La rebelión contra Infantino sacude el negocio de 20.000 millones de la FIFA

Carlos Cordeiro abandona la organización y denuncia que vender parte de los derechos del Mundial hipotecaría el futuro económico del fútbol.

88a1c371-8a04-45ae-9dd2-67efd8f67c67
Infantino

La FIFA afronta su mayor fractura interna de los últimos años. Carlos Cordeiro, asesor principal de Gianni Infantino, ha dimitido con efecto inmediato para denunciar el plan que permitiría la entrada de inversores privados en el negocio comercial de los mundiales.

La operación contempla captar 4.200 millones de dólares mediante la venta de una participación minoritaria en una nueva filial valorada inicialmente en 20.000 millones. La propuesta ha provocado el rechazo frontal de la UEFA y ha abierto una crisis que amenaza con extenderse a las 211 federaciones nacionales.

Una dimisión desde el núcleo de poder

La salida de Cordeiro resulta especialmente significativa por su proximidad a Infantino y por su experiencia financiera. El antiguo presidente de la Federación de Fútbol de Estados Unidos había desarrollado previamente una carrera de más de 35 años en la banca internacional, incluida una etapa como vicepresidente de Goldman Sachs.

Su diagnóstico es inequívoco. «Es un mal acuerdo para el fútbol», afirmó al presentar su renuncia. También aseguró que no participó en la elaboración de la propuesta y que se opone a ella «inequívocamente».

El antiguo asesor cuestiona que una organización sin deuda y con miles de millones en reservas necesite entregar una parte permanente de su principal activo para obtener liquidez inmediata.

El activo más valioso del fútbol

El proyecto FIFA Forward Enterprise —FFE— concentraría las actividades comerciales y operativas de las competiciones organizadas por la FIFA. Esto incluye los derechos audiovisuales, los patrocinios, la venta de entradas, las licencias y la explotación de torneos como el Mundial masculino, el femenino y el Mundial de Clubes.

La FIFA plantea vender hasta un 20% de la filial a inversores externos, aunque asegura que conservaría su propiedad mayoritaria y el control exclusivo de las decisiones deportivas y regulatorias.

Sin embargo, lo más grave para los críticos no es únicamente el porcentaje vendido. Es el carácter permanente de la operación: los inversores participarían durante décadas en unos ingresos construidos por selecciones, jugadores, federaciones y aficionados.

El incentivo de los 20 millones

La propuesta incorpora un argumento difícil de ignorar para las federaciones con menos recursos. Cada una de las 211 asociaciones miembro recibiría 20 millones de dólares extraordinarios para proyectos de desarrollo si participa voluntariamente en el programa.

Además, la financiación ordinaria del ciclo 2027-2030 aumentaría desde los 8 millones actuales hasta 20 millones por federación. Posteriormente subiría a 22 millones entre 2031 y 2034 y a 24 millones en el siguiente ciclo.

La consecuencia es clara: la FIFA ofrece liquidez inmediata a cambio de respaldar una estructura cuyos costes económicos solo podrán medirse a largo plazo. Para muchas federaciones pequeñas, ese desembolso equivale a varios años de presupuesto.

Una urgencia difícil de justificar

Cordeiro también ha criticado el calendario impuesto. Las federaciones tendrían que pronunciarse antes del 19 de septiembre de 2026, apenas unas siete semanas después de conocerse públicamente los detalles centrales del proyecto.

«Se está pidiendo a las asociaciones miembro que adopten una decisión de enormes consecuencias en apenas 50 días o que se arriesguen a quedarse atrás», denunció el exasesor.

Este hecho revela un problema de gobernanza. Una operación que afecta a la explotación futura del Mundial exigiría valoraciones independientes, análisis sobre conflictos de interés y escenarios de rentabilidad. El calendario disponible apenas permite examinar las condiciones jurídicas y financieras básicas.

Europa amenaza con romper el tablero

La UEFA y sus 55 federaciones nacionales han rechazado por unanimidad el proyecto y han amenazado con boicotear las competiciones de la FIFA si la iniciativa continúa en sus términos actuales.

El contraste resulta demoledor. Mientras la FIFA sostiene que «nadie está vendiendo el fútbol», las federaciones europeas argumentan que el Mundial no puede transformarse en un producto financiero. Las confederaciones asiática y norteamericana también han expresado objeciones.

Una retirada europea afectaría al Mundial femenino de 2027 y, sobre todo, al torneo masculino de 2030, organizado parcialmente por España, Portugal y Marruecos. El daño comercial superaría previsiblemente los miles de millones.

El precedente que persigue a Infantino

No es la primera vez que la FIFA intenta abrir su negocio a capital privado. En 2018 ya exploró una operación próxima a 25.000 millones de dólares con inversores vinculados a SoftBank, aunque el proyecto terminó bloqueado ante las dudas sobre transparencia y control.

La nueva propuesta recupera aquella lógica: monetizar hoy una parte de los ingresos futuros para acelerar el reparto de fondos. Pero la posición de Cordeiro introduce una diferencia decisiva. La crítica ya no procede únicamente de rivales institucionales, sino del propio círculo de confianza de Infantino.

La FIFA insiste en que la filial no se constituirá sin el respaldo mayoritario de sus miembros. Tras la dimisión, alcanzar esa mayoría parece bastante más complicado.

Comentarios