Musk presume récord de uso en X tras la muerte de Jamenei
La plataforma X, propiedad de Elon Musk, alcanzó este fin de semana el mayor nivel de uso de su historia, medido en el indicador interno de total active user seconds. Así lo ha asegurado el propio Musk en un mensaje publicado este domingo y refrendado por el jefe de producto, Nikita Bier, que calificó la jornada como “el día más grande en la historia de X”. El pico coincide con la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel sobre Irán que, según han confirmado medios iraníes y occidentales, se saldó con la muerte del líder supremo Ali Jamenei (Ali Khamenei), de 86 años, y decenas de altos cargos del régimen.
El tráfico se disparó por la demanda global de noticias en tiempo real, reacciones políticas y memes sobre los ataques y sus consecuencias. X no ha difundido aún el detalle de los picos ni gráficos desagregados, y se limita a hablar de un “récord histórico” en tiempo de uso acumulado. Lo que sí confirma este episodio es que, en las grandes crisis geopolíticas, X vuelve a ser el gran escenario informativo, pese a las dudas sobre su solvencia económica y reputacional.
En paralelo, los mercados se preparan para nuevas turbulencias: los analistas anticipan subidas adicionales del precio del petróleo y más volatilidad en bolsa si el conflicto se enquista, en un contexto en el que la información que circula por X puede amplificar tanto el pánico como la propaganda.
El récord que Musk convierte en victoria política
Musk no se ha limitado a presentar el dato como un hito técnico. En el mensaje difundido este domingo, el empresario habla de “máximo histórico de segundos de usuario activos” y lo vincula explícitamente al seguimiento global de la ofensiva sobre Irán y a la muerte de Jamenei, convertida en el mayor terremoto político en Oriente Medio en décadas.
El contexto importa. El operativo, bautizado como Epic Fury, ha sido interpretado por la propia Casa Blanca como un movimiento decisivo para provocar un cambio de régimen en Teherán, mientras el presidente Donald Trump exhibe el éxito militar ante su base electoral. Musk, uno de sus aliados más visibles en el plano digital, aprovecha el momento para reforzar la idea de que X es hoy la infraestructura central del debate público mundial, desde la guerra hasta los mercados.
No es la primera vez que lo hace. Durante las elecciones presidenciales estadounidenses de 2024, que devolvieron a Trump a la Casa Blanca, el propio Musk celebró que X hubiera alcanzado 434.100 millones de “user seconds” en un solo día, hasta entonces la mayor cifra de su historia. El mensaje de ahora va un paso más allá: insinúa que el interés por la guerra y la muerte del líder iraní ha superado incluso ese listón electoral, aunque sin aportar la cifra concreta.
En términos políticos, el empresario envía una señal doble. Hacia fuera, a Gobiernos y medios: si quieren influir en la conversación global, no pueden ignorar X. Hacia dentro, a inversores y anunciantes: pese a las dudas sobre ingresos y huida de marcas, el uso sigue disparado cuando el mundo mira a la pantalla.
Qué miden realmente los “user seconds” de X
La métrica que X ha convertido en bandera es tan simple como opaca. Los “total active user seconds” miden el número total de segundos que los usuarios pasan conectados a la plataforma en un periodo de tiempo. No es una cifra de usuarios únicos ni de actividad publicitaria, sino tiempo acumulado de atención.
En julio de 2024, Musk ya anunció que X había alcanzado 417.000 millones de segundos de usuario en un solo día, con 93.000 millones de segundos sólo en Estados Unidos, un 23 % más que el récord anterior. Informes posteriores de la propia compañía hablaban de una media anual de 364.000 millones de segundos diarios, que equivaldrían a unos 24-28 minutos al día por usuario, tomando como referencia unos 250 millones de usuarios activos diarios.
Sin embargo, los datos externos pintan un cuadro menos brillante. Estimaciones recientes sitúan el número de usuarios mensuales de X en torno a 550-560 millones, pero con un descenso de usuarios diarios en 2025 y un tiempo medio de uso de apenas 11 minutos al día, muy por debajo de las cifras que promociona Musk. La divergencia alimenta la sospecha de que X selecciona las métricas que mejor encajan con su relato de crecimiento, mientras oculta otras menos favorables.
En este contexto, que la compañía anuncie ahora un nuevo récord de “user seconds” sin detallar la cifra ni el número de usuarios involucrados deja más preguntas que respuestas. Se sabe que la jornada ha superado el listón de los 434.100 millones de segundos de 2024, pero no si lo ha hecho porque hay más usuarios, porque cada uno se conecta más tiempo… o porque una minoría hiperactiva ha monopolizado la conversación en plena guerra.
Guerra, memes y desinformación: la tormenta perfecta
Lo que sí se ha visto en las últimas horas es una avalancha de contenido en X: vídeos de explosiones en Teherán, mapas de supuestos objetivos militares, mensajes de líderes políticos, pero también memes, bromas macabras y teorías de la conspiración sobre quién ordenó realmente la operación y qué vendrá después.
