Bitcoin a la mira: ¿Camino abierto hacia los 140.000 dólares?
Gabriel Montalto explora en detalle cómo los recientes giros geopolíticos y la volatilidad en Bitcoin pueden preparar el terreno para un movimiento alcista significativo, con un objetivo técnico por encima de los 140.000 dólares. Este análisis conecta factores globales en oro, semiconductores y criptomercados.
La volatilidad ha vuelto a colocar a Bitcoin en el centro de la conversación, pero esta vez el foco va mucho más allá del gráfico diario. En El Cierre de Wall Street, Gabriel Montalto plantea que el actual tramo de mercado encaja con una figura de “acumulación en serpiente” que, históricamente, suele anticipar rupturas alcistas de gran calado. Sobre ese patrón técnico se superponen tres fuerzas de fondo: el reajuste de poder en Oriente Medio, el comportamiento del oro como refugio clásico y un giro industrial hacia los semiconductores con más de 250.000 millones de dólares en juego.
El resultado es un tablero en el que el ruido de corto plazo convive con señales de fondo que muchos inversores pasan por alto. Bitcoin sería el activo donde todas esas piezas terminan encajando. Un activo que ya marcó máximos cercanos a los 69.000 dólares y que ahora, según este análisis, podría aspirar a un objetivo técnico por encima de los 140.000 dólares, esto es, en torno a un 100% por encima de su máximo histórico anterior.
La pregunta de fondo es evidente: ¿estamos ante un simple rebote volátil o frente al arranque de un nuevo tramo estructuralmente alcista?
Panorama geopolítico que mueve el tablero
El punto de partida del análisis de Montalto se sitúa en Oriente Medio. Según su lectura, la “moderación” anunciada por Donald Trump con Irán habría evitado una escalada militar inmediata a cambio de cierto alivio en la represión interna en Teherán. No se trata de un acuerdo formal, sino de un entendimiento tácito que enfría, al menos temporalmente, uno de los focos de tensión más delicados del planeta.
Ese movimiento tiene traducción casi automática en los mercados de riesgo y en los activos refugio. Cuando el horizonte bélico se aleja unos grados, los flujos tienden a rotar: menos prima por miedo, más apetito por activos con beta alta. Ese es el contexto en el que Bitcoin, tradicionalmente asociado al riesgo, puede beneficiarse de salidas parciales del oro o de la renta fija hacia posiciones de mayor crecimiento potencial.
Sin embargo, no es solo Irán lo que reordena el tablero. El pacto arancelario entre Estados Unidos y Taiwán, con un paquete de inversiones de alrededor de 250.000 millones de dólares en territorio estadounidense, reconfigura el mapa industrial y tecnológico. Al cerrar filas con un socio clave en semiconductores, Washington manda un mensaje doble: contención a China y determinación para asegurar suministros críticos. Ese giro industrial acaba, tarde o temprano, filtrándose a los activos financieros más ligados a la digitalización, con Bitcoin en primera línea como “proxy” del nuevo ciclo tecnológico.
Oro bajo la lupa
En ese entorno, el oro —activo refugio por excelencia— empieza a enviar señales que Montalto interpreta como un posible proceso de distribución técnica. No se trataría de un desplome, sino de un cambio de manos silencioso: ventas ordenadas de grandes posiciones institucionales hacia un público más disperso, que llega más tarde y con menor margen de maniobra.
Técnicamente, la idea es sencilla: tras una fase de subidas sostenidas y máximos crecientes, el metal precioso comienza a mostrar fallos de impulso, divergencias en indicadores y rangos laterales en niveles elevados. Señales que, combinadas, apuntan a la posibilidad de que los grandes jugadores estén “soltando lastre” sin provocar pánico.
Cuando el oro se comporta así, el mercado suele estar diciendo algo importante sobre la percepción de riesgo global. Y ese “algo” puede ser que la incertidumbre no desaparece, pero se transforma. Una parte del capital que antes se refugiaba en lingotes empieza a buscar alternativas con mayor potencial de revalorización a medio plazo. Es ahí donde encaja la tesis de que una fracción de esas salidas podría dirigirse hacia Bitcoin, especialmente en carteras que ya contemplan una combinación entre oro físico y activos digitales, con pesos que se mueven, de forma orientativa, entre un 5%-10% para el oro y un 1%-3% para criptoactivos.
