El gráfico que obsesiona a Wall Street: el verano será un "boom" pese a un julio de subidas

SB BOLSA TRADING
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Hay momentos en bolsa en los que todo el mundo mira los mismos datos. No siempre son resultados empresariales, tipos de interés o discursos de la Reserva Federal. A veces son cosas bastante más simples, casi antiguas: el calendario.

Eso es lo que está ocurriendo ahora en Wall Street. Varias casas de análisis vuelven a poner el foco en la estacionalidad del mercado, es decir, en cómo se ha comportado históricamente la bolsa en determinados meses del año. Y el gráfico que muchos observan deja una idea muy clara: julio suele ser un mes muy fuerte para la renta variable estadounidense, pero lo que viene después no siempre es tan amable.

La lectura que se está extendiendo es sencilla: puede quedar un tramo alcista de corto plazo, una especie de último empujón de verano, antes de que el mercado entre en una zona tradicionalmente más complicada: agosto, septiembre y parte de octubre.

@soyhectorchamizo

Esto es lo que viene este verano en la bolsa. Esta firma de análisis ve una subida en julio y un parón o descanso en el resto de meses. ¿Estas preparado para lo que viene este verano en los mercados? Sígueme y lo vamos descubriendo analizando los mejores informes y datos.

♬ sonido original - Héctor Chamizo

No es una profecía. No es una orden de compra ni de venta. Pero es uno de esos patrones que los grandes inversores vigilan porque, cuando muchos miran lo mismo, el propio dato puede empezar a pesar en el comportamiento del mercado.

Julio, el mes que históricamente juega a favor de la bolsa

La tesis alcista de corto plazo tiene un dato fuerte detrás. Según Dow Jones Market Data, citado por MarketWatch, julio ha sido históricamente el mejor mes tanto para el Dow Jones como para el S&P 500. En el caso del S&P 500, la rentabilidad media de julio ha sido del 1,7%, con una tasa de meses positivos del 61,2% y una racha de once julios consecutivos en positivo.

Eso explica por qué algunos analistas hablan de un posible “subidón” durante las próximas semanas. Si el mercado llega fuerte, con tendencia favorable y sin grandes sustos macroeconómicos, la estacionalidad puede actuar como viento de cola.

Y este año, además, el mercado viene con una narrativa muy potente: inteligencia artificial, beneficios empresariales resistentes, grandes tecnológicas empujando los índices y expectativas de que la economía estadounidense aguante mejor de lo previsto.

Cuando esa mezcla coincide con un mes históricamente favorable, Wall Street se anima.

El problema empieza cuando termina la música

La advertencia está en la segunda parte del gráfico. Porque la estacionalidad no solo dice que julio suele ser bueno. También recuerda que el final del verano puede ser mucho más incómodo.

Agosto, septiembre y parte de octubre han concentrado históricamente más episodios de volatilidad, correcciones y sustos. El caso de septiembre es especialmente conocido. RBC Wealth Management recordó en 2025 que, desde 1928, el S&P 500 ha caído una media del 1,2% en septiembre, convirtiéndolo en el mes más débil del año para el índice.

Investopedia también recoge el conocido “September Effect”, señalando que entre 1928 y 2021 el S&P 500 promedió una caída cercana al 1% durante septiembre, aunque recuerda algo clave: que sea el peor mes de media no significa que todos los septiembres sean negativos.

Esa es la trampa de la estacionalidad. Sirve para entender tendencias históricas, pero no para adivinar el futuro con precisión.

La tesis de Ned Davis Research: primero fuerza, luego descanso

El análisis que ha circulado estos días se atribuye a Ned Davis Research, una de las firmas de análisis más seguidas por gestores y estrategas en Estados Unidos. La idea central encaja con el patrón clásico: julio puede seguir tirando del mercado, pero después podría llegar una fase de enfriamiento.

La propia Ned Davis Research recuerda en sus materiales legales que los patrones, gráficos o fórmulas usados para tomar decisiones de mercado tienen limitaciones importantes y que los resultados pasados no garantizan resultados futuros.

Ese matiz es imprescindible. La estacionalidad puede ayudar a contextualizar el mercado, pero no sustituye al análisis de beneficios, liquidez, valoración, política monetaria, geopolítica o posicionamiento inversor.

Dicho de otra forma: julio puede ser históricamente fuerte, pero si aparece un mal dato de inflación, una decepción de resultados o un susto geopolítico, el calendario deja de importar muy rápido.

Por qué julio suele funcionar tan bien

Hay varias explicaciones posibles. Una de ellas es puramente técnica: entrada de flujos al inicio del segundo semestre, reajustes de carteras, optimismo tras el cierre del primer semestre y menor presión vendedora en plena temporada de verano.

También puede influir el hecho de que julio suele coincidir con una etapa de menor ruido político. MarketWatch recogía esta semana un análisis sobre cómo las bolsas tienden a comportarse mejor cuando el Congreso estadounidense está en receso, en parte porque disminuye la incertidumbre legislativa. En 2026, según ese análisis, el S&P 500 habría mostrado ganancias medias diarias cuando el Congreso estaba fuera de sesión y ligeras pérdidas cuando estaba en actividad.