Desde la invasión de Ucrania y la guerra de Gaza, X se ha consolidado como el lugar donde primero aparecen las imágenes crudas de los conflictos. Pero también se ha convertido en vía rápida para la desinformación. Organizaciones independientes ya documentaron en la campaña electoral de 2024 cómo el algoritmo de la plataforma favorecía mensajes polarizantes, incluyendo publicaciones del propio Musk, y cómo se amplificaban contenidos falsos sobre el recuento electoral o el voto por correo.
En esta nueva crisis, el patrón se repite. Circulan vídeos de archivo atribuidos a los ataques de Epic Fury, imágenes generadas por inteligencia artificial que muestran supuestos bombardeos sobre el complejo del líder supremo y capturas de pantallas de medios inexistentes. A ello se suma el hecho de que la verificación de cuentas —el famoso check azul— se ha convertido en un servicio de pago, sin control estricto de identidad, lo que multiplica los perfiles que aparentan ser fuentes oficiales cuando no lo son.
El resultado es una mezcla explosiva: millones de usuarios buscan información urgente en un entorno donde las señales de calidad están erosionadas, mientras las instituciones y los medios tradicionales tratan de desmentir a posteriori lo que ya se ha viralizado. En términos de negocio, esos minutos extras de uso son oro. En términos democráticos, el diagnóstico es mucho más inquietante.
La ofensiva contra Irán y el nuevo choque geopolítico
El récord de X no puede entenderse al margen de la magnitud del hecho que lo dispara. La operación conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán ha sido descrita como el mayor ataque contra la cúspide de un régimen desde la caída de Gadafi. Aviones, misiles y drones han golpeado infraestructuras militares, instalaciones nucleares y, según han confirmado tanto medios iraníes como occidentales, el propio complejo del líder supremo en Teherán.
La muerte de Jamenei, en el poder desde 1989, abre una etapa de incertidumbre total sobre la sucesión y la estabilidad interna de la República Islámica. Informaciones coincidentes apuntan a que junto a él habrían fallecido al menos una cuarentena de altos cargos del Cuerpo de Guardianes de la Revolución (IRGC), incluido un responsable clave de la fuerza Quds.
Las reacciones internacionales se han sucedido en cadena. Rusia ha calificado los ataques de “acto de agresión no provocado” y ha pedido una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras las principales potencias europeas tratan de marcar distancias, insistiendo en que no participaron en la operación y reclamando una “salida negociada” para evitar una guerra regional prolongada. Los analistas temen que una escalada pueda poner en riesgo el 20 % del tránsito mundial de petróleo que atraviesa el estrecho de Ormuz, con implicaciones directas para la inflación y el crecimiento global.
En este contexto, que el principal canal de información y reacción sea una plataforma privada gobernada a golpe de tuit por un solo propietario añade una capa adicional de fragilidad al sistema internacional.
X como infraestructura crítica de información en crisis
Más allá de los números, el episodio confirma una tendencia de fondo: X se ha convertido en una infraestructura crítica de información en situaciones de crisis. Según estudios recientes, cerca del 60 % de los usuarios globales utiliza X principalmente para informarse de noticias, por delante de su función como red de entretenimiento.
Gobiernos, bancos centrales, ejércitos, grandes fondos de inversión y medios de comunicación recurren a la plataforma como canal inmediato de comunicación y monitorización. Cuando se produce un ataque como el de Epic Fury, la secuencia es casi automática: notifican analistas militares, responden diplomáticos, reaccionan políticos, se mueven los mercados y, en cuestión de minutos, los mensajes más virales empiezan a condicionar decisiones reales sobre inversión, riesgo y política exterior.
El problema es que esa infraestructura carece de las garantías de transparencia y gobernanza que se exigen a otros sistemas críticos, desde la red eléctrica hasta los mercados financieros. Ni el código del algoritmo es público, ni las métricas que Musk exhibe están auditadas, ni existe un regulador global que pueda exigir cambios en tiempo real cuando una crisis informativa se descontrola.
Mientras tanto, la economía de la atención sigue mandando. El hecho de que la jornada marcada por la muerte de Jamenei haya batido todos los récords de uso implica, de forma indirecta, que una parte muy importante de la humanidad ha vivido el inicio de esta guerra a través de un scroll infinito, consumiendo en minutos más información —o ruido— del que cabía en un día entero de televisión hace apenas una década.
Negocio publicitario y costes de una audiencia en shock
El récord de uso se produce en un momento delicado para las cuentas de X. Desde la compra de la antigua Twitter, la compañía ha visto cómo importantes anunciantes reducían o congelaban campañas por temor a aparecer junto a contenidos tóxicos o violentos. Aun así, estimaciones recientes sitúan los ingresos de la plataforma en torno a 2.500 millones de dólares en 2024, muy por debajo de los más de 5.000 millones que llegó a facturar en la etapa previa a Musk.
