Eneko Knörr desmonta el mito del “oro digital” tras un desplome del 50%

Bitcoin fracasa como refugio mientras el oro alerta sobre un posible colapso global

Bitcoin fracasa como refugio mientras el oro alerta sobre un posible colapso global

La reciente caída de alrededor del 50% de Bitcoin desde sus máximos recientes ha encendido todas las alarmas sobre su verdadero papel en el sistema financiero. Lo que durante años se vendió como “oro digital” y refugio frente a las turbulencias económicas se comporta, en realidad, como un activo de alto riesgo más. Así lo advierte Eneko Knörr, cofundador de Stabolut, que ve en este desplome una auténtica crisis existencial para la criptomoneda. Al mismo tiempo, el oro encadena una tendencia alcista que actúa como aviso silencioso de un posible colapso global, mientras la regulación en Estados Unidos endurece el pulso contra la industria cripto. 

Un desplome del 50% que rompe el relato del refugio

La corrección de cerca del 50% desde los máximos recientes no es solo un dato de mercado: es un golpe directo al relato que convirtió a Bitcoin en un supuesto refugio ante crisis, inflación y desórdenes monetarios. Cuando un activo pierde uno de cada dos euros de valor en tan poco tiempo, el concepto de “seguridad” queda seriamente cuestionado. El diagnóstico que lanza Knörr es tajante: la narrativa se ha adelantado varios años a la realidad.

En lugar de comportarse como un seguro frente a la inestabilidad, Bitcoin ha respondido con una volatilidad extrema justo cuando el sistema financiero muestra señales de tensión creciente. “Si un activo se hunde precisamente cuando el miedo aumenta, es difícil sostener que actúa como refugio”, sintetiza la tesis del cofundador de Stabolut. Este hecho revela que el ecosistema cripto sigue siendo, a día de hoy, un mercado eminentemente especulativo, donde pesan más el apalancamiento y el trading a corto plazo que la búsqueda de protección a largo plazo.

De “oro digital” a activo tecnológico de alto riesgo

Knörr subraya que Bitcoin se comporta, en la práctica, como una acción tecnológica de alta beta, estrechamente ligada a los movimientos del índice tecnológico Nasdaq y a las expectativas sobre tipos de interés, crecimiento y liquidez global. En los momentos de retirada de estímulos, endurecimiento monetario o aversión al riesgo, los inversores venden primero aquello que consideran más volátil. Y, hoy, Bitcoin está en esa lista.

Lejos de descorrelacionarse, la criptomoneda ha mostrado una sensibilidad notable a las mismas variables que castigan a las grandes tecnológicas: subida de tipos, ausencia de liquidez abundante y miedo a un frenazo económico. La consecuencia es clara: la promesa de descorrelación todavía no se ha materializado, y el activo se ha integrado de facto en el universo de inversiones de riesgo. “El mercado dice una cosa muy distinta al marketing del ‘oro digital’”, se desprende del análisis de Knörr. Hasta que esta brecha no se cierre, el relato del refugio seguirá siendo más aspiración que realidad.

El oro marca el miedo mientras Bitcoin se aleja

En paralelo al castigo a Bitcoin, el oro encadena una tendencia alcista sostenida que Knörr interpreta como una señal inquietante. Tradicionalmente, el metal precioso es el activo al que acuden los inversores cuando desconfían del sistema financiero o temen una crisis de deuda. Su repunte, mientras la principal criptomoneda se desinfla, manda dos mensajes muy claros: que el miedo aumenta y que el mercado sigue sin confiar en las criptos como escudo frente a un posible shock sistémico.

Este contraste resulta demoledor para quienes defendían que Bitcoin acabaría desplazando al oro como reserva de valor del siglo XXI. El metal, con siglos de historia, mantiene su papel como barómetro del miedo global, mientras la criptodivisa más famosa del mundo actúa más como termómetro de apetito por el riesgo. Lejos de ser complementarios, ambos activos dibujan hoy narrativas opuestas. El mensaje implícito de los flujos es incómodo: cuando el sistema tiembla, el dinero sigue huyendo al refugio de siempre.

Incomprensión institucional y ausencia de grandes carteras

Buena parte de esta crisis de credibilidad tiene que ver, según Knörr, con la desconexión entre el mercado cripto y el capital institucional. Los grandes fondos, aseguradoras y gestores de patrimonios todavía no han integrado Bitcoin como un componente estable de sus carteras defensivas. En el mejor de los casos, lo tratan como una apuesta táctica o una posición marginal de riesgo, no como una alternativa seria a los activos tradicionales de protección.

El experto insiste en que el mercado institucional no comprende aún plenamente el funcionamiento y las implicaciones de las criptomonedas, lo que agrava la desconfianza. Falta educación financiera, claridad regulatoria y, sobre todo, evidencia empírica de que Bitcoin pueda resistir ciclos económicos completos sin comportarse como un simple activo especulativo. Este vacío se traduce en una paradoja: mientras el discurso público presenta a Bitcoin como refugio, las grandes carteras planetarias actúan como si no lo fuera. El resultado es un activo atrapado entre dos mundos, sin el respaldo de los actores que podrían estabilizar su precio y su percepción.

Regulación hostil en Estados Unidos

El segundo gran frente de presión llega desde la regulación. La parálisis del proyecto de ley Clarity en Estados Unidos es, para Knörr, algo más que un trámite legislativo bloqueado: es el síntoma de un choque de fondo entre la banca tradicional y la industria cripto. Allí donde debería haber normas claras y previsibles, se ha impuesto una mezcla de ambigüedad, litigios y mensajes contradictorios por parte de los supervisores.

Lo más grave, subraya, es que esta incertidumbre jurídica desincentiva la entrada ordenada del capital institucional y empuja parte de la innovación hacia la opacidad o hacia jurisdicciones menos exigentes. “Sin reglas del juego claras, los grandes actores prefieren quedarse al margen”, resumen las tesis que expone. El diagnóstico es inequívoco: mientras la principal economía del mundo no ofrezca un marco estable, Bitcoin tendrá muy difícil consolidarse como pieza reconocida del sistema financiero, y seguirá siendo percibido como un experimento en la periferia regulatoria.

Stablecoins, depósitos y la defensa del viejo sistema

Detrás de la resistencia regulatoria late otro temor menos visible: la posible fuga masiva de depósitos desde la banca tradicional hacia stablecoins y otros criptoactivos. Knörr interpreta el bloqueo normativo como una defensa del status quo financiero. Los bancos, que se financian en buena medida con depósitos a bajo coste, no están dispuestos a facilitar un escenario en el que parte de ese dinero migre hacia alternativas digitales más flexibles o con mejor remuneración.

En este contexto, la batalla en torno a las stablecoins se convierte en un frente estratégico. No se trata solo de tecnología, sino de quién controla el ahorro de millones de ciudadanos. La consecuencia es clara: la innovación choca con una muralla de intereses creados. “La banca ve en las criptos y en las stablecoins no una oportunidad, sino una amenaza directa a su modelo de negocio”, resume la idea de Knörr. Esta pugna explica por qué la expansión de los activos digitales avanza a un ritmo muy inferior al que permitiría la tecnología disponible.