialmente al sistema, acelerando el deterioro. Fuentes cercanas a la Administración Trump señalan que se exploran condicionamientos: apertura turística limitada e inversión privada en sectores específicos a cambio de liberaciones de presos políticos verificables y compromisos electorales.

Implicaciones

El régimen castrista es una dictadura anacrónica de partido único que lleva décadas exportando inestabilidad, cuadros de inteligencia para oprimir a Maduro y al sandinismo nicaragüense, y operaciones encubiertas para desestabilizar democracias de la región. No existe ninguna razón moral ni estratégica para ofrecer concesiones unilaterales a La Habana sin contrapartidas verificables en derechos humanos, libertad de prensa y apertura electoral. La línea roja es clara: ni un dólar de inversión ni un turista como divisas al régimen sin liberaciones reales, sin cese de la represión y sin un calendario electoral con garantías internacionales. El fracaso del deshielo de Obama, que ofreció concesiones sin exigir reformas, no debe repetirse.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario es una presión sostenida y coordinada entre EE. UU., la UE y las democracias iberoamericanas que combine el estrangulamiento económico con una oferta clara de normalización condicional, precipitando una transición que libere a los once millones de cubanos del yugo castrista. El escenario de riesgo es que el régimen utilice la coyuntura para captar recursos mínimos de supervivencia —divisas turísticas, inversión selectiva— sin ceder poder, prolongando su agonía a costa de más represión y mayor dependencia de Rusia y China.

 

8. Implosión demográfica en Europa: el reloj que nadie quiere mirar

Hechos

Los últimos datos del Eurostat confirman la tendencia que especialistas llevan años advirtiendo: Europa sigue inmersa en una implosión demográfica de consecuencias sistémicas. La tasa de fecundidad media de la Unión Europea se sitúa en 1,46 hijos por mujer, muy por debajo del umbral de reemplazo generacional de 2,1. España, con una tasa de 1,19, es uno de los países más afectados. En paralelo, el envejecimiento de la población aumenta la presión sobre los sistemas de pensiones, sanidad y dependencia, mientras la base de cotizantes activos se estrecha. La proporción entre personas en edad de trabajar y jubilados, que en los años 1980 era de cuatro a uno, se aproxima ya a dos a uno en varios países de la eurozona y se proyecta a uno a uno en las próximas décadas.

Implicaciones

La bomba demográfica —invertida, pero igualmente destructiva— es ya uno de los principales vectores de fragilidad estratégica del continente europeo. Menos trabajadores significa menos PIB potencial, menos recaudación fiscal y más presión sobre el gasto social, en un bucle que termina cuestionando la propia sostenibilidad del Estado del bienestar tal como lo concebimos. La tentación de la izquierda es responder con más deuda y más gasto sin reformas; la de la extrema derecha, con cierre de fronteras e identitarismo que tampoco resuelve nada. La única vía sensata —y la única que un centroderecha liberal puede defender con coherencia— pasa por combinar políticas de familia inteligentes (reducción de la carga fiscal para familias con hijos, conciliación real, acceso a la vivienda), inmigración ordenada, legal y orientada a las necesidades del mercado de trabajo, y reformas del Estado del bienestar que lo hagan sostenible sin destruirlo.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario es una Europa capaz de asumir la realidad demográfica y reformar con valentía su modelo social, preservando la esencia del Estado del bienestar —seguridad social universal, servicios públicos de calidad— sin caer en la ruina fiscal. El peor, tristemente el más probable si se mantiene el inmovilismo, es una combinación tóxica de mayor deuda, estancamiento crónico y polarización cultural creciente, con el doble riesgo del populismo iliberal y el relativismo posmoderno erosionando el legado democrático de la segunda mitad del siglo XX.

 

9. Warner Bros rechaza la oferta revisada de Paramount: reordenación estratégica de Hollywood

Hechos

Warner Bros Discovery rechazó la última propuesta revisada de fusión de Paramount Global, aunque dejó abierta la puerta a una oferta final en los próximos días. La negativa no cierra definitivamente la operación, sino que refleja las diferencias sobre valoración, sinergias operativas y estructura de gobernanza en un sector sometido a la presión creciente de las plataformas de emisión en continuo ("streaming") y la fragmentación de audiencias. La industria del entretenimiento audiovisual estadounidense atraviesa una fase de consolidación acelerada ante la doble presión de los gigantes tecnológicos —Netflix, Amazon, Apple, Disney+— y la necesidad de escala para competir globalmente.