La idea es sencilla: menos ruido político, menos titulares inesperados y menos riesgo regulatorio pueden favorecer un mercado más tranquilo.

Pero esa calma también puede ser engañosa. En verano hay menos volumen, menos participantes activos y, por tanto, algunos movimientos pueden exagerarse tanto al alza como a la baja.

Agosto y septiembre: menos volumen, más nervios

El final del verano tiene otro problema: cuando el mercado llega muy subido, cualquier excusa sirve para recoger beneficios. Agosto suele coincidir con menor actividad, vacaciones, menor liquidez y un mercado más sensible a sorpresas.

Después llega septiembre, el mes con peor fama bursátil. Y no solo por superstición. Septiembre suele coincidir con la vuelta completa de los gestores, reajustes de carteras, preparación del último trimestre, reuniones de bancos centrales y más intensidad política después del verano.

Stock Trader’s Almanac ya señalaba en 2023 que la debilidad estacional y la volatilidad suelen aparecer en agosto, septiembre y octubre, especialmente después de un julio muy fuerte.

Esa secuencia es justo la que muchos miran ahora: primero un posible empujón alcista, después una fase más difícil.

El mercado puede subir y aun así estar cerca de una corrección

Una de las ideas más difíciles de entender para el pequeño inversor es que una bolsa alcista también corrige. De hecho, las correcciones son parte normal de cualquier tendencia fuerte.

El mercado puede marcar máximos, seguir subiendo unas semanas y después caer un 3%, un 5% o más sin que eso destruya necesariamente la tendencia de fondo. La cuestión es si esa caída es una pausa sana o el inicio de algo más serio.

Ahí la estacionalidad solo ofrece una pista. Si julio sube con fuerza y después llegan agosto y septiembre, algunos inversores pueden reducir riesgo simplemente porque el calendario se vuelve menos favorable. Otros, en cambio, pueden interpretar cualquier caída como oportunidad de compra si los beneficios empresariales y la tendencia siguen intactos.

La misma señal puede generar estrategias opuestas.

El peligro de perseguir el “subidón”

El gran riesgo de estos gráficos es que lleguen tarde al público general. Cuando una idea se vuelve viral, muchas veces el mercado ya la ha descontado parcialmente.

Si todo el mundo escucha que julio suele ser el mejor mes, algunos inversores compran esperando una subida inmediata. Pero si el mercado ya venía fuerte, esa compra puede hacerse en una zona de mucho entusiasmo. Y cuando llega la primera caída, el que entró tarde es el primero en asustarse.

Por eso conviene no convertir la estacionalidad en una religión. Puede ser útil para entender el contexto, pero no debería ser el único motivo para invertir.

Una cosa es saber que julio suele ser favorable. Otra muy distinta es pensar que eso garantiza ganancias.

Qué deberían mirar ahora los inversores

Más allá del calendario, hay varios factores que pueden decidir si la bolsa mantiene el tono alcista o si empieza a enfriarse.

El primero son los resultados empresariales. Si las compañías siguen batiendo previsiones y elevan guías, el mercado tendrá argumentos para aguantar. Si decepcionan, la estacionalidad de julio servirá de poco.

El segundo es la Reserva Federal. Cualquier cambio en expectativas de tipos puede mover las valoraciones, especialmente en tecnología y compañías de crecimiento.

El tercero es la amplitud del mercado. No basta con que suban unas pocas tecnológicas gigantes. Para que el rally sea más sano, conviene que más sectores acompañen.

Y el cuarto es el posicionamiento. Si demasiados inversores están en el mismo lado de la operación, cualquier giro puede provocar ventas rápidas.

La bolsa vive entre datos y emociones

Lo interesante de este momento es que la bolsa parece atrapada entre dos fuerzas. Por un lado, los datos históricos dicen que julio suele jugar a favor. Por otro, el calendario advierte de que el tramo posterior puede ser más peligroso.

Esa tensión define muy bien el estado actual de Wall Street: optimismo de corto plazo, pero con el retrovisor muy pendiente de agosto y septiembre.

Los inversores profesionales no miran estos gráficos porque sean mágicos. Los miran porque ayudan a entender comportamientos repetidos, flujos, psicología y momentos del año en los que el mercado suele cambiar de ritmo.

Pero la palabra clave es “suele”. No “siempre”.

El mensaje de fondo

El gráfico del que habla Wall Street deja una lectura clara: julio puede seguir siendo un mes favorable para la bolsa, especialmente si la tendencia, los beneficios y el apetito por riesgo acompañan. Pero después llega una zona históricamente más delicada, con agosto, septiembre y parte de octubre como meses donde la volatilidad puede volver a escena.

La idea no es vender miedo ni prometer un rally seguro. La idea es entender el mapa.

El mercado puede tener todavía gasolina para subir, pero cuanto más avanza el verano, más importante se vuelve no confundir inercia con seguridad. Porque en bolsa, la música puede sonar muy fuerte en julio… y apagarse de golpe cuando nadie quiere abandonar la fiesta.

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