Los picos de “user seconds” en contextos de guerra presentan una paradoja. Por un lado, la audiencia es masiva, global y altamente comprometida, condiciones ideales para monetizar impresiones publicitarias o suscripciones premium. Por otro, la naturaleza del contenido —bombardeos, cadáveres, amenazas nucleares— hace que muchas marcas rehúyan esos momentos por simple precaución reputacional.
Musk intenta compensar esa tensión con nuevas vías de ingreso: suscripciones a X Premium, reparto de ingresos por publicidad para creadores e integración progresiva de funcionalidades financieras hacia la soñada “everything app”. Pero, de momento, el salto en tiempo de uso no se traduce de forma mecánica en rentabilidad. Si el récord alcanzado tras la operación contra Irán no viene acompañado de un giro en la confianza de los anunciantes, el impacto quedará reducido a un argumento más en la narrativa de músculo que el empresario construye alrededor de su plataforma.
La gran incógnita es si los mercados compran esa narrativa o empiezan a ver en X un activo cada vez más político y menos predecible desde el punto de vista económico.
Los riesgos regulatorios que se abren para Musk
El aumento de poder de X como plataforma informativa llega en el peor momento para Musk en el frente regulatorio. La Unión Europea ya ha impuesto a X una multa de 120 millones de euros por violar la Ley de Servicios Digitales (DSA), al considerar que la compañía utilizó de forma engañosa el sistema de verificación azul, no mantuvo un repositorio publicitario transparente y restringió injustificadamente el acceso de investigadores a datos públicos.
Además, Bruselas mantiene abiertos varios procedimientos por riesgos sistémicos de desinformación, diseño adictivo y fallos en la moderación de contenidos, en particular desde la guerra de Gaza y las primeras ofensivas entre Israel e Irán. X fue una de las primeras plataformas designadas como “muy grande” bajo la DSA, lo que la obliga a realizar evaluaciones de riesgo periódicas, reforzar sus sistemas de recomendación y cooperar con las autoridades nacionales en la retirada de contenidos ilícitos.
El nuevo récord de uso en mitad de una operación militar de alto voltaje puede convertirse en munición adicional para los reguladores. Si se demuestra que X ha permitido la difusión masiva de contenidos falsos o manipulados sobre los ataques y sus consecuencias, la Comisión podría justificar sanciones más severas o incluso medidas de supervisión reforzada. Al otro lado del Atlántico, sin embargo, la narrativa es opuesta: Musk denuncia una ofensiva “política” de Bruselas contra la libertad de expresión, y figuras del Gobierno estadounidense han llegado a calificar las multas europeas de “ataque a la innovación americana”.
En ese choque de legitimidades, cada nueva crisis que dispare el uso de X refuerza a la vez su centralidad y su vulnerabilidad regulatoria.
Lo que revela este episodio sobre el futuro de X
Más allá de la coyuntura, el “día más grande en la historia de X” deja varias lecciones sobre el rumbo de la plataforma. La primera es que, pese a la competencia de redes como TikTok, Instagram o Threads, X mantiene una posición insustituible en el segmento de la información política y financiera en tiempo real. Cuando muere un líder como Jamenei o se lanza una operación militar de alto impacto, la conversación sigue organizándose en torno a sus timelines.
La segunda es que el modelo de negocio de X está cada vez más ligado a momentos de shock: elecciones, guerras, atentados, catástrofes. Es cuando el mundo se desestabiliza cuando la plataforma rompe sus propios techos de uso. Eso abre un debate incómodo sobre los incentivos: una red que maximiza beneficios cuanto mayor es el caos informativo tiene pocos motivos internos para priorizar la calma, la verificación y la prudencia.
La tercera, quizá la más inquietante, es que una parte sustancial de la gobernanza de la esfera pública global se ha privatizado de facto. El algoritmo que decide qué ve un joven en Madrid, un inversor en Nueva York o un estudiante en Teherán durante una noche de ataques aéreos no lo vota ningún Parlamento ni lo supervisa ningún tribunal internacional: lo ajusta un equipo reducido de ingenieros bajo las directrices de un propietario con intereses comerciales y políticos.
En este escenario, el récord de “user seconds” que tanto celebra Musk es algo más que una curiosidad estadística. Es el síntoma de un desplazamiento profundo del poder de intermediación informativa hacia plataformas opacas, hipercentralizadas y cada vez más implicadas en la pugna geopolítica. El desenlace de la crisis iraní y la reacción de reguladores y mercados dirán si este pico de uso marca el inicio de una nueva fase de consolidación de X… o el punto de inflexión en el que los Estados deciden que ningún empresario, por rico que sea, puede seguir controlando a solas el grifo de la conversación global.