Implicaciones

Los movimientos corporativos en Hollywood tienen una dimensión geopolítica que va más allá de los balances financieros: quien controla los grandes estudios controla también parte del relato global, la imagen de la democracia liberal y la batalla cultural frente a los excesos del wokismo y las narrativas iliberales procedentes de regímenes autoritarios. Una consolidación que preserve la diversidad real de contenidos y refuerce la capacidad de la industria occidental para proyectar valores de libertad, Estado de derecho e igualdad es bienvenida. Una concentración que empobrezca el debate, entregue el control a criterios puramente ideológicos o financieros, o deje espacio a plataformas controladas por Pekín para ganar influencia cultural, sería el peor de los resultados.

Perspectivas y escenarios

El mejor escenario es una reordenación del sector que dote a las productoras occidentales de la escala necesaria para competir con gigantes tecnológicos y plataformas asiáticas, preservando la pluralidad editorial y la capacidad de generar contenidos de calidad que proyecten los valores del mundo libre. El escenario de riesgo es una concentración excesiva que reduzca la competencia y homogeneíce los contenidos en torno a criterios ideológicos o financieros, mientras plataformas vinculadas a estados autoritarios llenan el vacío.

 

10. Europa pierde turistas estadounidenses y busca sustitutos asiáticos: un giro con riesgos geopolíticos

Hechos

Datos publicados esta semana muestran que el turismo procedente de Estados Unidos hacia los principales destinos europeos —España, Francia, Italia, Alemania— ha registrado una desaceleración apreciable, mientras los operadores turísticos intensifican sus esfuerzos para atraer visitantes chinos e indios. El encarecimiento de los viajes, el ajuste de prioridades de gasto de la clase media estadounidense y la competencia de destinos alternativos en el Caribe y el Indo-Pacífico explican en parte el fenómeno. Al mismo tiempo, la reapertura de los corredores turísticos con Asia y la expansión de la clase media china e india crean nuevas oportunidades de captación que varios países europeos están aprovechando activamente.

Implicaciones

El giro del flujo turístico tiene una lectura geoeconómica nada trivial. Europa, necesitada de ingresos en un contexto de ralentización del crecimiento y presión fiscal creciente, se vuelve más dependiente de grandes contingentes procedentes de regímenes autoritarios o de democracias con fragilidades institucionales. A mediano plazo, esa dependencia puede condicionar decisiones regulatorias, inversoras y diplomáticas: quien necesita al turista chino tendrá más dificultades para criticar a Pekín en foros internacionales, exactamente como sucedió con el gas ruso antes de 2022. La lección ucraniana debería haber enseñado a Europa que la dependencia económica de actores estratégicamente hostiles es una vulnerabilidad que se paga cara.

Perspectivas y escenarios

Un escenario razonable es que Europa diversifique con inteligencia sus mercados emisores, manteniendo el atractivo para visitantes estadounidenses —reforzando la relación atlántica también en sus dimensiones culturales y turísticas— mientras incorpora flujos asiáticos sin crear dependencias sistémicas. El escenario de riesgo es una excesiva dependencia de flujos turísticos chinos que, en un contexto de choque geopolítico con Pekín, se conviertan en palanca de presión económica, similar al arma del gas ruso o a la de las tierras raras en el ámbito industrial.

 

III. RACK DE MEDIOS

La cobertura de las noventa fuentes analizadas para este informe refleja una clara convergencia temática en torno a la jornada diplomática ginebrina, con matices editoriales significativos según la procedencia:

El Financial Times, The Wall Street Journal y The Economist lideran el análisis del BCE —con especial atención a la sucesión de Lagarde y su dimensión política— y del paquete de inversión nipona, subrayando las dudas sobre la estructura real del acuerdo y la proporción de capital frente a préstamos con garantía pública. The Economist incide en la fragilidad del modelo de crecimiento europeo y el envejecimiento como factor estructural de riesgo.