Semiconductores y el pulso industrial
El otro gran vector del análisis llega de la mano de los semiconductores. El acuerdo arancelario entre Estados Unidos y Taiwán y el compromiso de invertir cientos de miles de millones en capacidad productiva en suelo estadounidense no es un dato más: es la confirmación de que la geopolítica se ha trasladado, de lleno, al corazón de la cadena tecnológica.
Fabricar más chips cerca de casa significa, en la práctica, reducir vulnerabilidades y consolidar un modelo de crecimiento centrado en la inteligencia artificial, el cloud y la automatización industrial. Este movimiento reordena flujos de capital hacia empresas de diseño, fabricantes de equipos y operadores de centros de datos. Y, por extensión, anima a los inversores a buscar activos que se beneficien del “superciclo digital”, más allá de la renta variable tradicional.
En ese marco, Bitcoin funciona como un termómetro extremo de la confianza en la narrativa tecnológica. No genera flujos de caja, pero su cotización tiende a amplificar los cambios de percepción sobre el futuro de la digitalización y la estabilidad del sistema financiero. Si el mundo se encamina hacia una economía aún más dependiente de datos, algoritmos y chips, no sorprende que una parte del mercado contemple la posibilidad de que el principal criptoactivo se revalorice de forma proporcional.
Bitcoin en plena sacudida
Con este telón de fondo, el gráfico de Bitcoin muestra exactamente lo que cabría esperar en una fase de transición: sacudidas bruscas, velas diarias de doble dígito y cambios de humor en cuestión de horas. Lo que para muchos es solo ruido, para Montalto es el reflejo de un proceso de acumulación que avanza por debajo de la superficie.
La clave, según su lectura, es que el precio está construyendo una base sin perder zonas críticas de soporte, incluso después de correcciones que pueden superar el 20% en tramos cortos. Este comportamiento no encaja con un mercado claramente bajista, en el que las rupturas de soportes son limpias y las recuperaciones, débiles. Más bien dibuja un escenario en el que cada caída encuentra compradores dispuestos a “defender niveles” con horizonte puesto en el medio y largo plazo.
Aquí entra en juego el objetivo técnico de más de 140.000 dólares por bitcoin. No se trata de una cifra arrojada al azar, sino del resultado de proyectar extensiones de anteriores ondas alcistas y de identificar zonas de confluencia entre resistencias históricas y niveles psicológicos redondos. Alcanzar esa cota implicaría prácticamente duplicar el máximo histórico previo y consolidar a Bitcoin como un activo capaz de atravesar varios ciclos sin desaparecer del radar institucional.
Qué es la “acumulación en serpiente”
La expresión “acumulación en serpiente” describe una figura menos popular que otros patrones clásicos, pero con una lógica reconocible. El precio no se dispara de golpe, ni se desploma. En su lugar, “serpentea”: dibuja curvas, retrocesos, rupturas falsas y rangos laterales que parecen eternos. Desde fuera, da la impresión de un mercado indeciso; desde dentro, suele esconder movimientos de manos fuertes.
En palabras de trading, es el tramo en el que el mercado limpia posiciones débiles mientras construye una estructura robusta para un eventual movimiento direccional. Los indicadores de volatilidad se comprimen, los volúmenes se concentran en determinadas zonas de precio y la paciencia se convierte en la principal barrera de entrada.
Históricamente, Bitcoin ha atravesado varios episodios de este tipo antes de grandes rupturas: fases en las que el precio parecía estancado para, posteriormente, encadenar subidas acumuladas de más del 200% en menos de un año en los tramos alcistas de ciclos anteriores. Esa memoria de mercado es la que alimenta ahora la expectativa de que el actual “serpenteo” pueda ser el preludio de un nuevo impulso, con el nivel de los 140.000 dólares como referencia simbólica y técnica al mismo tiempo.