The New York Times, The Washington Post, Reuters, AFP y AP concentran su cobertura en las conversaciones de Ginebra —tanto el frente ucraniano como el iraní—, con énfasis en la presión de Trump sobre Kiev y las señales mixtas de Teherán. El Washington Post publica detalles adicionales sobre el presunto ensayo nuclear chino de 2020, avalando la tesis estadounidense con análisis de expertos independientes. The Guardian y el Financial Times critican la geometría de la presión estadounidense sobre Ucrania, señalando el riesgo de una paz injusta.

The Times de Londres y The Telegraph adoptan una posición más atlantista y crítica con Moscú, insistiendo en que ningún acuerdo debe consagrar las conquistas territoriales rusas. La BBC equilibra el análisis geopolítico con la dimensión humana de la guerra, relatando el impacto de los bombardeos rusos sobre la población civil de Odesa.

Le Monde, Le Figaro y Libération coinciden en la importancia de la salida anticipada de Lagarde para la arquitectura política europea, con énfasis distintos: Le Figaro aplaude la maniobra de Macron para preservar la ortodoxia del BCE; Le Monde y Libération son más escépticos sobre la legitimidad del proceso. La FAZ y Die Welt inciden en la solidez técnica de los candidatos alemanes a la sucesión —Nagel, Schnabel— y en la necesidad de que la eurozona mantenga la disciplina monetaria. Die Zeit analiza el contexto demográfico europeo en profundidad.

El Corriere della Sera y L'Osservatore Romano siguen con atención el proceso de transición venezolana y la situación cubana, con un enfoque en los derechos humanos que sintoniza con la posición de la Santa Sede respecto a las dictaduras latinoamericanas. La cobertura italiana de las conversaciones de Ginebra es más pesimista que la anglosajona respecto a las perspectivas de paz en Ucrania.

La cadena Al-Jazeera, así como los grandes medios del Golfo —Arab News, Asharq Al-Awsat, Al-Arabiya— priorizan las conversaciones nucleares con Irán, con lecturas que oscilan entre el escepticismo respecto a la buena fe de Teherán (posición saudí y emiratí) y la cobertura más neutral de Al-Jazeera, que refleja la perspectiva catarí de no alineamiento. Los medios israelíes —Jerusalem Post, Haaretz, Israel Hayom— destacan que Benjamín Netanyahu ha exigido públicamente el desmantelamiento completo del programa nuclear iraní como condición de cualquier acuerdo, y vigilan con alarma el despliegue militar estadounidense en la región.

Los medios ucranianos —Kyiv Independent, Ukrainska Pravda, Ukrinform— muestran una doble narrativa: esperanza cautelosa ante la negociación, indignación ante los bombardeos rusos que la acompañan. La Pravda rusa y TASS describen las conversaciones como "complicadas" y responsabilizan a Kiev y a Europa de obstaculizar el avance. Los medios japoneses —Yomiuri Shimbun, Japan Times— enfatizan la importancia geoestratégica del acuerdo de inversión para reforzar el eje Washington-Tokio frente a Pekín. China Daily y el South China Morning Post rechazan las acusaciones nucleares estadounidenses y enmarcan el paquete nipón como una perturbación del libre comercio.

 

IV. SEMÁFORO DE RIESGOS

🔴  RIESGO INMEDIATO — ALERTA MÁXIMA

●  Negociaciones nucleares EE. UU.-Irán (Ginebra): acuerdo insuficiente en curso. Teherán acepta "principios rectores" pero rechaza negociar misiles y red de proxies. El cierre del Estrecho de Ormuz como gesto de presión durante las conversaciones y el despliegue de un segundo grupo de combate de portaaviones estadounidenses en el Golfo elevan el riesgo de incidente militar involuntario.

●  Ensayo nuclear chino encubierto (Lop Nur, 2020): si las acusaciones estadounidenses son correctas, el régimen internacional de no proliferación está erosionándose en silencio. La expansión del arsenal chino a más de 600 ojivas —con objetivo de 1.000 en 2030— transforma la ecuación estratégica global e incrementa el riesgo de proliferación en el Indo-Pacífico.

●  Conversaciones Ucrania-Rusia en Ginebra: riesgo de "paz injusta". Presión de Trump sobre Kiev sin garantías equivalentes, bombardeos rusos simultáneos a las negociaciones, y posición de Moscú orientada a ganar tiempo más que a ceder territorio. Un acuerdo que consagre las conquistas rusas destruiría la credibilidad disuasoria de Occidente.

●  Venezuela: transición bloqueada. Elementos duros del chavismo —Cabello, Padrino López— permanecen en el poder. Riesgo de que EE. UU. legitime una continuidad autoritaria barnizada de "transición", desperdiciando la oportunidad histórica generada por la captura de Maduro.

 

🟡  RIESGO RELEVANTE — VIGILANCIA ACTIVA

●  Sucesión en el BCE: posible politización del proceso ante la salida anticipada de Lagarde. Riesgo de que la negociación entre París y Berlín produzca un candidato de consenso débil que erosione la independencia del banco central justo cuando Europa más necesita credibilidad monetaria.

●  Perú y la penetración china en América Latina: el "Chifagate" es síntoma de un patrón sistémico. La inestabilidad política peruana, con elecciones en abril, puede abrir la puerta a opciones populistas o a mayor dependencia de Pekín en sectores estratégicos.

●  Cuba: la ventana de oportunidad puede cerrarse. Si Washington prioriza acuerdos energéticos sobre condicionamiento democrático real, el castrismo obtendrá oxígeno económico sin ceder poder, prolongando la dictadura.

●  Dependencia turística de flujos asiáticos: la caída del turismo estadounidense hacia Europa y el giro hacia visitantes chinos e indios puede crear vulnerabilidades geoeconómicas similares a la dependencia energética rusa pre-2022.

●  Implosión demográfica europea: la inacción política ante el envejecimiento acelerado y la caída de la natalidad compromete la sostenibilidad del Estado del bienestar y la competitividad estratégica de Europa.

 

🟢  OPORTUNIDAD ESTRATÉGICA — APROVECHAR

●  Paquete de inversión nipona en EE. UU.: los primeros 36.000 millones de dólares en energía y minerales críticos sientan un precedente para la reindustrialización del eje atlántico-indopacífico y la reducción de dependencias chinas en semiconductores y energía.

●  Captura de Maduro y transición venezolana: si Washington apoya a González y a Machado en lugar de a los remanentes chavistas, Venezuela puede iniciar una transición histórica que cambie el equilibrio de poder en el hemisferio occidental y prive a Cuba, Nicaragua, Irán y Rusia de un aliado clave.

●  Conversaciones nucleares EE. UU.-Irán: si el acuerdo incluye los tres pilares irrenunciables —fin del enriquecimiento elevado, renuncia a misiles balísticos, cese del apoyo a proxies— podría ser un hito histórico de estabilización regional.

●  Debate demográfico europeo: la creciente conciencia del problema abre la puerta a reformas del Estado del bienestar, políticas de familia y marcos de inmigración ordenada que refuercen la cohesión social sin sacrificar la sostenibilidad fiscal.

 

V. COMENTARIO EDITORIAL

Hay jornadas que concentran, con rara densidad, las líneas de fuerza que definirán el orden mundial durante años. Este 18 de febrero de 2026 es una de ellas. Ginebra, la ciudad de los relojes y los tratados, acogió hoy dos mesas que son, en el fondo, la misma pregunta formulada de manera diferente: ¿están las democracias liberales dispuestas a defender sus principios con la firmeza que los regímenes autoritarios interpretan como el único lenguaje que entienden?

En el caso ucraniano, la respuesta provisional que emerge de Ginebra es inquietante. Rusia lanzó casi 400 drones y 29 misiles contra ciudades ucranianas la misma noche antes de que sus diplomáticos se sentaran a la mesa en el hotel InterContinental. No es paradoja: es estrategia. Putin negocia para ganar tiempo y para que la presión sobre Kiev crezca hasta el punto de que Occidente acepte presentar como acuerdo lo que en realidad es una derrota. Presionar a Zelenski para que "venga rápido a la mesa" —como hizo Trump— sin ofrecer a cambio garantías de seguridad equivalentes a las que Moscú exige como condición previa es un ejercicio de ingeniería diplomática que puede producir un resultado formalmente celebrado como paz y materialmente indistinguible de una capitulación. El uso de la fuerza para modificar fronteras soberanas no puede recibir validación por parte de las democracias que dicen defender el orden internacional. Eso no es atlantismo, eso es su negación.

En el frente iraní, el balance es diferente pero no menos tenso. La Administración Trump ha acertado en mantener la presión máxima —sanciones, despliegue naval, amenaza creíble de acción militar— mientras abre un canal diplomático con Oman como mediador. Pero la tesis iraní de que los "principios rectores" acordados abren una senda hacia el acuerdo debe contrastarse con la frialdad del vicepresidente Vance, quien advirtió que Teherán no está reconociendo las líneas rojas de Trump. Que el régimen cierre el Estrecho de Ormuz durante maniobras militares el mismo día que negocia en Ginebra es exactamente la clase de doble juego al que el ayatolismo lleva décadas recurriendo con éxito. Ni un milímetro de concesión que no esté anclado a compromisos verificables sobre enriquecimiento, misiles y proxies.

El anuncio del paquete de inversión japonesa —36.000 millones de dólares en tres proyectos concretos de energía y minerales críticos— es la mejor noticia estratégica del día, y no solo por sus cifras. Que Tokio, bajo la primera ministra Sanae Takaichi, elija anclar su economía al espacio industrial estadounidense en sectores como los semiconductores y la energía es una declaración política de primer orden frente a la expansión china. Las reservas sobre los componentes arancelarios del acuerdo son legítimas —la preferencia por el libre comercio reaganiano sigue siendo nuestra brújula—, pero seria equivocado no reconocer que la firmeza arancelaria de Trump ha generado resultados que décadas de diplomacia suave no produjeron.

Las revelaciones sobre el supuesto ensayo nuclear chino de 2020 merecen atención sostenida. Si las acusaciones del subsecretario Yeaw son correctas, China lleva años recalibrando su arsenal en secreto mientras predica la no proliferación y rechaza entrar en un régimen tripartito de control de armamentos con EE. UU. y Rusia. El vencimiento del Nuevo Tratado START, combinado con la aceleración del programa nuclear chino hacia las mil ojivas en 2030, transforma la arquitectura de la disuasión global en algo cualitativamente diferente de lo que conocíamos. Los aliados europeos de la OTAN harían bien en tomarlo con la seriedad que merece, en lugar de instalarse en el cómodo pero peligroso supuesto de que la disuasión nuclear es un problema bilateral entre Washington y Moscú.

América Latina sigue siendo el espejo en el que se concentran los riesgos y las oportunidades de la política exterior occidental. El "Chifagate" peruano no es un escándalo de corrupción ordinario: es la manifestación más reciente de un patrón sistemático de penetración económica china en países con instituciones frágiles. Que el epicentro sea un empresario con contratos energéticos y de infraestructura pone de manifiesto que Pekín no solo exporta bienes manufacturados, sino influencia política. Venezuela sigue esperando su transición real: que Cabello y Padrino López continúen en sus cargos seis semanas después de la captura de Maduro indica que la decapitación del régimen no equivale, de momento, a su desmantelamiento. Y Cuba, acorralada económicamente, ofrece una ventana histórica que no puede cerrarse en falso otorgando divisas sin reformas.

Al fondo de todo esto late la demografía, el problema que los políticos europeos no quieren mirar de frente. Una Europa que se encoge, envejece y depende cada vez más de flujos turísticos y laborales procedentes de regímenes que no comparten sus valores es una Europa estratégicamente más vulnerable. La respuesta no puede ser ni la negación ni el cierre identitario, sino la combinación inteligente de políticas de familia, inmigración ordenada y reforma valiente de los sistemas de bienestar. El legado de las democracias europeas del siglo XX —Estado de derecho, seguridad social universal, libertades fundamentales— merece una defensa más articulada que el inmovilismo.

Frente a la complejidad de este tablero, la brújula no cambia: democracia liberal representativa, economía de mercado, atlantismo de corazón, europeísmo convencido, firmeza sin complejos frente a regímenes autoritarios de cualquier signo y rechazo igualmente firme de todos los extremismos, desde el wokismo identitario hasta el populismo iliberal de derecha e izquierda. En esa batalla cultural y geopolítica, el legado de la transición española y los valores del mundo atlántico siguen siendo —también hoy— la mejor respuesta disponible.